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domingo, 19 de octubre de 2014

Letanías a los Santos y Beatos Pontífices Romanos



Un domingo como hoy, el 19 de octubre de 2003, Juan Pablo II beatificaba a la Madre Teresa de Calcuta. Seguramente no se imaginaba que 17 años después, en el mismo día, Jorge Mario Bergoglio, creado cardenal por él mismo, y elegido Papa, beatificaría a Pablo VI, en una multitudinaria Misa,  en la que participaría nada menos que el gran Papa Emérito Benedicto XVI. Esta Misa, en la que el Sumo Pontífice Francisco, ante el Papa Emérito, beatifica a un Predecesor de ambos, trae a la memoria la que se celebrara casi cuatro meses antes, en la que Francisco, también en presencia de Benedicto, canonizó a dos Predecesores de ambos, Juan XXIII y Juan Pablo II, que pasará a la historia como la "Misa de los cuatro Pontífices".

He aquí otra muestra evidente de por qué el siglo XX puede ser llamado "Siglo de Oro de los Papas", como dije en una entrada de este blog. En efecto, todos los Papas de ese período han sido modelo de fidelidad a Cristo y a la Iglesia, y de amor y entrega al rebaño que se les encomendó. No dudo de que, con el tiempo, se irán reconociendo las virtudes heroicas de cada uno.

Mucho se ha hablado de los "Papas no ejemplares" en la historia. Es cierto que los hubo. En ellos pudo más la debilidad humana que la gracia de Dios, a la que en muchos casos se resistieron.
Pero en este día de la Beatificación del esclarecido Papa Pablo VI , quiero rendir homenaje a los Santos y Beatos Papas de todos los siglos, es decir, a aquellos que sí se dejaron modelar por el Amor del Divino Hacedor y fueron iconos auténticos de Jesús, el Buen Pastor que da su vida por las ovejas.

Por eso, y en honor de todos ellos, ofrezco a continuación, las siguientes letanías:

La respuesta a las invocaciones marianas y de los Papas es "ruega por nosotros", como es tradicional en la liturgia.
En rojo se hallan los datos del origen del Papa y de la duración de su Pontíficado.

"Letanías a los Santos y Beatos Pontífices Romanos"

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad,
Señor, ten piedad,

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros
Santa María, Madre de la Iglesia,
Santa María, Salus Populi Romani,

San Pedro (Galilea, 33-67), ruega por nosotros

San Lino (Tuscany, 67-76),

San Anacleto (Cleto), (Roma, 76-88),

San Clemente I (Roma, 88-97),

San Evaristo (Grecia, 97-105),

San Alejandro I (Roma, 105-115),

San Sixto I (Roma, 115-125),

San Telésforo (Grecia, 125-136),

San Higinio (Grecia, 136-140),

San Pío I (Aquileia, 140-155),

San Aniceto (Siria, 155-166),

San Sotero (Campania,166-175),

San Eleuterio (Grecia, 175-189),

San Víctor I (África, 189-199),

San Ceferino (Roma, 199-217),

San Calixto I (Roma, 217-222),

San Urbano I (Roma, 222-230),

San Ponciano (Roma, 230-235),

San Antero (Grecia, 235-236),

San Fabián (Roma, 236-250),

San Cornelio (Roma, 251-253),

San Lucio I (Roma, 253-254),

San Esteban I (Roma, 254-257),

San Sixto II (Grecia, 257-258),

San Dionisio (Turio, 259-268),

San Félix I (Roma, 269-274),

San Eutiquiano (Luni, 275-283),

San Cayo (Dalmacia, 283-296),

San Marcelino (Roma, 296-304),

San Marcelo I (Roma, 308-309),

San Eusebio (Grecia, 309-309),

San Melquíades (África, 311-314),

San Silvestre I (Roma, 314-335),

San Marcos (Roma, 336-336),

San Julio I (Roma, 337-352),

San Liberio (Roma, 352-366),

San Dámaso I (España, 366-384),

San Siricio (Roma, 384-399),

San Anastasio I (Roma, 399-401),

San Inocencio I (Albano, 401-417),

San Zósimo (Grecia, 417-418),

San Bonifacio I (Roma, 418-422),

San Celestino I (Roma, 422-432),

San Sixto III (Roma, 432-440),

San León I -Magno- (Toscana, 440-461),

San Hilarión (Caller, 461-468),

San Simplicio (Tívoli, 468-483),

San Félix III (Roma, 483-492),

San Gelasio I (África, 492-496),

San Anastasio II (Roma, 496-498),

San Símaco (Cerdeña, 498-514),

San Hormisdas (Frosinone, 514-523),

San Juan I (Populonia, 523-526),

San Félix IV (Benevento,526-530),

San Agapito I (Roma, 535-536),

San Silverio (Roma, 536-537),

San Gregorio I -Magno- (Roma, 590-604),

San Bonifacio IV (Abruzo, 608-615),

San Adeodato I (Roma, 615-618),

San Martín I (Roma, 649-655),

San Eugenio I (Roma, 654-657),

San Vitaliano (Segni, 657-672),

San Agatón (Palermo, 678-681),

San León II (Sicilia, 682-683),

San Benedicto II (Roma, 684-685),

San Sergio I (Siria, 687-701),

San Gregorio II (Roma, 715-731),

San Gregorio III (Siria, 731-741),

San Zacarías (Grecia, 741-752),

San Pablo I (Roma, 757-767),

San León III (Roma, 795-816),

San Pascual I (Roma, 817-824),

San León IV (Roma, 847-855),

San Nicolás I -Magno- (Roma, 858-867),

San Adrián III (Roma, 884-885),

San Gregorio VII (Toscana, 1073-1085),

Beato Víctor III (Montecassino, 1086-1087),

Beato Urbano II (Francia, 1088-1099),

Beato Eugenio III (Pisa, 1145-1153),

Beato Gregorio X (Plasencia, España, 1271-1276),

Beato Inocencio V (Francia, 1276),

San Celestino V (Isernia, 1294, [renunció] +1296),

Beato Benedicto XI (Treviso, 1303-1304),

Beato Urbano V (Francia, 1362-1370),

San Pío V (Bosco, 1566-1572),

Beato Inocencio XI (Como, 1676-1689),

Beato Pío IX  (Marca de Ancona, 1846-1878),

San Pío X (Riese, 1903-1914),

San Juan XXIII (Bérgamo, 1959-1963),

Beato Pablo VI (Concesio, 1963-1978),

San Juan Pablo II (Polonia, 1978-2005),

Todos los Santos y Beatos Pontífices Romanos,  rueguen por nosotros



(Las letanías pueden concluirse con la tradicional invocación al Cordero de Dios).

19 de octubre, domingo XXIX del Tiempo Ordinario.
Clausura de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la Familia.
Beatificación del Papa Pablo VI (Entrada dedicada a él).




Beato Pablo VI


sábado, 18 de octubre de 2014

Misas de la Virgen XVIII (Tiempo de Pascua IV): "La Virgen María, Reina de los Apóstoles"



Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO
 
Bastantes Institutos religiosos y Sociedades de vida apostólica tienen como patrona a la Santísima Virgen orando con los apóstoles en el Cenáculo y la veneran litúrgicamente con el título de «Reina de los apóstoles»; entre ellos destacan la Compañía del Apostolado Católico, fundada por san Vicente Pallotti (+ 1850), el Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras (P.I.M.E.), creado por el obispo Angel Ramazzotti (+ 1861), la Pía Sociedad de San Pablo Apóstol y otros Institutos creados por el beato Santiago Alberione (+ 1971).
En efecto, algunos hombres y mujeres, llenos de fervor apostólico y misionero, repararon en el lugar eminente y «regio» que tenía la Madre de Jesús en la comunidad primitiva y se dieron cuenta de la importancia de su presencia en el evento pentecostal, en lo que atañe a la propagación del mensaje evangélico. (Ese adjetivo "regio" debe entenderse en el sentido etimológico del término, que significa "real", es decir, "perteneciente a la realeza" o "relativo a los reyes").
Esta Misa, a excepción del Prefacio, está tomada del Proprium missarum Societatis Apostolatus Catholici, Tipografía Políglota Vaticana 1972, pp. 3-6.
Este formulario posee una gran fuerza misional. La asamblea de los fieles pide a Dios ser capaz de «proclamar la gloria de (su) nombre con testimonio de palabra y de vida» (Oración colecta), pide también «el aumento de la Iglesia por el número de (sus) fieles» (Oración sobre las ofrendas) y que el «pueblo obtenga... la salvación» (Oración después de la comunión).
El Prefacio celebra el designio de salvación según el cual la Santísima Virgen, «conducida por el Espíritu Santo», acudió presurosa a casa de Isabel para llevarle el anuncio de la salvación, y «Pedro y los demás apóstoles», fortalecidos por la Venida del Espíritu, salieron del Cenáculo, llenos de valentía, para proclamar a todo el mundo el Evangelio de Cristo. 


Introducción

María, Reina de los Apóstoles y Reina de todos los que, entre fidelidades e infidelidades, intentamos cada día vivir la fe, nos ha convocado en esta iglesia.
Ella, como Madre de la Iglesia y Señora de la Pascua, nos invita a participar del Banquete de la Vida, que es la Santa Misa. 
Como Templo vivo del Espíritu, y garantía de un perenne Pentecostés, nos exhorta a perseverar unánimes en la oración y solícitos en el servicio al prójimo.


Antífona de entrada

Los discípulos se dedicaban a la oración en común, junto con María, la madre de Jesús. Aleluya.

Oración colecta

Dios todopoderoso, que derramaste el Espíritu Santo sobre los apóstoles, reunidos en oración con María, concédenos, por intercesión de la Virgen, entregarnos fielmente a tu servicio y proclamar la gloria de tu nombre con testimonio de palabra y de vida. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Liturgia de la Palabra

Primera lectura

La siguiente perícopa ha sido tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles: se trata de la primera parte de la primera lectura de la solemnidad de Pentecostés, capítulo 2: ("Al llegar el día de Pentecostés..."), a la que se han antepuesto dos versículos del capítulo precedente ("Después de subir..."), por el hecho de que hacen mención explicita de cada uno de los Once apóstoles, y de la Santísima Virgen.

Los Apóstoles del Cordero son las columnas imbatibles de la Iglesia de todos los tiempos, que se precia de tener a Cristo como Esposo y Piedra Angular, y a María como Madre y modelo.

Se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 1, 12-14; 2, 1-4

Después de subir Jesús al cielo, los apóstoles se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Llegados a casa, subieron a la sala, donde se alojaban: Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago el de Alfeo, Simón el Celotes y Judas, el de Santiago.
Todos ellos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 86, 1-2. 3 y 5. 6-7 (R.: 3)

R. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob. R.

¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
Se dirá de Sión: "uno por uno
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado". R.

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
"Este ha nacido allí".
Y cantarán mientras danzan:
"todas mis fuerzas están en ti". R.

Aleluya

Estaba santa María, Reina del cielo y Señora del mundo, sufriendo junto a la cruz del Señor.

Evangelio

La Virgen fiel que estuvo junto a la Cruz de su amado Hijo Jesucristo, es la misma que, como Madre de la humanidad redimida, permanece junto a los que sufren, los socorre y los conserva en la esperanza.

Dijo Jesús al discípulo: Ahí tienes a tu madre

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27.

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería,
dijo a su madre:
— Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo:
— Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. 

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Las siguientes preces, unas pocas más que las habituales, son a la vez súplica y homenaje a María y a todos los Apóstoles del Señor:

R. Óyenos, Padre, en nombre de María, Reina de los Apóstoles

-Por la Iglesia, y en particular por el Vicario de Cristo, nuestro Santo Padre N, pidamos junto a San Pedro, de quien es Sucesor, y a San Pablo, Apóstol de los gentiles... R.

-Por el Colegio de los Cardenales, "senado" ilustre del Papa, pidamos junto al apóstol Santiago el Mayor, protomártir del Colegio Apostólico, y a su hermano Juan, el discípulo amado... R.

-Por los misioneros que están cerca y por los que se encuentran lejos, pidamos junto al apóstol San Andrés, hermano del primer Papa... R.

-Por los que trabajan en el mundo de la economía y las finanzas, pidamos junto al apóstol San Mateo, que de cobrador de impuestos pasó a ser fiel seguidor del Señor... R.

-Por aquellos hermanos cuya fe parece naufragar, zarandeados por la prueba y asaltados por la duda, pidamos junto al apóstol Santo Tomás, gracias a cuya incredulidad, Cristo se le manifestó como su Dios y su Señor ... R.

-Por  los que son discriminados a causa de su aspecto físico, de su estado psicológico, de su condición social o de sus creencias, pidamos con el apóstol San Bartolomé, "un verdadero israelita, sin doblez", como lo calificó el Señor... R.
  
-Por los cristianos que en la actualidad son ferozmente perseguidos, salvajemente maltratados y abiertamente irrespetados en sus derechos, pidamos junto a los apóstoles Felipe, que supo ver en Cristo el Rostro amoroso del Padre que vela por sus hijos, y a Santiago el Menor, arrojado con crueldad desde el pináculo del Templo... R.

-Por los sacerdotes y religiosos que han abandonado su ministerio, seducidos por placeres mundanos, pidamos junto a los apóstoles, Matías, que ocupó el lugar de Judas, el traidor, y Bernabé, fiel colaborador de San Pablo... R.

-Por nosotros,  sencillos tripulantes de la barca de la Iglesia comandada por Pedro, pidamos junto a los apóstoles Simón, el zelote, y Tadeo, primo del Señor... R.
  

Ofertorio

Van a ser presentados a continuación el pan, el vino y el agua. Son los simples dones elegidos por Jesús para la actualización del único Sacrificio perfecto, el de su inmolación en la Cruz por amor al hombre pecador.

Oración sobre las ofrendas

Por tu benignidad, Señor, y por la intercesión de santa María, siempre Virgen, nuestra ofrenda alcance a tu Iglesia el aumento del número de fieles, y el resplandor constante por la abundancia de las virtudes. Por Jesucristo, nuestro Señor. 


Prefacio

Alabemos a Dios que ha hecho de María la primera misionera. Ella precede incluso a los apóstoles en el  infatigable anuncio de Cristo.

La Bienaventurada Virgen es invocada "Reina de los Apóstoles"

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
en esta conmemoración de santa María Virgen,
que precedió a los apóstoles en el anuncio de Cristo.

Porque ella, conducida por el Espíritu Santo,
llevó presurosa a Cristo al Precursor,
para que fuera causa de santificación y alegría para él;
del mismo modo Pedro y los demás apóstoles,
movidos por el mismo Espíritu,
anunciaron animosos, a todos los pueblos, el Evangelio
que había de ser para ellos causa de salvación y de vida.

Ahora también la santísima Virgen
precede con su ejemplo a los heraldos del Evangelio,
los estimula con su amor
y los sostiene con su intercesión incesante,
para que anuncien a Cristo Salvador por todo el mundo.

Por eso,
con todos los ángeles y los santos
cantamos tu gloria diciendo:

Santo, Santo, Santo.

Comunión

Pidamos a Cristo glorificado, cuyo Cuerpo y Sangre estamos por comulgar, que cumpla cada día en nosotros la promesa que nos hizo de no dejarnos huérfanos y de enviarnos su Espíritu Santo, Don de la Pascua.

Antífona de comunión Cf. Lc 11, 27

Dichoso el vientre de María, la Virgen, que llevó al Hijo del Eterno Padre. Aleluya. 

Oración después de la comunión 

Después de recibir tu ayuda, Señor, en este sacramento, al celebrar la memoria de la Virgen María, Reina de los apóstoles, te pedimos perseverar siempre en tu amor y en el servicio a los hombres, para que tu pueblo obtenga de ti la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Despedida

La Virgen Madre, Esposa del Espíritu Santo y Reina de los apóstoles, guíe nuestros pasos, nos conserve en la comunión de la Iglesia, y haga de nosotros auténticos testigos del Señor Resucitado.


18 de octubre, fiesta de San Lucas, evangelista.
Festividad de Nuestra Señora de Schöenstatt, Mater ter mirabilis. Entrada dedicada a ella.
En el Centenario de la fundación del Movimiento Apostólico de Schöenstatt, por el Siervo de Dios José Kentenich.
 








domingo, 12 de octubre de 2014

Misas de la Virgen XVII (Tiempo de Pascua III): "La Virgen María del Cenáculo"


Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

La Virgen María del Cenáculo se celebra con memoria litúrgica en muchas diócesis y familias religiosas, entre las cuales destaca la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora del Cenáculo, fundada por santa Teresa Couderc (+ 1885).
En la Santísima Virgen, que estuvo presente en el primer grupo de los discípulos de Cristo (Antífona de entrada, cf. Hch 1, 14), la Iglesia ha ido descubriendo progresivamente a la Madre que alentaba con su amor los comienzos de aquella primitiva comunidad y al modelo destacado de la oración unánime.
En este formulario, en el que la Iglesia glorifica al Padre celestial por el don del Espíritu Santo, la Madre de Jesús aparece como:
- la Virgen llena del Espíritu Santo. Dios, en efecto, colmó a la Santísima Virgen «de los dones del Espíritu Santo» (Oración colecta), y ella, que «en la Encarnación de la Palabra / fue cubierta con la sombra del Espíritu, / de nuevo es colmada de gracia por el Don divino / en el nacimiento (del) nuevo pueblo» (Prefacio);
- modelo de la Iglesia. En primer lugar, modelo de oración, ya que Dios, en la Santísima Virgen, nos ha dado «en la Iglesia primitiva / un ejemplo de oración» admirable (Prefacio): «la Madre de Jesús, orando con los apóstoles» (Prefacio, cf. Antífona de entrada [Hch 1, 14], Oración colecta), y «la que esperó en oración la venida de Cristo, / invoca al Defensor prometido con ruegos ardientes» (Prefacio); ejemplo también de concordia, de comunión y de paz (cf. Prefacio, Oración después de la comunión); de obediencia a la voz del Espíritu Santo (cf. Oración sobre las ofrendas); de vigilancia en la expectación de la segunda venida de Cristo (cf. Prefacio); de observancia fiel (cf. Aleluya, Lc 2, 19) y de activa propagación de la Palabra de Dios.

Conviene usar este formulario, cuando lo permitan las normas litúrgicas, en los sábados del Tiempo de Pascua, a excepción del de la Octava, en que se prohíbe toda otra celebración; también en alguno de los días que siguen a la solemnidad de la Ascensión del Señor, y en especial en la Misa matutina del sábado que precede a la solemnidad de Pentecostés.

Introducción

Reunidos en este santo lugar para celebrar el sacificio de Jesús, nos sentimos miembros de la misma primitiva comunidad cristiana que, animada por María, la Madre de Jesús, y presidida por Pedro, vivía de la escucha de la Palabra, de la Fracción del Pan y de la práctica de la caridad.

Antífona de entrada Cf. Hch 1, 14

Los discípulos se dedicaban a la oración en común, junto con María, la madre de Jesús. Aleluya. 

Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que colmaste de los dones del Espíritu Santo a la Virgen María en oración con los apóstoles, concédenos, por su intercesión, perseverar en la oración en común, llenos del mismo Espíritu, y llevar a nuestros hermanos el Evangelio de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura

La "oración común", la escucha de la Palabra, la comunión del Pan eucarístico y la presencia amorosa de la Madre de Jesús, eran los pilares de la comunidad cistiana naciente. Así es también hoy, y lo será hasta el final de los tiempos.

Lo vieron levantarse

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 1, 1-11

Después de la resurrección de Jesús, los apóstoles lo rodearon preguntándole:
– «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»
Jesús contestó:
– «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.»
Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
– «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.»
Entonces los apóstoles se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Llegados a casa, subieron a la sala, donde se alojaban: Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago el de Alfeo, Simón el Celotes y Judas el de Santiago.
Todos ellos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 86, 1-2. 3 y 5. 6-7 (R.: 3)

R. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob. R.

¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
Se dirá de Sión: "uno por uno
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado". R.

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
"Este ha nacido allí".
Y cantarán mientras danzan:
"todas mis fuerzas están en ti". R.

Aleluya Cf Lc 2, 19

Dichosa es la Virgen María que conservaba la palabra de Dios, meditándola en su corazón. 

Evangelio

"Escuchar la Palabra de Dios y vivirla" es el rasgo característico del auténtico discípulo de Cristo. Nadie lo hizo ni lo hará con mayor enrega y fidelidad que María, la Madre del Señor.

Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra

 + Lectura del santo Evangelio según San Lucas 8, 19-21

En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él.
Entonces le avisaron:
–Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.
El les contestó:
–Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Los atributos marianos propuestos como introducción a cada una de las preces de esta Oratio fidelium hacen alusión explícita o implícita a las prerrogativas de la Santísima Virgen en tanto Esposa del Espíritu Santo y Cenáculo viviente Suyo:


R. Te rogamos con María, Templo vivo del Espíritu..

-María es Sponsa Spiritus Sancti ("Esposa del Espíritu Santo").
+Por una Iglesia más dócil al Espíritu, más eucarística y más mariana. Oremos.

-María es Regina Apostolorum ("Reina de los Apóstoles").
+Por la salud e intenciones del Sucesor de Pedro. Oremos.

-María es Virgo orans ("Virgen orante").
+Por el reflorecimiento de las vocaciones sacerdotales, religiosas y contemplativas. Oremos.

-María es Mater unitatis ("Madre de unidad").
+Por la congregación de todas las Iglesias cristianas en torno al único Altar de Cristo, "para que el mundo crea". Oremos.

-María es Spes credentibus ("Esperanza para los creyentes").
+Por la liberación de las benditas Ánimas del Purgatorio. Oremos.

Ofertorio

En el Cenáculo de la Nueva Alianza, que es la Iglesia Católica, representada en este templo, llevemos al Altar los dones eucarísticos, y con María, invoquemos al Espíritu, para que por el ministerio del sacerdote, el Dios hecho Pan se haga presente en medio de nosotros.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Padre santo, los dones que te presentamos con alegría, y haz que, imitando a la santísima Virgen, estemos atentos a la voz del Espíritu y en todo busquemos la alabanza de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Prefacio

La Bienaventurada Virgen, orando co los apóstoles, espera la Venida del Defensor

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Porque nos has dado en la Iglesia primitiva
un ejemplo de oración y de unidad admirables:
la Madre de Jesús, orando con los apóstoles.

La que esperó en oración la venida de Cristo
invoca al Defensor prometido con ruegos ardientes;
y quien en la encarnación de la Palabra
fue cubierta con la sombra del Espíritu,
de nuevo es colmada de gracia por el Don divino
en el nacimiento de tu nuevo pueblo.

Por eso la Santísima Virgen María,
vigilante en la oración y fervorosa en la caridad,
es figura de la Iglesia
que, enriquecida con los dones del Espíritu,
aguarda expectante la segunda venida de Cristo.

Por él,
los ángeles y los arcángeles
te adoran eternamente,
gozosos en tu presencia.
Permítenos unimos a sus voces
cantando tu alabanza:

Santo, Santo, Santo.


Comunión

Se encuentra ante nosotros Aquel que se hizo Pan para estar en nosotros: Jesucristo, el Verbo encarnado. Desde los primeros tiempos del cristianismo, hasta hoy y para siempre, el Señor Sacramentado cumple su promesa de permanecer junto a su rebaño.  Recibámoslo, como María, con un corazón agradecido.

Antífona de comunión Hch 2, 42

Los discípulos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Aleluya. 

Oración después de la comunión 

Renueva interiormente, Señor, con el don del Espíritu Santo a quienes alimentas con el único pan de la salvación, y concédenos, bajo el amparo de la Virgen María, trabajar por la concordia y la paz de los hermanos, por quienes Cristo, tu Hijo, se ofreció como víctima de redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Despedida

Con la santa intrepidez de los discípulos del Señor, siguiendo las huellas y el ejemplo de la Virgen del Cenáculo, orante y misionera, vayamos al mundo a testimoniar la buena nueva de la Pascua. 

12 de octubre, domingo XXVIII "durante el año".
Recuerdo de la Aparición de Nuestra Señora del Pilar al Apóstol Santiago.






sábado, 11 de octubre de 2014

Santos Juan Pablo II y Juan XXIII, memorias facultativas del Calendario universal

 


Decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

Texto comentado:

Pastor eterno, resucitado de entre los muertos y ascendido al Cielo, el Señor Jesús no abandona a su rebaño, sino que lo custodia y lo conduce a través de los tiempos bajo la guía constante de quienes Él mismo ha constituido como sus Vicarios. Entre estos, por estar configurados al Pastor de pastores y por amor genuino a las ovejas de su rebaño, resplandecen los Santos Papas Juan XXIII y Juan Pablo II.
Ellos no desdeñaron la Cruz de Cristo y las heridas de los hermanos y, embellecidos de «parrhesia» por el Espíritu Santo, ofrecieron admirablemente a la Iglesia y al mundo una imagen viva de la benevolencia y de la misericordia de Dios, que no experimenta aborrecimiento por ninguna de las cosas llamadas a existir y es indulgente con ellas, porque son suyas (cf. Sab 11, 24-26).

El párrafo precedente pone de manfiesto en qué medida estos Santos Pontífices "abrazaron" idealmente a todas las criaturas porque amaban de verdad al Dios verdadero, Creador, Redentor y Santificador del universo.

Así, esa esperanza viva y ese gozo inefable (cf. 1P1, 3.8), que estos dos Sucesores de Pedro han recibido como don del Señor Resucitado, los han donado en abundancia al pueblo de Dios, recibiendo a cambio un agradecimiento eterno. Por eso la Iglesia hoy los venera con gran fervor, resplandeciente por el ejemplo de vida, por la excelencia de la doctrina y por esa «ciencia de amor» que emana de la iluminación del Espíritu a través de la experiencia de los misterios de Dios, y, después de  haber gozado del fructuoso sostén de su solicitud pastoral, ahora se alegra de tenerlos como sus intercesores espirituales.

El "agradecimiento eterno" que estos dos santos reciben consiste ante todo en el eterno galardón que el mismo Dios le concede, recibiéndolos en su Reino; pero también se refiere al reconocimiento oficial de la Iglesia, expresado con su inclusión en el catálogo de los santos por medio de la canonización; y a la gratitud inconmensurable de los fieles que los han conocido por sí mismos o por otros. 
Acaso la última gran oración de este párrafo del Decreto sea la chispa de esperanza de una eventual inclusión de los dos Papas en el reducido y selecto número de los Doctores. Perdón por volar tanto con la imaginación.

Considerada la singularidad de estos Sumos Pontífices al ofrecer al clero y a los fieles un especial modelo de virtud y al promover la vida en Cristo, teniendo en cuenta las innumerables peticiones de todas las partes del mundo, el Santo Padre Francisco, haciendo suyos los deseos unánimes del pueblo de Dios, ha dispuesto que las celebraciones de San Juan XXIII, Papa, y San Juan Pablo II, Papa, sean inscritas en el Calendario Romano general, la primera el 11, la segunda el 22 de octubre, con el grado de memoria facultativa.
Dichas memorias deberán ser, por lo tanto, inscritas en todos los Ordenamientos para la celebración de la Misa y de la Liturgia de las Horas y las relativas indicaciones escritas en los libros litúrgicos de ahora en adelante publicados por las Conferencias Episcopales.

Esto quiere decir que en dichos textos, de acuerdo con la Tradición y la normativa de la Iglesia, se enunciarán así:
-11 de octubre: San Juan XXIII, Papa. Memoria libre. Blanco.
-22 de octubre: San Juan Pablo II, Papa. Memoria libre. Blanco.

En cuanto a los textos litúrgicos en honor de San Juan Pablo II, Papa, se usen los ya aprobados y publicados en el anexo al Decreto de esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del 2 de abril de 2011 (Prot. N.118/11/L); por lo que respecta a los textos en honor de San Juan XXIII, Papa, se adopten los textos correspondientes publicados con este decreto, declarados definitivos y aprobados para su impresión. Esto, no obstante cualquier disposición contraria.
De la Congreción para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 29 de mayo de 2014, solemnidad de la Ascensión del Señor.

Antonio, Cardenal Cañizares Llovera
Prefecto

Arthur Roche
Arzobispo secretario


11 de octubre

San Juan XXIII, Papa: Memoria libre.



Angelo Giuseppe Roncali nació en Soto il Monte (Bérgamo) en 1881. A los 11 años entró en el seminario diocesano de Bérgamo para hacer los estudios de humanidades y de filosofía, siendo posteriormente alumno del Pontificio Seminario Romano. Fue ordenado sacerdote en 1904. Secretario del Obispo Giacomo Maria Tedeschi, en 1921 inició su servicio a la  Santa Sede como Presidente por Italia del Consejo central de las Obras Pontificias de la  Propagación de la Fe; en 1925 es nombrado Visitador Apostólico y después Delegado Apostólico en Bulgaria; en 1935, Delegado Apostólico en Turquía y Grecia, y en 1944 Nuncio Apostólico en Francia. En 1953 fue creado cardenal y nombrado después Patriarca de Venecia. A la muerte de Pío XII fue elegido Papa en 1958 eligiendo el nombre de Juan XXIII. Durante su pontificado convocó el Sínodo Romano, instituyó la Comisión para la revisión del Código de Derecho Canónico y sobre todo convocó el Concilio Vaticano II, el mayor acontecimiento eclesial del siglo XX. Profesó gran devoción a San Francisco de Asís; de todos es conocido que fue Terciario Franciscano. Murió en la tarde del 3 de junio de 1963. Fue beatificado por Juan Pablo II el día 3 de septiembre del año jubilar 2000. El Papa Francisco lo canonizó junto a Juan Pablo II el 27 de abril de 2014, en un Misa en la que estuvo presente el Papa Emérito Benedicto XVI.

Del Común de pastores, para un Papa.
 
Oficio de lectura

Segunda lectura

Del «Giornale dell’anima» de San Juan XXIII, Papa
(Ed. 2000, pp. 853-859)

El buen pastor ofrece la vida por sus ovejas

Es interesante que la Providenciame haya conducido allí donde mi vocación sacerdotal tomó los primeros impulsos, es decir, el servicio pastoral. Ahora me encuentro del todo entregado al ministerio de las almas. En verdad, siempre he pensado que para un eclesiástico la así llamada diplomacia debe estar imbuida de espíritu pastoral; de lo contrario, no sirve para nada y convierte en ridícula una misión tan santa. Ahora estoy puesto al frente de los verdaderos intereses de las almas y de la Iglesia en relación a aquello que constituye su verdadera finalidad, que es la de salvar las almas y guiarlas al cielo. Esto me basta y doy por ello gracias al Señor. Lo dije aquí en Venecia, en San Marcos, el mismo día de mi toma de posesión. No deseo ni pienso en otra cosa que en vivir y morir por las almas que me han sido confiadas. «El buen pastor ofrece la vida por sus ovejas… He venido para que tengan vida y la tengan abundante».
Comienzo mi ministerio directo [como Patriarca de Venecia] a una edad –setenta y dos años– con la que otros lo terminan. Me encuentro, por tanto, en el umbral de la eternidad. Jesús mío, primer pastor y obispo de nuestras almas, pongo en tus manos y junto a tu corazón el misterio de mi vida y de mi muerte. Por una parte tiemblo al acercarse la hora extrema; pero por otra, confío y la miro con paz día tras día. Me siento en la condición de San Luis Gonzaga. Continuar mis ocupaciones esforzándome por adquirir la perfección, pero pensando más y más en la divina providencia.
Para los pocos años que me resten de vida, quiero ser un pastor santo, en el pleno sentido del término, como el Beato Pío X mi antecesor, como el venerado cardenal Ferrari, como mi querido monseñor Giacomo María Tedeschi, como si todavía me quedasen muchos años de vida. «Que el Señor así me ayude». En estos días estoy leyendo a San Gregorio y a San Bernardo, ambos preocupados por la vida interior y por la pastoral que no deben sufrir merma y por el cuidado de las cosas materiales. Mi jornada debe ser siempre plena de oración; la oración es mi respiración. Me propongo recitar cada día el Rosario entero de los quince misterios, procurando de esta manera encomendar al Señor y a la Virgen –si me es posible en la capilla y ante el Santísimo Sacramento– las necesidades más grandes de mis hijos de Venecia y de la Diócesis: clero, jóvenes seminaristas, vírgenes consagradas, autoridades públicas y pobres pecadores. Tengo aquí dos temas dolorosos, en medio de tanto esplendor y de dignidad eclesiástica y de respeto, como cardenal y patriarca: la escasez de rentas y el gran número de pobres y de solicitaciones de puestos de trabajo y de subsidios. Por lo que respecta a las rentas tan exiguas, eso no me ha impedido mejorar en algo las condiciones materiales para mí y también para el servicio de mis sucesores. Quiero, no obstante, bendecir al Señor por esta pobreza un poco humillante y con frecuencia incómoda. Así me ofrece la oportunidad de asemejarme más a Jesús pobre y a San Francisco, seguro como estoy que no moriré de hambre. Oh, bienaventurada pobreza que me asegura una bendición mucho más grande en todos mis quehaceres y sobre todo en mi ministerio pastoral.

Responsorio
                                                                                                                                                  Jn 10, 2. 4
R. El que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. El guarda le abre y las ovejas escuchan su voz: * Él llama a sus ovejas una por una y las saca fuera.
V. Y cuando ha conducido fuera todas las ovejas, camina delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. * Él llama a sus ovejas una por una y las saca fuera.

Oración

Dios Todopoderoso y eterno, que en San Juan XXIII, papa, has hecho resplandecer para todo el mundo el ejemplo de un buen pastor, concédenos, por su intercesión, difundir con alegría la plenitud de la caridad cristiana. Por nuestro Señor Jesucristo.

11 de octubre, memoria litúrgica de San Juan XXIII, Papa.

San Juan XXIII, Papa

martes, 7 de octubre de 2014

Misas de la Virgen XVI (Tiempo de Pascua II): "Santa María, fuente de luz y de vida"

Nuestra Señora de la Luz


Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

Los sacramentos de la iniciación cristiana, que adecuadamente se confieren en la Vigilia pascual, configuran a los catecúmenos a imagen de Cristo: en el baño bautismal los convierten en hijos de Dios, por la santa unción (con el Crisma) y la imposición de manos los llenan del Espíritu Santo y por la recepción del Pan celestial y del Vino, los incorporan a Cristo.
Los santos Padres enseñan con frecuencia que los misterios de Cristo que la Virgen y Madre Iglesia celebra en los sacramentos de la iniciación cristiana se habían «cumplido» en la Virgen Madre María (Prefacio); en efecto, el Espíritu que santifica el seno de la Iglesia -es decir, la fuente bautismal-, para que engendre a los hijos de Dios, santificó el seno de María para que engendrara al Primogénito entre muchos hermanos (cf. Hb 2, 11-15); Y el mismo Espíritu que el día de Pentecostés descendió sobre la Santísima Virgen con abundancia, baja desde el cielo sobre los neófitos en la celebración del sacramento de la confirmación; y la Carne y Sangre que Cristo ofreció por la vida del mundo en el ara de la Cruz y que diariamente ofrece la Iglesia en el Sacrificio eucarístico, son los mismos que la Santísima Virgen dio a luz por nuestra salvación.
En esta Misa se conmemora la función maternal que ejercen en los fieles tanto la Iglesia como la Santísima Virgen. La Maternidad de María precede a la maternidad de la Iglesia, de la que es tipo y modelo (cf. LG 63).
Los textos de la Misa celebran a María como:
- Virgen fecunda (Oración colecta), que «por obra del Espíritu Santo» (Antífona de comunión), engendró a Cristo, Pan de la Vida (cf. Jn 6, 35), con el que los fieles se alimentan en la Iglesia;
- Madre de la luz (Antífona de entrada), porque engendró a Cristo, Luz del mundo (cf. Jn 12, 46; Evangelio 1, Jn 12,44-50);
- modelo de la Iglesia (Antífona de entrada), porque la Iglesia es también virgen y «regenera a los pueblos creyentes por el agua virginal del bautismo» (Antífona de entrada) e, «imitando a la Madre de Cristo» (Oración sobre las ofrendas), ofrece la Oblación eucarística, ya que lo que «en los sacramentos de la Iglesia» se realiza «místicamente... se había cumplido en la Virgen María» (Prefacio);
- santuario de los divinos sacramentos (Antífona de comunión), ya que en su «seno virginal» llevó a Cristo, que es el «Sacramento del Padre», puesto que en Él están escondidos todos los tesoros de salvación y de gracia, y por Él se nos revela el Rostro del Padre (cf. Lc 10, 22; Jn 14, 9).
Este formulario, en cuyos textos resuena la liturgia de la Vigilia pascual, se emplea adecuadamente en los sábados del tiempo pascual, cuando, por causa justa, observando lo que prescribe el derecho, se celebra Misa de Santa María Virgen. 

Los textos bíblicos y eucológicos de la siguiente Misa son una admirable ponencia teológica sobre la relación profunda entre María y la Iglesia, ambas vírgenes y madres a la vez.

Introducción

El gozo pascual propio de estos días resplandece de modo especial en María, "fuente de luz y de vida". Ella, Reina del Cielo, nos remite a su Hijo, Luz del mundo y Vida que no tiene fin. 
¡Cristo, Luz y Vida! Es el misterio que celebramos cada vez que como ahora, actualizamos el Sacrificio del Cordero pascual.

Antífona de entrada

Salve, Madre de la luz, tú engendraste a Cristo permaneciendo virgen y te has convertido en modelo de la Madre Iglesia, que regenera a los pueblos creyentes por el agua virginal del bautismo. Aleluya.

Tan densa como exquisitamente profunda en contenido, la siguiente colecta pide por la misión de la Madre Iglesia, y alude a la fecundidad de María, prototipo de la de la misma Iglesia:

Oración colecta

Señor, concede a la Madre Iglesia que dio a luz a hombres terrenos por naturaleza, pero celestiales por la vida surgida de la fuente virgen del bautismo, poder conducirlos, mediante el Evangelio de la vida y los sacramentos de la gracia, a la plena identificación con Jesucristo, su autor, que nació de la Virgen fecunda y es primogénito entre muchos hermanos y Salvador universal. Que vive y reina contigo. 

Liturgia de la Palabra

Primera lectura

Los sacramentos de la iniciación cristiana, perenne testamento de Cristo, sientan las bases de la Iglesia naciente.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 14a. 36-40a. 41-42

El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra:
– «Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías.»
Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:
– «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?»
Pedro les contestó:
– «Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor, Dios nuestro, aunque estén lejos.»
Con estas y otras muchas razones les urgía, y los exhortaba.
Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil.
Eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 33, 2-3. 6-7. 8-9. (R.: 6a)

R. Contempladlo al Señor, y quedaréis radiantes.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R.

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R.

Aleluya

Dichosa eres, santa Virgen María, y digna de alabanza: de ti salió el sol de justicia, Cristo, nuestro Señor. 

Las dos perícopas evangélicas propuestas ad libitum para esta Misa tienen como tópico a Jesucristo, presentado como Luz y Vida en tanto Autor de los sacramentos:

Evangelio

Cristo, Enviado del Padre y nacido de la Virgen María, es la Luz verdadera que disipa las tinieblas del pecado que se ciernen sobre el mundo.
 
Yo he venido al mundo como luz

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 12, 44-50

En aquel tiempo, Jesús dijo, gritando:
– «El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.
Al que oiga mis palabras y no las cumpla yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, ésa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo lo hablo como me ha encargado el Padre.»

Palabra del Señor.

O bien:

Evangelio

El bautismo, al que en esta páina del Evangelio hace mención su mismo Autor, Jesucristo, es la puerta de todos los demás sacramentos. Por él, adquirimos la filiación divina y pasamos a ser coherederos del Reino eterno de Dios.
Lo que nace del Espíritu es espíritu

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 1-6

Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Éste fue a ver a Jesús de noche y le dijo:
– «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él.»
Jesús le contestó:
– «Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.»
Nicodemo le pregunta:
–«¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer? »
Jesús le contestó:
– «Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu.»

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

R. Te lo pedimos por María, fuente de luz y de vida

-Para que Jesucristo, el Sol que nace de lo alto, preserve de toda división a la Iglesia, su mística Esposa. R.

-Para que Jesucristo, Esplendor de la gloria del Padre, proteja de todo peligro al Sumo Pontífice N, su Vicario. R.

-Para que Jesucristo, Evangelio Vivo del Padre, se digne hacer fructífera la labor de los misioneros en el mundo. R.
-Para que Jesucristo, Luz radiante de la Pascua, ilumine los corazones de los que han perdido la fe, ovejas alejadas del rebaño. R.

-Para que Jesucristo, Día sin ocaso, consuele y reconforte a los que son aquejados por enfermedades largas y penosas. R.

-Para que Jesucristo, el Viviente, tenga misericordia de nuestros hermanos difuntos. R.

Ofertorio

El Altar, signo de Cristo, es fuente inagotable de luz y de vida. Hacia él llevemos los dones eucarísticos. Que María, Madre de Aquel que es la Luz Eterna, nos haga comprender la grandeza de los misterios que celebramos.


Oración sobre las ofrendas

Recibe, Padre santo, la ofrenda que te presenta la virgen Iglesia imitando a la Madre de Cristo, para que, congregada en la unidad en todo pueblo y nación, forme un solo cuerpo vivificado por el mismo Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Prefacio

La función de la Virgen María en los sacramentos de la iniciación cristiana

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Porque estableciste, por un don de tu amor,
que en los sacramentos de la Iglesia
se realizara místicamente
lo que se había cumplido en la Virgen María:
la Iglesia da a luz en la fuente del Bautismo
a nuevos hijos concebidos virginalmente por la fe y el Espíritu;
una vez nacidos, los unge con el aceite precioso del Crisma,
para que el Espíritu Santo, que colmó de gracia a la Virgen,
descienda con sus dones sobre ellos;
y además prepara cada día la Mesa a sus hijos,
para alimentarlos con el Pan bajado del cielo,
que la Virgen María dio a luz para vida del mundo,
Jesucristo, Señor nuestro.

Por él,
los ángeles y los arcángeles
te adoran eternamente,
gozosos en tu presencia.
Permítenos unimos a sus voces
cantando tu alabanza:

Santo, Santo, Santo.


Comunión

En María se formó humanamente el Hijo de Dios Vivo. En la Iglesia, por la virtud del Espíritu, se confecciona el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre. Ambas, María y la Iglesia, son, en ese sentido, "fuente de luz y de vida". Recibamos pues, de ellas, el Sacramento de Vida eterna.

Antífona de comunión

Dichosa eres, Virgen María, que, por obra del Espíritu Santo, llevaste en tu seno virginal al Hijo del eterno Padre, y fuiste santuario de los divinos sacramentos. Aleluya. 

Oración después de la comunión

Señor, llena del Espíritu de Cristo a los que has saciado en el banquete de su Cuerpo, para que dirija nuestros actos el que ilumina las sendas de la Iglesia, como un día santificó la vida entera de la Virgen. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Despedida

Como María, hemos bebido de las fuentes del amor y de la vida. Con ella, Virgen misionera, anunciemos a nuestros hermanos que este Banquete es para todos.

7 de octubre, memoria litúrgica de Nuestra Señora del Rosario.


domingo, 5 de octubre de 2014

Misas de la Virgen XV (Tiempo de Pascua I): "La Virgen María en la Resurrección del Señor"




Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

Con el título de La Virgen María en la Resurrección del Señor, se propone una Misa que, exceptuando la Antífona de entrada y el Prefacio, se halla en el Misal Romano, Común de Santa María Virgen, en tiempo pascual, pp. 710-711, cuyos textos destacan por su doctrina y belleza.
Esta Misa celebra la Resurrección del Señor y el gozo que de ella se deriva:
- en todo el mundo, que Dios Padre, «por la Resurrección de (su) Hijo, / nuestro Señor Jesucristo,» ha «llenado... de alegría» (ea); por esto el día de la Resurrección del Señor fue «el día de la luz y de la vida, / en el que, desvanecida la noche de la muerte, / el mundo entero saltaría de gozo» (Prefacio);
- en la Iglesia naciente, que, «al ver de nuevo a su Señor inmortal, /se alegraría entusiasmada» (Prefacio; cf. Lc 24, 41; Jn 20, 20);
- en la Virgen Madre, a la que Dios, «en la Resurrección de Jesucristo,» colmó «de alegría» (Prefacio).
La Iglesia, por tanto, saluda a la Virgen y la invita a alegrarse: «Alégrate, Virgen Madre, porque Cristo ha resucitado del sepulcro» (Antífona de comunión); «Alégrate, Madre de la luz, porque Cristo, el Sol de justicia, ha vencido las tinieblas del sepulcro e ilumina el mundo entero» (Antífona de entrada); «Dios te salve, Santa María, / que, sufriendo junto a la Cruz, / compartiste los dolores del Hijo; / ahora gozas de una serena alegría» (Aleluya).
La Santísima Virgen, que «había concebido al Hijo creyendo» y «creyendo esperó su Resurrección» (Prefacio), es el modelo de la fe con que los discípulos confiesan a Cristo «nacido de la Virgen, / Dios y hombre verdadero» y «por la fuerza salvadora de su Resurrección» esperan «llegar a las alegrías eternas» (Oración después de la comunión).

Introducción

En este tiempo pascual nos unimos a la alegría de la Madre del Resucitado, y sintiéndola presente en medio de nosotros, celebramos la Santa Misa, que actualiza la inmolación del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Antífona de entrada

Alégrate, Madre de la Luz, porque Cristo, el Sol de justicia, ha vencido las tinieblas del sepulcro e ilumina el mundo entero. Aleluya. 

La siguiente colecta es la más conocida de la Virgen en el Tiempo Pascual. Con ella se concluyen muchos actos litúrgicos y piadosos de ese tiempo, como por ejemplo, la recitación de la venerable antífona mariana Regina caeli.

Oración colecta 

Oh, Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, llegar a alcanzar los gozos eternos. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Liturgia de la Palabra

Primera lectura

La nueva Jerusalén es imagen de María, Madre del Amor y Reina de la gloria, que congrega en su regazo a todos los pueblos del Planeta.

Vi la nueva Jerusalén, arreglada como una novia que se adorna para su esposo.

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a.

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva,
porque el primer cielo y la primera tierra han pasado,
y el mar ya no existe.
Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén,
que descendía del cielo, enviada por Dios,
arreglada como una novia que se adorna para su esposo.
Y escuché una voz potente que decía desde el trono:
— Ésta es la morada de Dios con los hombres:
acampará entre ellos.
Ellos serán su pueblo
y Dios estará con ellos.
Enjugará las lágrimas de sus ojos.
Ya no habrá muerte, ni luto,
ni llanto, ni dolor.
Porque el primer mundo ha pasado.
Y el que estaba sentado en el trono dijo:
«Ahora hago el universo nuevo.» 

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Is 61, 10a-d y f. 11; 62, 2-3

R. Tú, María, eres la ciudad de Dios en que habita la justicia.

Desbordo de gozo con el Señor,
Y me alegro con mi Dios:
porque me ha vestido un traje de gala
y me ha envuelto en un manto de triunfo,
como novia que se adorna con sus joyas. R.

Como el suelo echa sus brotes,
como un jardín hace brotar sus semillas,
así el Señor hará brotar la justicia
y los himnos ante todos los pueblos. R.

Los pueblos verán tu justicia,
y los reyes tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo,
pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios. R.

Aleluya

Dios te salve, santa María, que, sufriendo junto a la cruz, compartiste los dolores del Hijo; ahora gozas de una serena alegría.

Evangelio

Mientras María Magdalena y "la otra María" buscan en vano el Cuerpo muerto del Señor en el sepulcro, la más gloriosa de las Marías, la Madre del Dios viviente, aguarda con fe inigualable el cumplimiento de la promesa de su Hijo, que ha dicho "Resucitaré al tercer día".

Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 1-10

En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres:
–«Vosotras, no temáis; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado.
No está aquí. Ha resucitado, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis." Mirad, os lo he anunciado.»
Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
–«Alegraos.»
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.
Jesús les dijo:
–«No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»

Palabra del Señor.


Oración de los fieles

R. Te imploramos con la Madre del Resucitado

-Para que la santa Iglesia de Dios, figura de la nueva Jerusalén, con renovado entusiasmo, pueda anunciar a todos los pueblos la Buena Nueva de la victoria pascual. R.

-Para que el Sumo Pontífice N, los obispos y sacerdotes, al desempeñar su ministerio pastoral, en su vida y en sus actos, hagan presente a Jesús Resucitado, Dios misericordioso y compasivo. R.

-Para que nuestros hermanos judíos, que niegan el mesianismo de Jesucristo, por la práctica del amor, sin saberlo, entren en comunión con Él, y así, sean salvos. R.

-Para que las personas que están física o espiritualmente privadas de su libertad, vean rotas sus cadenas, por el misterio de la Pascua del Señor. R.

-Para que las familias que viven en el amor, la paz y la unidad, dones pascuales del Señor, socorran con gestos concreos de escucha, consejo y ayuda a las que viven divididas. R.

Ofertorio

Presentemos los dones eucarísticos para el Sacrificio que nos hace contemporáneos de la Pascua de Cristo, nacido de la Virgen María, Hija de Sion.

Oración sobre las ofrendas 

Al celebrar la memoria de santa María, siempre Virgen, te presentamos, Señor, nuestras ofrendas y te suplicamos que tu Hijo Jesucristo, sacerdote y víctima en el altar de la cruz, nos socorra siempre con su gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Prefacio

La Bienaventurada Virgen esperó creyendo la Resurrección del Hijo

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Porque en la resurrección de Jesucristo, tu Hijo,
colmaste de alegría a la santísima Virgen
y premiaste maravillosamente su fe:
ella había concebido al Hijo creyendo,
y creyendo esperó su resurrección;
fuerte en la fe contempló de antemano
el día de la luz y de la vida,
en el que, desvanecida la noche de la muerte,
el mundo entero saltaría de gozo
y la Iglesia naciente, al ver de nuevo a su Señor inmortal,
se alegraría entusiasmada.

Por él,
los ángeles te cantan con júbilo eterno,
y nosotros nos unimos a sus voces,
cantando humildemente tu alabanza:

Santo, Santo, Santo. 


Comunión

En este momento de la Comunión del Cuerpo glorificado del Señor, pidamos a María, Madre del Pan de Vida, que nos enseñe a adorar a Jesús y que nos ayude a cumplir su voluntad.

Es tradicional de la liturgia mariana pascual la "invitación" que la Iglesia dirige a la Santísima Virgen para que se alegre por el triunfo de su Hijo. (La antífona Regina Caeli, a la que he aludido más arriba, es un ejemplo elocuente de ello). En efecto, María, la que más sufrió después de Cristo, es la que con mayor derecho ha de alegrarse por la redención de la humanidad:

Antífona de comunión 

Alégrate, Virgen Madre, porque Cristo ha resucitado del sepulcro. Aleluya. 

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso, confírmanos en la fe de estos misterios que hemos celebrado, y, pues confesamos a tu Hijo Jesucristo, nacido de la Virgen, Dios y hombre verdadero, te rogamos que por la fuerza salvadora de su resurrección merezcamos llegar a las alegrías eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Despedida

Celebrando la Eucaristía, nos unimos cada vez más al Cristo vivo; y contemplando a María, aprendemos a vivir como resucitados.

5 de octubre: Domingo XXVII del Tiempo Ordinario.
Apertura de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, esta vez, dedicado a la Familia.
-En la arquidiócesis de Córdoba, en Argentina, solemnidad de la patrona, Nuestra Señora del Rosario del Milagro. (Entrada dedicada a ella).

Nuestra. Señora del Rosario del Milagro