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miércoles, 25 de febrero de 2015

Guion: Misa Crismal


El Papa Francisco preside su primera Misa Crismal como Sumo Pontífice


La Misa Crismal es la que preside cada Obispo en la Iglesia Catedral de su diócesis. Es la máxima representación de la plenitud de su sacerdocio y del ejercicio de su potestad. Rodeado del presbiterio, del que es cabeza, de los diáconos, de los religiosos y del Pueblo de Dios al que pastorea como guía y maestro, hace presente a la Iglesia Madre, una, santa, católica y apostólica, presente desde que Cristo la fundara, y extendida a lo largo y ancho del Planeta.

Guion: negro
Rúbrica: rojo.

Ritos iniciales

La procesión de entrada se realiza como todas, siguiendo las normas litúrgicas.

Introducción

En este día sagrado, en que nuestro Señor Jesucristo ha instituido el más grande de los sacramentos, la Santísima Eucaristía, y también el Sacerdocio ministerial, y nos ha legado el mandamiento de la caridad fraterna, nos congregamos en esta Iglesia (madre), (Catedral de la (arqui)diócesis), para la celebración de la Misa Crismal, presidida por nuestro (arzo)obispo.

Es la celebración eucarística que manifiesta la unidad del presbiterio con su Obispo, la comunión de éste con los demás sucesores de los apóstoles, y la de todos ellos con el Vicario de Cristo y Sucesor de Pedro. En efecto, en cada Iglesia particular "se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo, que es Una, Santa, Católica y Apostólica" (Decreto Christus Dominus, 11a).

Como es tradicional en la liturgia romana, durante esta celebración, el Obispo bendecirá los Óleos de los enfermos y de los catecúmenos, y consagrará el Santo Crisma.

Como Pueblo de Dios, participemos de la Eucaristía, y renovemos los lazos de comunión entre nosotros y con nuestros pastores.

El Obispo saluda al pueblo como le es propio. (Cf. Missale Romanum, -MR- Ordo Missae, 2).
Himno Gloria in excelsis (Cf. MR, Ad Missam Chrismatis, 6).


Oración Colecta

La Oración Colecta de hoy recoge la súplica y el deseo de todos aquellos que participan del Sacerdocio ministerial: ser ante el mundo auténticos testigos del Evangelio de salvación.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Is. 61, 1-3a. 6a. 8b-9

El Señor Jesús, el Siervo sufriente del Padre, ha sido ungido por el Espíritu Santo como el Mesías en el que se cumplen todas las profecías.

Salmo: 88, 21-22. 25. 27

El profeta David, ungido como rey, es figura del Cristo, a Quien el Padre unge como Señor y Salvador de los hombres.

Segunda lectura: Apoc. 1, 4b-8

Jesucristo es el Sumo y Eterno Sacerdote, el único Mediador entre Dios y los hombres. De su Sacerdocio participa todo bautizado, pero cada quien según la vocación a la que ha sido llamado.

Se omite el Aleluya.

Evangelio: Lc. 4, 16-21

Desde que Jesucristo se encarnó y entró en nuestra historia, sujetándose en cuanto hombre, a las coordenadas del tiempo y del espacio, toda la vida de los bautizados es el verdadero "Año de Gracia" al que se refiere el Señor en el Evangelio.

Homilía. (Cf. ibíd, 8; CE, 280).

Renovación de las Promesas sacerdotales (Renovatio promissionum sacerdotalium)

A continuación, el Obispo invita a los presbíteros presentes a renovar las promesas de su sacerdocio, reafirmando los compromisos que asumieron al ser llamados al Orden sagrado.


Crismeras (recipientes para los Santos Óleos)

Si la bendición de los tres santos Óleos se hace conjuntamente luego de la Liturgia de la Palabra, a continuación de la Renovación de las promesas sacerdotales, (Cf. Caeremoniale Episcoporum, -CE- 277; Pontificale Romanum, -PR- 16), los Óleos se traen en procesión en este momento (Cf. infra), y se pueden leer, una a continuación de la otra, cada una de las tres moniciones que figuran más abajo, para cuando el rito se realiza según la forma tradicional (Cf. CE, 277; PR, 16), en la cual la bendición del Óleo de los enfermos se efectúa antes de concluir la Plegaria Eucarística; y la del Óleo de los catecúmenos y la consagración del Crisma, luego de la Oración después de la Comunión. 

La tertia editio typica del Misal Romano (2002), que es el texto que he citado, en el n. 10, a continuación de la Renovación de las promesas sacerdotales, dice: Sequitur oratio universalis et non dicitur Credo ("sigue la Oración universal y no se dice el Credo"). En cambio, en el actual Misal de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, como así también en el Misal italiano, se ha modificado esta rúbrica, diciendo "No se dice el Credo y se omite la Oración universal". (p. 235);  "Non si dice il Credo e si omette la preghiera universale".

Liturgia de la Eucaristía

Ofertorio

Si no tuvo lugar antes, ahora se realiza la procesión con los Óleos y las ofrendas, durante la cual se canta el himno O Redemptor, u otro canto apropiado, en lugar del de presentación de ofrendas (Cf. CE, 283; PR, 17).

Presentación de los Óleos

Ahora, serán solemnemente llevados en procesión y luego presentados los tres santos Óleos al Obispo: 

El Oleum infirmorum (Óleo de los enfermos) es materia del sacramento de la Unción, que robustece el cuerpo y el alma de aquellos que son aquejados por dolencias físicas, o de quienes sienten la debilidad propia de su edad avanzada.

El Oleum catecumenorum (Óleo de los catecúmenos) fortalece al que va a ser bautizado, preparándolo para las exigencias de la fe y protegiéndolo contra las insidias del Maligno.

El Sanctum Chrisma (Santo Crisma) toma su nombre del mismo Cristo, esto es, del "Ungido de Dios". Representa la dignidad de cada hijo de Dios, que es templo de la Trinidad, y que participa de la misión profética, sacerdotal y real del Redentor. Con él "se unge a los recién bautizados, los confirmandos son sellados, y se ungen las manos de los presbíteros, la cabeza de los obispos, y las Iglesias y los altares en su dedicación" (CE, 274).

Benedictio olei infirmorum

Antes de la doxología conclusiva de la Plegaria Eucarística, cuando no se efectuó antes, tiene lugar el rito de la bendición del Óleo de los enfermos:

El Obispo procede a la bendición del Óleo de los enfermos, con el que la Madre Iglesia, en nombre de Cristo, hace sentir el consuelo de Dios a quienes sufren en el cuerpo o en el espíritu.

Prefacio propio: De sacerdotio Christi et de ministerio sacerdotum (Cf. MR, Ad Missam chrismatis, 12).


Comunión

Jesucristo, Sacerdote de la Nueva y Eterna Alianza, se nos ofrece bajo las apariencias del pan y del vino.
Éste es el Alimento del Pueblo redimido que marcha hacia la Pascua eterna. Recibámoslo con fervor y gratitud.

Luego de la Oración después de la Comunión, cuando no se ha realizado antes, tiene lugar el rito de la bendición del Óleo de los catecúmenos y el de la consagración del Santo Crisma:

Benedictio Olei catecumenorum et consecratio Sancti Chrismae

(Alimentados con la Eucaristía, plenitud de todos los demás sacramentos y sacramentales -esto se dice cuando el rito tiene lugar en este momento; no cuando se ha realizado antes-), participemos ahora en espíritu, de la bendición del Óleo de los catecúmenos y de la consagración del Santo Crisma.

Una vez que ha sido bendecido el Óleo de los enfermos, y luego de la monición que precede a la plegaria consecratoria del Crisma, el Obispo sopla sobre este Óleo que acaba de confeccionar (Cf. CE, 290; PR, 25). Puede leerse la siguiente guía explicativa:

El Obispo sopla sobre el Santo Crisma, evocando uno de los tantos gestos con los que la Iglesia quiere significar la transmisión del Espíritu Paráclito, que todo lo renueva y santifica.

En la Plegaria consecratoria del Crisma, cuando el Obispo ha dicho "El Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de alegría más que todos los hombres", si optó por la primera oración; o "...los cristianos participen de su dignidad real, sacerdotal y profética", si eligió la segunda oración, el guía dice:

Todos los sacerdotes extiendan su mano derecha hacia el Crisma. (Cf. CE, 290; PR, 25).


Ritos finales

Bendición final

Despedida

El Obispo junto a los concelebrantes y a los ministros que portan los sagrados Óleos, se dirigen procesionalmente hacia la sacristía. El coro canta algunas estrofas del himno O Redemptor, que acompañó a la primera procesión de dichos Óleos, u otro canto apto. (Cf. CE, 293; PR, 27).

Arraigados en Cristo Sacerdote, Pan de esperanza, nos preparamos para vivir en plenitud el Sagrado Triduo Pascual, (que comenzará esta tarde con la Misa de la Última Cena del Señor).




El Santo Padre Francisco sopla sobre el Santo Crisma


25 de febrero, miércoles de la semana I de Cuaresma.



lunes, 23 de febrero de 2015

El saludo litúrgico de la paz




Carta Circular: "El significado ritual del don de la paz en la Misa"

Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos


Texto resaltado por el blog: negrita.
Entre barras (//) he puesto los comentarios al texto oficial.

1. «La paz os dejo, mi paz os doy» [1], son las palabras con las que Jesús promete a sus discípulos reunidos en el Cenáculo, antes de afrontar la Pasión, el don de la paz, para infundirles la gozosa certeza de su presencia permanente. Después de su Resurrección, el Señor lleva a cabo su promesa, presentándose en medio de ellos, en el lugar donde se encontraban por temor a los Judíos, diciendo: «¡Paz a vosotros!» [2]. La paz, fruto de la Redención que Cristo ha traído al mundo con su Muerte y Resurrección, es el don que el Resucitado sigue ofreciendo hoy a su Iglesia, reunida para la celebración Eucarística, de modo que pueda testimoniarla en la vida de cada día.

2. En la tradición litúrgica romana el signo de la paz, colocado antes de la Comunión, tiene un significado teológico propio. Éste encuentra su punto de referencia en la contemplación eucarística del Misterio pascual -diversamente a como hacen otras familias litúrgicas que se inspiran en el pasaje evangélico de Mateo (cf. Mt 5, 23)- presentándose así como el “beso pascual” de Cristo resucitado presente en el altar [3]. Los ritos que preparan a la comunión constituyen un conjunto bien articulado dentro del cual cada elemento tiene su propio significado y contribuye al sentido del conjunto de la secuencia ritual, que conduce a la participación sacramental en el misterio celebrado. El signo de la paz, por tanto, se encuentra entre el Pater noster -al cual se une mediante el embolismo que prepara al gesto de la paz- y la Fracción del pan -durante la cual se implora al Cordero de Dios que nos dé su paz-. Con este gesto, que «significa la paz, la comunión y la caridad» [4], la Iglesia «implora la paz y la unidad para sí misma y para toda la familia humana, y los fieles se expresan la comunión eclesial y la mutua caridad, antes de la comunión sacramental» [5], es decir, la comunión en el Cuerpo de Cristo Señor.

//La súplica da nobis pacem, última invocación del Agnus Dei de la Misa, es expresión elocuente de la oración fervorosa de la Iglesia, que pidió, pide y pedirá a Jesucristo, el don pascual de la paz.//
 
3. En la Exhortación Apostólica post-sinodal Sacramentum caritatis, el Papa Benedicto XVI había confiado a esta Congregación la tarea de considerar la problemática referente al signo de la paz [6], con el fin de salvaguardar el valor sagrado de la celebración eucarística y el sentido del misterio en el momento de la Comunión sacramental: «La Eucaristía es por su naturaleza sacramento de paz. Esta dimensión del Misterio eucarístico se expresa en la celebración litúrgica de manera específica con el rito de la paz. Se trata indudablemente de un signo de gran valor (cf. Jn 14,27). En nuestro tiempo, tan lleno de conflictos, este gesto adquiere, también desde el punto de vista de la sensibilidad común, un relieve especial, ya que la Iglesia siente cada vez más como tarea propia pedir a Dios el don de la paz y la unidad para sí misma y para toda la familia humana. […] Por ello se comprende la intensidad con que se vive frecuentemente el rito de la paz en la celebración litúrgica. A este propósito, sin embargo, durante el Sínodo de los Obispos se ha visto la conveniencia de moderar este gesto, que puede adquirir expresiones exageradas, provocando cierta confusión en la asamblea precisamente antes de la Comunión. Sería bueno recordar que el alto valor del gesto no queda mermado por la sobriedad necesaria para mantener un clima adecuado a la celebración, limitando por ejemplo el intercambio de la paz a los más cercanos» [7].

//Aunque este blog obviamente no esté dedicado a la Gramática, a propósito del subrayado precedente, me permito la siguiente digresión, que da cuenta de cómo la interpretación de las traducciones de los textos a las lenguas vernáculas, puede no ser unívoca, y generar serias desviaciones del espíritu del original, lo cual no es desde ningún punto de vista una cuestión menor.

En el ejemplo que nos ocupa, hay más de una interpretación gramatical posible:

En la primera, "el intercambio de la paz a los más cercanos" podría ser considerado como complemento directo de "limitando", en cuyo caso el Papa Emérito estaría proponiendo que se afectara de alguna manera ese "intercambio" que suele hacerse comúnmente -aunque en la práctica, no de modo exclusivo- a los más cercanos. En este caso, "a los más cercanos" sería complemento del núcleo "intercambio".
En la otra interpretación, que es, sin lugar a dudas, la que se corresponde con el sentido de las palabras de Su Santidad Benedicto XVI, "a los más cercanos" es complemento del gerundio de "limitar" Aunque en este caso, no es complemento directo ni indirecto -como, según la estructura, bien podría serlo gramaticalmente- sino "régimen", como le llaman algunos gramáticos a tal complemento, en el sentido de que el verbo "rige" una construcción encabezada por la preposición "a", con la que él suele usarse frecuentemente y con un sentido específico (a grandes rasgos, "limitar algo a" quiere decir que solo se refiera a eso, que se ciña exclusivamente a ello y no a otra cosa). 
Si "a los más cercanos" fuera el complemento directo de "limitando", los "limitados" serían "los más cercanos" (o sea, ellos mismos); si fuera su complemento indirecto, "los más cercanos" serían  aquellos a los que se les estaría limitando algo. 

Por lo dicho, podemos afirmar que el sentido de la oración en cuestión es el siguiente: que cada fiel solamente realice el saludo de la paz  con las personas que están más cerca de él en el templo, con lo cual se evita todo tipo de desplazamientos impropios de la Acción sagrada.

A modo de ejemplo conclusivo de este tema de las múltiples interpretaciones, escribo tres oraciones en las que "a los más cercanos" sea respectivamente complemento directo, complemento indirecto y complemento régimen del verbo limitar:

-"Limito a los más cercanos para que no se arroguen derechos de los que carecen". (Sentido: "Les pongo límites").
-"Limito a los más cercanos su intervención en este asunto". -"su" de ellos, es decir, de los más cercanos"-. (Sentido: "Pongo límites a una eventual intervención de los más cercanos en este asunto").
-"Limito mi confianza a los más cercanos". (Sentido: "Solamente confío en ellos"). Nótese que si el posesivo "mi" se reemplazara por el artículo "la", "a los más cercanos" podría ser también complemento indirecto. (Sentido: -Con mis actos- les limito -a ellos- la confianza propia, que podrían poner en mí o en los demás).//

4. El Papa Benedicto XVI, además de destacar el verdadero sentido del rito y del signo de la paz, ponía en evidencia su gran valor como aportación de los cristianos, para colmar, mediante su oración y testimonio, las angustias más profundas e inquietantes de la humanidad contemporánea. Por esta razón, renovaba su invitación a cuidar este rito y a llevar a cabo este signo litúrgico con sentido religioso y sobriedad.
5. El Dicasterio, en base a las disposiciones del Papa Benedicto XVI, se dirigió a las Conferencias de los Obispos en mayo de 2008 pidiendo su parecer sobre si mantener el signo de la paz antes de la Comunión, donde se encuentra ahora, o si cambiarlo a otro momento, con el fin de mejorar la comprensión y el desarrollo de tal gesto. Tras una profunda reflexión, se ha visto conveniente conservar en la liturgia romana el rito de la paz en su puesto tradicional y no introducir cambios estructurales en el Misal Romano. Se ofrecen a continuación algunas disposiciones prácticas para expresar mejor el contenido del signo de la paz y para moderar los excesos, que suscitan confusión en la asamblea litúrgica justo antes de la Comunión.
6. El tema tratado es importante. Si los fieles no comprenden y no demuestran vivir, en sus gestos rituales, el significado correcto del rito de la paz, se debilita el concepto cristiano de la paz y se ve afectada negativamente su misma fructuosa participación en la Eucaristía. Por tanto, junto a las precedentes reflexiones, que pueden constituir el núcleo de una oportuna catequesis al respecto, para la cual se ofrecerán algunas líneas orientativas, se somete a la prudente consideración de las Conferencias de los Obispos algunas sugerencias prácticas:
a) Se aclara definitivamente que el rito de la paz alcanza ya su profundo significado con la oración y el ofrecimiento de la paz en el contexto de la Eucaristía. El darse la paz correctamente entre los participantes en la Misa enriquece su significado y confiere expresividad al rito mismo. Por tanto, es totalmente legítimo afirmar que no es necesario invitar “mecánicamente” a darse la paz. Si se prevé que tal intercambio no se llevará adecuadamente por circunstancias concretas, o se retiene pedagógicamente conveniente no realizarlo en determinadas ocasiones, se puede omitir, e incluso, debe ser omitido. Se recuerda que la rúbrica del Misal dice: “Deinde, pro opportunitate, diaconus, vel sacerdos, subiungitOfferte vobis pacem” [8]. //Esta expresión pro opportunitate echa por tierra la pretensión a ultranza de "forzar" espacial, física, afectiva y hasta psicológicamente a que los presentes se den la paz aunque las circunstancias concretas, por alguna entendible razón, no lo aconsejaran. Aunque tampoco hay que ir al otro extremo de pretende erradicar un rito de raigambre bíblica, tan teológica como pastoralmente significativo, valorado por la Iglesia desde sus primeros tiempos.//
b) En base a las presentes reflexiones, puede ser aconsejable que, con ocasión de la publicación de la tercera edición típica del Misal Romano en el propio País, o cuando se hagan nuevas ediciones del mismo, las Conferencias consideren si es oportuno cambiar el modo de darse la paz establecido en su momento. Por ejemplo, en aquellos lugares en los que optó por gestos familiares y profanos de saludo, tras la experiencia de estos años, se podrían sustituir por otros gestos más apropiados.  

//Nótese que se está exhortando a una revisión de los modos de darse la paz, pero no del momento de la Misa en que esto debe hacerse, pues el documento acaba afirmar que se mantiene el rito adonde está hoy, esto es, antes del Agnus Dei.//
c) De todos modos, será necesario que en el momento de darse la paz se eviten algunos abusos tales como:
§  La introducción de un “canto para la paz”, inexistente en el Rito romano [9], //costumbre desafortunadamente muy difundida en algunas iglesias de América Latina.//
§  Los desplazamientos de los fieles para intercambiarse la paz. //(No se trata, pues, de un momento para "saludar" afectuosamente y en exclusiva a aquellas personas a las que me une un lazo afectivo más o menos sólido, sino a los más cercanos espacialmente, sean quienes fueren, con los que me hermanan el Padre común, la Sangre preciosa de Cristo, y la misma fe iluminada por el Espíritu de la Verdad).// *
§  El que el sacerdote abandone el altar para dar la paz a algunos fieles. //Durante el Santo Sacrificio, el Cordero de Dios jamás ha de quedar solo en el Altar, esto es, sin la presencia de aquel ministro que actuó in persona Christi para hacerlo presente allí. Únicamente alguna circunstancia de fuerza mayor justificaría esto. En la Misa, las Sagradas Formas, o están en el Altar junto al sacerdote desde la Consagración, o algunas en el sagrario si las hay en demasía, o en las naves durante la distribución de la Comunión. Jamás en otro lugar.//
§  Que en algunas circunstancias, como la solemnidad de Pascua o de Navidad, o durante las celebraciones rituales, como el Bautismo, la Primera Comunión, la Confirmación, el Matrimonio, las sagradas Órdenes, las Profesiones religiosas o las Exequias, el darse la paz sea ocasión para felicitar o expresar condolencias entre los presentes [10].*
d) Se invita igualmente a todas las Conferencias de los Obispos a preparar catequesis litúrgicas sobre el significado del rito de la paz en la liturgia romana y sobre su correcto desarrollo en la celebración de la Santa Misa. A este propósito, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos acompaña la presente Carta circular con algunas pistas orientativas.
7. La íntima relación entre lex orandi y lex credendi debe obviamente extenderse a la lex vivendi. Conseguir hoy un compromiso serio de los católicos de cara a la construcción de un mundo más justo y pacífico implica una comprensión más profunda del significado cristiano de la paz y de su expresión en la celebración litúrgica. Se invita, pues, con insistencia a dar pasos eficaces en tal materia ya que de ello depende la calidad de nuestra participación eucarística y el que nos veamos incluidos entre los que merecen la gracia prometida en las bienaventuranzas a los que trabajan y construyen la paz [11].
8. Al finalizar estas consideraciones, se exhorta a los Obispos y, bajo su guía, a los sacerdotes, a considerar y profundizar el significado espiritual del rito de la paz, tanto en la celebración de la Santa Misa como en la propia formación litúrgica y espiritual o en la oportuna catequesis a los fieles. Cristo en nuestra paz [12], la paz divina, anunciada por los profetas y por los ángeles, y que Él ha traído al mundo con su Misterio pascual. Esta paz del Señor Resucitado es invocada, anunciada y difundida en la celebración, también a través de un gesto humano elevado al ámbito sagrado.
El Santo Padre Francisco, el 7 de junio de 2014, ha aprobado y confirmado cuanto se contiene en esta Carta circular, preparado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, y ha dispuesto su publicación.
En la sede la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 8 de junio de 2014, en la solemnidad de Pentecostés.
(Firman este documento el Cardenal Antonio Cañizares Llovera, entonces Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, y el secretario de dicho dicasterio, el arzobispo Arthur Roche).

Notas

[1] Jn 14, 27.
[2] Cf. Jn 20, 19-23.
[3] Cf. MISSALE ROMANUM ex decreto SS. Concilii Tridentini restitutum summorum pontificum cura recognitum, Editio typica, 1962, Ritus servandus,X, 3.
[4] CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Instr. Redemptionis sacramentum, 25 marzo 2004, n. 71: AAS96 (2004) 571.
[5] MISSALE ROMANUM, ex decreto sacrosanctii Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum, auctoritate Pauli Pp. VI promulgatum, Ioannis Pauli Pp. II cura recognitum, editio typica tertia, diei 20 aprilis 2000, Typis Vaticanis, reimpressio emendata 2008, Ordenación General del Misal Romano, 2. 82. Cf. BENEDICTO XVI, Exhort. Apost. post-sinodal, Sacramentum caritatis, 22 febrero 2007, n. 49: AAS 99 (2007) 143.
[6] Cf. BENEDICTO XVI, Exhort. Apost. Sacramentum caritatis, 22 febrero 2007, n. 49, nota n. 150: AAS 99 (2007) 143.
[7] BENEDICTO XVI, Exhort. Apost. Sacramentum caritatis, 22 febrero 2007, n. 49: AAS 99 (2007) 143.
[8] MISSALE ROMANUM, Ordo Missae, n. 128.
[9] En el Rito romano no está tradicionalmente previsto un canto para la paz porque se prevé un tiempo brevísimo para dar la paz sólo a los más cercanos. El canto de la paz sugiere, por el contrario, un tiempo mucho más amplio para el intercambio de la paz. 
[10] Cf. Ordenación General del Misal Romano, n. 82: «Conviene, sin embargo, que cada uno exprese sobriamente la paz sólo a los que tiene más cerca»; n. 154: «El sacerdote puede dar la paz a los ministros, permaneciendo siempre dentro del presbiterio, para no alterar la celebración. Hágase del mismo modo si, por una causa razonable, desea dar la paz a algunos fieles»; CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Instr. Redemptionis sacramentum, 25 marzo 2004, n. 72: AAS 96 (2004) 572. 
[11] Cf. Mt 5, 9ss.
[12] Cf. Ef 2, 14.

23 de febrero, conmemoración de San Policarpo de Esmirna, obispo y mártir, a 1860 años de su dies natalis. Entrada dedicada a él.


miércoles, 18 de febrero de 2015

Guion: Domingo II de Cuaresma




Para profundizar sobre las características litúrgicas del Tiempo de Cuaresma, consultar aquí.


Ciclo B

Introducción

Hermanos, seguimos transitando el itinerario espiritual de la santa Cuaresma, tiempo de gracia en el que, por el ejercicio de la penitencia, y una práctica más asidua de las obras de caridad y de los actos piadosos, nos esforzamos por restablecer plenamente los vínculos con el Creador, dañados o disueltos por  nuestros pecados.
En este segundo domingo contemplamos el que San Juan Pablo II quiso incluir entre los mysteria lucis (misterios luminosos) con que enriqueció el venerable ejercicio del santo Rosario: "la Transfiguración de nuestro Señor Jesucristo".
Antes de la Pasión, el Redentor quiso anticipar la gloria de su inminente victoria pascual, transfigurándose ante los discípulos más cercanos. Nada de esto debían revelar ellos hasta después de la Resurrección del Señor.
El misterio de la Transfiguración nos habla también a nosotros, creyentes del siglo XXI. Estamos llamados a reanimar nuestro corazón y a reconocer en el Cristo sufriente, Cordero manso y obediente que avanza hacia el sacrificio, al Dios verdadero, al que nadie Le arrebata la vida sino que la ofrece voluntariamente y por amor. Es lo que celebramos en cada Misa.

El Nuevo Misal para Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay posee seis formularios de tropos cuaresmales para el Kyrie, y cuatro formularios de Saludo litúrgico entre los que el sacerdote puede elegir para usar hoy.
No se canta ni dice el himno Gloria a Dios.

 
Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Gén. 22, 1-2. 9-13. 15-18

En Jacob, a quien su padre Abraham no había dudado en sacrificar si era la voluntad de Dios, reconocemos una profecía de Jesucristo, el Hijo que el Eterno Padre entrega por amor al hombre pecador.

Segunda lectura: Rom. 8, 31b-34

En la Persona de Cristo, que es Juez, y a la vez, Justificador de los hombres, se fragua la salvación de la humanidad.

Evangelio: Mc. 9, 2-10

El misterio de la Transfiguración del Señor, cuyo relato vamos a escuchar, ilumine nuestro corazón y acreciente en él el deseo cuaresmal de convertirnos, abandonando todo aquello que nos aleje de Dios.


Oración de los fieles

R. Señor, ilumina nuestra oscuridad.

-Por la Iglesia penitente, para que con el Papa a la cabeza, lleve la luz de Cristo transfigurado allí donde reinan las tinieblas del pecado, y dé siempre fiel testimonio del Señor, como hicieron los santos profetas Moisés y Elías durante su vida terrenal y también desde la vida eterna, en el monte Tabor. R.

-Por los catecúmenos y por los que serán sus padrinos, para que experimenten en sus comunidades, la calidez fraterna de los cristianos. R.

-Por los pobres, que realizan no el ayuno voluntario propio de este tiempo, sino que padecen el impuesto por el flagelo de la desigualdad social, para que encuentren cristianos generosos, dispuestos a ayudarlos. R.

-Por los que lloran la pérdida de sus seres queridos, víctimas fatales de atentados terroristas, para que no se sume a ese dolor, la pesadumbre de una justicia lenta o dependiente de los poderes de turno. R.

-Por los que padecen la muerte repentina, para que no pierdan el beneficio de una penitencia por ellos ardientemente deseada. R. (Cf. "Oración por los penitentes difuntos", del Sacramentario Leoniano).


Ofertorio

Con los dones que llevamos al Altar, presentamos las dificultades que obstaculizan nuestro esfuerzo diario por vivir intensamente la bendita Cuaresma.

Se usa el Prefacio propio* del Domingo II de Cuaresma, que es el mismo para cualquier ciclo: De Transfiguratione Domini.

Puede usarse cualquiera de las dos Plegarias Eucarísticas de Reconciliación, con el Prefacio de más arriba*. En efecto, éstas poseen un Prefacio propio que solamente puede cambiarse por otros relacionados con los misterios de la Pasión del Señor, o de carácter penitencial, como son, por ejemplo, los cuaresmales.


Comunión

Cuerpo y Sangre de Jesús. Recibamos este Pan del peregrino que es fortaleza para los débiles y esperanza para los desalentados.

Se imparte la Bendición solemne propia de este tiempo, o bien, se reza la correspondiente Oración sobre el pueblo, que concluye con la bendición simple. En cualquier caso, siguiendo la práctica de la liturgia romana, el diácono, o en su defecto, el mismo sacerdote, invita a los fieles a disponerse para recibir la Bendición diciendo:

"Inclínense para recibir la bendición".


Despedida

Alimentados con los dones celestiales, llevemos la luz de Jesús a los que están solos, tristes o enfermos.


18 de febrero, Miércoles de Ceniza.




sábado, 14 de febrero de 2015

Guion: Domingo I de Cuaresma





Para profundizar sobre las características litúrgicas del Tiempo de Cuaresma, consultar aquí.

Ciclo B

En este domingo tiene lugar el rito de la inscripción o elección del nombre de los catecúmenos que serán admitidos a los sacramentos de la iniciación cristiana en la Vigilia Pascual.

Introducción

El pasado miércoles, con el significativo rito de la bendición e imposición de la ceniza, hemos comenzado la santa Cuaresma. Hoy, primer domingo de este tiempo penitencial, contemplamos a Jesús, Hijo de Dios y Dios Él mismo, que vence a Satanás, la antigua Serpiente.
El vocablo "Cuaresma" significa "cuarenta días". Este número, en la Biblia, tiene un sentido simbólico. Evoca los cuarenta años que vivió el pueblo de Israel en el desierto, los cuarenta días que pasó Moisés en el monte Sinaí, y los que transcurrieron cuando Goliat, el gigante filisteo, se enfrentó a Israel, hasta que fue derrotado por David. Evoca también los cuarenta días durante los que Elías, fortalecido por el pan cocido en las cenizas, y con agua, caminó hasta el Horeb, el Monte de Dios, y los que empleó Jonás para predicar la penitencia a los habitantes de Nínive.
La Cuaresma cristiana, recogiendo todo este simbolismo, y como remedio saludable para nuestras almas, nos invita a vivir física y espiritualmente la experiencia de Jesús, que pasó cuarenta días y cuarenta noches ayunando en el desierto, y que al final fue tentado por Satanás, al que derrotó e hizo huir "hasta el momento oportuno".
Celebremos en la Misa lo que profesa nuestra fe.


El Nuevo Misal para Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay posee seis formularios de tropos cuaresmales para el Kyrie, y cuatro formularios de Saludo litúrgico entre los que el sacerdote puede elegir para usar hoy.
No se canta ni se dice el himno Gloria a Dios.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Gén. 9, 8-15

Dios misericordioso, siempre dispuesto a perdonar, establece una alianza con el pueblo de Israel y le ofrece su  paternal protección.

Segunda lectura: I. Ped. 3, 18-22

El apóstol Pedro nos explica que el Diluvio de los tiempos pasados, es imagen del bautismo de la Nueva Alianza, pacto de amor entre el Padre Dios y sus hijos.

Evangelio: Mc. 1, 12-15

Jesús, Hijo de Dios, vence al Maligno tentador, y a todos los que acogemos la invitación a la penitencia y a la conversión, nos hace partícipes de su victoria.


Oración de los fieles

R. Que no caigamos en tentación.

-Para que la Iglesia Católica pueda cumplir más efectivamente la misión que le encomendó Jesucristo, su Divino Fundador y Místico Esposo. R.

-Para que todos los creyentes comprendan que la comunión de amor y de fe con el Papa y con los demás pastores de la Iglesia, es garantía de unidad y fidelidad a la verdad. R.

-Para que los catecúmenos encuentren en nuestras comunidades el amor y la fraternidad que caracterizaban a los primeros cristianos. R.

-Para que los que se obstinan en el pecado puedan descubrir el valor y la belleza de una auténtica conversión. R.

-Para que nosotros, con un corazón dócil y humilde, acojamos de Dios en esta Cuaresma, los dones  del arrepentimiento y de la contrición. R.

Se usa el Prefacio propio* del Domingo I de Cuaresma, que es el mismo para cualquier ciclo: De tentatione Domini.


Ofertorio

Junto a los dones eucarísticos, llevamos al Altar nuestros propios pecados, pues solo el Sacrificio del Cordero puede sepultarlos en el océano infinito de la Misericordia Divina.

Puede usarse cualquiera de las dos Plegarias Eucarísticas de Reconciliación, con el Prefacio de más arriba*. En efecto, éstas poseen un Prefacio propio que solamente puede cambiarse por otros relacionados con los misterios de la Pasión del Señor, o de carácter penitencial, como son, por ejemplo, los cuaresmales.


Comunión

"Vela sobre nosotros, Salvador eterno; sé Tú nuestro protector. No permitas que nos sorprenda el Tentador astuto".
Hagamos nuestras estas palabras de la liturgia cuaresmal y las dirijamos a Jesús Eucaristía, que viene a nosotros para fortalecernos en la lucha contra las asechanzas del Enemigo infernal.


Despedida

Dejamos el templo material pero nos comprometemos a seguir edificando el espiritual, del que formamos parte como piedras vivas del Reino de la Pascua definitiva.

Se imparte la Bendición solemne propia de este tiempo, o bien, se reza la correspondiente Oración sobre el pueblo, que concluye con la bendición simple. En cualquier caso, siguiendo la práctica de la liturgia romana, el diácono, o en su defecto, el mismo sacerdote, invita a los fieles a disponerse para recibir la Bendición diciendo:

"Inclínense para recibir la bendición".

14 de febrero, memoria litúrgica de los santos Cirilo, monje,  y Metodio, obispo, copatronos de Europa. Conmemoración de San Valentín, mártir. Entrada dedicada a todos ellos.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Misas de la Virgen XXVIII (Tiempo Ordinario X): "El Inmaculado Corazón de la Virgen María"



Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

El sábado posterior al segundo domingo después de Pentecostés (o, lo que es lo mismo, el sábado que sigue en un día a la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús), la liturgia romana celebra, con formulario propio, la memoria (desde hace unos años es obligatoria, por disposición de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos) del Inmaculado Corazón de la Virgen María. En los Propios de las Iglesias particulares y de los Institutos religiosos se hallan varias misas en memoria del Corazón de la Santísima Virgen, cada una de las cuales conmemora diversos aspectos de este Corazón. El formulario que aquí se propone proviene, en gran parte, del Proprium de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen (cf. Annales Congregationis 52 [1976], pp. 363-365).
La expresión «Corazón de la Virgen» se ha de interpretar en sentido bíblico: designa la persona misma de Santa María Virgen; su «ser» íntimo y único; el centro y la fuente de su vida interior: del entendimiento, de la memoria, de la voluntad y del amor; la actitud indivisa con que amó a Dios y a los hermanos y se entregó intensamente a la obra de salvación del Hijo.
El formulario celebra la Misericordia de Dios, que, habiendo ofrecido a la Iglesia el Corazón de nuestro Señor Jesucristo como testimonio de su caridad, le ha dado también como objeto de contemplación el Corazón de Santa María Virgen, modelo del «nuevo corazón» del hombre de la «Nueva Alianza».
El Corazón de la Santísima Virgen, que, llena de fe y de amor, recibió al Verbo de Dios, es llamado en primer lugar «mansión del Verbo» (cf. Oración colecta), y también «santuario del Espíritu Santo» (Oración colecta, cf. LO 53) por la inhabitación continua en él del Espíritu Divino. Recibe los calificativos de "inmaculado" (Oración colecta), es decir, inmune de la mancha del pecado; "sabio" (Prefacio), porque la Santísima Virgen, comparando las profecías con los hechos, conservaba en él el recuerdo de las palabras y de las cosas relacionadas con el misterio de salvación (cf. Lc 2, 19. 51); "dócil" (Prefacio, cf. IR 3, 9), porque se sometió a los preceptos del Señor (cf. Lc 1, 48); "nuevo" (Prefacio), según la profecía de Ezequiel (cf. Ez 18, 31; 36,26), revestido de la novedad de la gracia merecida por Cristo (cf. Ef 4, 23-24); "humilde" (Prefacio), a imitación del Corazón de Cristo, que nos advierte: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29); "sencillo" (Prefacio), esto es, libre de toda duplicidad e impregnado todo él del Espíritu de la verdad; "limpio" (Prefacio), o sea, capaz de ver a Dios, según la bienaventuranza del Señor (cf. Mt 5, 8); "firme" (Prefacio) en la aceptación de la voluntad de Dios, cuando, según la profecía de Simeón (cf. Lc 2, 35), se desató la persecución contra el Hijo (cf. Mt 2, 13) o cuando llegó el momento de su muerte (cf. Jn 19, 25); "dispuesto" (Prefacio), ya que, mientras Cristo dormía en el sepulcro, a imitación del corazón de la esposa del Cantar de los cantares (cf. Ct 5, 2), estuvo en vela esperando la Resurrección del Señor.

La prolífica adjetivación con que se caracteriza el Corazón de la Madre en este formulario, se hace eco de algunas de las principales virtudes de María, la más perfecta de las criaturas de Dios, la "obra maestra" del Creador.


Introducción

Heramanos: 
Solamente dos Corazones humanos laten en el Cielo. El de Jesús (al que la liturgia nos invitó a honrar ayer), y el de su Santísima Madre, elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial. 
En esta Misa vamos a rendir culto al Inmaculado Corazón de María, sabiendo que siempre, las alabanzas a Nuestra Señora, tienen como fin último la adoración que solo debemos a Dios Trinidad, Creador del universo. Venerar, pues, el Corazón de María, es alabar al Señor y honrar a la misma persona de la Virgen, compendio infinito de virtudes. Esta actitud nos impulsa también a pedir a tan dulce Madre la gracia de imitarla cada día más en su fidelidad a la Palabra de Dios, en su amor incondicional hacia todos, y en su inefable humildad.

Antífona de entrada Si 24, 25

En mí está toda gracia de camino y de verdad, en mí toda esperanza de vida y de fuerza.

De las tres oraciones presidenciales (colecta, de ofrendas y después de la Comunión), solamente la Colecta hace mención explícita del Inmaculado Corazón de María; las otras dos, se refieren de modo general a esta memoria mariana.

Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que hiciste del Inmaculado Corazón de María una mansión para tu Hijo y un santuario del Espíritu Santo, danos un corazón limpio y dócil, para que, sumisos siempre a tus mandatos, te amemos sobre todas las cosas y ayudemos a los hermanos en sus necesidades. Por nuestro Señor Jesucristo.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura

En María, "bendita entre todas las mujeres de la Tierra", gloria y orgullo de las generaciones, se cumple definitivamente la profecía temporal hecha a Judit.

Lectura del libro de Judit 13, 17-20; 15, 9

En aquellos días, todos se quedaron asombrados y, postrándose en adoración a Dios, dijeron a una voz:
-«Bendito eres, Dios nuestro, que has aniquilado hoy a los enemigos de tu pueblo.»
Y Ozías dijo a Judit:
-«Que el Altísimo te bendiga, hija, más que a todas las mujeres de la tierra. Bendito el Señor, creador del cielo y tierra, que enderezó tu golpe contra la cabeza del general enemigo. Los que recuerden esta hazaña de Dios jamás perderán la confianza que tú inspiras. Que el Señor te engrandezca siempre y te dé prosperidad, porque no dudaste en exponer tu vida, ante la humillación de nuestra raza, sino que vengaste nuestra ruina, procediendo con rectitud en presencia de nuestro Dios.»
Todos aclamaron:
-« ¡Así sea, así sea!»
Cuando llegaron a su casa, todos a una voz la felicitaron:
-«Tú eres la gloria de Jerusalén, tú eres el honor de Israel, tú eres el orgullo de nuestra raza.»

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Lc 1, 46-48a. 48b-49. 50-51. 52-53. 54-55 (R.: 49)

Del maternalmente tierno y siempre agradecido Corazón de María , brota este célebre cántico que hacemos nuestro a continuación.

R. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava. R.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo. R.

Y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón. R.

Derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos. R.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. R.


Aleluya

Dichosa eres, Virgen María, que llevaste al Hijo del eterno Padre.

Evangelio

Más que dichosa es María, la cual, porque creyó que se cumpliría lo que le fue anunciado por parte del Arcángel, fue la única hallada digna de llevar en su seno al Hijo del Eterno Padre.

Dichoso el vientre que te llevó

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 27-28.

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las turbas, una mujer de entre el gentío levantó la voz diciendo:
— ¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron! Pero él repuso:
— Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!

Palabra del Señor.


Oración de los fieles

R. En el Corazón de María, depositamos nuestras súplicas

-Que la Iglesia sea la principal defensora de los derechos de Dios y del hombre, en un mundo que, alejándose de los Mandamientos, quiere imponer sus propias reglas de juego. R.

-Que quienes rigen los destinos de los pueblos, lo hagan imitando la humildad de la Virgen. R.

-Que por intercesión de María, Virgo fidelis, aquellos cuyo corazón se ha endurecido, se acerquen a Dios mediante los sacramentos de la Iglesia. R.

-Que los enfermos hallen refugio y consuelo en el regazo de María, probada en el dolor con la espada del anuncio y de la consumación de la Pasión de su Hijo. R.

-Que cada uno de nosotros, despojándonos del hombre viejo, encontremos en el Corazón de María a Cristo, Señor y Salvador. R.


Ofertorio

Así como en el Corazón de María, altar viviente, hemos depositado nuestras súplicas, de la misma manera, en el altar material de este lugar sagrado, colocamos los dones de pan y vino, que serán para nosotros el mismo Cuerpo y Sangre que Cristo tomó de María.


Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, los dones que te presentamos en la memoria de la bienaventurada Virgen María, y concédenos guardar con fidelidad y meditar continuamente, siguiendo su ejemplo, las riquezas de la gracia de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.


Prefacio

El Corazón de la Virgen María, Corazón del hombre de la nueva ley

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

Porque diste a la Virgen María
un corazón sabio y dócil,
dispuesto siempre a agradarte;
un corazón nuevo y humilde,
para grabar en él la ley de la nueva Alianza;
un corazón sencillo y limpio,
que la hizo digna de concebir virginalmente a tu Hijo
y la capacitó para contemplarte eternamente;
un corazón firme y dispuesto
para soportar con fortaleza la espada de dolor
y esperar, llena de fe, la resurrección de su Hijo.

Por eso, unidos a los coros angélicos,
te aclamamos llenos de alegría:

Santo, Santo, Santo.


 Comunión

Desde el primer instante de su existencia, María acogió en su Imaculado Corazón a Aquel que, años después, por obra del Espíritu Divino, se formaría en su seno: nuestro Señor Jesucristo, cuyo Cuerpo y Sangre nos disponemos a recibir.

Antífona de comunión Lc 2, 19

María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.


Oración después de la comunión

Como partícipes de la redención eterna, te rogamos; Señor, que al celebrar la memoria de la Madre de tu Hijo nos gocemos en la abundancia de tu gracia y sintamos el aumento continuo de la salvación. 
Por Jesucristo nuestro Señor.

Despedida

 Al concluir la celebración, recitemos con devoción las conocidas jaculatorias que conocemos de toda la vida:
"Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío; haz mi corazón semejante al tuyo".
"Inmaculado Corazón de María, sé la salvación del alma mía". Amén.

11 de febrero, memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes. Entrada dedicada a ella.
Jornada Mundial del enfermo.