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martes, 30 de septiembre de 2014

Misas de la Virgen V (Navidad II): "La Virgen María, Madre del Salvador"




MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

Con el título de La Virgen María, Madre del Salvador, se ofrece una Misa que se encuentra en el Misal Romano, Común de Santa María Virgen, en tiempo de Navidad (p. 709), cuyos textos se distinguen por su antigüedad y belleza; el Prefacio proviene del venerable Sacramentario Veronense (SV 1247).
En esta Misa, impregnada del gozo y de la luz de la Natividad del Señor, se pone de relieve:
- en primer lugar la función maternal de Santa María Virgen para con Jesucristo, que es reconocido como el Rey «que tiene un nombre eterno» (Antífona de entrada), como Hijo de Dios (Oración colecta, Prefacio, Oración después de la comunión), «Autor de la vida» (Oración colecta, cf. Hch 3, 15), «Sacramento de nuestra salvación» (Prefacio), «Luz de las naciones» (Prefacio, cf. Lc 2, 32), «Esposo» (Prefacio, cf. Sal 18 [19] A, 6), «Palabra» que «se hizo carne» (Antífona de comunión, Jn 1, 14);
- la Maternidad virginal de santa María (cf. Oración colecta), por la cual Dios entregó a los hombres «los bienes de la salvación» (Oración colecta), y también la manera admirable cómo en la Santísima Virgen «su gozo de madre se une al honor de virgen» (Antífona de entrada), de lo que se deriva su peculiar condición y dignidad, ya que «nadie ha sido semejante a ella, ni antes ni después» (Antífona de entrada);
- la perenne intercesión de la Virgen María en favor del pueblo de Dios: «Concédenos experimentar la intercesión materna / de la que nos ha dado a tu Hijo Jesucristo, / el autor de la vida» (Oración colecta);
- el ejemplo de la Madre del Señor, para que los fieles «busquen y conserven» (Oración sobre las ofrendas) las cosas de Dios. 

Introducción

En estos días de gozo, en que volvemos a escuchar el cántico jubiloso de los ángeles que nos anuncian el Nacimiento del Salvador, nos reunimos en santa asamblea, y adoramos al Niño de Belén. Sabemos que está entre nosotros porque estamos reunidos en su nombre. Lo reconocemos también en el sacerdote que preside, en la Palabra que vamos a escuchar, y de modo sustancial, en la Eucaristía que hemos de comulgar.
Asistamos reverentes a este misterio inefable del nuevo Belén que se renueva en la Iglesia, verdadera "Casa del Pan".

Antífona de entrada 

La Madre engendró al Rey que tiene un nombre eterno; su gozo de madre se une al honor de virgen. Nadie ha sido semejante a ella, ni antes ni después. 

Oración colecta

Oh, Dios, que por la maternidad virginal de María entregaste a los hombres los bienes de la salvación, concédenos experimentar la intercesión materna de la que nos ha dado a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida. Que vive y reina contigo. 

Liturgia de la Palabra

Nótese que se trata de la primera lectura, del salmo y del Evangelio (con el versículo del aleluya) propios de la Misa de Nochebuena, con alguna particularidad que no está de más destacar: la antífona del salmo y el versículo del Evangelio omiten el adverbio "Hoy" exclusivo de aquella Misa y de los días de la Octava.

Primera lectura

Cristo es la Luz verdadera que no se extingue jamás y que viene a iluminar nuestras tinieblas.

Un hijo se nos ha dado

Lectura del libro de Isaías 9, 1-3. 5-6

El pueblo que caminaba en tinieblas
vio una luz grande;
habitaban tierra de sombras,
y una luz les brilló.
Acreciste la alegría,
aumentaste el gozo;
se gozan en tu presencia,
como gozan al segar,
como se alegran
al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor,
y el yugo de su carga,
el bastón de su hombro,
los quebrantaste como el día de Madián.
Porque un niño nos ha nacido,
un hijo se nos ha dado:
lleva a hombros el principado,
y es su nombre:
«Maravilla de Consejero,
Dios guerrero,
Padre perpetuo,
Príncipe de la paz.»
Para dilatar el principado,
con una paz sin límites,
sobre el trono de David
y sobre su reino.
Para sostenerlo y consolidarlo
con la justicia y el derecho
desde ahora y por siempre.
El celo del Señor de los ejércitos lo realizará.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 95, 12a. 2b-3. 11-12. 13 (R.: Lc 2, 11)

R. Nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R.

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R.

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R.

Delante del Señor que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R.

En lugar de esta lectura con su salmo puede utilizarse la que figura en el Apéndice (del Misal de la Virgen), núm. 7

Aleluya Lc 2, 10-11

Os traigo una buena noticia, una gran alegría: nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.

Evangelio
 
Resuena actual el anuncio solemne del Nacimiento del Salvador, en un mundo que parece ya no creer en las realidades del Cielo.

Hoy os ha nacido un Salvador

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 1-14

En aquel tiempo, salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero.
Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad.
También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaba allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.
En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.
Y un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor.
El ángel les dijo:
–«No temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»
De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
–«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.»

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

R. Te lo pedimos con María, la Madre del Salvador.

-Por la Iglesia santa, que resplandece nuevamente con los fulgores de la Navidad del Señor, para que como María, permanezca siempre unida a Jesuscristo. Oremos.

-Por los niños que sufren el hambre, el exilio, la enfermedad, la soledad o la falta de afecto, para que por la súplica de María, sean socorridos por el Niño Jesús. Oremos.

-Por las personas con capacidades diferentes, para que experimenten el cálido abrazo del Pequeño Jesús, que al nacer, quiso darse a conocer primero a los humildes y postergados. Oremos.

-Por los hermanos que viven en uniones irregulares, para que el Epíritu que formó a Jesús en María ilumine sus corazones, y también los de nosotros, a fin de que evitemos toda forma de discriminación hacia ellos. Oremos.

-Por la Almas del Purgatorio, para que por el misterio de la Navidad, promesa y prenda de vida nueva, alcancen los gozos celestiales. Oremos.

Ofertorio

Así como el trigo y la uva germinaron en la tierra, de modo semejante, el Salvador del mundo fue formado por el Espíritu en el seno de María Virgen, Hija bendita de nuestra tierra. Ahora el mismo Espíritu convertirá ese trigo y esa uva en el Fruto precioso que María ofrece a la humanidad.

Oración sobre las ofrendas 

Recibe, Señor, los dones que te presentamos, y que nuestros corazones, encendidos por la luz del Espíritu Santo, busquen y conserven, a ejemplo de María, tu voluntad y tu palabra. Por Jesucristo, nuestro Señor. 


Prefacio

El Salvador salió de María como el Esposo del tálamo

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Especialmente en este tiempo
en el que has revelado,
desde el misterioso seno de una Virgen,
a tu Hijo Jesucristo,
sacramento de nuestra salvación
para luz de las naciones.
El cual, como el esposo que sale del tálamo
brilló ante nosotros como Señor y Salvador,
para sacamos de las tinieblas y sombras de muerte
al reino de la luz eterna.

Por eso,
unidos a los coros de los ángeles,
te alabamos proclamando con alegría:

Santo, Santo, Santo.


Comunión

La misma Virgen que en la Noche sagrada de Navidad nos presentó a su Hijo como Salvador, hoy nos lo vuelve a presentar como Salvador, pero ahora también como Pan de Vida.
 
Antífona de comunión

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, llena de gracia y de verdad. 

Oración después de la comunión

Alimentados por el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, hecho hombre, te rogamos, Señor, que estos sacramentos, recibidos con gozo en la conmemoración de la Virgen María, nos hagan partícipes de la divinidad de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. 

Despedida

Al retirarnos del lugar sagrado, y ya alimentados con el Pan del Cielo, invoquemos a la Santísima Virgen María con las palabras de la Iglesia:
 Mater Salvatoris, ora pro nobis ("Madre del Salvador", ruega por nosotros).

 22 de agosto, memoria litúrgica de la Santísima Virgen María, Reina del universo.



miércoles, 24 de septiembre de 2014

Misas de la Virgen XIV (Cuaresma IV): "La Virgen María, Madre de la Reconciliación"



María, "Refugium peccatorum"


Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

El tiempo de Cuaresma tiene un carácter bautismal y penitencial a la vez (cf. SC 109). Por esto ya desde el Miércoles de Ceniza resuena en la liturgia la voz del Apóstol: «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5, 20). Este texto aparece también en esta Misa (1ª Lectura, 2 Co 5, 17-20).
En la reconciliación de los hombres con Dios, la Iglesia ha ido conociendo cada vez más claramente el papel de Santa María Virgen. En los primeros siglos, los santos Padres, al tratar del misterio de la Encarnación del Verbo, afirman con frecuencia que el seno virginal de la Madre del Señor fue el lugar donde se realizó la «paz» entre Dios y los hombres. Con esta doctrina armoniza muy bien el magisterio de los Romanos Pontífices de nuestro tiempo: la Santísima Virgen, enseña san Juan Pablo II, «por su maternidad divina fue hecha colaboradora de Dios en la misma obra de la reconciliación» (Exhortación apostólica postsinodal Reconciliatio et paenitentia, 35: AAS 77 [1985], p. 275).
En la Edad Media, los escritores eclesiásticos, profundizando más y más en la función maternal de la Santísima Virgen, la llaman «camino de reconciliación», «causa general de reconciliación» y también «Madre de la reconciliación», por el hecho de haber nacido de ella Jesucristo, «reconciliación de los pecadores»: «No hay reconciliación -afirma san Anselmo de Cantorbery (+ 1109)- fuera de la que tú castamente engendraste» (H. Barré, Prieres anciennes de l'Occident a la Mere du Sauveur, Ed. P. Lethielieux, París 1963, p. 305). Y así, los fieles se acogen a la Santísima Virgen para conseguir, por su intercesión, «la gracia de la reconciliación» y, por lo menos desde el siglo XII, la veneran piadosamente con el título de «Refugio de pecadores» (título tomado de las letanías lauretanas).
En nuestros tiempos, la Santísima Virgen es venerada en muchos lugares, incluso con culto litúrgico, por obra principalmente de los Misioneros de Nuestra Señora de La Salette, con el título de «Reconciliadora de los pecadores».
Por esto si, en el tiempo de Cuaresma, principalmente en los santuarios donde los fieles frecuentan el sacramento de la penitencia, se celebra Misa de Santa María, resulta oportuno emplear este formulario, que pone de relieve cómo el Señor «es cariñoso con todas sus criaturas» (Antífona de entrada, Sal 144 [145], 9) Y venera el «corazón misericordioso con los pecadores» (Prefacio) de la Santísima Virgen.
Excepto el Prefacio, casi todos los textos se han tomado de la Missa propria beatae Mariae Virginis Reconciliatricis peccatorum, Tipografía Políglota Vaticana 1978, pp. 4-6. 

Introducción

Con un corazón penitente, fieles a las exhortaciones de este tiempo de Cuaresma, celebramos el Sacrificio de Jesús. Lo hacemos en comunión con Santa María, nuestra Señora. Ella es la Madre de la Reconciliación porque ha dado a luz en el tiempo a Aquel que nos reconcilia con el Padre en la eternidad. Es la Madre del Perdón, porque ha engendrado al único que puede perdonar los pecados del mundo, el Cordero degollado, que permanece de pie ante el trono del Altísimo, y que no deja de interceder por nosotros.

Antífona de entrada Sal 144 (145), 8-9

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.

O bien:

Salve, llena de gracia, eres llamada clementísima por los pecadores, porque contemplas misericordiosa nuestra miseria. 

Oración colecta

Oh, Dios, que por la Sangre preciosa de tu Hijo, reconciliaste el mundo contigo y te dignaste constituir a su Madre, la Virgen María, junto a la cruz, Reconciliadora de los pecadores, concédenos, por su intercesión, alcanzar el perdón de nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Liturgia de la Palabra
 
 Primera lectura

Al exhortarnos a "que nos dejemos reconciliar con Dios", el Apóstol está refiriéndose a la apertura de corazón y a la docilidad a la gracia divina que deben anidar en nuestro corazón, para que avancemos cada día más decididamente hacia la plena comunión con el Señor.

Reconciliaos con Dios

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 5, 17-21. 

Hermanos:
El que es de Cristo es una criatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.
Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación.
Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuenta de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado el mensaje de la reconciliación.
Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio.
En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no había pecado, Dios lo hizo expiar nuestros pecados, para que nosotros, unidos a él, recibamos la salvación de Dios.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 8-9. 13-14. 17-18a (R.: 1a)

R. Bendice, alma mía, al Señor.

Bendice, alma mía, al Señor
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor
y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo. R.

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque él conoce nuestra masa
se acuerda de que somos barro. R.

Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos,
para los que guardan la alianza. R.

Versículo antes del evangelio

La cruz de Cristo es la señal del pacto que hago con todo lo que vive en la tierra.

Evangelio 

Después de la Santísima Eucaristía, que es el Don de Sí mismo, la más preciosa herencia que nos ha dejado el Señor, es su Madre bendita.

Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27.

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería,
dijo a su madre:
— Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo:
— Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. 

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Las siguientes preces están inspiradas en las "nuevas letanías de la Virgen", aprobadas por la Santa Sede:

-Con María, "Imagen purísima de la Iglesia", pidamos a Dios por el Papa N, por los demás obispos, y por el gran rebaño a ellos confiado. R.

-Con María, "Virgen benigna y clemente", pidamos a Dios la conversión de los hermanos que, con un corazón endurecido, se obstinan en el pecado. R.

-Con María, "Dispensadora de la piedad", pidamos a Dios que, para tributarle el culto que Le debemos, los lugares sagrados sean respetados y que las normas litúrgicas sean acogidas con espíritu de humildad y obediencia. R.

-Con María, "Señora nuestra", Madre de Reconciliación, con San Pablo, Santa María Magdalena, San Agustín, y todos los santos penitentes, pidamos a Dios la gracia de poder abandonar todo aquello que obstaculiza nuestra conversión. R.

-Con María, "Reina de la caridad", pidamos a Dios la eterna bienaventuranza de nuestros difuntos. R.


Ofertorio

Porque sabemos que el Sacrificio de Reconciliación y alabanza es la única garantía de salvación para la humanidad, presentamos el pan y el vino, que dan cuenta de la sed que el hombre tiene de Dios.

Oración sobre las ofrendas

Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de reconciliación y alabanza y te pedimos, por intercesión de la Virgen María, Refugio de los pecadores, que perdones nuestros pecados y dirijas tú nuestros corazones vacilantes. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Prefacio

La Bienaventurada Virgen María, Refugio de los pecadores y Madre de Reconciliación

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
Dios todopoderoso y eterno,
darte gracias
y proclamar tus maravillas
en todo y por todas las cosas.

Por tu inmensa bondad,
no abandonas a los que andan extraviados,
sino que los llamas
para que puedan volver a tu amor:
tú diste a la Virgen María,
que no conoció el pecado,
un corazón misericordioso con los pecadores.

Éstos, percibiendo su amor de madre,
se refugian en ella implorando tu perdón;
al contemplar su espiritual belleza,
se esfuerzan por librarse de la fealdad del pecado,
y, al meditar sus palabras y ejemplos,
se sienten llamados a cumplir los mandatos de tu Hijo.

Por él,
los ángeles te cantan con júbilo eterno,
y nosotros nos unimos a sus voces
cantando humildemente tu alabanza:

Santo, Santo, Santo.


Comunión

La Iglesia nos ofrece ahora el Pan del perdón, "horneado"en el seno purísimo de María, Madre de la Reconciliación. Recibámoslo con ánimo gozoso y con espíritu penitente.

Antífona de comunión

¡Qué pregón tan glorioso para ti, María! De ti salió el Sol de justicia, Cristo, nuestro Señor. 

Oración después de la comunión 

Hemos recibido, Señor, el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, sacramento de nuestra reconciliación contigo; concédenos, por intercesión de la Santísima Virgen María, los dones de tu misericordia y el premio de la redención eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Despedida

Reconciliados con Dios por este Sacrificio de alabanza, vayamos a anunciar a nuestros hermanos el Evangelio del perdón y la misericordia.

24 de septiembre, memoria litúrgica de Nuestra Señora de la Merced, Redentora de los cautivos.



viernes, 19 de septiembre de 2014

Misas de la Virgen XIII (Cuaresma III): "La Virgen María, confiada como Madre a los discípulos"



Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.


MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

Las palabras de Jesús al morir en la Cruz «Ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,26-27), la Iglesia las recibe como un testamento particular, en el cual Cristo, el Señor, «confió a todos los discípulos como hijos» a la Virgen Madre (León XIII, Carta encíclica Octobri mense: ASS 24 [1891-1892], p. 195) Y encomendó a los discípulos que la veneraran como Madre. De ahí que «se establece entre la Virgen y los fieles discípulos un fuerte vínculo de amor» (Prefacio), que esta Misa pone de relieve y celebra.
Encomienda de los discípulos. En primer lugar se glorifica a Dios, que «da a María un puesto en la Iglesia, como madre feliz de hijos» (Antífona de entrada, cf. Sal 112 [113], 9); santa María es llamada «Madre de los creyentes» (Prefacio), en la cual los fieles encuentran refugio seguro (cf. Prefacio), y una y otra vez se conmemora a Jesucristo, que «nos entregó como hijos» a la Virgen Madre (Oración después de la comunión, cf. ea, Oración sobre las ofrendas, Prefacio). La «encomienda» forma parte del misterio de la Pasión de Cristo y del sufrimiento compartido de la Virgen; por esto la liturgia recuerda a la Santísima Virgen «junto a la cruz ... mirando compadecida las heridas del Hijo, / sabiendo que por Él vendría la redención para todos» / (Versículo antes del evangelio), y el Apóstol pone en su boca aquellas palabras: «Lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna» (Antífona de comunión, 2 Tm 2, 10); teniendo presente a María, la liturgia propone a los fieles el ejemplo de aquella madre admirable de los Macabeos que, «viendo morir a sus siete hijos, ...lo soportó con entereza, esperando en el Señor» (1ª Lectura, 2 M 7, 1. 20-29).
Encomienda de la Virgen. Pero también la Virgen fue encomendada por Cristo al amor y a los cuidados del discípulo amado: «Éste es Juan, a quien Cristo en la cruz encomendó a su Madre, la Virgen» (LH 27 diciembre Laudes antífona 2); en la persona de Juan, Cristo hizo a todos los discípulos «herederos de su amor hacia la Madre» (Oración sobre las ofrendas, cf. SV 1276), y éstos «la reciben como herencia preciosa del Maestro» (Prefacio) y, escuchando los consejos de la Virgen (cf. Prefacio, Jn 2, 5), solícitos «cumplen las palabras del Maestro» (Prefacio).


Introducción

Los hijos de la Iglesia nos reunimos en santa asamblea para rendir a Dios el mayor Acto de culto que Le debemos: el Sacrificio Pascual de su Hijo. Y lo hacemos queriendo imitar los sentimientos y actitudes de la Santísima Virgen María, perfecta Discípula del Señor: humildad, docilidad, disponibilidad, servicio, y sobre todo, un incomparable amor a Dios y a las almas.

Antífona de entrada Cf. Sal 112 (113), 4. 9

El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. Él da a María un puesto en la Iglesia, como madre feliz de hijos.

Oración colecta

Señor, Padre santo, que has establecido la salvación de los hombres en el misterio pascual, concédenos ser contados entre los hijos de adopción que Jesucristo, tu Hijo, al morir en la cruz, encomendó a su Madre, la Virgen María. Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de la Palabra

Primera lectura

La mujer fuerte y madre ejemplar de la lectura que vamos a escuchar, es figura de María, la Madre del Redentor, que alienta a sus hijos a perseverar hasta el fin en la fidelidad a Cristo.
 
Madre admirable… viendo morir a sus hijos, lo soportó con entereza, esperando en el Señor

Lectura del segundo libro de los Macabeos 7, 1. 20-29

En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la ley.
Pero ninguno más admirable y digno de recuerdo que la madre. Viendo morir a sus siete hijos en el espacio de un día, lo soportó con entereza, esperando en el Señor. Con noble actitud, uniendo un temple viril a la ternura femenina, fue animando a cada uno, y les decía en su lengua:
-Yo no sé cómo aparecisteis en mi seno: yo no os di el aliento ni la vida, ni formé con los elementos vuestro organismo. Fue el Creador del universo, el que modela la raza humana y determina el origen de todo. Él, con su misericordia, os devolverá el aliento y la vida, si ahora os sacrificáis por su ley.
Antíoco creyó que la mujer lo despreciaba, y sospechó que lo estaba insultando. Todavía quedaba el más pequeño, y el rey intentaba persuadirlo, no sólo con palabras, sino que le juraba que si renegaba de sus tradiciones lo haría rico y feliz, lo tendría por amigo y le daría algún cargo. Pero como el muchacho no hacía ningún caso, el rey llamó a la madre y le rogaba que aconsejase al chiquillo para su bien. Tanto insistió, que la madre accedió a persuadir al hijo; se inclinó hacia él y, riéndose del cruel tirano, habló así en su idioma:
-Hijo mío, ten piedad de mí, que te llevé nueve meses en el seno, te amamanté y crié tres años y te he alimentado hasta que te has hecho un joven. Hijo mío, te lo suplico, mira el cielo y la tierra, fíjate en todo lo que contienen y ten presente que Dios lo creó todo de la nada, y lo mismo da el ser al hombre. No temas a ese verdugo; ponte a la altura de tus hermanos y acepta la muerte. Así, por la misericordia de Dios, te recobraré junto con ellos.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 17, 2-3. 5-6. 7. 19-20 (R.: 7a)

R. En el peligro invoqué al Señor.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte. R.

Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte. R.

En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos. R.

Me acosaban el día funesto,
pero el Señor fue mi apoyo:
me sacó a un lugar espacioso,
me libró porque me amaba. R.

Versículo antes del evangelio

He aquí una hermosa glosa del versículo con que comienza el Evangelio de hoy:

Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, mirando compadecida las heridas del Hijo, sabiendo que por él vendría la redención para todos.

Evangelio

Como Madre de Dolores, la Santísima Virgen une sus lágrimas a la Sangre del Cordero y se asocia así, de modo inigualable, al Sacrificio redentor. Como Madre de Esperanza, nos invita a no tener miedo de tomar nuestra cruz y seguir las huellas de Jesús.

Mujer, ahí tienes a tu hijo

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27.

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería,
dijo a su madre:
— Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo:
— Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. 

Palabra del Señor.


Oración de los fieles

Las siguientes preces se desarrollan a la luz de algunas invocaciones de las tradicionales letanías lauretanas, elegidas en relación con la primera lectura de hoy:

En comunión con el discípulo amado y con las tres Marías santas (La Madre de Jesús, María de Cleofás y María de Magdala), elevemos al Padre nuestra súplica confiada, diciendo... 

R. Junto a María, Virgo veneranda (Virgen digna de respeto), acudimos a Ti, Señor

-María es Virgo potens ("Virgen poderosa").
+Que en ella la Iglesia encuentre refugio frente a los embates del Enemigo infernal. R.

-María es Virgo fidelis ("Virgen fiel").
+Que con su auxilio, los obispos, presbíteros, diáconos, religiosos, consagrados y laicos, en permanezcan en la comunión con el Santo Padre N, en el seno de Iglesia. R.

-María es  Mater Creatoris ("Madre del Creador").
+Que siguiendo su ejemplo, aprendamos a cuidar de la Tierra y vivamos en plena concordia con todas las criaturas. R.

-María es Consolatrix aflictorum ("Consuelo de los afligidos").
+Que todos los que sufren, experimenten la incomparable ternura de su Maternidad espiritual. R.

-María es Regina Martyrum ("Reina de los mártires").
+Para que por su intercesión y la de los santos Macabeos y su madre (1), cese en el mundo la terrible espiral de persecución, violencia y muerte contra los cristianos, ante la cual, no pocos organismos inernacionales hacen oídos sordos. R.

-María es Mater mirabilis ("Madre admirable"), más aun, Ter mirabilis ("Tres veces admirable"), como le llama el Movimiento de Schoenstätt.
+Que por ella, en quien Dios obró verdaderos portentos, nuestros difuntos lleguen a gozar de la eterna bienaventuranza. R.

Ofertorio

Mientras permanecemos orantes junto a la Virgen ante las cruces del mundo que gime, hacemos la ofrenda del pan y el vino. Por este Sacrificio que vamos a ofrecer, Dios sigue sanando y salvando aquí y ahora.

Oración sobre las ofrendas 

Recibe, Señor, los dones que te presentamos con alegría, para que sean pra nosotros, Cuerpo y Sangre de Jesucristo, tu Hijo, que, clavado en la cruz, en Juan encomendó a la Virgen como hijos a todos los discípulos, y los hizo herederos de su amor hacia la Madre. Por Jesucristo, nuestro Señor. 


Prefacio

La entrega mutua de la Bienaventurada Virgen y del discípulo

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Porque junto a la cruz de Jesús,
por voluntad suya
se establece, entre la Virgen y los fieles discípulos,
un fuerte vínculo de amor:
María es confiada como madre a los discípulos,
y éstos la reciben como herencia preciosa del Maestro.

Así, será para siempre la madre de los creyentes,
que encontrarán en ella refugio seguro.

Ella ama al Hijo en los hijos,
y éstos, escuchando los consejos de la Madre,
cumplen las palabras del Maestro.

Por él,
los ángeles y los arcángeles
te adoran eternamente,
gozosos en tu presencia.
Permítenos unimos a sus voces
cantando tu alabanza:

Santo, Santo, Santo.


Comunión

Comulgar el cuerpo y la Sangre del Señor es unirnos plenamente a su Sacrificio Redentor. Iluminados por el ejemplo de María, la Mater boni consilii ("Madre del Buen Consejo"), dispongámonos a acoger con humildad este Sacramento de amor.

Antífona de comunión 2 Tm 2, 10

Lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna.

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso, que el banquete eucarístico del Cuerpo y de la Sangre de Cristo aumente en nosotros el amor filial hacia la Virgen Madre, a quien tu Hijo nos entregó como hijos, cuando murió en la cruz y encomendó en tus manos su espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Despedida

Discípulos de Cristo, vamos tras sus huellas. La Madre del Señor es nuestra guía.

Nota

1. Los santos Macabeos y su madre, junto con el escriba Eleazar, están inscriptos oficialmente el 1° de agosto en el Martyrologium Romanum vigente. Por tanto, según las disposiciones de la Iglesia, es legítimo su culto.


19 de septiembre, conmemoración de Nuestra Señora de La Salette.

martes, 16 de septiembre de 2014

Misas de la Virgen XII (Cuaresma): "La Virgen María junto a la Cruz del Señor II"



Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

Esta Misa, al celebrar la Pasión salvadora de Cristo, recuerda también la parte que tuvo la Santísima Virgen en la consecución de la salvación de los hombres. María, en efecto, por el hecho de ser Madre de Cristo «por obra del Espíritu Santo» (Prefacio), compartió la Pasión (cf. Prefacio) de su Hijo y fue asociada a ella (cf. Oración colecta 1, Oración colecta 2).
Al principio de la Misa resuena la voz de Simeón, que, resumiendo en unas mismas palabras la suerte del Hijo y de la Madre, anuncia que Cristo será como una bandera discutida y que una espada de dolor traspasará el alma de la Virgen (Antífona de entrada, Lc 2, 34-35).
En los textos eucológicos se recuerda el designio de salvación, por el que Dios ha «asociado los dolores de la Madre a la Pasión de (su) Hijo» (Oración colecta 1, cf. Oración colecta 2) y ha querido que «la nueva Eva estuviera junto a la Cruz del nuevo Adán» (Prefacio).
Con razón se celebra a la Santísima Virgen por sus sufrimientos compartidos, ya que ella estuvo junto a la Cruz del Señor (Evangelio, Jn 19, 25-27), «firme en la fe, confortada por la esperanza, abrasada por el fuego de la caridad» (Versículo antes del Evangelio); allí no dudó en exponer su vida, ante la humillación de su pueblo (1ª Lectura, Jdt 13, 17-20), Y los dolores que no sufrió al dar a luz al Hijo, los padeció, inmensos, al hacemos renacer para Dios (cf. Prefacio); por esto los fieles la glorifican, diciendo: «Dichosa tú, Virgen María, que, sin morir, mereciste la corona del martirio junto a la cruz del Señor» (Antífona de comunión 1).
(Aunque no sea un dogma de fe, los fieles siempre han creído que aquella que fue preservada de todo pecado desde el instante de su Concepción, no padeció dolores de parto cuando dio a luz al Hijo del Eterno Padre. Es que los dolores de parto son consecuencia del pecado que vino a remediar el Redentor, el Cual quiso que su Madre nunca fuera presa del Maligno y de sus instigaciones).
Lo que en la Pasión de Cristo tuvo lugar de una manera real ahora se celebra en el misterio, y por esto pedimos que «por el Sacrificio del altar, / al que se asocia la Santísima Virgen, / se borre el pecado del mundo / y se nos abran las puertas del cielo» (Oración sobre las ofrendas). Los fieles han de estar alegres cuando comparten «los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria», rebosen de gozo (Antífona de comunión 2, 1P 4, 13), y, «llevando la cruz de cada día», puedan «participar de la Resurrección de Cristo» (Oración después de la comunión).
El formulario proviene del Proprium missarum Ordinis Fratrum Servorum beatae Mariae Virginis, Curia General OSI\I, Roma 1972, pp. 57-60.

Introducción

La Santísima Virgen María, íntimamente asociada a la Pasión de su Hijo, se hace presente cada vez que se renueva el Sacrificio de su Hijo en el Altar. Por más que ya ni Él ni ella sufran, María sabe bien que, aunque incruento, éste es el mismo Sacrificio del que participó en aquella oscura tarde del primer Viernes Santo. Por eso, cada vez que celebramos la Misa, aprendemos de nuestra querida Madre del Cielo: Ella es la Virgen de la escucha orante y perseverante; es el modelo de la perfecta adoración al Cordero inmolado; es la Madre de todos los hombres, que quiere reunir a sus hijos en un solo rebaño que marche seguro hacia la vida que no tiene fin.


Antífona de entrada Lc 2, 34-35

Simeón dijo a María: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma».

Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que para redimir al género humano, caído por el engaño del demonio, has asociado los dolores de la Madre a la Pasión de tu Hijo, concede a tu pueblo que, despojándose de la triste herencia del pecado, se revista de la luminosa novedad de Cristo. Que vive y reina contigo.

O bien:

Dios nuestro, que quisiste que al pie de la Cruz de tu Hijo estuviera también su Madre, compartiendo la Pasión, guarda en tu familia los frutos de la redención y haz que crezcan cada día más. Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de la Palabra

Primera lectura

La heroína bíblica Judit, considerada santa por la Iglesia (1), es figura de María, Virgen poderosa, intrépida y fiel. 

Vengaste nuestra ruina, en presencia de nuestro Dios


Lectura del libro de Judit 13, 17-20

En aquellos días, todos se quedaron asombrados y, postrándose en adoración a Dios, dijeron a una voz:
-«Bendito eres, Dios nuestro, que has aniquilado hoy a los enemigos de tu pueblo.»
Y Ozías dijo a Judit:
-«Que el Altísimo te bendiga, hija, más que a todas las mujeres de la tierra. Bendito el Señor, creador del cielo y tierra, que enderezó tu golpe contra la cabeza del general enemigo. Los que recuerden esta hazaña de Dios jamás perderán la confianza que tú inspiras. Que el Señor te engrandezca siempre y te dé prosperidad, porque no dudaste en exponer tu vida, ante la humillación de nuestra raza, sino que vengaste nuestra ruina, procediendo con rectitud en presencia de nuestro Dios.»
Todos aclamaron:
-« ¡Así sea, así sea!»

Palabra de Dios.


Salmo responsorial Sal 144, 1-2. 4-6. 8-9 (R.: 9b)


R. El Señor es cariñoso con todas sus criaturas.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R.

Una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones. R.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R.


En lugar de esta lectura con su salmo, puede utilizarse la que figura en el Apéndice (del Misal de la Virgen), núm. 1 o núm. 16

Sería oportuno cantar o recitar aquí la célebre secuencia Stabat Mater, optativa para la memoria litúrgica de Nuestra Señora de los Dolores, el 15 de septiembre.

Versículo antes del evangelio

Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, firme en la fe, confortada por la esperanza, abrasada por el fuego de la caridad.


Evangelio

Muchos teólogos no han dudado en llamar a María "Corredentora de la humanidad", no porque ella la haya redimido puesto que el único Salvador es Jesucristo, sino porque la Madre Dolorosa es la que más plenamente unida estuvo al Sacrificio del Hijo y la principal colaboradora en la obra de la redención de los hombres.

Junto a la cruz de Jesús estaba su madre

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27.

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería,
dijo a su madre:
— Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo:
— Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Aplicando a María los elogios que sobre santa Judit hemos escuchado en la primera lectura, elevemos nuestra oración al Creador del mundo.

A cada petición, respondan: R. Míranos con bondad, Señor

-María fue bendecida y exaltada por el Altísimo más que todas las mujeres de la Tierra.
+Por ella, pidamos a Dios la abundancia de bendiciones para la Iglesia Católica y en particular para el Santo Padre N. Oremos.

-María, la Llena de gracia, ha asestado al eterno Enemigo, el golpe mortal.
+Por ella, pidamos a Dios que proteja a sus hijos de las asechanzas del Maligno. Oremos.

-María es la Virgen de la Confianza, la Mujer de quien el mismo Dios se fió, y a la que acuden todos los hombres llamándola "Madre".
+Por ella, pidamos a Dios el auxilio para los que se encuentran solos o desamparados. Oremos.

-María, Reina de los mártires, con su fidelidad y entrega, no dudó en ofrecer la vida, junto a la de su Hijo, por la redención de la humanidad.
+Por ella, pidamos a Dios el consuelo y la fortaleza para los que aun hoy, incluso más que en otros tiempos, son perseguidos a causa de su fe. Oremos.

-María, a quien la liturgia aplica con razón el título de "Espejo de Justicia", procedió con rectitud ante Dios.
+Por ella, pidamos a Dios el espíritu de justicia para quienes, respecto de sus hermanos, ejercen alguna responsabilidad en la vida pública. Oremos.

Ofertorio

María aceptó estar plenamente asociada a la Vida, Muerte y Resurrección de su Hijo; nosotros suplicamos a esta Madre del dolor y de la gloria, que nuestra vida entera sea ofrenda agradable a Dios, como el Cordero que se hará presente bajo las apariencias de los dones que a continuación presentamos.

Oración sobre las ofrendas

Transforma, Señor, estos dones con la acción del Espíritu Santo, para que, por el sacrificio del altar, al que se asocia la Santísima Virgen, se borre el pecado del mundo y se nos abran las puertas del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

La Santísima Virgen, por la bondad divina, fue asociada a la Pasión

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
Porque, para reformar al género humano
has querido, con sabiduría infinita,
que la nueva Eva estuviera junto a la cruz del nuevo Adán,
a fin de que ella,
que por obra del Espíritu Santo fue su Madre,
por un nuevo don de tu bondad,
comparta su pasión;
y los dolores que no sufrió al haber dado a luz,
los padeciera, inmensos, al hacemos renacer para ti.

Por eso,
con los ángeles y arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar
el himno de tu gloria:

                                                      Santo, Santo, Santo.

Comunión

No existe mayor participación en el Sacrificio de Cristo que la comunión con su Cuerpo y su Sangre, Sacramento Vital. Con la actitud orante y oferente, amante y perseverante de María, acerquémonos a la Mesa de los elegidos.

Antífona de comunión

Dichosa tú, Virgen María, que, sin morir, mereciste la corona del martirio junto a la Cruz del Señor.

O bien:

Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis, de gozo.

Oración después de la comunión

Míranos, Señor, a tus siervos que hemos recordado los dolores de la Virgen, y a quienes has alimentado con el sacramento pascual, concédeles, llevando la cruz de cada día, participar de la resurrección de Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. 

Despedida

Imitando la actitud de entrega de María, que sin derramar su sangre mereció la más gloriosa palma del martirio, seamos en medio de las persecuciones del mundo, los testigos fieles que con espíritu de fortaleza, anuncian que Cristo es el único Salvador del mundo.

Notas

1. El Martyrologium Romanum vigente, incluye entre sus santos a Judit, y la inscribe el 30 de diciembre. 

15 de septiembre, memoria litúrgica de Nuestra Señora de los Dolores.


domingo, 14 de septiembre de 2014

"¿Culto o caridad?"




Hace tiempo que escucho en la Iglesia y fuera de ella un modo de decir y hacer que bautizaría como "dialéctica de la disyunción". Se trata de una posición bastante difundida que consiste en la exaltación de alguna virtud o acto virtuoso en detrimento de alguna legítima práctica cultual. Paso a explicarme:

Según este modo de pensar se afirma, por ejemplo, que la frecuente y extendida adoración al Santísimo, o el rezo diario del santo Rosario, por ejemplo, serían como "perder un tiempo" para ellos "precioso", que debería emplearse en la práctica de más obras de caridad. Así, no son pocos los que profieren expresiones como la siguiente: "Yo no voy a Misa los domingos pero visito los enfermos". Incluso se llega a criticar la actitud de quienes acuden asiduamente a Misa y no son ejemplares. En este sentido, se efectúan comentarios como el siguiente: "No soy como esa gente que va a Misa, "se golpea el pecho" (sic), y luego en su vida de todos los días, es una mala persona". Como si el ir a Misa "causara" que alguien fuera mala persona, o como si la condición para ser buena persona fuera que alguien no vaya a Misa.

Es cierto que se supone que quienes van deberían ser mejores cada día. Pero también es verdad que los que no van, no están exentos de procurar ser también ellos cada día mejores. La triste realidad es que muchas veces ni unos ni otros lo son, pero son precisamente los que no van los que, en igualdad de condiciones con los otros, reclaman a éstos los que ninguno cumple.

Pero la mentada disyunción no se limita solamente a ese terreno. Es frecuente aplicarla también, y con el mismo prejuicio, al ámbito normativo de la Iglesia. Por ejemplo hay quienes sostienen: "No hay que sujetarse tanto a las normas litúrgicas; lo importante es celebrar de corazón la Eucaristía y los demás sacramentos". mayormente son los mismos sacerdotes quienes pronuncian aseveraciones como esa.

Planteamientos de esta naturaleza no están exentos de falacia. En efecto, si bien nadie puede negar que la práctica de la caridad es la plenitud del cumplimiento de la Ley de Dios, esto no permite deducir que las diversas prácticas cultuales carezcan de valor. Se constriñe a optar por uno solo de los elementos de este binomio, dando por descontada su mutua exclusión.

Es justo admitir, por otras parte, que hay quienes, so pretexto de realizar sus prácticas religiosas públicas o privadas, litúrgicas o piadosas, rehúyen al cumplimiento de los mandamientos y descuidan sus deberes de estado. Por estar "rezando", no tienden la mano al hermano necesitado; por asistir a demasiados actos litúrgicos o responsabilizarse de un sinnúmero de actividades en su comunidad parroquial, desatienden sus obligaciones familiares. Pero el error aquí no está en los actos de culto que realizan, que son de por sí laudables, sino en la caridad fraterna que omiten practicar, en las obligaciones que incumplen.

Una fe celebrada de acuerdo con la normativa de la Iglesia, pero no puesta en acto en la caridad hacia los hermanos, es vana apariencia, mero ornato exterior. Y una "fe" vivida pero no celebrada en el culto necesario y legítimo querido por Dios y aprobado oficialmente por la Iglesia, puede devenir en asistencialismo transitorio, y puede ser sospechado de interesada actitud con fines propagandísticos.

En definitiva, la práctica de una "fe" creada por el mismo hombre y hecha a su medida, idolatra el individualismo y atenta contra la concepción de "Pueblo de Dios", categoría esencial en el plan de salvación de la humanidad. De hecho, es verdadero que el Padre envió a su Hijo para que me salve a mí, pero no solo sino en comunidad. La salvación que el Señor Jesús nos obtuvo de una vez para siempre, si bien depende de cada uno, está dirigida a todos. De ahí la noción de Iglesia, "Cuerpo Místico de Cristo".

Podemos concluir diciendo que no se trata de plantear el binomio "culto/caridad" en términos excluyentes, sino como las dos dimensiones de una única realidad, la de la fe celebrada y vivida para gloria de Dios, salvación del género humano y recapitulación en Cristo de todo lo que existe.

14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.




viernes, 12 de septiembre de 2014

Misas de la Virgen XI (Cuaresma II): "La Virgen María junto a la Cruz del Señor" (I)




Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.
MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

 A medida que avanza el tiempo de Cuaresma, que está organizado a semejanza del camino de Jesús hacia la ciudad santa de Jerusalén, lugar de su oblación, se hace más frecuente la contemplación del misterio de la Pasión de Cristo; de ahí que se haga más frecuente también, en el corazón de los fieles, el recuerdo del sufrimiento compartido de Santa María Virgen.
En los Propios tanto de las Iglesias particulares como de los Institutos religiosos encontramos varios formularios que celebran a la Madre participando en la Pasión del Hijo. El formulario que aquí se propone proviene, a excepción del Prefacio, del Proprium missarum Ordinis Fratrum Servorum beatae Mariae Virginis, Curia general OSM, Roma 1972, pp. 24-27.
Los textos de la Misa ilustran el misterio de la Pasión de Cristo, que, de un modo misterioso, continúa completándose en «las infinitas penas de la vida de sus miembros» (Oración colecta); por esto son adecuadas a esta celebración aquellas palabras del Apóstol: «Completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia» (Antífona de comunión, Col 1, 24).
Santa María, «Reina del cielo y Señora del mundo» (Versículo antes del evangelio), estuvo junto a la cruz del Hijo (cf. Antífona de entrada, Evangelio, Jn 19,25-27), «dolorosa» (Oración colecta), «sufriendo» (Versículo antes del evangelio), «intrépida» y «fiel» (Prefacio), cumpliendo diversas funciones de salvación y «para dar cumplimiento a las figuras antiguas» (Prefacio). En efecto, la Santísima Virgen estuvo junto al Hijo moribundo en la cruz:
- como cooperadora de la redención (cf. Oración sobre las ofrendas), asociada por sus dolores de madre al Sacrificio del Hijo, Sumo Sacerdote (cf. Oración después de la comunión);
- como nueva Eva, en la que se cumplió la profecía sobre la función salvadora de la «Mujer» (cf. Gn 3, 15; Jn 19, 26; Ap 12, 1): así como la primera mujer había contribuido «a la muerte», así la segunda -María contribuyó «a la vida» (cf. Prefacio, LG 56);
- como la Sión Madre, a la que saludan todos los pueblos diciendo: «Todas mis fuentes están en ti» (Sal 86 [87], 7), ya que recibe con amor materno «a los hombres dispersos, reunidos por la muerte de Cristo» (Prefacio, cf. Jn 11, 52);
- como modelo de la Iglesia, que, contemplándola como «Virgen intrépida», «guarda íntegra la fidelidad prometida al Esposo» (Prefacio, cf. LG 64). 

El misterio de María junto a la Cruz, la Iglesia lo celebra de modo particular en la memoria litúrgica obligatoria del 15 de septiembre: "Nuestra Señora de los Dolores". En algunos lugares se celebra también el viernes inmediatamente anterior al Domingo de Ramos. Por su parte, la solemne Acción litúrgica del Viernes Santo, luego del rito de la Adoración de la Cruz, suele reservar un intervalo para la "Memoria de los Dolores de la Virgen", una sencilla conmemoración, incluida en la Celebración de la Pasión del Señor. Consta de una monición, del canto o recitación de la secuencia Stabat Mater, y de una oración conclusiva, todo lo cual precede inmediatamente a la tercera parte de la Acción litúrgica del Viernes Santo: la Sagrada Comunión.

Introducción

El misterio de "María, junto a la Cruz del Señor", sobre el que vamos a meditar en esta Misa, es una dulce invitación a unirnos cada vez más intensamente a la Pasión salvadora del Señor Jesucristo. 
En este tiempo cuaresmal, queremos acompañar a la Madre Dolorosa, que no solamente contempla la Muerte del Hijo, sino que se asocia íntimamente a su Sacrificio pascual, convirtiéndose en la primera colaboradora en la redención de la humanidad.

Antífona de entrada

Junto a la Cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.

Oración colecta

Señor, Dios nuestro, por un designio misterioso de tu providencia completas lo que falta a la pasión de Cristo con las infinitas penas de la vida de sus miembros; concédenos que, a imitación de la Virgen Madre dolorosa que estuvo junto a la Cruz de su Hijo moribundo, así nosotros permanezcamos junto a los hermanos que sufren para darles consuelo y amor. Por nuestro Señor Jesucristo.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura

Cristo con los brazos extendidos en la Cruz, en el Sacrificio que se renueva en cada Misa, es la máxima manifestación de amor que el mundo haya conocido y pueda llegar a conocer.

Ninguna criatura podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 8, 31b-39

Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?
¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?; ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?, como dice la Escritura: «Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza».
Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna, podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 17, 2-3. 5-6. 7. 19-20 (R.: 7a)

R. En el peligro invoqué al Señor.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte. R.

Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte. R.

En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos. R.

Me acosaban el día funesto,
pero el Señor fue mi apoyo:
me sacó a un lugar espacioso,
me libró porque me amaba. R.

En lugar de esta lectura con su salmo puede utilizarse la que figura en el Apéndice (del Misal de la Virgen), núm. 15.


Sería oportuno cantar o recitar aquí la célebre secuencia Stabat Mater, optativa para la memoria litúrgica de Nuestra Señora de los Dolores, el 15 de septiembre.

Versículo antes del Evangelio

Estaba santa María, Reina del cielo y Señora del mundo, sufriendo junto a la cruz del Señor.

Evangelio

Precioso Testamento el de Jesús: 
La noche de la Última Cena nos había dejado sacramentalmente el mismo Cuerpo y la misma Sangre que ahora ofrecía en holacausto en la Cruz. Y por si fuera poco, también nos entrega a su Madre como prenda de protección, consuelo y esperanza.

Junto a la cruz de Jesús estaba su madre

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería,
dijo a su madre:
— Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo:
— Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

 R. Junto a la Madre Dolorosa, te lo pedimos, Señor.

-Por la unidad y el crecimiento espiritual de la Iglesia Católica, roguemos con María, Madre del Crucificado...R.

-Por la salud y las intenciones del Sumo Pontífice N, roguemos con San Juan Evangelista, amado del Señor...R.

-Por los enfermos, los huérfanos, los excluidos, los encarcelados y los explotados, que son los crucificados de hoy, roguemos con Santa María Magdalena, modelo de lo que Dios puede hacer con los que vuelven a Él su rostro...R.

-Por los que de una u otra manera han decidido seguir más de cerca a Jesús, dedicando su vida a los hermanos, roguemos con Santa María de Cleofás, ejemplo de entrega y servicio al Señor...R.

-Por los que hoy niegan a Jesús como Mesías, para que el Espíritu Santo les enseñe toda la verdad, roguemos con María, la Virgen Madre de toda la humanidad...R.

Ofertorio

La Madre que participó en persona del Sacrificio de su Hijo, Cordero de Dios, se encuentra presente cada vez que se actualiza el Sacrificio en la Misa. Con esta Virgen oferente, presentemos el pan y el vino elegidos por el Señor para quedarse entre nosotros.

Oración sobre las ofrendas 

Recibe, Señor, las ofrendas de tu pueblo, y conviértelas en el sacramento de nuestra redención, en la que cooperó generosamente la Virgen, permaneciendo intrépida junto al altar de la cruz. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

Junto a la cruz del Hijo la Madre permaneció fiel

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

Porque en tu providencia estableciste
que la Madre permaneciera fiel
junto a la cruz de tu Hijo,
para dar cumplimiento a las antiguas figuras,
y ofrecer un ejemplo nuevo de fortaleza.

Ella es la Virgen santa
que resplandece como nueva Eva,
para que así como una mujer contribuyó a la muerte
así también la mujer contribuyera a la vida.
Ella es la misteriosa Madre de Sión
que recibe con amor materno
a los hombres dispersos,
reunidos por la muerte de Cristo.

Ella es el modelo de la Iglesia Esposa,
que, como Virgen intrépida,
sin temer las amenazas
ni quebrarse en las persecuciones,
guarda íntegra la fidelidad prometida al Esposo.

Por eso,
unidos a los coros angélicos,
te aclamamos llenos de alegría:

Santo, Santo, Santo.


Comunión

El Cuerpo sin vida que colgó en la Cruz y la Sangre que entonces se derramó,  ahora glorificados, son Alimento de unidad y esperanza en nuestro itinerario hacia la Pascua eterna.

Antífona de comunión

Completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia.

Oración después de la comunión 

Después de recibir la prenda de nuestra salvación, te pedimos, Señor, que, por los méritos del sacrificio de Cristo, sumo sacerdote, y de los dolores de la Virgen, el Espíritu Santo, presente con plenitud en la Iglesia, inunde con su amor el mundo entero. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Despedida

Los que hemos contemplado con la Virgen de Dolores a Cristo Crucificado, creemos que ahora vive para siempre. Es éste el anuncio que tenemos para compartir con nuestros hermanos.


12 de septiembre, memoria litúrgica del Dulce Nombre de María.