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La verdadera Iglesia de Dios...

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viernes, 16 de febrero de 2018

Vía Crucis (para niños)





El Vía Crucis es el más importante y conocido de los ejercicios piadosos para la Cuaresma y la Semana Santa. Muchas veces sus meditaciones, aunque profundas y teológicamente sólidas, no tienen un lenguaje que sea fácil de comprender por los niños. Esta es la razón por la cual ofrezco a continuación el siguiente texto adaptado para los más pequeños, a fin de que también ellos, a los que Jesús quiere junto a Sí (Cf. Mt. 19, 13-15; Mc. 10, 13-16), puedan meditar sobre su santa Pasión.


Esquema general:

Señal de la Cruz
Invocación inicial 
-Mención de la estación 
-Jaculatoria
-Breve meditación
-Breve súplica
-Padrenuestro, Avemaría y Gloria

Oración coclusiva del ejercicio


Texto

En el Nombre del Padre, y del hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Invocación inicial:

Nuestro Señor Jesucristo,  Hijo del Eterno Padre, ilumínanos con tu Espíritu Santo, para que recibamos con un corazón agradecido todas las bendiciones que nos das cuando meditamos lo que por puro amor, has querido sufrir por nosotros. Amén.


Primera estación: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE




"Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo".

Es condenado el Juez más bondadoso y más justo de todos. Él sufre en silencio por las víctimas de la injusticia, de las ofensas, de las falsas acusaciones y de los prejuicios de los demás. Y también sufre por los victimarios.

Señor Jesús, que nunca hablemos mal de los demás y que no acusemos injustamente a nadie; que no juzguemos y que sepamos amar como Tú.

Padrenuestro, (Avemaría y Gloria).


Segunda estación: JESÚS CARGA CON LA CRUZ

 

 
"Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo".

Llevando la Cruz, el Salvador del mundo carga sobre Sí mismo el peso de los pecados de los hombres y mujeres de todos los tiempos.

Señor Jesús, hoy te pedimos perdón por los pecados nuestros y de todos aquellos hermanos de cualquier época y lugar, que no saben que te ofenden, o si lo saben, no les importa hacerlo.

Padrenuestro, (Avemaría y Gloria).


Tercera estación: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ


 


"Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo".

Cae por primera vez Quien nos da fuerza para levantarnos de cada caída. No hay precipicio para los que confiamos en el Redentor.

Señor Jesús, que cuando caigamos en la tentación a causa de nuestra debilidad, veamos tu Mano amorosa extendida hacia nosotros. Solamente Tú puedes y quieres perdonarnos y levantarnos.

Padrenuestro, (Avemaría y Gloria).


Cuarta estación: JESÚS ENCUENTRA A SU MADRE


 


"Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo".

En esta Tierra, no hay nadie en quien confiemos más que en nuestra mamá. Y Jesús también quiso tener una. La que lo había acunado en los brazos cuando era bebé, es la que lo abraza en estas horas de infinito sufrimiento de ambos.


Señor Jesús, que en cada momento de nuestra vida, sintamos cómo nos cuida la Santísima Virgen, Madre tuya y Madre nuestra. Que aprendamos a amar y a respetar a nuestros padres de la Tierra, como tú hiciste con María y José, tu papá adoptivo.

Padrenuestro, (Avemaría y Gloria).


Quinta estación: EL CIRENEO AYUDA A LLEVAR LA CRUZ A JESÚS




"Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo".

Un hombre, pecador como cada uno de nosotros, pero de corazón sensible, se compadece del Señor y lo ayuda a llevar la pesada Cruz. En realidad, es el Señor el que lo está bendiciendo, porque lo hace colaborador en la gran Obra de la salvación. El acto de amor del Cireneo, duró muy poco tiempo pero lo hizo merecer premios eternos.

Señor Jesús, que con nuestras buenas obras, hagamos más livianas las cargas de los que sufren y más hermosa la vida de todos.

Padrenuestro, (Avemaría y Gloria).


Sexta estación: VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS

 
"Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo".

Antes, un hombre: el Cirineo. Ahora, una mujer: Verónica. En medio de tantos corazones malvados, el bien brilla con más fuerza. A Verónica se le concede el privilegio de limpiar de tierra, sangre y sudor el Rostro que los ángeles, sin poder tocar, adoran eternamente en el Cielo.

Señor Jesús, aunque el mundo nos ofrezca muchas cosas atractivas, que nada nos aleje de Ti y que aprendamos a contemplar con el corazón la belleza de tu Rostro, que ya no sufre, pero que da fortaleza a los que sí sufren.

Padrenuestro, (Avemaría y Gloria).


Séptima estación: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ


 


"Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo".

El mismo que creó el universo y lo sostiene, cae nuevamente en tierra, para que confíen en Él quienes, una vez perdonados, vuelven a caer en el pecado.

Señor Jesús, Tú nos enseñas a pedir cada día al Padre del Cielo que "no nos deje caer en tentación". Que con tu ayuda, pongamos todo de nuestra parte para alejarnos cada vez más de lo que a Ti te desagrada.

Padrenuestro, (Avemaría y Gloria).


Octava estación: JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN


 


"Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo".

El corazón materno de aquellas compatriotas suyas no podía ser indiferente ante el sufrimiento de Jesús, que padecía también para consolar a las mujeres de todas las generaciones, de los atropellos de los que  serían víctimas, a causa de la fragilidad física propia de su sexo.

Señor Jesús, que sepamos respetar a toda mujer pues Tú mismo has querido nacer y que naciéramos de una de ellas. Que no nos callemos ante quienes quieren convertirlas en simples objetos de maltrato y consumo; que ellas mismas conozcan su propia dignidad.

Padrenuestro, (Avemaría y Gloria).


Novena estación: JESÚS CAE POR TERCERA Y ÚLTIMA VEZ


 


"Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo".

Con su Cuerpo Santísimo cubierto de heridas y regando de Sangre el trayecto, el Redentor cae una vez más.   Así, el sendero de nuestra vida aquí en la Tierra, está bendecido por el Paso del Salvador.

Señor Jesús, que no temamos los tropiezos de la vida porque Tú, que eres el Camino, estás con nosotros en el caminar, y a la vez, por ser Dios amoroso, nos esperas para darnos un Abrazo eterno en la Meta.

Padrenuestro, (Avemaría y Gloria).


Décima estación: JESÚS ES DESNUDADO


 

 
"Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo".

A Jesús, a Quien con crueldad ya Le habían arrancado la Carne de su Cuerpo, haciéndolo sangrar, ahora Le quitan irrespetuosa y violentamente sus vestiduras. Su sufrimiento parece no tener fin. Pero Él lo acepta porque nos ama de verdad.

Señor Jesús, que aprendamos a respetar nuestro propio cuerpo y el de los demás, porque Tú mismo has querido vivir en cada uno de nosotros, junto con tu Padre y con tu Espíritu Santo.

Padrenuestro, (Avemaría y Gloria).


Undécima estación: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ


 

 
"Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo".

No solo los de aquella época, sino todos hemos clavado en la Cruz al Mesías, Cordero inocente. Todos somos pecadores, menos su Madre, y por eso, somos culpables de que Él haya sido condenado a morir de la forma más cruel.

Señor Jesús, que podamos reconocer las propias faltas, pequeñas y grandes, y a confesarlas ante los sacerdotes que has querido que, en Nombre tuyo, nos ofrecieran tu perdón.

Padrenuestro, (Avemaría y Gloria).


Duodécima estación: JESÚS MUERE EN LA CRUZ


 

 
"Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo".

Desde que Jesucristo murió crucificado, perdonando a sus enemigos, toda cruz es signo de esperanza, perdón, reconciliación, y sobre todo, del Amor sin límites de Dios hacia nosotros.

Señor Jesús, que sepamos honrar cada día tu Cruz, no únicamente colgándola en las paredes o llevándola en el pecho, sino sobre todo viviendo con paciencia los momentos difíciles, ayudando a los que nos necesiten, y creyendo de verdad que sólo Tú puedes transformar los sufrimientos pasajeros en bendiciones eternas.

Padrenuestro, (Avemaría y Gloria).


Decimotercera estación: MARÍA RECIBE EL CUERPO MUERTO DE SU HIJO



 
"Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo".

El Niño que María y José habían tenido en brazos, ya muerto el santo Carpintero, ella recibe sola en su regazo materno. Pero el Pequeño ha crecido, y su Cuerpo, antes envuelto en pañales, ahora está cubierto por sangrientas heridas. 

Señor Jesús,  que en tus santas Llagas, hallemos la curación de todas nuestras heridas, del alma, de la mente y del cuerpo.

Padrenuestro, (Avemaría y Gloria).


Decimocuarta estación: JESÚS ES COLOCADO EN EL SEPULCRO




"Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo".

Una gran piedra cubre la entrada del lugar en que es depositado el Cuerpo muerto del Señor. Su vida terrenal empezó en la Cueva de Belén y termina también en una Cueva. No hay roca ni poder humano que pueda encerrar el Amor de Dios. Por eso, para los que creemos, la historia no termina en ese lugar oscuro. Está empezando.

Señor Jesús, los que Te contemplamos en el Sepulcro, creemos en tu Resurrección, aunque no podamos verla. Enséñanos a vivir con esperanza y a contagiarla a los hermanos.

Padrenuestro, (Avemaría y Gloria).


Oración conclusiva del Vía Crucis (para el último día) 

Amado Jesucristo, única esperanza de la humanidad, acepta con agrado la meditación que hemos realizado sobre tu Pasión y Muerte, y haznos sentir en nuestro corazón, la alegría de tu Resurrección. Tú que eres Dios y vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.



16 de febrero de 2018, viernes después de Ceniza.
Entrada dedicada a Jesús en el Misterio de su Pasión y Muerte.

(Fuente de las imágenes de las estaciones: Apostolado Eucarístico).

miércoles, 14 de febrero de 2018

Letanías para la Cuaresma

   
 


Un antiguo libro de oraciones, el Fasciculus Sacrarum Orationum et Litaniarum ad usum quotidianum Christiani hominis, ex sanctis Scripturis et Patribus collectus, de 1612, contiene el siguiente formulario de letanías para la Cuaresma (pp. 402-417), que he querido transcribir, en un deseo de rescatar del olvido algunas piezas preciosas de la liturgia y de la piedad católicas:


LITANIAE IN QUADRAGESIMA

 Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad


Dios Padre Celestial, ten misericordia de nosotros (en las siguientes invocaciones a las Divinas Personas, se responde igual)

Dios Hijo, Redentor del mundo, 

Dios Espíritu Santo, 

Santa Trinidad, un solo Dios,

Dios, que no quieres la muerte del pecador sino que se convierta y viva, (Cf. Ez. 33, 11)
Tú que diste la Ley a Moisés, que ayunó cuarenta días, (Cf. Éx. 34)
Tú que custodiaste en el foso de los  leones a Daniel, que ayunaba, (Cf. Dan. 10, 2-3)
Tú que escuchaste a los ninivitas que, ayunando, a Ti clamaban, (Cf. Jon. 3, 6-10)
Tú que liberaste a la ciudad de Nínive por la penitencia de sus habitantes, (Cf. Jon. 3, 6-10)
Tú que perdonaste el pecado de David penitente, que con cilicio se confesaba culpable, (Cf. Sal. 51).
Tú que escuchaste y reconfortaste a Judit postrada ante Ti con cilicio y ceniza, (Cf. Jud. 9, 1)
Tú que rescataste del vientre de la ballena a Jonás que a Ti clamaba, (Cf. Jon. 1, 1-17)
Tú que liberaste del ejército asirio a Ezequías y a su pueblo, que a Ti se volvían con cilicio, ceniza y ayunos, (Cf. II. Rey. 18-19)
Tú que hiciste hallar gracia a los ojos del rey a Ester que ayunaba, (Cf. Est. 5, 8)
Tú que liberaste del patíbulo a Mardoqueo, que ayunaba con sayal y cenizas, (Cf. Est. 4, 1, y caps. 6 y 7)
Tú que fuiste el auxilo de los Macabeos, que con sayal y ceniza a Ti suplicaban, (Cf. II Mac. 13, 12)
Tú que te manifestaste en el Templo a Ana, que pereseveraba en tu servicio con ayuno y súplicas, (Cf. Lc. 2, 36-37)
Tú que diste a conocer muchos misterios a los Profetas que ayunaban entre aflicciones, 
Tú que escuchaste a los sacerdotes que con cilicio oraban y ofrecían sacrificios por su pueblo,
Tú que ayunaste cuarenta días y cuarenta noches en el desierto, (Cf. Mt. 4, 1-11; Lc. 4, 1-13)
Tú que por medio de lo apóstoles instituiste el sagrado ayuno cuaresmal,
Tú que iluminsate a Pablo que oró y ayunó tres días, (Cf. Hech. 9, 8-9)
Tú que, por la penitencia, no tienes en cuenta los pecados de los hombres,
Tú que nos elegiste y escogiste en el sendero de la humillación,  
Tú que pruebas a tus elegidos como el oro en el crisol, (Cf. I Ped. 1, 7)
Tú que nos concedes un tiempo y un lugar para la penitencia de los pecados, 
Tú que pruebas a todo hijo que recibes y amas,
Tú que no quieres que perezcamos sino que hagamos penitencia,
Tú que tocaste con tu gracia a Mateo sentado frente al telonio, (Cf. Mt. 9, 9).
Tú que hiciste volver justificado al publicano que se golpeaba el pecho, (Cf. Lc. 18, 13)
Tú que recibes paternalmente al hijo pródigo que volvió a Ti, (Cf. Lc. 15, 11-32)
Tú que hiciste manar de la fuente Agua viva para la samaritana, (Cf. Jn. 4, 1-42)
Tú que escuchaste con clemencia la oración de la mujer cananea, (Cf. Mt. 15, 21-28; Mc. 7, 24-30)
Tú que perdonaste el pecado de la mujer adúltera, (Cf. Jn. 7, 53_8, 11)
Tú que recibiste a publicanos y pecadores y comiste con ellos, (Cf. Mc. 2, 16; Mt. 9, 11).
Tú que a María Magdalena, que mucho amaba, le perdonaste sus numerosos pecados,
(Cf. Lc. 7, 47)
Tú que miraste con amor a Pedro, que te había negado tres veces, (Cf. Lc. 22, 61)
Tú que abriste las puertas del Paraíso al buen ladrón penitente, (Cf. Lc. 23, 43)
Tú que destruyes nuestra iniquidad, crímenes y pecados, 
Tú que nos invitas al arrepentimiento para aplacar tu ira con llantos, cilicios y cenizas, 
Tú que tienes compasión de los que a Ti se convierten con ayunos, lágrimas y llanto, 
Tú que, luego de la penitencia, no recuerdas más nuestros pecados, 
Dios misericordioso e indulgente ante la maldad,


-Senos propicio,
-Perdónanos, Señor.
-Senos propicio,
-Escúchanos, Señor.

De todo mal, líbranos, Señor (esta respuesta se repite en cada invocación siguiente)
De todo pecado,
De todo peligro de la mente y el cuerpo,
De toda malicia e indignación, 
De todo abuso y gula, 
De toda impudicia y torpeza,
De toda ira, riña y enfrentamiento,
De toda negligencia e impiedad, 
De toda impenitencia y dureza de corazón,
De la muerte súbita e imprevista,
De la eterna condenación,
Por tu Bautismo y tu santo ayuno,
Por tus tres tentaciones,
Por tu hambre y sed,
Por tus trabajos y dolores,
Por la triple sentencia de muerte dictada contra Ti,
Por tu acerbo y cruel Sacrificio en la Cruz,
En el día de la ira y la calamidad,
Nosotros, que somos pecadores, te rogamos, óyenos
Para que seas indulgente con nosotros,
Para que te dignes conducirnos a la verdadera penitencia,
Para que con la penitencia produzcamos frutos dignos,
Para que con tu gracia lloremos sinceramente nuestros pecados,
Para que con este santo ayuno te dignes purificar y proteger de todo mal a tu Iglesia,
Para que te dignes santificar y aceptar con agrado nuestro ayuno,
Para que a todos los que ayunan les des una mente más clara, un corazón más purificado y un cuerpo más sano,
Para que hagas de nuestros cuerpos hostias vivientes que siempre te agraden,
Para que te dignes perdonar y olvidar todos nuestros pecados,
Para que nos concedas pasar de las tribulaciones de este mundo a los gozos de la gloria futura,
Para que te dignes escucharnos,
Hijo de Dios,

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.

 
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

 
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.


Padrenuestro...

V. Entre el vestíbulo y el Altar, lloraban los sacerdotes, ministros del Señor.
R. Perdona, perdona a tu pueblo, Señor.

V. Señor, no nos trates según nuestros pecados.
R. Ni nos pagues según nuestras culpas.

V. Señor, no recuerdes nuestros antiguos crímenes.
R. Ni nos retribuyas de acuerdo con nuestros delitos.

V. Ayúdanos, Dios, Salvador nuestro.
R. Y líbranos, por la gloria de tu Nombre.

V. Senos propicio, Señor, a causa de nuestros pecados.
R. Por tu Santo Nombre.

V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.

Oraciones

Dios Omnipotente, perdona a los penitentes, escucha a los que te suplican y danos los beneficios de tu  misericordia, para que los ayunos de los que invocan tu Nombre y lloran sus crímenes, obtengan de tu clemencia remedio de alma y cuerpo y vean cumplida tu promesa de la eterna felicidad de los que te son fieles. 

Dios, que maravillosamente creaste al hombre y lo has redimido aún más portentosamente, concédenos luchar contra todo pecado y servirte con sincero corazón.

Te rogamos, Señor, que escuches clementemente las oraciones de tu pueblo, para que los que con razón nos afligimos por nuestros pecados, seamos misericordiosamente librados de ellos por la gloria de tu Nombre.

Custodia con continua piedad a tu familia, para que con tu protección se vea libre de las adversidades y ofrezca a tu nombre el homenaje de las buenas obras.

Dios, que no quieres la muerte sino la penitencia del pecador, restaura benigno la fragilidad de la condición humana, para que, perdonadas nuestras faltas por tu gran misericordia,  podamos  servirte  piadosamente y alcanzar los premios eternos. Por nuestro Señor Jesucristo...

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia divina, descansen en paz.
R. Amén.


14 de febrero de 2018, Miércoles de Ceniza. Inicio de la santa Cuaresma.
Entrada dedcada a Cristo en el desierto.


martes, 13 de febrero de 2018

Prefacio propio de la "Oración de Jesús en el Huerto"


 


Todo martes que precede al Miércoles de Ceniza, la Congregación de la Pasión celebra litúrgicamente el misterio doloroso de la Oración de Jesús en el Huerto de los Olivos. Este es el Prefacio que emplea, tomado del Misal propio:


PREFACIO

Cristo, Víctima por nuestros pecados

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espí­ritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Porque, en tu gran misericordia,
has amado tanto a los hombres
que nos enviaste como Redentor a tu Hijo,
Jesucristo nuestro Señor.

Él, ofreciéndose a ti como víctima inocente,
aceptó la pasión y muerte de cruz por nosotros, pecadores,
y entregándose a una injusta condena,
expió la pena debida por nuestros pecados.
Con su muerte, lavó nuestras culpas
y, con su resurrección, nos mereció la salvación.

A él, el cielo y la tierra,
los ángeles y los arcángeles,
dedican el himno de sus alabanzas:

Santo, Santo, Santo...


13 de febrero de 2018, martes de la VI semana del Tiempo Ordinario.
Para los pasionistas, festividad de la Oración de Jesús en el Huerto. Entrada dedicada a este misterio doloroso.

domingo, 11 de febrero de 2018

Letanías por los enfermos




Un antiguo libro de oraciones, el Fasciculus Sacrarum Orationum et Litaniarum ad usum quotidianum Christiani hominis, ex sanctis Scripturis et Patribus collectus, de 1612, contiene el siguiente formulario de letanías por los enfermos (pp. 426-439), que he querido transcribir, en un deseo de rescatar del olvido algunas piezas preciosas de la liturgia y de la piedad católicas:


LITANIAE PRO INFIRMIS

Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad



Dios Padre Celestial, ten misericordia de nosotros (en las siguientes invocaciones a las Divinas Personas, se responde igual)

Dios Hijo, Redentor del mundo, 

Dios Espíritu Santo, 

Santa Trinidad, un solo Dios,

Tú que sanas a los de corazón contrito,
Tú que hieres y curas,
Tú que das la muerte y la vida,
Tú que no privas del infierno a los que libremente lo eligen pero ayudas a todos para que no caigan en él,
Tú que sanas a los que oran en su enfermedad,
Tú que por tu misericordia salvas a los que en Ti esperan,
Tú que sanaste las heridas a Job, (Cf. Job. 5, 18)
Tú que liberaste de su enfermedad a Ezequías que a Ti clamaba, (Cf. II Rey. 20).
Tú que expulsaste de Sara al demonio, (Cf. Tob. 3, 1-17)
Tú que hiciste ver la luz del Cielo a Tobit, (Cf. Tob. 11, 13)
Tú que escuchaste a la mujer cananea que clamaba por su hija (Cf. Mt. 15, 21-28)
Tú que liberaste de la fiebre a la suegra de Pedro, (Cf. Mc. 1, 29-39)
Tú que erguiste a la mujer encorvada, (Cf. Lc. 13, 10-13)
Tú que salvaste de la fiebre mortal al hijo del oficial del rey, (Cf. Jn. 4, 43-54)
Tú que curaste con tu Palabra al siervo del centurión, (Cf. Mt. 8, 5-13; Lc. 7, 1-10)
Tú que sanaste y purificaste a los paralíticos y leprosos, (Cf. Mt. 9, 1-6; Lc, 5, 17-26; Mt. 8, 1-4; Mc. 1, 40-45; Lc. 5, 12-16)
Tú que libraste de los espíritus inmundos a los poseídos y atormentados, (Cf. Mt. 8, 28-34; Mc. 5, 1-20; Lc. 8, 26-39)
Tú que sanaste a la hemorroísa por el contacto con tu túnica, (Cf. Mt. 9, 20-22; Mc. 5, 21-43; Lc. 8, 40-48)
Tú que hiciste oír a los sordos, (Cf. Mc. 7, 31-37)
Tú que hiciste caminar a los inválidos, (Cf. Mt. 9, 1-8; Lc. 5, 17-26)
Tú que desataste los labios de los mudos, (Cf. Mc. 7, 31-37)
Tú que iluminaste los ojos de los ciegos, (Cf. Jn. 9, 6-7)
Tú que devolviste la salud a enfermos y discapacitados, (Cf. Mt. 4, 23-25)
Tú que reconfortas a los trabajadores fatigados, (Cf. Mt. 11. 28)
Tú que llevaste sobre Ti nuestras cargas, (Cf. Sal. 55, 22)
Tú que hiciste revivir al hijo muerto de la viuda, (Cf. Lc. 7, 11-17)
Tú que devolviste la vida a la hija de Jairo, (Cf. Mc. 5, 21-43)
Tú que resucitaste de la muerte de cuatro días a Lázaro, (Cf. Jn. 11, 1-57)
Tú que visitaste a los enfermos y prometiste los premios eternos a los que los visitaran, (Cf. Mt. 25, 36. 40).
Tú que liberaste a muchos de sus enfermedades por la sombra de Pedro, (Cf. Hech. 5, 15)
Tú que sanaste a muchos enfermos con pañuelos y delantales de Pablo, (Cf. Hech. 19, 11-12)
Tú que levantaste de la muerte a un hombre por el contacto con los huesos de Eliseo, (II Rey. 13, 21)
Dios, ayuda y protección nuestra,
Sustentador y liberador nuestro,
Refugio nuestro y prenda de nuestra salud,
Fortaleza y paciencia nuestra,
Salvador y Redentor nuestro,

Senos propicio, perdónanos, Señor
Senos propicio, escúchanos, Señor,
Senos propicio, líbranos, Señor

De todo mal, líbranos, Señor
De todo pecado,
De toda enfermedad y desgracia,
De la peste y de todo contagio,
De toda impaciencia y pusilanimidad,
De las insidias del Diablo,
De los peligros de la muerte,
De los padecimientos del infierno,
De la muerte súbita e imprevista,
De la condenación eterna,
Por tus tentaciones (en el desierto),
Por tus lágrimas y aflicciones,
Por tus trabajos y fatigas,
Por tu tedio y tristezas,
Por tu temor y angustias,
Por tu hambre y sed,
Por tu agonía y sudor de sangre,
Por tus sacrosantas Llagas,
Por tu preciosísima Sangre,
Por tu Cruz y Pasión,
Por tu Muerte y Sepultura,
Por tu gloriosa Resurrección,
Por tu admirable Ascensión,
En el Día del Juicio,

Nosotros, que somos pecadores, te rogamos, óyenos
Para que nos perdones,
Para que seas indulgente con nosotros,
Para que nos concedas la oportunidad de la verdadera penitencia,
Para que nos des compunción de corazón y abundantes lágrimas (de arrepentimiento),
Para que te dignes visitarnos y consolarnos,
Para que nos concedas tiempos propicios y salud de alma y cuerpo,
Para que te dignes concedernos el perdón y la purificación de todos nuestros pecados,
Para que te dignes infundir en nuestros corazones la gracia y el consuelo del Espíritu Santo,
Para que nos socorras y nos hagas pacientes en toda tribulación,
Para que en la hora de la muerte nos protejas de los asaltos del Diablo,
Para que nos concedas perseverar hasta el fin y morir en tu gracia,
Para que te dignes bendecir y santificar nuestra última hora,
Para que te dignes recibir nuestro espíritu en tus manos,
Para que después de la muerte nos concedas atravesar felizmente las puertas del Paraíso,
Para que te dignes escucharnos,
Hijo de Dios, te rogamos, óyenos

-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
-Perdónanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
-Escúchanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
-Ten misericordia de nosotros.
-Cristo, óyenos.
-Cristo, escúchanos.
-Señor, ten piedad.
-Cristo, ten piedad.
-Señor, ten piedad.

V. Salva a tus siervos, Señor.
R. Que confían en Ti.

V. Conviértenos, Señor.
R. Ten compasión de tus siervos.

V. Sé para nosotros, Señor, torre de fortaleza.
R. Frente a nuestros enemigos.

V. Que no tengan poder sobre nosotros.
R. Y que el hijo de la iniquidad no pueda dañarnos.

V. Sé nuestra ayuda, Señor, y no nos abandones.
R. No te apartes de nosotros, Dios de salud.

V. Ayúdanos, Salvador nuestro.
R. Y líbranos, por la gloria de tu Nombre.

V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.

Oraciones

Dios, fortaleza en la enfermedad humana, auxilia con tu poder clementísimo a tus siervos enfermos, para que ayudados por esta obra de tu misericordia, merezcan servir incólumes a tu Iglesia.

Dios, cuyo Unigénito con su paciencia, derrotó la soberbia del antiguo Enemigo, concédenos que, siguiendo su mismo ejemplo, podamos tolerar con santa aceptación toda adversidad.

Dios, benignísimo Creador y misericordiosísimo Reformador del género humano, que redimiste con la preciosa Sangre de tu Unigénito, al hombre privado de su eterna felicidad por la envidia del Diablo, vivifica a estos siervos tuyos con la gracia de tu poder y da abundante salud a los que yacen; cólmanos de todo gozo y alegría espiritual; aleja de nosotros las insidias del Maligno; envíanos al médico de la salud y Ángel de la paz; que los angustiados recibamos tu consuelo, seamos auxiliados en el presente, y en el futuro recibamos los premios eternos.
Rogamos humildemente tu misericordia, Dios Omnipotente, para que tu gracia benéfica nos reconcilie, a fin de que siempre y en todo lugar, llenos de paciencia, seamos protegidos por tu bondad.

Dios, bajo cuya providencia transcurre nuestra vida, escucha las preces de los que a Ti claman humildemente, para que, libres de toda adversidad y enfermedad, te alabemos con perpetua acción de gracias. Por nuestro Señor Jesucristo...



-Señor, escucha mi oración.
-Y llegue a Ti mi clamor.
-Bendigamos al Señor.
-Demos gracias a Dios.
-Y las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
 -Amén.


11 de febrero de 2018, domingo VI "durante el año".
XXVI Jornada Mundial del Enfermo. Entrada dedicada a Jesús, Médico de las almas y de los cuerpos, y a Nuestra Señora de Lourdes, hoy, a 160 años de su santa Aparición.


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sábado, 10 de febrero de 2018

Guion: Domingo VIII del Tiempo Ordinario





Ciclo B

Introducción

Queridos hermanos:

La Misa es Acción divina, trinitaria, no humana. El sacerdote que preside sirve al designio del Señor, prestando su cuerpo y su voz; pero no obra por sí mismo sino en el Nombre y la Persona de Cristo. (Cf. Es Cristo que pasa, 86. San Josemaría Escrivá de Balaguer).

Con estas palabras, Josemaría Escrivá de Balaguer, "el santo de lo cotidiano", nos sitúa ante la grandeza del Sacrificio del Altar en el que estamos por participar.

Ojalá nunca la rutina nos empuje a banalizar la grandeza de estos Santos Misterios que celebramos.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Os. 2, 16b-17. 21-22

La profecía de Oseas se refiere a la íntima unión entre nuestras almas y el Creador, unión querida por Él, y que requiere de nuestra libre aceptación.

Segunda lectura: II Cor. 3, 1b-6

El apóstol Pablo, con la metáfora de la "carta", pretende explicar de qué manera nosotros, con nuestra vida, somos el "primer anuncio" de Jesucristo que los demás pueden recibir.

Evangelio: Mc. 2, 18-22

El auténtico sentido de toda práctica religiosa es el amor a Dios y a los hermanos.


Oración de los fieles 

Las siguientes preces, están tomadas de la Misa votiva "Santa María, Puerta del Cielo", presidida por el Papa Francisco el 19 de enero 2018 en Trujillo, Perú

 Queridos hermanos, el Señor es fiel y atiende benigno nuestra oración. Presentemos humilde y confiadamente nuestras súplicas.

R. Que aprendamos a amar de verdad.

-Para que nuestra Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, anuncie con valentía a Jesucristo, único Salvador, a fin de que los hombres descubramos en Él la Puerta de la salvación y de la vida. R.

-Para que los gobernantes, buscando siempre el bien común, atiendan a las necesidades básicas de todos, especialmente las de aquellos hermanos nuestros menos favorecidos. R.

-Por todos los que sufren por diversas circunstancias, en especial por quienes aún padecen las consecuencias de las lluvias e inundaciones, para que, avivando su esperanza y encontrando apoyo en la caridad fraterna, puedan superar la adversidad. R.

-Por los jóvenes, para que, siguiendo el modelo de la joven de Nazaret, busquen y realicen la voluntad divina y se esfuercen por vivir en pureza y en caridad. R.

-Por quienes estamos reunidos en esta asamblea eucarística, para que, confiando en la intercesión de la Virgen María (se puede especificar la advocación), vivamos como ella en fidelidad a la voluntad de Dios, esforzándonos por la unidad y el amor. R.


Oración conclusiva


"Escucha, Padre de bondad, la oración de tu Iglesia y concédenos un corazón libre de toda aflicción para servirte con gozo y fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor".
Am
A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Padre, que en Cristo, Esposo y Señor, llamas a la entera humanidad a la alianza nueva y eterna, haz que en tu Iglesia, reunida para la celebración del Banquete nupcial, todos los hombres puedan conocer y gustar la gozosa novedad del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

En el Ofertorio de cada Misa se produce una interesante realidad: damos lo que se nos dio para que se nos dé el Que nos lo dio. Es decir, presentamos el pan y el vino que recibimos del Creador para que sean el Sacramento en el que se nos da el mismo Creador, hecho hombre como nosotros.


Comunión

"Lo que nosotros no podemos, lo puede el Señor. Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre no nos deja un símbolo, sino la realidad: se queda Él mismo" -en la Eucaristía que ahora nos ofrece la Iglesia-. (Cf. ídem supra, 83). Con el canto expresemos el gozo por el Supremo Don que vamos a recibir.


Despedida

"Con Cristo en el alma, termina la Misa. La bendición trinitaria nos acompañará (...) en nuestra tarea sencilla y normal de santificar todas las nobles actividades humanas". (Cf. ídem supra, 91).


10 de febrero de 2018,  I vísperas del VI domingo del Tiempo Ordinario.
En el nonagésimo aniversario del martirio del niño san José Luis Sánchez del Río. Entrada dedicada a él.

 

Guion: Domingo VII Del Tiempo Ordinario





Ciclo B

Introducción

¿Por qué ir a Misa el domingo? No es suficiente responder que es un precepto de la Iglesia; esto ayuda a preservar su valor, pero solo, no es suficiente. Nosotros cristianos tenemos necesidad de participar en la Misa dominical porque únicamente con la gracia de Jesús, con su Presencia viva en nosotros y entre nosotros, podemos poner en práctica su mandamiento y así ser sus testigos creíbles. (S.S. Francisco, Audiencia 20/12/17).

Demos gracias por el don de esta asamblea fraterna.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Is, 43, 18-19. 21-22. 24b-25

El amor y la misericordia de Dios se manifiestan ante todo en querer hacer de nosotros nuevas criaturas.

Segunda lectura: II Cor. 11, 18-22

Jesucristo es el gran Sí, la respuesta más amorosa de Dios a los anhelos de paz, justicia y salvación de todas las generaciones.

Evangelio: Mc. 2, 1-12

En el Evangelio de hoy, Jesús cura integralmente a un paralítico "para manifestar que ha venido como salvador del mundo, que tiene como misión principal librar al hombre del mal espiritual, el mal que separa al hombre de Dios e impide la salvación en Dios". (San Juan Pablo II, Audiencia, 25/11/87).

O bien:

"...las curaciones corporales -que realiza Jesús- forman parte de su obra de salvación y, al mismo tiempo, son signos de la gran curación espiritual que brinda a la humanidad". (Cf. ídem, 15/06/94).

 
Oración de los fieles

Las siguientes preces están tomadas de la Santa Misa votiva de "Nuestra Señora del Carmen, Madre y Reina de Chile", presidida por el Papa Francisco en Iquique, sito en el mencionado país trasandino, el 18 de enero de 2018:

Hermanos, dirijamos nuestra oración a Dios, Padre todopoderoso, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad:

R. Escúchanos Señor, te rogamos.

-Por la Santa Iglesia, extendida sobre la faz de la Tierra para que, congregada en la unidad deseada por Jesucristo y guiada por el Papa Francisco, sea siempre fiel al mandato divino y anuncie sin cesar el Evangelio a todos los hombres. R.

-Por nuestra Patria para que, por la prudencia de sus gobernantes y la honestidad de todos los ciudadanos, se afiancen la concordia y la justicia, y podamos gozar de prosperidad y de una paz sólida y verdadera. R.

-Por las vocaciones a la vida consagrada, para que siempre haya corazones que estén dispuestos a seguir la llamada de Dios y a dedicar su vida al servicio de sus hermanos, siendo testigos de esperanza. R.

-Por los que sufren en su cuerpo y en su espíritu, para que sea alimentado el que tiene hambre sea redimido; el encarcelado, liberado; el oprimido, sanado; el enfermo y encuentre trabajo el que lo busca. R.

-Por quienes se han visto obligados a dejar su lugar de origen, para que sean bien acogidos y ayudados, respetando y favoreciendo la identidad cultural de cada persona. R.

-Por los pueblos originarios, que con su danza y con tantas otras muestras de piedad manifiestan su amor a Dios, para que descubran que la riqueza de sus actos brota de una fe verdadera y se vean respetadas sus legítimas tradiciones. R.

Oración conclusiva

"Señor Dios, refugio y fortaleza nuestra, escucha las oraciones de tu Iglesia, y concédenos por tu bondad lo que pedimos con fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Dios de la libertad y de la paz, que en el perdón de los pecados nos das el signo de la creación nueva, haz que toda nuestra vida reconciliada en tu amor, alabe y anuncie tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

Los mismos dones que el Señor nos ha concedido para revitalizar nuestros cuerpos, son los que ahora presentamos con la fe de que curarán nuestra parálisis espiritual y serán causa de salvación para nosotros.


Comunión

El mismo Jesús que curó al paralítico es el que viene ahora en nuestro auxilio como Pan de sanación y esperanza.


Despedida

Al despedirnos, escuchemos con esperanza las palabras de san Agustín, referidas al Evangelio de hoy:

¡Ánimo, tú que interiormente estás paralizado! Juntos abramos el techo de las Escrituras para bajar y colocarnos a los pies del Señor. (Comentario al salmo 36).


10 de febrero de 2018,  I vísperas del VI domingo del Tiempo Ordinario.
En el nonagésimo aniversario del martirio del niño san José Luis Sánchez del Río. Entrada dedicada a él.


 


Guion: Domingo X del Tiempo Ordinario


            
                                 


Ciclo B

Introducción

Dice san Josemaría Escrivá de Balaguer:

"(...) algunos cristianos tienen una visión muy pobre de la Santa Misa; para otros es un mero rito exterior cuando no un convencionalismo social.. Y es que nuestros corazones, mezquinos, son capaces de vivir rutinariamente la mayor Donación de Dios a los hombres. En la Misa, en esta Misa que ahora celebramos, interviene de modo especial la Trinidad Santísima. Corresponder a tanto amor exige de nosotros una total entrega del cuerpo y del alma: Oímos a Dios, Le hablamos, Lo vemos, Lo gustamos". (Es Cristo que pasa, 87).

Iluminados por estas palabras, procuremos celebrar con todo fervor el Máximo Acto de nuestra fe.

 
Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Gén. 3, 9-15

El pecado de nuestros primeros padres, fue por todos heredado, a excepción de Jesús, y de su Madre. Precisamente Cristo, el Nuevo Adán, Fruto virginal de María, la Nueva Eva, sería el Remedio que restauraría para siempre nuestra amistad con el Creador.

Segunda lectura: II Cor. 4, 13_ 5, 1

El Apóstol nos explica la dualidad existente en toda criatura humana: el hombre exterior, que es frágil y transitorio, sujeto a padecimientos; y el interior, que por la fe, puede atravesar el umbral de la muerte hacia una nueva Vida.

Evangelio: Mc. 3, 20-35

El hacer la voluntad de Dios nos emparenta profundamente con el Señor y es la prueba de que nuestras obras no provienen del Enemigo. Es lo que el Maestro nos enseña en el siguiente texto evangélico.

   
Oración de los fieles

Las siguientes preces, con las necesarias adaptaciones, están tomadas de la Santa Misa por los emigrantes y refugiados, presidida por el Papa Francisco el 14 de enero de 2018:

Cada día de nuestra vida es una gracia del Señor, una ocasión puesta en nuestras manos para hacer el bien y construir el Reino del Señor. Invoquemos al Padre que está en los Cielos, para que nos conceda la gracia de caminar en sus senderos.

 R. Escúchanos, Señor.

-Por la Santa Madre Iglesia.

+Que como familia de los hijos de Dios sea para todo hombre lugar de salvación en el que se sientan amados, escuhados y redimidos. R.

-Por el Santo Padre N.

+Como sal de la tierra y luz del mundo pueda guiar siempre al Pueblo santo de Dios en el fiel seguimiento del Señor Jesús. R.

-Por todos aquellos que viven en la pobreza y la marginación.

+Convencidos de la bondad del Señor, puedan experimentarla en la oración fiel y la caridad operosa de los hermanos. R.

-Por los atribulados y perseguidos.

+Sostenidos por la paterna Providencia de Dios, asuman con fe sus sufrimientos en unión con la Cruz de Jesús, para que contribuyan a la conversión de todo hombre. R.

-Por quienes estamos aquí reunidos.

+Que participando del Cuerpo y la Sangre del Señor, podamos experimentar la armonía interior que es don de la gracia, venciendo las tinieblas de la discordia, fruto del pecado. R.

-Por aquellos que han muerto migrando a otros países.

-Acogidos por el abrazo misericordioso de Dios, gocen en la Vida eterna de la contemplación de su Rostro. R.

Oración conclusiva

"Padre, asiste en este día a tus hijos, y haz que lleven con alegría el peso y la gloria de sus fatigas cotidianas. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Padre, que has mandado a tu Hijo a liberarnos de la esclavitud de Satanás, sostennos con las armas de la fe, para que en el combate cotidiano contra el Maligno, participemos del la Victoria Pascual de Cristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".


Ofertorio

Numerosos milagros obró Jesucristo en su Vida, y después de su Muerte y Resurrección. Pero el máximo de ellos, el que se repetirá numerosas veces por día y en todo el mundo hasta el final de los tiempos, es el de la conversión de este pan y este vino que ahora vamos a presentar, en su Cuerpo y su Sangre, Garantía de salvación para todos nosotros.


Comunión

Somos privilegiados, hermanos. Los esclavos no son invitados a la mesa de su Señor. Nosotros, por ser hijos de Dios, hemos sido convocados a este Banquete pascual que el mismo Dios preparó para aquellos a quienes Jesús, redimiéndonos, nos hermanó Consigo.


Despedida

Una vez más ha concluido la Misa. Aunque ella jamás dejará de celebrarse hasta que todos podamos compartir la Liturgia eterna en el Cielo.


10 de febrero de 2018, memoria litúrgica de santa Escolástica, virgen.
90° aniversario del martirio de san José Luis Sánchez del Río.
Entrada dedicada a ambos santos.