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lunes, 31 de agosto de 2015

Guion: Domingo XXIII del Tiempo Ordinario





Ciclo B


Introducción

"Tú eres justo, Señor, y tus juicios son rectos; trátame conforme a tu bondad" (Sal. 118, 137. 124).

Con estas palabras tomadas del salmista se abre la liturgia de este domingo XXIII del Tiempo Ordinario. El Señor que es justo, y cuyos juicios son rectos, siempre nos trata, efectivamente, conforme a su bondad, pero nunca más que durante la actualización del Sacrificio redentor de Cristo que tiene lugar en cada Misa. Este adquiere su plena razón de ser en el domingo, día del Señor.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Is. 35, 4-7a

La promesa del salvación y del consuelo de Dios se dirige a los desalentados, pobres y enfermos de ayer, de hoy y de siempre.

Segunda lectura: Sant. 2, 1-7

Pablo nos invita a seguir el ejemplo de Dios, que no hace acepción de personas.

Evangelio: Mc. 7, 31-37

El gesto bíblico de la imposición de las manos llega a su plenitud en Jesús, el Mesías de las Escrituras, Quien lo transmite a quienes participan de su Sacerdocio ministerial. Dicho gesto es signo de la acción de Dios, que a unos elige y consagra, a otros bendice y sana, y a todos purifica y perdona.
  

Oración de los fieles

-Pidamos la paz y la unidad para la Santa Iglesia Católica. R.

-Pidamos la salud y la sabiduría para nuestro Papa N. R.

-Pidamos la perseverancia y la santidad para nuestros sacerdotes. R.

-Pidamos la la fe y la esperanza para los que están desalentados. R.

-Pidamos la salud y la alegría espiritual para los que están enfermos. R.

-Pidamos la liberación y la digna reinserción social para los que están privados de su libertad. R.

-Pidamos el apoyo de los que más tienen y la promoción de los marginados. R.

-Pidamos el perdón total y la eterna glorificción de las Almas del Purgatorio. R.


A continuación, se propone como oración conclusiva de las preces una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Padre, que has elegido a los pequeños y a los pobres, para hacerlos fecundos en la fe y herederos de tu Reino; ayúdanos a dirigir tu Palabra de coraje a los hermanos de corazón obstinado; que se suelten sus lenguas, y que tanta humanidad enferma, incapaz hasta de implorarte, cante con nosotros tus maravillas. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén."


Ofertorio

Benditos sean los dones de pan y el vino que el Señor escogió para cumplir con nosotros su promesa de permanecer siempre con nosotros hasta el final de los tiempos. 


 Comunión

 Jesús, el mismo Dios que hizo "oír a los sordos y hablar a los mudos", hoy nos hace pregustar los gozos eternos del Cielo en el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre. Demos gracias por este Don supremo de su incomparable amor.


Despedida

Hemos encontrado a Dios en su Palabra y en su Santísimo Sacramento. Vayamos a anunciar a los desalentados que también ellos, y de modo privilegiado, tienen un lugar en el Corazón del Señor.


31 de agosto de 2015, conmemoración de San Ramón Nonato. Entrada dedicada a él.





lunes, 24 de agosto de 2015

Guion: Domingo XXII del Tiempo Ordinario




Ciclo B

Inroducción

Hermanos, "la Iglesia actualiza, hace real, generación tras generación en los distintos rincones de nuestra Tierra, el Misterio del Pan de Vida. (...) Jesús quiere que participemos de su Vida, para que a través de nosotros se vaya multiplicando en la sociedad. No somos personas aisladas y separadas sino el Pueblo de la memoria actualizada y siempre entregada". (Misa de Apertura del V Congreso Eucarístico Nacional en Bolivia, el 9 de julio de 2015).
Estas palabras de Su Santidad Francisco nos instruyen acerca del Memorial de la Muerte y Resurrección de Jesús que celebramos en cada Misa.
Acojamos, de parte de las generaciones que nos precedieron, el Don de estos Santos Misterios; custodiémoslo celosamente, y celebrémoslo como manda la Iglesia, para transmitirlo a los que vendrán después de nosotros.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Deut. 4, 1-2. 6-8

El santo profeta Moisés* exhorta al Pueblo de Dios a cumplir los Mandamientos. A cambio, el Señor promete sabiduría y prudencia.

Segunda lectura: Sant. 1, 17-18. 21b-22. 27

El apóstol Santiago nos invita a escuchar y a poner en práctica la Palabra de Dios.

Evangelio: Mc. 7, 1-8. 14-15. 21-23

A la luz de la página evangélica que vamos a escuchar a continuación, debemos examinar y reconocer cuánto de hipocresía hay en cada uno de nosotros, y pedir a Dios que ilumine nuestro corazón para ser cristianos más auténticos y comprometidos


Oración de los fieles

R. Padre de los astros, ilumínanos.

-Por la unidad de todos los miembros de la Iglesia en torno al Vicario de Cristo.

-Por la perseverancia de los sagrados ministros en la fe y en la comunión con la Iglesia. R. 

-Por la paz de los países que son víctimas de conflictos bélicos. R.

-Por la pureza de los niños y jóvenes. R.

-Por la plena recuperación de las víctimas de la explotación y del abuso en cualquiera de sus formas. R.

-Por la rehabilitación y reinserción n la sociedad de los hermanos privados de la libertad. R.

-Por la conversión de los que han incurrido en la herejía, el cisma o la apostasía. R.

-Por la liberación de las Almas del Purgatorio. R.


A continuación, se propone como oración conclusiva de las preces una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Guarda, oh, Padre, al pueblo cristiano reunido en el día memorial de la Pascua, y haz que la alabanza de nuestros labios resuene en lo profundo del corazón; que tu Palabra, sembrada en nosotros, santifique y renueve toda nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

Ofertorio

Junto a las ofrendas de pan y vino, pongamos idealmente en el Altar los esfuerzos por vencer las dificultades que diariamente encontramos en el camino y que obstaculizan nuestra fidelidad a los Mandamientos del Decálogo.


Comunión

Que la Comunión eucarística que estamos por realizar nos conceda una vivencia cada vez más auténtica y profunda de la fe, lejos de toda hipocresía, soberbia o vanagloria.


Despedida

El Dios de toda bendición, que en esta celebración nos ha dado a su Hijo como Alimento salvador, nos conserve en la fidelidad a su Alianza.


24 de agosto de 2015, fiesta de San Bartolomé, apóstol. Entrada dedicada a él.
18° aniversario de la Misa de Clausura de la XII Jornada Mundial de la Juventud, presidida en París por San Juan Pablo II.


San Juan Pablo II en la Apertura de la XII JMJ


*Moisés es uno de los justos del Antiguo Testamento considerados como santo. El Martyrologium Romanum actual hace conmemoración de él el 4 de septiembre.

sábado, 22 de agosto de 2015

Misas de la Virgen XXXVIII (Tiempo Ordinario XIX): "La Virgen María, Madre y Reina de la unidad"




Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.
 

El ejemplo de Cristo orando al Padre «para que todos sean uno» (Evangelio 2, Jn 17,21) apremia a todos sus discípulos para que también ellos rueguen fervorosamente por la unidad de los cristianos.
La Iglesia Católica, inflamada en el celo por la unidad de los cristianos, e incluso de todos los hombres, suplica a Dios, por intercesión de la Virgen María, que «todos los pueblos» se reúnan «en un mismo pueblo de la nueva Alianza» (Oración colecta). Porque la Iglesia está persuadida de que la causa de la unidad de los cristianos atañe a la función de maternidad espiritual de Santa María Virgen (cf. León XIII, Carta encíclica Adiutricem populi: AAS 28 [1895-1896], p. 135). De ahí que el beato  Pablo VI, más de una vez, dio a la Santísima Virgen el apelativo de «Madre de la unidad» (cf. Insegnamenti di Paolo VI, 111, p. 69).
El formulario de esta Misa celebra en primer lugar a Dios, «fuente de la unidad y origen de la concordia» (cf. Oración colecta); luego recuerda al Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo (cf. 1ª Lectura [o bien], 1Tm 2,5), el cual, la víspera de su Pasión, rogó al Padre por los discípulos para que fueran completamente uno (cf. Evangelio 2, Jn 17,20-26); Y también conmemora a la Santísima Virgen, que, en determinados acontecimientos de la salvación relacionados con el «misterio de la unidad», tuvo un papel destacado:
- en el misterio de la Encarnación, cuando en su «seno virginal» el Verbo de Dios «se unió íntimamente a la condición humana» (Oración sobre las ofrendas);
- en su Maternidad virginal, cuando el Hijo de Dios «eligió para Sí una Madre incorrupta de alma y de cuerpo» (Prefacio), que fuera imagen de la Esposa Iglesia una e indivisa (cf. Prefacio);
- en la Pasión de Cristo, cuando Jesús, «elevado sobre la tierra, en presencia de la Virgen Madre, / congregó en la unidad» a los hijos de Dios «dispersos» (Prefacio);
- en la efusión del Espíritu Santo, cuando Jesús, después de volver al Padre, «envió sobre la Virgen María, / en oración con los apóstoles, / el Espíritu de la concordia y de la unidad, / de la paz y del perdón» (Prefacio; cf. Antífona de entrada 2).


Introducción


"Alégrate, Virgen María, porque en ti serán congregados todos los pueblos" (Cf. Antífona de la salmodia de Laudes, en la Liturgia Horarum. Se reemplazó el sustantivo propio topográfico "Jerusalén" por "Virgen María" ).

En el dulce regazo de la Madre de Dios, Reina de la unidad, nos reunimos los que hemos sido redimidos por la Sangre que Cristo derramó en su único Sacrificio, que a continuación, volveremos a ofrecer en el sagrado Altar.


Antífona de entrada Cf. Tb 13, 13

Saldrás con júbilo al encuentro de los hijos de Dios, Virgen María, porque todos se reunirán para bendecir al Señor del mundo.

O bien: Cf. Hch 1, 14

Los discípulos se dedicaban a la oración en común, junto con María, la madre de Jesús.


Oración colecta

Señor, Padre santo, fuente de la unidad y origen de la concordia, por intercesión de la Virgen María, madre de los hombres, haz que todos los pueblos nos reunamos en un mismo pueblo de la Nueva Alianza. Por nuestro Señor Jesucristo.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura

Entonces os congregaré

Lectura de la profecía de Sofonías 3, 14-20

Al son de los latidos del Inmaculado Corazón de María, la Hija de Sion, que llevó en su seno al verdadero Rey de Israel, se realiza la unidad de todos los hombres.

Regocíjate, hija de Sión;
grita de júbilo, Israel;
alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén.
El Señor ha cancelado tu condena,
ha expulsado a tus enemigos.
El Señor será el rey de Israel,
en medio de ti, y ya no temerás.
Aquel día dirán a Jerusalén:
«No temas, Sión,
no desfallezcan tus manos.
El Señor, tu Dios, en medio de ti,
es un guerrero que salva.
Él se goza y se complace en ti,
te ama y se alegra con júbilo
como en día de fiesta.»
Apartaré de ti la amenaza,
el oprobio que pesa sobre ti.
Entonces destruiré a tus enemigos,
salvaré a los inválidos,
reuniré a los dispersos;
les daré fama y renombre en la tierra,
donde ahora los desprecian.
Entonces os traeré
cuando os haya congregado.
Os haré renombrados y famosos
entre los pueblos de la tierra
cuando cambie vuestra suerte ante sus ojos.
Oráculo del Señor.

Palabra de Dios.

O bien:

Uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 2, 1-8

En Jesucristo, el Enviado del Padre, reconocemos al único Mediador entre Dios y los hombres. En dicha mediación se funda y adquiere su razón de ser la intercesión de la Santísima Virgen María y de los demás santos.

Queridos hermano:
Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos: éste es el testimonio en el tiempo apropiado: para él estoy puesto como anunciador y apóstol –digo la verdad, no miento–, maestro de los paganos en fe y verdad.
Encargo a los hombres que recen en cualquier lugar alzando las manos limpias de ira y divisiones.

Palabra de Dios


Salmo responsorial Jr 31, 10. 11-12ab. 13-14 (R.: cf. 10c)

R. Reúne, Señor, a tu pueblo disperso.

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como pastor a su rebaño.» R.

Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas;
alimentaré a los sacerdotes con enjundia,
y mi pueblo se saciará de mis bienes. R.

Aleluya

Que tu Iglesia, Señor, esparcida por la tierra, sea congregada en la unidad de tu reino; porque tuya es la gloria, tuyo el poder, por Jesucristo, por siempre.

Evangelio

Gracias a la Muerte redentora de Cristo es realista esperar en la plena unidad de la familia humana y trabajar sin desfallecer por ella.

Para reunir a los hijos de Dios dispersos

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 45-57

En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
– «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación.»
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
– «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera.»
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.

Palabra del Señor.

O bien:

"Que todos sean uno". Es el anhelo; más aun, la seria exhortación del Señor Jesucristo en el memorable discurso de su Última Cena. 

Que sean completamente uno

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo:
– «Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí.
Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»

Palabra del Señor.


Oración de los fieles

R. Por María, Reina de la unidad, haz de nosotros un solo pueblo.

-La Iglesia, Sacramento de Cristo, está llamada a hacer realidad ya desde aquí en la Tierra, el anhelo de Jesús de que todos seamos uno, por eso te pedimos...R.

-El Romano Pontífice N, Vicario de Cristo, es cabeza visible y garantía de la unidad de la verdadera  Iglesia de Dios; en comunión con él te pedimos...R.

-Los creyentes estamos llamados a trabajar por la unidad de todos los cristianos en la misma fe, y bajo el cayado de Cristo, el único Pastor; por eso, te pedimos...R.

-Los conflictos entre países son fruto del egoísmo de quienes se empeñan en imponer sus propias pretensiones; para que depongan los intereses personales, te pedimos. R.

-La Iglesia que fundó Jesucristo está conformada por quienes peregrinamos en la Tierra, por las Almas del Purgatorio y por los Bienaventurados del Cielo; en esta comunión de los santos, te pedimos...R.


Ofertorio

Con los dones que presentamos a continuación, prepararemos la Mesa santa del Sacrificio de la unidad. La Virgen María nos conceda espíritu de compromiso para trabajar por erradicar toda división de la gran Familia humana.


Oración sobre las ofrendas

Al venerar la memoria de santa María virgen, en cuyo seno virginal la naturaleza divina se unió íntimamente a la condición humana, te pedimos, Señor, que esta ofrenda sea para nosotros sacramento de tu amor, signo de unidad y vínculo de caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Prefacio

El siguiente Prefacio está enriquecido con tópicos que son una ardiente profesión de fe en principales las verdades católicas: la integridad de la fe fundada en Cristo, la Inmaculada Concepción y la gloriosa Asunción de la Santísima Virgen, la unidad y universalidad de la Iglesia, la voluntaria Crucifixión del Señor y la ofrenda que en esa Hora suprema Él hizo de su Madre a los fieles, congregándolos en la unidad; la admirable Ascensión y la Venida del Espíritu Santo, antesala de la plena unidad de la familia humana.

La función de la Virgen María en la unidad de la Iglesia

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

Porque él, autor de la fe íntegra y amante de la unidad,
eligió para sí una Madre incorrupta de alma y de cuerpo
y quiso como Esposa a la Iglesia una e indivisa.

Elevado sobre la tierra, en presencia de la Virgen Madre,
congregó en la unidad a tus hijos dispersos,
uniéndolos a sí mismo con los vínculos del amor.

Vuelto a ti y sentado a tu derecha,
envió sobre la Virgen María,
en oración con los apóstoles,
el Espíritu de la concordia y de la unidad,
de la paz y del perdón.

Por eso,
con los ángeles y los santos
te cantamos el himno de alabanza
diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo.


Comunión

En el Altar se ha hecho presente Jesucristo, Hijo de María y Pan de la unidad. Alimentémonos todos de Él, para ser uno en Él. Esa es su santa voluntad.


Antífona de comunión Cf. 1 Co 10, 17

El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan y bebemos del mismo cáliz.


Oración después de la comunión

Por los santos misterios que hemos recibido, Señor, en esta memoria de santa María, Madre de la unidad, infúndenos tu Espíritu de paz y de mansedumbre, para que, actuando siempre con ánimo concorde, hagamos más próxima la venida de tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Despedida

Hermanos, los Misterios de los que hemos participado, robustecen nuestra comunión con la Iglesia, desde cuyo seno, fieles a la exhortación del Señor, somos enviados a comprometernos en la gran tarea de la unidad de todos los hombres.


22 de agosto de 2015, memoria litúrgica de la Santísima Virgen María, Reina del universo. Entrada dedicada a ella.



jueves, 20 de agosto de 2015

Himno del VIII "Encuentro Mundial de las Familias 2015" (22-27/9)







Con motivo del VIII Encuentro Mundial de las Familias, que tendrá lugar el próximo mes en Filadelfia, les ofrezco la letra del Himno oficial, seguido de un comentario:

 Resuena la campana de la libertad


Resuena la campana de la santa libertad; llama a todas las naciones de la Tierra.
Hijos e hijas de un Padre, enviados a anunciar la Palabra salvadora de Dios.
Vengan, y reúnanse, como una sola familia en la Mesa del Señor.

David, rama de la Raíz de Jesé, María esa Rosa floreciente de la vid.
Ella nos trajo al Salvador, tal como el ángel lo propuso;
Eclipsada por el Espíritu, por su “sí” surgió Vida nueva.


Bendito José, Esposo de María, maestro de tu Dios y Señor,
Tú diste abrigo y proveíste a ese Niño maravilloso, adorado por los reyes.
Atento a la Palabra de Dios en tus sueños, salvaste a tu Niño de la espada de Herodes.

Jesús, joven en la preciosa Nazaret, Hijo fiel, y Niño amoroso,
Invitado y Anfitrión en las bodas de Caná, proveíste el más fino de los vinos.
Tú, nuestra roca y nuestro amparo, mantennos siempre a tu lado.

Por la Cruz una Madre angustiada, en la Cruz, su único Hijo,
Con todas las madres y sus hijos, bendita María, tú eres una.
En nuestras alegrías, y en nuestras penas, que obremos como tú lo hiciste.

Resuena la campana de la santa libertad; llama a todas las familias de la Tierra,
para ser alimentadas por el Amor encarnado, para proclamar el mundo bendito de Dios.
Por el amor de Cristo, nuestro Hermano, haznos uno en el Espíritu.

Texto: Andrew D. Ciferni, O., Praem, n. 1942
Melodía: PHILADELPHIA, 8 7 8 7 8 7:Normand Gouin, b
Para escuchar el himno, hacer clic aquí.


Comentario 

La primera estrofa parte de la metáfora del tañido de la campana, icono elocuente de la Independencia de EEUU, y "voz celestial" de las iglesias, que convoca a los hijos de Dios para que se congreguen en una sola familia. La invitación no excluye a nadie, no hace acepción de personas, y exhorta a todos a la evangelización. El signo más reprsentativo de la unidad de las familias con Dios es la participación en el Banquete/Sacrificio que el Padre ha preparado: la Mesa memorial de nuestra redención, que es una sola, y que pertenece al Señor.
La segunda estrofa se refiere a la Santísima Virgen como Rosa fecunda que brotó de la vid davídica. En efecto, gracias a María y José, Jesús es verdadero "Descendiente", "Hijo de David". El de ella, mediante el Poder del Espíritu, permitió el ingreso de Dios hecho hombre en el tiempo y en la historia de los hombres.
Infaltable la mención del gran San José, presentado con el original título de "maestro" del Divino Maestro, que es Dios y Señor (casi tan nuestro como suyo). Late aquí el eco perenne de la confesión del apóstol Tomás. José, como si fuera padre carnal del Niño, y con mayor amor que los que lo son, proveyó al Pequeño Jesús de todo lo necesario para su vida terrenal. Fiel cumplidor de la Palabra, protegió del peligro al Señor de los ejércitos, "escondido" en la santa Humanidad de un Niño inerme; defendió de la crueldad humana al Rey ante el que se postraron los Magos, más humildes que poderosos. La metonimia de la "espada de Herodes" representa todos los peligros que atentaban contra el Divino Infante, y de los que halló refugio en el inefable misterio de su sujeción en el seno de la Familia de Nazaret.

La tercera estrofa es una alabanza a Jesús en el misterio de su Santa Infancia. El Niño amoroso y adorable es el Hijo fiel y amante de sus padres. Interesante el encomio a la ciudad de Nazaret, que abre esta estrofa. Encomio justísimo, pues a esta ciudad, que no Lo vio nacer, pero que Lo vio vivir en la armonía de una Familia perfecta que sería modelo de todas, el Señor le debe el cumplimiento de la Escritura que dice que sería llamado "Nazareno".
Entre las Bodas de Caná, recordadas en esta misma estrofa, y las Bodas del Cordero de las que habla el Libro del Apocalipsis, se encuentra nuestra vida terrena, durante la cual, en el Banquete eucarístico, recibimos la Sangre redentora de Cristo, el más fino de los vinos, del que era profecía el del Milagro de Caná. La estrofa concluye con la súplica a Jesús, Roca y Amparo, para que nos conceda la gracia de vivir unidos a Él.
La cuarta estrofa nos invita a contemplar a Jesús, ya mayor, en el Sacrificio de la Cruz, al que en espíritu, su Madre se asoció como nadie. Por el misterio del dolor, aquella que había dado a luz sin sufrimiento carnal al que concibió "del Espíritu Santo", engendra espiritualmente con dolor a los hijos que el Hijo le deja como herencia. Esto la une inefablemente a cada madre y a cada hijo, en toda época y lugar. La estrofa concluye con el ruego a María de que nos conceda poder imitarla.
La última estrofa asume el carácter trinitario tan típico de la conclusión de los himnos litúrgicos. Retoma el título de la canción y con él, el espíritu y los objetivos inmediatos y a largo plazo de la convocatoria: la reunión de todas las familias del mundo en torno a la única Mesa del Señor, la toma de conciencia y el fortalecimiento del compromiso misionero de ellas, y el cumplimiento del anhelo del señor de que todos, en la familia y por medio de ella, seamos uno en Cristo.

20 de agosto de 2015, memoria litúrgica de San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia. Entrada dedicada a él.
15° aniversario de la Clausura de la XV Jornada Mundial de la Juventud, en Roma.


San Juan Pablo II en la Apertura de la XV JMJ (15/08/00)
 

domingo, 16 de agosto de 2015

Guion: Domingo XXI del Tiempo Ordinario





Ciclo B

Introducción

Si tuviésemos que referirnos con pocas palabras al Santo Sacrificio del Altar, Acto supremo de culto a Dios y manantial inagotable de todo lo que recibimos de su infinita bondad, nos bastarían solamente tres vocablos: palabra, pan y vino. Sin ellos, -hay decirlo categóricamente-, no podría existir la Misa. 
La Palabra, que inspirada por el Espíritu Santo, se proclama en la asamblea y representa la paternal iniciativa de Dios que sale al encuentro del hombre que ha creado y redimido.
El pan y el vino, que representativos del sustento vital del ser humano, son "transubstanciados" -así lo enseña nuestra fe- y se convierten en el Cuerpo y la Sangre del mismo Jesús que vivió más de tres décadas como uno de nosotros, que verdaderamente murió y resucitó, y que ahora reina glorioso en el Cielo.
Grandes son, pues, los Misterios que estamos a punto de celebrar.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Jos. 24, 1-2a. 15-17. 18b

"Elijan hoy a quién quieren seguir". Estas palabras del Libro de Josué, resuenan para los cristianos en cada decisión de nuestra vida. Ante nosotros están, de un lado, el Dios verdadero, y del otro, los ídolos en infinidad de manifestaciones.

Segunda lectura:  Ef. 5, 21-33

En la segunda lectura, san Pablo se refiere a la unión entre el hombre y la mujer, elevada a la dignidad de sacramento por el mismo Jesucristo. El Apóstol nos habla de este "gran misterio", que se refiere al místico desposorio entre Cristo y la Iglesia.

Evangelio: Jn. 6, 60-69

La opción radical por Jesús implica conversión y renuncia. Muchas ofertas nos presenta el mundo, pero, como Pedro, los cristianos sabemos que solo nuestro Señor tiene palabras de vida eterna. 


Oración de los fieles

R. Tú tienes palabras de vida eterna.

-Concede la paz y la unidad a la Iglesia; bendice al Sucesor de Pedro. R.

-Inspira sentimientos de generosidad en los poderosos de la Tierra; acalla el clamor de las armas. R.

-Detén las inundaciones; apaga los incendios; haz cesar los terremotos y maremotos. R.

-Haz de las nuevas tecnologías un espacio privilegiado de evangelización; depúralas de la pornografía y la prostitución, de la violencia y la discriminación. R.

-Consuela a los agonizantes; llama a la vida eterna a los difuntos. R.

  
A continuación, se propone como oración conclusiva de las preces una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Dios, nuestra salvación, que en Cristo, tu Eterna Palabra, nos revelas la plenitud de tu amor, guía con la luz del Espíritu Santo a esta santa asamblea de tu pueblo, para que ninguna palabra humana nos aleje de Ti, única fuente de Verdad y de Vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

Porque hemos decidido optar por el verdadero Dios tal y como Él se nos ha manifestado, y no por ídolos de barro hechos a nuestra medida, es que presentamos los dones de pan y vino, especies bajo cuyas apariencias se hará presente el mismo Jesucristo, nuestro Dios y Señor.


Comunión

Señor, hemos escuchdo tus palabras de vida etern y ahora nos disponemos a alimentarnos de tu Carne y de tu Sangre glorificadas. Por esta santa Comunión, haznos más semejantes a Ti, Señor.


Despedida

Anunciemos al mundo que la salvación de Dios no es la mera página de un pasado ficticio y remoto, sino la realidad cierta de algo que acontece aquí y ahora para todos aquellos que vuelven humildemente su corazón a Dios.


16 de agosto de 2015, domingo XX del Tiempo Ordinario.
Bicentenario del nacimiento de San Juan Bosco, presbítero, patrono de la juventud. Entrada dedicada a él.

sábado, 15 de agosto de 2015

Misas de la Virgen XXXVII (Tiempo Ordinario XIX): "La Virgen María, Madre de la santa esperanza"




Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.
 

El Concilio Vaticano II, en la conclusión de la Constitución dogmática Lumen gentium, afirma que la Santísima Virgen «en esta tierra, hasta que llegue el Día del Señor (cf. 2P 3, 10), precede con su luz al pueblo de Dios que peregrina, como signo de esperanza segura y de consuelo» (LG 68). Estas palabras se repiten casi literalmente en el Prefacio de la Misa de la Asunción de la Virgen Santísima (cf. Misal Romano, Prefacio 15 de agosto).
La Iglesia, al considerar la función de la Santísima Virgen en la historia de la salvación, la llama con frecuencia «esperanza nuestra» (Antífona final «Dios te salve, Reina y Madre»; Himno Laudes 8 de diciembre) y «madre de la esperanza» (cf. Himno Oficio de Lectura latino 21 de noviembre; cf. Si 24, 24); se alegra del nacimiento de Santa María Virgen, que «fue para el mundo esperanza y aurora de salvación» (Oración después de la comunión 8 de septiembre); pensando en su Maternidad salvadora, canta suplicante: «Aeternae vitae ianua, / aurem nobis aeeomoda, / per quam spes vitae rediit, / quam Eva peccans abstulit» (Himno Vísperas 22 de agosto); en el misterio de la gloriosa Asunción contempla a la Santísima Virgen corno «esperanza segura de salvación», que brilla para los fieles «en medio de las dificultades de la vida» (cf. Himno Laudes latino 15 de agosto). El día 9 de julio, en algunas Iglesias particulares se celebra la memoria de Santa María Virgen, madre de la santa esperanza, en especial en la Congregación de la Pasión de Jesucristo, de cuyo Proprium missarum, Curia General CP, Roma 1974, pp. 21-22, se han tomado algunos textos de este formulario.
En esta Misa se venera a la Madre de Cristo:
- porque durante su vida aquí en la tierra alimentó constantemente la «virtud de la esperanza»: «confió... plenamente» (Prefacio) en el Señor y «concibió creyendo y alimentó esperando, / al Hijo del hombre, anunciado por los profetas» (Prefacio);
- porque, habiendo subido al cielo, se ha convertido en la «esperanza de los creyentes» (Antífona de entrada); ella ayuda a los que desesperan (cf. Antífona de entrada) y es aliento, consuelo y fortaleza de los que acuden a ella (cf. Oración colecta 1, Oración colecta 2, Antífona de entrada);
- porque precede con su luz a todos los hijos de Adán corno «señal de esperanza segura y de consuelo» (Prefacio, cf. Oración colecta 2) «hasta que amanezca el Día glorioso del Señor» (Prefacio).


Introducción

La santa Misa es la asamblea de los creyentes que tenemos o necesitamos tener esperanza. En estos Santos Misterios, en que se realiza la única inmolación del Señor, realizada en aquel entrañable primer Viernes santo, recordamos a qué precio hemos sido adquiridos por Jesucristo para su Padre Dios. Y esto nos hace conscientes de que nunca es tarde para convertirnos al Señor, teniendo en cuenta que la conversión es una actitud de todos los días en la vida terrenal del ser humano. En el horizonte de estos, nuestros anhelos, resplandece María, la Estrella matutina que disipa toda tiniebla, y que, como Madre de la santa esperanza, nos alienta a no deseperar de la salvación que nos ofrece Jesús, Sol de justicia.


Antífona de entrada

Salve, Virgen María, esperanza de los creyentes, tú ayudas a los que desesperan y confortas a los que acuden a ti.


Oración colecta

El verbo "orientar", en en sentido bíblico, y por ende, también en el teológico, tiene un significado primordialmente cristológico. En efecto, Jesucristo es llamado "Oriente", Esplendor de la Luz eterna, Sol de Justicia (Cf. Antífonas O, 21 de diciembre), pues como dice el santo profeta Zacarías, padre del Precursor Juan, Jesús es "el Sol que nace de lo alto"; él viene a "iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte y a guiar nuestos pasos por el camino de la paz". En este sentido, "orientar" es, por decirlo así, "anclar en Cristo". Él es justamente el Sumo Bien de Quien recibimos todo. La parte final de esta densa colecta da cuenta de la íntima relación y de la implicancia de dos virtudes teologales: gracias a la fe tenemos esperanza (esperamos):

Oh, Dios, que nos concedes venerar a la Virgen María como Madre de la Santa Esperanza, concédenos, por su intercesión, orientar nuestra esperanza hacia los bienes de arriba, cumplir nuestra misión en la ciudad terrena y recibir un día los bienes que la fe nos invita a esperar. Por nuestro Señor Jesucristo.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura

La liturgia de la Iglesia aplica a la Santísima Virgen la personificación de la sabiduría. 

Es María la Mujer predestinada por Dios para acoger en su regazo a todos los pueblos,  alimentarlos de los dones celestiales y acercarlos a Cristo, el Sumo Bien.

Yo soy la madre de la esperanza santa

Lectura del libro del Eclesiástico 24, 9-12. 19-22

Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y no cesaré jamás. En la santa morada, en su presencia, ofrecí culto y en Sión me establecí; en la ciudad escogida me hizo descansar, en Jerusalén reside mi poder.
Eché raíces entre un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad, y resido en la congregación plena de los santos. Yo soy la madre del amor puro, del temor, del conocimiento y de la esperanza santa. En mí está toda gracia de camino y de verdad, en mí toda esperanza de vida y de virtud. Venid a mí, los que me amáis, y saciaos de mis frutos; mi nombre es más dulce que la miel, y mi herencia, mejor que los panales. El que me come tendrá más hambre, el que me bebe tendrá más sed; el que me escucha no fracasará, el que me pone en práctica no pecará; el que me honra poseerá la vida eterna.

Palabra de Dios.


Salmo responsorial Lc 1, 46-48a. 48b-49. 50-51. 52-53. 54-55

R. María, esperanza nuestra, Dios te salve.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava. R.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo. R.

Y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón. R.

Derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos. R.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. R.


Aleluya

Madre santa y Virgen sin mancha, Reina gloriosa del mundo, intercede por nosotros ante el Señor, que te escogió.


Evangelio

La infinita Misericordia de nuestro Señor Jesucristo en favor de los hombres, rinde su voluntad ante la súplica ferviente de la Madre amorosa.

Y la madre de Jesús estaba allí

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 2, 1-11

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo:
- «No les queda vino».
Jesús le contestó:
- «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dijo a los sirvientes:
- «Haced lo que él diga».
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dijo:
- «Llenad las tinajas de agua».
Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó:
- «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo».
Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo:
- «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

Palabra del Señor.


Oración de los fieles

R. Te lo pedimos por Cristo, nuestra Esperanza.

-Padre Bueno, por intercesión de María, Madre de la santa Esperanza, protege a la Iglesia de toda herejía, cisma y simonía. R.

-Padre de las luces, por intercesión de María, Lucero matutino, ilumina a los que padecen la oscuridad de la deseperación o  de la depresión, de la acedia o de la ceguera espiritual. R.

-Padre Compasivo, por intercesión de María, Salud de los enfermos, infunde valor a los que sufren cualquier tipo de enfermedad, espiritual, física o psicológica. R.

-Padre Todopoderoso, por intercesión de María, Reina de la paz, detén la guerra en el mundo y haz que la familia humana viva la fraternidad querida por tu Hijo. R.

-Padre fiel, por intercesión de María, Madre de las Almas del Purgatorio, acoge en tu seno a nuestros hermanos difuntos. R.



Ofertorio

En comunión con María, nuestra Madre, presentamos los dones con los que celebramos el Sacrificio de esperanza de un Dios que nos salva aquí y ahora.


Oración sobre las ofrendas

Escucha, Señor, la oración de tu pueblo y acepta sus ofrendas, de manera que, por intercesión de la Virgen María, Madre de tu Hijo, todo deseo sea atendido y toda petición escuchada. Por Jesucristo nuestro Señor.


Prefacio

Santa María, modelo de esperanza sobrenatural

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
celebrarte con las más grandes alabanzas,
Señor, Padre santo,
que generosamente entregaste a Jesucristo al mundo
como autor de la salvación,
y le diste también a María
como modelo de sobrenatural esperanza.

Porque tu humilde esclava,
confió en ti plenamente:
creyendo en tu palabra,
concibió y alimentó al Hijo del hombre,
anunciado por los profetas;
y, entregada por entero a la obra de la salvación,
fue hecha madre de todos los hombres.

Pero a la vez ella, fruto excelso de la redención,
es también hermana de todos los hijos de Adán,
que, caminando hacia la liberación plena,
miran a María como señal de esperanza segura y de consuelo,
hasta que amanezca el día glorioso del Señor.

Por eso,
unidos a los coros angélicos,
te aclamamos llenos de alegría.

Santo, Santo, Santo.


Comunión

Eucaristía, Pan de vida y esperanza, horneado en el seno purísimo de María.
En medio de un mundo desesperanzado, recibamos este Alimento celestial, que nos infunde la santa audacia de ser testigos del Reino que viene.


Oración después de la comunión

Alimentados con los sacramentos de la salvación y de la fe, te pedimos, Señor y Padre nuestro, que, recordando con amor a la Virgen María, Madre de la Esperanza, merezcamos participar con ella de tu amor divino. Por Jesucristo nuestro Señor.


Despedida

Seguros del cuidado amoroso de María, Madre de la santa Esperanza, sigamos anunciando a Cristo, nuestro Dios.


15 de agosto de 2015, solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María. Entrada dedicada a ella.


martes, 11 de agosto de 2015

Guion: Domingo XX del Tiempo Ordinario




Ciclo B

Introducción

Como las cuentas de un Rosario, entre gozos y tristezas, se van "desgranando" los domingos de nuestra vida. El divino precepto de la Misa dominical es el hilo conductor que nos hace próximos a los cristianos de todas las épocas y lugares, a la vez que va acercándonos al día feliz del encuentro definitivo con el Señor.
Que nuestra intimidad con Dios, que es amor, se acreciente con una participación cada vez más intensa en la Eucaristía dominical, y de ser posible, en las de entre semana, pues no existe acto de culto, público o privado, que supere en dignidad y en importancia al Santo Sacrificio del Altar.


Liturgia de la Palabra
 
Primera lectura: Prov. 9, 1-6

La Sabiduría que edifica una casa de siete columnas, que prepara la Mesa y que ofrece a los humildes el pan y el vino, es el mismo Cristo que fundó la Iglesia, que la enriquece con la gracia de los siete sacramentos, y que se inmola en el Altar para darnos su Carne y su Sangre como Alimento.

Segunda lectura: Ef. 5, 15-20

El Apóstol nos invita a aprovechar el tiempo presente, don de salvación, y a vivir en alabanzas a Dios.

Evangelio: Jn. 6, 51-58

"¿Cómo puede darnos a comer su Carne?". Es lo que también hoy se preguntan quienes no creen en la Eucaristía. Ahora bien, los que creemos, ¿tratamos a la Hostia y al Vino consagrados como la misma Persona de Cristo que son? Que la siguiente página evangélica nos ayude a reflexionar sobre eso.


Oración de los fieles

R. Cristo, Tú eres el Pan de Vida.

-Porque solo en Ti la Iglesia encuentra refugio, consuelo y fortaleza, te confesamos...R.

-Porque alimentados de Ti, unidos a nuestros sacerdotes y obispos, y en comunión con el Santo Padre, queremos ser una Comunidad incesante en la oración, intrépida en la evangelización e incondicional en la práctica de la caridad, te confesamos...R.

-Porque son muchos los lobos que rondan tu rebaño, y a veces, nosotros mismos somos lobos que necesitamos que nos amanses, te confesamos...R.

-Porque necesitamos de tu Carne y de tu Sangre en esta peregrinación terrenal y también en la hora definitiva del trance hacia la eternidad, te confesamos...R.

-Porque sabemos que nunca estamos más cerca de Ti que cuando celebramos la Santa Misa, en la que una vez más estás por hacerte presente bajo las apariencias del pan y el vino, te confesamos...R.


A continuación, se propone como oración conclusiva de las preces una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Dios de la vida, que en este día santo del domingo, nos haces tus amigos y comensales, protege a tu Iglesia que canta en el tiempo la feliz esperanza de la resurrección final, y danos la esperanza de participar en el Banquete festivo de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

Como numerosos granos de espigas constituyen el pan, y varias uvas de racimos, el vino, así nosotros, unidos a Cristo y alimentándonos de Él, constituimos el único Cuerpo de la Iglesia. Grn misterio es este, y el pan y el vino, por voluntad divina, son imprescindibles para que se lleve a cabo.

Es conveniente emplear cualquiera de los Prefacios de la Santísima Eucaristía, a la luz de las lecturas de hoy.

Comunión

"Dios mío, ayúdame; prepárame. Tú eres todo; yo soy nada. Y sin embargo, tu amor quiere que yo sea mucho. ¡Ánimo! Con tu todo y con mi nada haremos mucho". (Beato Óscar Arnulfo Romero, obispo y mártir salvadoreño).
Iluminados por estas palabras del beato Arnulfo Romero, mártir de El Salvador, recibamos en nuestro coraz´´on a Aquel que es todo para nosotros.


Despedida

Reanimados por estos Santos Misterios, pidamos a Dios ser cada día más audaces testigos de su amor.


10 de agosto, fiesta de San Lorenzo, diácono y mártir. Entrada dedicada a él.