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La verdadera Iglesia de Dios...

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lunes, 24 de abril de 2017

San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia: himnos litúrgicos


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Cada 24 de abril, la Orden de San Agustín celebra la "fiesta" de la Conversión del santo Obispo, acaecida en el año 385. Esta fecha es la de su solemne bautismo, que le fuera administrado en una Vigilia Pascual del año 387, a los treinta y tres años de edad, por san Ambrosio, arzobispo de Milán. 
La festividad anual de san Agustín es el 28 de agosto, tanto en el Calendario universal, que lo celebra como "memoria obligatoria", como en las Órdenes religiosas que siguen su Regla, que lo celebran como "solemnidad". Una de ellas es la de los Siervos de María, (que lo llama "Legislador"), y celebra al santo de Hipona en el mismo día. A continuación, los himnos litúrgicos que a él dedican ambas Órdenes en sendas festividades:


Orden de san Agustín

Para la fiesta de la "Conversión de nuestro padre, san Agustín":

Oficio de Lectura

HIMNO

Llena de gozo exulte aquella madre
al ver que el hijo que engendró a la vida,
por el fervor del llanto y la plegaria,
renació en Cristo.

Gócese el cielo con el sol más claro
que en él jamás brilló con luz más fúlgida;
y en honor de Agustín rompan las almas
en férvida alabanza.

Padre y maestro, que de Dios y el hombre
tanto alcanzaste, míranos piadoso
a los que por vida navegamos
con rumbo a Cristo.

Gloria perenne sea siempre dada
a la Divina Trinidad gloriosa,
que a Agustín, claro imitador de Cristo,
colmó de gloria. Amén.


 
Laudes

HIMNO


¡Hijo de tantas lágrimas, nacido
para dar testimonio del amor!,
muéstranos los caminos deseados
para el retorno fiel del corazón.

Por el llanto de Mónica volviste
de las noches del alma al claro sol;
y para Cristo te engendró de nuevo
la que a la vida un día te engendró.
 

Oh, feliz llanto de la madre santa
que a Agustín para Cristo rescató,
y fecundó aquel alma prodigiosa
que habló de Dios como ninguno habló.

Y al hombre, con la sed del infinito,
con palabra inmortal lo acercó a Dios;
y de la eterna Trinidad Santísima
al Misterio sin fondo se asomó. Amén



Vísperas

HIMNO

Tú que sabes la aflicción
del alma que a Dios olvida
y la angustia de la vida
cuando triunfa la pasión,
vuelve al amor inmortal
tantos amores vencidos,
que alzan tus mismos gemidos
y lloran con llanto igual.

Siempre de la dicha en pos,
siempre inquieta y triste el alma,
viste que el mundo no calma
la sed de un alma sin Dios.

La hiciste, ¡oh, Dios!, para el Cielo,
y tu amor la llama a sí,
viviendo en perpetuo anhelo
hasta descansar en Ti.

Todo en Dios y Dios en ti
viviendo Cristo en tu vida,
amar y amar sin medida
fueron tus ansias aquí.

Y hoy, cual divino blasón
que enciende las ansias nuestras,
ardiendo en amor nos muestras
en alto tu corazón.

Para amarte en la patria del dolor
como te ama en el Cielo el serafín,
danos amarte, Señor,
con el amor de Agustín. Amén. 


Conversión de san Agustín

 O bien:

Cansado el corazón de sus errores
que en el fondo destilan amarguras,
y con una insaciable sed de amores
que calmar no pudieron las criaturas,
busca Agustín en soledad severa
la paz que el alma necesita tanto,
y allí, bajo la sombra de una higuera,
todo el dolor se le convierte en llanto.

«Toma y lee», una voz desconocida
se repite en los ámbitos del huerto, 
y era una voz que devolvió la vida
al pobre corazón que estaba muerto.

Lee el texto del Apóstol, imprevisto:
«No en contiendas pongáis el pensamiento
ni en embriagueces: Revestíos de Cristo
y no deis a la muerte su contento».

Como ahuyenta la luz, cuando amanece,
la sombra de las noches, en el alma
siente Agustín que su ansiedad decrece
y Dios las viejas inquietudes calma.

Dios ha vencido, sí, dulce derrota,
cuando Dios es Quien vence no hay dolencia:
Antes era el dolor de un alma rota
y hoy todo ese dolor se hace cadencia:

«¡Oh, qué tarde te amé, vieja Hermosura,
siempre antigua beldad y siempre nueva!
¡Hoy el alma se sacia de tu hartura
y cada vez de Ti más hambre lleva!».

Al Padre soberano, al Unigénito
y al que procede de Ambos juntamente,
al Dios Uno, la gloria y la alabanza
tributadas le sean eternamente. Amén. 


Para la solemnidad de san Agustín, "nuestro padre y doctor de la Iglesia":


(I Vísperas: como en las Vísperas de los Servitas. Cf. infra).

Oficio de lecturas

¡Intérprete de Dios y de los hombres,
Agustín inmortal! A ti acudimos
los que por este mundo navegamos
como tú navegaste, en encendida
busca de la verdad, y del supremo 
Bien del amor. 
Sé tú la guía y el piloto seguro, 
que nos marca el rumbo y el destino 
hacia la Patria.

Habla de nuevo de la eterna dicha
y del descanso eterno a los que aspiran
remontar los caminos de la vida,
para encontrar por siempre el deseado
reposo de la dicha en el Señor.

Ilumina, Agustín, nuestros caminos
y alienta nuestra fe con tu palabra
germinadora y llena, que nos habla
del gozo de entender y del misterio
luminoso de amar a Dios sin fin.

Bendito sea el Padre, y adorado
sea el Hijo por siempre, y el Espíritu,
porque amorosamente se nos muestran
en el amor y el verbo de Agustín. Amén.

Padre y maestro, fundador glorioso,
verbo de Cristo y de la Madre Iglesia,
doctor y guía de seguridades,
y de las almas luz.

En coro, unidos, te invocamos fieles,
para que enciendas con la fe el amor,
para que a todos tu palabra lleve
la luz del Evangelio.

Monjes y ascetas, vírgenes y santos
de ti supieron el vivir de Cristo,
y los secretos de la Vida eterna
de ti aprendieron.

La Iglesia santa con ardor te aclama
doctor egregio de la caridad,
columna de la fe, sol de la gracia,
prodigio de humildad.

Gloria a Dios Padre, y gloria sea dada
al Hijo, al Unigénito humanado,
y al Espíritu Santo, que por siempre
las almas ilumina. Amén.


II Vísperas

HIMNO


Vuelve a luchar por Cristo,
oh, inmortal triunfador,
y enciende en los que te aman
tu amor de serafín.

¡Oh, luz, brilla en las almas!
¡Oh, amor, salva el amor!
Vive siempre en tus hijos
oh, gran Padre Agustín.

Cual símbolo de tu vida
y enseña de las victorias,
ardiendo en llamas de amores
levantas tu corazón,
como ofreciendo a los cielos
la bandera de tus glorias
y guiando a los que avanzan
por las cumbres de Sión.

Danos ver, sol de los siglos,
el resplandor de tu luz,
y ardan en nuestros amores
tus ansias de amor sin fin.

¡Oh, triunfador, te saludan
los que luchan por la Cruz!
¡Muestra al mundo que en tus hijos
vive el alma de Agustín. Amén. 
 

Orden de los Servitas
Para la fiesta de san Agustín, "Legislador de la Orden":

Oficio de lectura

HIMNO

Padre y maestro, fundador glorioso,
verbo de Cristo y de la Madre
Iglesia, doctor y guía de seguridades,
y de las almas luz.

En coro, unidos, te invocamos fieles,
para que enciendas con la fe el amor,
para que a todos tu palabra lleve
la luz del Evangelio.

Monjes y ascetas, vírgenes y santos,
de ti supieron el vivir de Cristo,
y los secretos de la vida eterna
de ti aprendieron.

La Iglesia santa con ardor te aclama
doctor egregio de la caridad,
columna de la fe, sol de la gracia,
prodigio de humildad.

Gloria a Dios Padre, y gloria sea dada
al Hijo, al Unigénito humanado,
y al Espíritu Santo, que por siempre
las almas ilumina. Amén.


(Laudes: Del Común de Pastores).


Vísperas

HIMNO

Gran Padre san Agustín,
oye nuestro suplicar:
que vivamos siempre unidos
a Dios, cuida con afán,
dirigiendo tu rebaño,
¡oh, Pontífice ejemplar!

Por tu amor a la pobreza
te da el pobre su cantar;
el juez recto te proclama
defensor de la Verdad,
mientras de las Escrituras
nos repartes el panal.

Aclarando cuanto había
en ellas de obscuridad,
del Salvador las palabras
nos das en sabroso pan;
y en bebida saludable
de los salmos el caudal.

Santa Regla tú escribiste
de vida en comunidad:
quienes la aman y la siguen
por camino recto van
y con esta santa guía
a la Patria han de llegar.

Rey de reyes, a Ti vida
y el poder universal:
sea por siempre honor y gloria
a la Santa Trinidad,
que nos haga ciudadanos
de la Patria celestial. Amén.


24 de abril de 2017, para los agustinos, fiesta de la Conversión de san Agustín, obispo y doctor de la Iglesia. Entrada dedicada a él en el día del 1630° aniversario de su bautismo, que le fue administrado por san Ambrosio en la Vigilia Pascual de 387, "Madre de todas las vigilias", como la llamaba el mismo Agustín.
Memoria litúrgica de san Fidel de Sigmaringen, presbítero y mártir.
XII aniversario de la Solemne Inauguración del Ministerio petrino de Su Santidad Benedicto XVI.


 
 




domingo, 23 de abril de 2017

Absolución general sacramental


Sacramento de la Reconciliación



Texto oficial: negro.
Remarcado del blog en el texto oficial: negrita.
Comentarios del blog: azul.

La Congregación para la Doctrina de la Fe, hace más de cuatro décadas, emanó el siguiente Documento sobre este tema tan delicado. El texto cuenta con la aprobación del hoy beato Pontífice Pablo VI. Por su parte, el hoy santo Pontífice Juan Pablo II, en años posteriores, esclareció muchos puntos sobre el particular, en la Exhortación Apostólica Postsinodal Reconciliatio et Paenitentia, del 2 de diciembre de 1984, y más especialemnte en la Carta apostólica en forma de "Motu proprio" Misericordias Dei, del 7 de abril de 2002.

NORMAS PASTORALES SOBRE LA ABSOLUCIÓN GENERAL SACRAMENTAL

Cristo nuestro Señor instituyó el sacramento de la Penitencia para que los fieles pecadores obtuviesen de la Misericordia de Dios el perdón de las ofensas hechas a Él y al mismo tiempo se reconciliaran con la Iglesia (cf. Lumen gentium, 11). Hizo esto al comunicar a los apóstoles y a sus legítimos sucesores la potestad de perdonar y retener los pecados (cf. Jn 20, 22ss).

El Concilio de Trento declaró solemnemente que para la remisión íntegra y perfecta de los pecados se requieren tres actos en el penitente como partes del sacramento: la contrición, la confesión y la satisfacción; declaró asimismo que la absolución dada por el sacerdote es un acto de orden judicial, y que por derecho divino es necesario confesar al sacerdote todos y cada uno de los pecados mortales, y las circunstancias que cambian su especie, que se recuerden después de un diligente examen de conciencia (cf. Ses. XIV, Cánones sobre el sacramento de la Penitencia, 4, 6-9: DS 1704; 1706-1709).

Planteo del problema que motiva el siguiente Documento:

Ahora bien, muchos Ordinarios del lugar están preocupados, por una parte, por la dificultad que encuentran sus fieles para acercarse a la confesión individual debido a la escasez de sacerdotes en algunas regiones, y, por otra, por la propagación de algunas teorías erróneas sobre la doctrina del sacramento de la Penitencia y la práctica abusiva de dar la absolución sacramental simultáneamente a muchos que sólo han confesado sus pecados genéricamente. Por esto, se han dirigido a la Santa Sede pidiendo que, según la verdadera naturaleza del sacramento de la Penitencia, se recuerden al pueblo cristiano las condiciones necesarias para el recto uso de este sacramento y que se den algunas normas al respecto en las actuales circunstancias.

Esta Sagrada Congregación, después de una seria reflexión sobre tales cuestiones, y teniendo en cuenta la instrucción de la Sagrada Penitenciaría Apostólica, del 25 de marzo de 1944, declara cuanto sigue:

I

Se ha de mantener con firmeza y se ha de continuar poniendo fielmente en práctica la doctrina del Concilio de Trento. Por ello, se ha de reprobar la práctica surgida recientemente aquí y allá, según la cual se pretende satisfacer el deber de confesar sacramentalmente los pecados mortales para obtener la absolución mediante la sola confesión genérica, o, como dicen, celebrada comunitariamente. Además del precepto divino declarado en el Concilio de Trento, esto lo exige el mayor bien de las almas, que, según puede comprobarse por experiencia secular, se consigue con la confesión individual rectamente hecha y administrada. La confesión individual e íntegra seguida de la absolución es el único modo ordinario mediante el cual los fieles pueden reconciliarse con Dios y con la Iglesia, a no ser que una imposibilidad física o moral los dispense de tal confesión.

II

Puede suceder, de hecho, que alguna vez, en circunstancias particulares, sea lícito e incluso necesario dar la absolución de modo colectivo a muchos penitentes, sin previa confesión individual.

Puede ocurrir esto sobre todo cuando se presenta peligro inminente de muerte y no hay tiempo para que el sacerdote o sacerdotes, aunque estén presentes, puedan oír en confesión a cada uno de los penitentes. En ese caso, cualquier sacerdote tiene la facultad de dar la absolución de manera general a muchas personas, haciendo antes, si hay tiempo, una brevísima exhortación para que cada uno procure hacer un acto de contrición.

Como puede advertirse, el "peligro de muerte" se menciona en primer lugar y no a secas; se añade el factor "carencia de tiempo", y, eventualmente, la posibilidad de realizar un previo "acto de contrición".

III

Además de los casos de peligro de muerte, es lícito dar la absolución sacramental simultáneamente a muchos fieles que han confesado sólo de modo genérico, pero convenientemente exhortados al arrepentimiento, cuando haya grave necesidad; es decir, cuando, visto el número de penitentes, no hay a disposición suficientes confesores para escuchar convenientemente la confesión de cada uno en un tiempo razonable, y, por consiguiente, los penitentes se verían obligados, sin culpa suya, a quedar privados por largo tiempo de la gracia sacramental o de la sagrada Comunión. Esto puede ocurrir sobre todo en territorios de misión, pero también en otros lugares y entre grupos de personas donde resulte clara una tal necesidad.

A la escasez de sacerdotes para oír las confesiones de un gran número de penitentes, ha de sumarse la eventualidad de que por mucho tiempo estos últimos efectivamente vayan a estar privados de la recepción del sacramento del Perdón.

Sin embargo, esto no es lícito cuando haya confesores a disposición, por el solo motivo de una gran concurrencia de penitentes, como puede ocurrir, por ejemplo, en ocasión de una gran fiesta o peregrinación (cf. Prop. 59 de las condenadas por Inocencio XI el 2-3-1679: DS 2159).

IV

Los Ordinarios del lugar y también los sacerdotes, en lo que a ellos atañe, están obligados en conciencia a procurar que no sea insuficiente el número de confesores por el hecho de que algunos sacerdotes descuiden este noble ministerio (cf. Presbyterorum Ordinis 5. 13; Christus Dominus 30), dedicándose a asuntos temporales o a otros ministerios menos necesarios, sobre todo si éstos pueden ser ejercidos por diáconos o fieles laicos.

V

Queda reservado al Ordinario del lugar, después de haber intercambiado su parecer con otros miembros de la Conferencia Episcopal, juzgar si se dan las condiciones señaladas en el número III y, por tanto, decidir cuándo se puede dar una absolución sacramental colectiva.

Además de los casos determinados por el Ordinario del lugar, si se presenta otra necesidad grave de dar la absolución sacramental simultáneamente a muchos, el sacerdote está obligado a recurrir previamente al Ordinario del lugar, siempre que le sea posible, para poder dar lícitamente la absolución; en caso contrario, deberá informar cuanto antes al mismo Ordinario sobre tal necesidad y sobre la absolución dada. De lo que se deduce que el sacerdote, por sí solo, no está autorizado para decidir sin más sobre el particular. Antes, o en ssu defecto, después, ha de informarle a su obispo.

VI

Por lo que se refiere a los fieles, para que puedan beneficiarse de la absolución sacramental dada colectivamente, se requiere absolutamente que estén bien dispuestos, es decir, que cada uno esté arrepentido de sus pecados, tenga propósito de enmienda, esté decidido a reparar los escándalos o daños eventualmente causados, y a la vez se proponga hacer a su tiempo la confesión de todos y cada uno de los pecados graves que por el momento no ha podido confesar de esa manera. Los sacerdotes deberán instruir diligentemente a los fieles sobre estas disposiciones y condiciones, necesarias para la validez del sacramento. Es decir, no se trata de que la posible absolución general se reduzca a ella misma. Hay condiciones que deben precederla y sucederla para que sea aplicada según las disposiciones de la Iglesia. Respecto de las condiciones que la preceden no se requiere mayor explicación, por el hecho de que son los mismos requeridos para la Confesión con absolución individual. En lo atinente a las condiciones posteriores al acto de la eventual absolución general, hay que destacar que, si bien reconcilia al penitente con Dios, obliga al fiel a realizar, apenas le sea posible, la confesión individual de sus pecados, que es, como se dice más arriba, la única forma ordinaria de obtener el perdón de los pecados graves.

VII

Aquellos a quienes han sido perdonados los pecados con una absolución general han de hacer una confesión individual antes de recibir una nueva absolución general, a no ser que estén impedidos por una causa justa. (Con lo que la Iglesia pretende evitar la sucesión indiscriminada de absoluciones generales, que sería sospechada de ilicitud porque la gravedad de la situación que se requiere para celebrar una, difícilmente se repita en lapsos cortos). De todos modos, están obligados absolutamente a acudir dentro de un año a un confesor, a no ser que estén impedidos por imposibilidad moral. Sigue vigente también para ellos el precepto por el que todo cristiano está obligado a confesar privadamente a un sacerdote, al menos una vez al año, los propios pecados, se entiende los pecados graves, que no haya confesado todavía singularmente (cf. Concilio Lateranense IV, cap. 21, con el Concilio de Trento, Doctrina sobre el Sacramento de la penitencia, cap. 5 Sobre la confesión y can. 7-8: DS 812; 1679-1683 y 1707-1708; cf. también la Prop. 11 de las condenadas por la Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio en el Decr. del 24 de septiembre de 1665: DS 2031). De modo que la práctica de la absolución general no puede convertirse en un acto rutinario porque es absolutamente excepcional.

VIII

Los sacerdotes instruyan a los fieles que no está permitido a quienes tienen conciencia de estar en pecado mortal y tienen a disposición algún confesor eludir intencionalmente o por negligencia el cumplir la obligación de la confesión individual, esperando una ocasión en que se dé a muchos la absolución colectiva (cf. Instrucción de la Sagrada Penitenciaría Apostólica del 25 de marzo de 1944).

IX

Para que los fieles puedan satisfacer fácilmente la obligación de la confesión individual, procúrese que haya en las iglesias confesores disponibles en días y horas determinadas, teniendo en cuenta la comodidad de los fieles. He aquí una exhortación a los sacerdotes con el fin de que no releguen la celebración de las confesiones individuales en favor de otras actividades pastorales, por laudables que estas fueran. La principal obligación de la Iglesia es la santificación y consiguiente salvación de las almas con los medios que Jesucristo ha instituido para ello: los sacramentos.

En los lugares lejanos o de difícil acceso, donde el sacerdote puede ir pocas veces al año, dispónganse las cosas de manera que el sacerdote, en cuanto sea posible, oiga cada vez las confesiones sacramentales de algunos penitentes, dando a los demás penitentes, si se cumplen las condiciones indicadas en el número II, la absolución sacramental colectiva; de tal modo, sin embargo, que todos los fieles, si es posible, puedan hacer la confesión individual al menos una vez al año.

X

Se debe inculcar claramente a los fíeles que las celebraciones litúrgicas y los ritos penitenciales comunitarios son de gran utilidad para prepararse más fructuosamente a la confesión de los pecados y para la enmienda de vida. Téngase cuidado, sin embargo, de que tales celebraciones y ritos no se confundan con la confesión y la absolución sacramental.

Si durante estas celebraciones los penitentes han hecho la confesión individual, cada uno reciba individualmente la absolución del confesor que ha escuchado su confesión. En caso de absolución sacramental dada simultáneamente a muchos, ésta deberá ser siempre impartida según el rito peculiar determinado por la Sagrada Congregación para el Culto Divino. Entre tanto, hasta la promulgación de este nuevo rito, se usará en plural la fórmula de la absolución sacramental actualmente prescrita. La celebración de este rito debe distinguirse claramente de la celebración de la Misa.

XI

Quien sea motivo actual de escándalo para los fieles, si está sinceramente arrepentido y tiene propósito serio de hacer desaparecer el escándalo, puede recibir la absolución sacramental colectiva con los demás; sin embargo, no se acerque a recibir la Sagrada Comunión mientras no haya hecho desaparecer el escándalo, a juicio de un confesor, al que debe acudir antes personalmente. Entiéndase bien la expresión "a juicio del confesor". No quiere decir que el confesor esté "autorizado" para permitir la Comunión a quien se obstine  en el pecado permanente de escándalo, sino que, habiéndole el pecador puesto fin a su pecado, el confesor determinará si el "penitente" debe seguir determinado itinerario penitencial previo a la Comunión eucarística. Ningún sacerdote -ni obispo- tiene autoridad para permitir que comulgue sacramentalmente quien se halle en un estado público, objetivo y permanente de pecado grave que cause escándalo a los fieles. Y si no lo causare, tampoco tienen esa autoridad. Por ejemplo, dos personas que están conviviendo maritalmente sin estar unidas por el sacramento del matrimonio, no pueden ser autorizadas a comulgar por nadie.

En cuanto a la absolución de las censuras reservadas, se han de observar las normas del derecho vigente, computando el tiempo para el recurso a partir de la próxima confesión individual.

XII

Por lo que se refiere a la práctica de la confesión frecuente o de «devoción», (se entiende, con las debidas disposiciones), los sacerdotes no disuadan de ella a los fieles. Antes al contrario, elogien los frutos abundantes que aporta a la vida cristiana (cf. Mystici Corporis: AAS 35 [1943] 235) y muéstrense siempre dispuestos a oír en confesión cuando lo pidan razonablemente los fieles. Se ha de evitar absolutamente el que la confesión individual quede limitada a los pecados graves solamente, lo cual privaría a los fieles del gran fruto de la confesión y perjudicaría la buena fama de los que se acercan individualmente al sacramento. No es que haya obligación de confesar los pecados veniales como si fuera este el único modo ordinario de que sean perdonados, sino que es demasiado espiritualmente beneficioso hacerlo. Un sacerdote que erróneamente expresara que solo atenderá en confesión a los fieles que no estén en gracia de Dios -es decir, que hayan cometido pecados graves- estaría exponiendo imprudentemente ante la comunidad el estado espiritual de esos penitentes.

XIII

Las absoluciones sacramentales dadas colectivamente sin observar las normas precedentes han de considerarse abusos graves. Todos los pastores han de evitar cuidadosamente estos abusos, conscientes de su propia responsabilidad ante el bien de las almas y de la dignidad del sacramento de la Penitencia.

El Sumo Pontífice Pablo VI, en la Audiencia concedida al infrascrito Cardenal Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, el 16 de junio de 1972, aprobó de manera especial estas normas y mandó promulgarlas.


Roma, en la Sede de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, 16 de junio de 1972.


FRANJO Card. SEPER
Prefecto

PAUL PHILIPPE
Secretario


23 de abril de 2017, Domingo de la Divina Misericordia y Octava de Pascua.
Entrada dedicada a Jesús Misericordioso y a santa Faustina Kowalska.


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viernes, 21 de abril de 2017

San Anselmo, obispo y doctor de la Iglesia: himno litúrgico


 


La Orden de San Benito y su rama, la Orden Cisterciense, celebran cada 21 de abril a san Anselmo, obispo y doctor de la Iglesia, con el grado litúrgico de "memoria obligatoria" (es "facultativa" este mismo día en el Calendario universal), y le dedican el siguiente himno para laudes y vísperas:



Laudes y Vísperas

Llena de gozo, venerable doctor,
nuestra asamblea te aclama con himnos de alabanza
porque tú eres nuestra gloria, santo hermano.

Padre santo, al tomar el cargo abacial,
te consagras a la querida grey;
en tus blandas espaldas llevas a los débiles
y exhortas, con tu ejemplo, a los fervorosos.

El rey te ofrece la cátedra prelaticia:
¿Por qué temes la lucha? Se acercan los triunfos.
Generoso en el desierto, con tu luz iluminas
hasta los pueblos lejanos.

Tu fama de pastor llega hasta Roma:
el Sumo Pontífice te aprecia; la fe te reclama;
si los Padres callan, defiende la verdad.

Acuérdate de tu santa grey, y te pedimos,
intercede por ella ante la Trinidad, que todo
el mundo adora con eterna alabanza. Amén.



21 de abril de 2017, viernes de la Octava de Pascua.
908° aniversario de la muerte terrena de san Anselmo, obispo y doctor de la Iglesia. Entrada dedicada a él.

sábado, 15 de abril de 2017

Bendición de objetos que se usan en las celebraciones litúrgicas





Bendicional: en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.
 
El capítulo XXXV del Bendicional, en la sección "bendición de cosas destinadas a la liturgia y devoción", luego de la "bendición del cáliz y la patena" (I), a la que, debido a su importancia, he dedicado aparte otra entrada de este blog, ofrece la siguiente:


II. BENDICIÓN DE OTROS OBJETOS QUE SE USAN EN LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS (vestiduras, manteles y otros)

El indefinido "otros" se entiende como "varios", distintos del cáliz y la patena, que poseen bendición propia, de acuerdo con lo dicho más arriba.


A. RITO DE LA BENDICIÓN DENTRO DE LA MISA

1212. A fin de promover la índole didáctica de la celebración y de acomodar los ritos a la capacidad de los fieles, puede preverse, si se juzga oportuno, el uso de los objetos bendecidos, en la misma celebración de la Misa. Así, las vestiduras que ha de usar el sacerdote en la celebración de la Misa, y los manteles que han de cubrir el altar pueden bendecirse antes de los ritos iniciales, en presencia del pueblo.

1213. De no hacerlo así, después de la lectura de la Palabra de Dios se hace la homilía. En ella el sacerdote explica las lecturas bíblicas y el significado de la celebración.

1214. Terminada la oración universal, los ministros o unos representantes de la comunidad que ofrece los objetos que se van a bendecir, los llevan ante el celebrante. Esta disyunción gramatical deja de manifiesto el hecho de que a todos los miembros de la comunidad atañe este rito. Por eso se dice que es la entera comunidad la que "ofrece los objetos".

1215. El celebrante dispone a los presentes para la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Queridos hermanos: Los objetos que ahora han sido traídos aquí, reciben una bendición especial, para significar con ello que se destinan de modo exclusivo al culto divino. Pidamos al Señor que nos bendiga también a nosotros, y así, él, que es Santo, nos haga también a nosotros santos y dignos de celebrar los sagrados misterios con piedad y devoción.

En esta monición se deja claro que los objetos bendecidos para el culto no deben tener otro uso fuera de dicho culto.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

1216. Luego el celebrante dice: (cuando se trata de objetos varios)

Oremos.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Después el celebrante, con las manos extendidas, prosigue:

Bendito seas, oh, Dios, que por tu Hijo, Mediador del nuevo Testamento, aceptas complacido nuestra alabanza y nos otorgas copiosamente tus dones; te pedimos que nos concedas que estos objetos, dedicados a la celebración del culto divino, y que son signo de nuestra piedad, ayuden a aumentar nuestra devoción. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


1217. O bien, para las vestiduras litúrgicas:

Bendito seas, oh, Dios, que estableciste a tu Hijo único Sumo y Eterno Sacerdote del nuevo Testamento, y escogiste a unos hombres para que fueran administradores de tus misterios; te pedimos que hagas que tus ministros usen con reverencia y dignifiquen con su conducta estas vestiduras, destinadas a las celebraciones sagradas y santificadas por tu bendición. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


B. RITO BREVE

1218. Reunidos los fieles, el celebrante empieza, diciendo:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Todos responden:

Que hizo el cielo y la tierra.

O bien:

El Señor esté con vosotros.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

1219. El celebrante, según las circunstancias, dispone a los presentes para la celebración de la bendición.

1220. Uno de los presentes, o el mismo celebrante, lee algún texto de la Sagrada Escritura:

Rm 12, 1: Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable.

Ga 3, 26-27: Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis revestido de Cristo.

Hch 2, 42: Los discípulos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.

Jn 4, 23: Se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así.

1221. Luego el celebrante dice:

Oremos.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Después el celebrante, con las manos extendidas, prosigue:

Bendito seas, oh, Dios, que por tu Hijo, Mediador del nuevo Testamento, aceptas complacido nuestra alabanza y nos otorgas copiosamente tus dones; te pedimos que nos concedas que estos objetos (o bien, por ejemplo, esta píxide / esta custodia / estos lienzos / estos manteles), dedicados (dedicado) a la celebración del culto divino, y que son (es) signo de nuestra piedad, ayuden (ayude) a aumentar nuestra devoción. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


1222. O bien, para las vestiduras litúrgicas:

Bendito seas, oh, Dios, que estableciste a tu Hijo único Sumo y Eterno Sacerdote del nuevo Testamento, y escogiste a unos hombres para que fueran administradores de tus misterios; te pedimos que hagas que tus ministros usen con reverencia y dignifiquen con su conducta estas vestiduras, destinadas a las celebraciones sagradas y santificadas por tu bendición. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


15-16 de abril de 2017, Santísima Noche de la Vigilia de la Resurrección del Señor.
90° cumpleaños de S.S. Benedicto XVI, Papa Emérito. Entrada dedicada a él.


S.S. Benedicto XVI (Vigilia Pascual 2012)


jueves, 13 de abril de 2017

Declaración sobre la Concelebración eucarística


San Juan Pablo II: Concelebración en El Salvador (1996)


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El 7 de agosto de 1972, la Sagrada Congregación para el Culto Divino hizo pública la Declaración In celebratione, sobre la concelebración eucarística. Comparto con el lector el texto completo, glosado con algunos comentarios:

En la celebración de la Misa «cada uno de los presentes tiene el derecho y el deber de aportar su participación, en modo diverso, según la diversidad de orden y de oficio; de ese modo, por el mismo orden de la celebración, se hará visible la Iglesia constituida en su diversidad de órdenes y de ministerios» (Cf. IGMR, 58. Edición anterior a la vigente actualmente). Los presbíteros, a causa del especial sacramento del Orden, cumplen con su deber propio en la celebración de la Misa cuando, bien individualmente o bien en unión con otros presbíteros, realizan el Sacrificio de Cristo por medio del acto sacramental, lo ofrecen y participan del mismo por la comunión.
Es conveniente, pues, que los sacerdotes celebren o concelebren la Misa, a fin de participar en ella más plenamente y según su modo característico, y no se limiten a comulgar de la forma que lo hacen los laicos. (Esto pone de manifiesto la organización jerárquica de la Iglesia, instituida por Jesucristo, y la participación de sus miembros -jerarquía y laicos- en las acciones litúrgicas, en todo y solo en lo que les compete), Habiéndose presentado muchas peticiones en torno a la recta interpretación de la Ordenación general del Misal Romano, la Sagrada Congregación para el Culto divino declara lo siguiente:

1. Los capitulares y miembros de las comunidades de todo Instituto de perfección, que tienen que celebrar por el bien pastoral de los fieles, pueden también concelebrar en el mismo día la Misa conventual o de «comunidad». En las comunidades ha de ser tenida en gran estima la concelebración eucarística. La concelebración fraternal de los presbíteros pone de manifiesto y fortalece los lazos mutuos y de toda la comunidad, porque en esta celebración del Sacrificio, en la que todos participan consciente y activamente y en la forma característica de cada uno, aparece más clara la acción de toda la comunidad y se consigue la manifestación principal de la Iglesia en la unidad del Sacrificio y del sacerdocio, en una única Acción de gracias en torno a un Altar.

2. Los que concelebran en la Misa principal con motivo de una visita pastoral, o una reunión especial de sacerdotes, por ejemplo, reuniones de pastoral, congresos, peregrinaciones, según el criterio del número 158 de la Ordenación general del Misal Romano, pueden celebrar otra Misa para utilidad de los fieles.

3. Sin embargo, deberán observarse las prescripciones siguientes:

a) Los Obispos y los superiores correspondientes deberán preocuparse diligentemente de que la concelebración en las comunidades y en las reuniones de sacerdotes se realice con dignidad y con verdadera piedad. (Se impone aquí la necesidad de un pleno acatamiento de las normas litúrgicas, pues estamos en presencia del Acto más sagrado que la Iglesia puede realizar). A este fin, y para conseguir más plenamente el bien espiritual, deberá mirarse siempre por la libertad de los concelebrantes y favorecerse la participación interior y exterior mediante un auténtico y completo orden de la celebración, de acuerdo con las normas de la Ordenación general del Misal Romano la ejecución de todas las partes de la Misa, según la naturaleza propia de las mismas, la distinción de los cargos y oficios, cuidando la importancia del canto y del sagrado silencio.

b) A los sacerdotes que celebren por el bien pastoral de los fieles y concelebren otra Misa, no les está permitido bajo ningún concepto percibir estipendio por la Misa concelebrada. (El hacerlo, estaría rozando el pecado de la simonía).

c) Aun cuando la concelebración es una forma excelente de la celebración eucarística que ha de llevarse a cabo en las comunidades, también la misma celebración sin la participación de los fieles (no debe entenderse aquí como que se está ponderando la celebración de la Misa sin la asistencia de fieles, sino que se la está regulando como posibilidad real en orden a un derecho que tiene todo sacerdote) «sigue siendo el centro de toda la Iglesia y como el corazón de la existencia sacerdotal». Por tanto, conviene se respete la libertad que asiste a todo sacerdote de celebrar una Misa privada, y para favorecer esta libertad deben prepararse todas aquellas cosas, en cuanto al tiempo, lugar, ayuda del ministro y todo lo concerniente a la celebración, que hagan fácil esta celebración.

El Sumo Pontífice Pablo VI (hoy beato), con fecha 7 de agosto de 1972, consideró válida, confirmó e hizo de derecho público esta Declaración, preparada después de oír los pareceres de las Sagradas Congregaciones a las que concierne este asunto.


13 de abril de 2017, Jueves Santo In Cena Domini.
Entrada dedicada a Jesús, Sacerdote, Altar y Víctima de la Nueva Alianza.


domingo, 9 de abril de 2017

"Pro multis"


San Juan Pablo II en la elevación de la Preciosísima Sangre


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Tal y como explica la introducción del siguiente texto, en julio de 2005, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos envió un comunicado a los presidentes de las Conferencias Episcopales, para consultarlos acerca de la importante cuestión relativa a una expresión de la consagración en las lenguas vernáculas. Concretamente, y en orden a una traducción más fiel del texto bíblico y del original latino siempre usado por la liturgia romana, para las lenguas vernáculas, se pregunta acerca de la conveniencia del reemplazo de la expresión "por todos" por la expresión pro multis. Tiempo después, recibidas las respuestas, envió el siguiente comunicado, en el que expone las razones en favor de realizar esa importante modificación en las palabras de la consagración del vino en la Santa Misa:


Declaración sobre el 'por todos' y el 'por muchos' de la consagración

A Sus Eminencias/Excelencias, Presidentes de las Conferencias Episcopales Nacionales:

CONGREGATIO DE CULTU DIVINO ET DISCIPLINA SACRAMENTORUM

Prot. n. 467/05/L

Roma, 17 de octubre de 2006

Su Eminencia / Su Excelencia

En julio de 2005 esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, de acuerdo con la Congregación para la Doctrina de la Fe escribió a todos los presidentes de las Conferencias Episcopales para preguntar su estimable opinión sobre la traducción a varias de las lenguas vernáculas de la expresión pro multis en la fórmula de la consagración de la Preciosísima Sangre durante la celebración de la Santa Misa (ref. Prot. n. 467/05/L, del 9 de julio de 2005).

Las respuestas de las Conferencias Episcopales fueron estudiadas por dos Congregaciones y el informe presentado al Santo Padre (Su Santidad Benedicto XVI). Por su directiva, esta Congregación ahora escribe a Su Eminencia /Su Excelencia en los siguientes términos:

1. El texto, correspondiente a las palabras pro multis, entregado por la Iglesia a lo largo del tiempo -que constituye la fórmula que ha sido de uso en el Rito Romano desde los siglos más tempranos- en los últimos 30 años o término cercano ha sido traducido en el sentido interpretativo de “por todos”, “for all”, “per tutti”, o equivalentes.

2. No hay duda, en cualquier caso, sobre la validez de las Misas celebradas con el uso debidamente aprobado de la fórmula que contiene una fórmula equivalente a “por todos”, como la Congregación para la Doctrina de la Fe ha declarado ya. (es decir, se trata de algo novedoso), en algunos textos aprobados en lengua vernácula (aprobación que deja fuera de dudas la licitud del texto hasta que rija plenamente la siguiente prescripción). (cf. Sacra Congregatio pro Doctrina Fidei, Declaratio de sensu tribuendo adprobationi versionum formularum sacramentalium, 25 Ianuari 1974, AAS 66 [1974], 661).

Verdaderamente, la fórmula “por todos” seguramente correspondería a la intención del Señor expresada en el texto. (El uso del verbo en Modo Potencial no quiere hacer dudosa la intención del Señor que se afirma, sino que más bien pretende hacer una fiel referencia al original bíblico). Es dogma de fe que Cristo murió en la Cruz por todos los hombres y mujeres (cf. Juan 11, 52; Corintios 5, 14-15; Tito 2,11; 1 Juan 2,2).

3. Hay, sin embargo, muchos argumentos en favor de una traducción más precisa de la fórmula tradicional pro multis:

  a. Los Evangelios Sinópticos (Mt. 26, 28; Mc. 14, 24) hacen una referencia específica a “muchos” ([la palabra griega transliterada sería polloi]) por los cuales el Señor está ofreciendo el Sacrificio, y estas palabras han sido remarcadas por algunos eruditos bíblicos relacionándolas con las palabras del profeta Isaías (53, 11-12). Sería completamente posible que los Evangelios hubiesen dicho “por todos” (por ejemplo, cf. Lucas 12, 41); pero, la fórmula de la narración de la institución dice ”por muchos”, y estas palabras han sido fielmente traducidas por la mayoría de las versiones bíblicas modernas.

  b. El Rito Romano en latín siempre ha dicho pro multis y nunca pro omnibus en la consagración del Cáliz. (Entiéndase, por metonimia, "del vino contenido en el Cáliz").

  c. Las anáforas de los distintos ritos orientales, sea el griego, el siríaco, el armenio, el eslavo, etc. contienen fórmulas verbales equivalentes al latin “pro multis” en sus respectivos idiomas.

  d. “Por muchos” es una traducción fiel de “pro multis” en tanto que “por todos” es más bien una explicación más adecuada a la catequesis.

  e. La expresión ”por muchos”, mientras permanece abierta a la inclusión de cada uno de los seres humanos, refleja, además el hecho de que esta salvación no es algo mecánico, sin el deseo o la participación voluntaria de cada uno; por el contrario, el creyente es invitado a aceptar por la fe el don que le es ofrecido y a recibir la vida sobrenatural que es dada a los que participan del misterio, viviéndolo en sus vidas de modo tal que sean parte del número de los “muchos” a los que se refiere el texto. Es decir, en ningún caso se pretende poner en tela de juicio que el Señor muriera por todos los hombres, sin excepción. Sin embargo, también es cierto que no todos aceptan la salvación que Él les ofrece; peor aún, hay quienes la rechazan abiertamente.

  f. En concordancia con la Instrucción Liturgiam Authenticam, ha de hacerse un esfuerzo para ser más fieles a los textos latinos de las ediciones típicas.

4. A las Conferencias Episcopales de aquellos países donde la fórmula “por todos” o su equivalente está en vigencia en la actualidad se les solicita que emprendan una catequesis de los fieles sobre esta materia en el próximo año o dos para prepararlos a la introducción de una precisa traducción en lengua vernácula de la fórmula pro multis (por ejemplo, “for many”, “por muchos”, “per molti”, etc.) en la próxima traducción del Misal Romano que los Obispos y la Santa Sede hayan de aprobar para el uso en su país.

Adviértase que la modificación solicitada, a tenor del párrafo precedente en particular, y de todo este texto en general, no se presenta como opcional sino que indudablemente tiene carácter obligatorio y universal luego del plazo máximo de los dos años concedidos en orden a la debida preparación de los fieles.

Con la expresión de mi alta estima y respeto, permanezco, Su Eminencia/Su Excelencia, devotamente suyo en Cristo.

Francis Cardenal Arinze
Prefecto.


9 de abril de 2017, Domingo de Ramos o de la Pasión del Señor.
XXXII Jornada Mundial de la Juventud.
Entrada dedicada a san Juan Pablo II, fundador y patrono de las Jornadas Mundiales de la Juventud.


sábado, 8 de abril de 2017

Ritual de Exequias del Romano Pontífice ("Praenotanda")


Súplica de las Iglesias Orientales en la Misa exequial de Juan Pablo II

El 5 de febrero del año 1998, el Papa Juan Pablo II aprobó este Ordo Exsequiarum Romani Pontificis, que es el nombre oficial del siguiente texto, preparado por la Oficina de Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice. Se trataba de una modificación del rito De funere Summi Pontificis, empleado en 1978 para las exequias del beato Pablo VI y del siervo de Dios Juan Pablo I. El santo Pontífice polaco estaba aprobando -y lo sabía- el ritual que se usaría para él mismo. Esto acaecería poco más de siete años después. Juntamente con el volumen Ordo Exsequiarum Romani Pontificis, se aprobó también el nuevo Ordo Rituum Conclavis. Ambos documentos fueron publicados en el Magno Jubileo del Año 2000.

A continuación, presento a los lectores el primero de ellos, glosado de breves comentarios:

1. En el rito de las exequias, la Iglesia manifiesta su fe en la victoria de Cristo Resucitado sobre el pecado y sobre la muerte. Tal fe se expresa de modo particular en las Exequias del Romano Pontífice, que por motivo del ministerio desempeñado en la Iglesia, ha confirmado en la fe a todos los pastores y los fieles.

Si el rito exequial de cualquier cristiano, afortunadamente despojado del dramatismo que tuvo en tiempos pasados, hoy es un cántico a la esperanza en la Vida verdadera, cuánto más lo serán las Exequias del Romano Pontífice, que ha sido garantía y fundamento de la unidad en la confesión de la misma fe.


2. Al anunciar la muerte del Romano Pontífice, la Iglesia que está en Roma y en varias partes del mundo eleva al Padre, Señor de la vida y de la muerte, una intensa oración de agradecimiento, por el bien que el Pontífice difunto ha desarrollado en favor de la Iglesia y de la humanidad, de sufragio y de súplica, para que él sea acogido por el Señor en la Morada de luz y de paz junto con todos los santos, en espera de que se cumpla la feliz esperanza.

Felizmente lejanos están los tiempos en los que era discutible realizar la afirmación que he remarcado en el párrafo precedente.

3. En las oraciones, se pide a Dios por la Iglesia, privada del Romano Pontífice, para que se entregue con confiado abandono en Cristo, Supremo Pastor, que le ha prometido su perenne presencia y asistencia. Se recuerda también a aquellos que por razones de parentela, de servicio o de colaboración han estado más cercanos al Romano Pontífice difunto. Para todos, esta es una ocasión para reavivar la esperanza de la vida eterna y testimoniar la fe en la futura resurrección con Cristo. He aquí uno de los objetivos de toda liturgia exequial, más aún cuando se trata de la del Sucesor de Pedro, "Dulce Cristo en la Tierra".

4. Al cuerpo del Sumo Pontífice difunto que con los sacramentos de la iniciación cristiana se convirtió en templo del Espíritu Santo y con el sacramento del Orden episcopal estuvo totalmente dedicado al servicio del pueblo de Dios, se le rinde el honor debido, según el uso y la tradición cristiana, pero sobre todo con motivo de la fe en la vida eterna y en la resurrección de la carne. Esto se cumple en algunos momentos significativos: en la cercanía de la muerte, en la exposición de los restos mortales en la Casa Pontificia, en el solemne traslado a la Basílica Vaticana, en la colocación en el féretro, en la Misa exequial con la última recomendación y la despedida, en el traslado al sepulcro y en la inhumación.

Las estaciones

5. El rito de las Exequias al Romano Pontífice prevé tres estaciones: en la casa, en la Basílica Vaticana, en el lugar de la sepultura.

6. Primera estación. Tiene lugar en la casa pontificia y comprende dos momentos: la cercanía de la muerte del Romano Pontífice (agonía) y la exposición de los restos mortales en el lugar preparado.

7. El acercarse la muerte del Romano Pontífice es un momento de oración de carácter eclesial: todos los actos que se desarrollan deben expresar la piedad cristiana. Al acercarse la muerte están presentes el Cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia Romana (que será quien tenga a su cargo la administración de los asuntos temporales de la Sede Apostólica durante el período de Sede Vacante), el Sustituto de la Secretaría de Estado, el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, los Prelados Clérigos, el Secretario Canciller de la Cámara Apostólica, los familiares y el Médico, Director de los Servicios Sanitarios del Estado de la Ciudad del Vaticano.

8. La exposición del cadáver del difunto en el lugar preparado de la casa pontificia ofrece a los fieles de la Iglesia de Roma la oportunidad de un encuentro de oración junto con todos aquellos que desean rendir al difunto Pontífice el homenaje de la piedad cristiana. La visita de los fieles está precedida de una celebración, presidida por el Cardenal Camarlengo. Otros esquemas de oración están propuestos en este ritual en los números 40-61.

9. Segunda estación. Ésta tiene lugar en la Basílica Vaticana y comprende el traslado de los restos del
Sumo Pontífice desde la casa Pontificia a la Basílica Vaticana y la Misa exequial con la última recomendación y la despedida (la preside el Cardenal Decano del Colegio Cardenalicio).

10. En el día y la hora establecidos por la Congregación de los Cardenales los restos del Romano Pontífice son transportados procesionalmente desde la casa pontificia a la Basílica Vaticana. El traslado, presidido por el Cardenal Camarlengo, es abierto por un breve rito de inicio, seguido de la procesión.
A la entrada del féretro en la Basílica Vaticana se cantan las Letanías de los Santos (se trata de una extensión del formulario largo de letanías, que se caracteriza por la invocación de santos de las más diversas categorías, lugares y épocas, con la especial mención de los Pontífices Romanos santos). Colocado el féretro en el lugar establecido por la Congregación de los Cardenales, (que tienen a su cargo la decisiones urgentes de la Iglesia durante la Sede Vacante, aunque no puedan realizar pronunciamientos que modifiquen en nada lo relacionado con la fe), el rito del traslado se concluye con una breve Liturgia de la Palabra o con la celebración de la Eucaristía.

11. Hasta la celebración de la Misa exequial, mientras los fieles se acercan a visitar el cuerpo del Romano Pontífice, se recitan oraciones y se desarrollan celebraciones litúrgicas.

12. Antes de la celebración de la Misa exequial, el cuerpo del Romano Pontífice es colocado en una caja de madera de ciprés. Después tiene lugar el rito de la clausura del féretro, presidido por el Cardenal Camarlengo.

13. En la hora y en el lugar establecido por la Congregación de los Cardenales se celebra la Misa exequial, presidida por el Cardenal Decano o, en caso de su ausencia o legítimo impedimento, del Vicedecano o del cardenal primero por orden y por edad.

14. La última Recomendación y Despedida (que forma parte de la Misa Exequial, hacia el final de esta) está caracterizada por la súplica de la Iglesia de Roma, presidida por el Cardenal Vicario, y de la súplica de las Iglesias Orientales, presidida por un Patriarca oriental. Este rito es abierto y cerrado por el Cardenal Decano.

Se nota que la Iglesia universal rinde los honores debidos a los restos de su difunto Pastor, y encomienda su alma a la misericordia de Dios.

15. Tercera estación. Ésta se desarrolla en el lugar de la sepultura y comprende dos momentos rituales: el traslado del féretro al lugar de la sepultura y la inhumación.

16. Después de la última Recomendación y la Despedida, el féretro con el cuerpo del Romano Pontífice difunto es llevado al lugar de la sepultura.

17. El Cardenal Camarlengo preside el rito de la inhumación confiando otra vez al Sumo Pontífice difunto a la misericordia del Padre de nuestro Señor Jesucristo.
El féretro de madera de ciprés es colocado en una caja de zinc; los dos son colocados en una caja de madera; las cajas, selladas, vienen colocadas en el sepulcro mientras todos los presentes cantan la antífona Salve Regina.

Los novenarios

18. Los novenarios se caracterizan por la celebración de la Eucaristía en sufragio por el Romano Pontífice difunto. Tienen inicio con la Misa exequial y se celebran durante nueve días consecutivos.
Los novenarios, celebrados según las indicaciones de este ritual, se desarrollan de modo que participan las principales comunidades eclesiásticas de Roma, y, a través de la variedad de sus miembros, está representada la imagen de toda la Iglesia. (Por lo general, presiden los señores cardenales de la Urbe y del orbe).

Adaptaciones

19. Corresponde al Maestro de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice cuidar el desarrollo del Rito de la Exequias del Romano Pontífice. Él, con ayuda de los Ceremonieros Pontificios, cuidará la preparación de cuanto sea necesario y aquellas adaptaciones del rito pedidas por las circunstancias. De modo que se ofrece aquí una relativa libertad de innovación solamente si las circunstancias lo exigen.


8 de abril de 2017, en el duodécimo aniversario de la Misa exequial del Papa san Juan Pablo II. Entrada dedicada a él.


Rito de la Recomendación del alma de Juan Pablo II en su Misa Exequial