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La verdadera Iglesia de Dios...

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miércoles, 13 de diciembre de 2017

San Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia: himnos litúrgicos





La Orden de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, celebra la "solemnidad" de "su padre" san Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia, cada 14 de diciembre, fecha en que el Calendario General lo honra con el título de "memoria obligatoria". Estos son los himnos litúrgicos del Propio de la Liturgia de las Horas carmelita:


I Vísperas

I

Un pastorcico, solo, está penado,
ajeno de placer y de contento,
y en su pastora puesto el pensamiento,
y el pecho del amor muy lastimado.

No llora por haberle amor llagado,
que no le pena verse así afligido,
aunque en el corazón está herido,
mas llora por pensar que está olvidado;

que solo de pensar que está olvidado
de su bella pastora, con gran pena
se deja maltratar en tierra ajena,
el pecho del amor muy lastimado.

Y dice el pastorcico: ¡Ay, desdichado
de aquel que de mi amor ha hecho ausencia,
y no quiere gozar la mi presencia,
y el pecho por su amor muy lastimado!

Y a cabo de un gran rato, se ha encumbrado
sobre un árbol, do abrió sus brazos bellos,
y muerto se ha quedado asido dellos,
el pecho del amor muy lastimado.

II

Maestro iluminado, padre nuestro,
Juan de la Cruz, inagotable ansia,
que, entre las azucenas olvidado,
fuiste lección suprema de las almas.

Tú, que,  junto a Teresa, recorriste
los caminos del mundo y sus moradas,
en esta noche oscura de la vida,
con ansias en amores inflamadas.

Tú, que supiste ser ejemplo y norma,
ardiente caridad, fe y esperanza,
y que pusiste en nuestra lengua toda
la deliciosa miel de tu palabra.

¡Oh, toque delicado de tu mano,
oh, búsqueda sutil de tu pisada,
oh, ciencia transcendida de tu verbo,
oh, cauterio suave de tu llaga.

Desde la noche oscura de este mundo
a ti volvemos, padre, la mirada.
Pídele a Dios que no se apague nunca
la antorcha viva de nuestra esperanza. Amén.


Oficio de lectura

I

En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh, dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh, noche que guiaste!
¡Oh, noche más amable, más que la alborada!
¡Oh, noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado. Amén.

II

¡Qué bien sé yo la fonte que mana y corre,
aunque es de noche!

Aquella eterna fonte está escondida,
qué bien sé yo dó tiene su manida,
aunque es de noche.

Su origen no lo sé, pues no lo tiene,
más sé que todo origen della viene,
aunque es de noche.

Sé que no puede ser cosa tan bella,
y que cielos y tierra beben della,
aunque es de noche.

Su claridad nunca es escurecida,
y sé que toda luz de ella es venida,
aunque es de noche.

Aquesta eterna fonte está escondida
en este vivo pan por darnos vida,
aunque es de noche.

Aquí se está llamando a las criaturas,
y de esta agua se hartan, aunque a escuras,
porque es de noche. Amén.


Laudes

¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.

Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

¡Oh, bosques y espesuras
plantadas por la mano del Amado,
oh, prado de verdurade flores esmaltado!,
decid si por vosotros ha pasado.

¡Oh, cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados!

Mi Amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos;
la noche sosegada
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.

Deténte, cierzo muerto;
ven, austro, que recuerdas los amores,
aspira por mi huerto,
y corran tus olores,
y pacerá el Amado entre las flores.

Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura,
al monte y al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura. Amén

 
II Vísperas

I

¡Oh, llama de amor viva,
qué tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!;
pues ya no eres esquiva,

Acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.
¡Oh, cauterio suave!
¡Oh, regalada llaga!
¡Oh, mano blanda! ¡Oh, toque delicado,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!

Matando, muerte en vida la has trocado.
¡Oh, lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su Querido!

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras
y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras! Amén.

II

¿Quién pone en pie la sangre que cedía,
quién anima la llama vacilante?
Juan de Santo Matía,
peregrino de Dios y caminante.
Frente signada por la Eterna Mano,
pie que pisa la tierra y pisa el cielo,
palomar silencioso y soberano,
donde forja novicios el Carmelo.

Por ese corazón se va a la gloria
de la esperanza, al sol de la alegría...
¡Pozo de la memoria
manando un agua pura cada día!

Por soledosos campos de ternura
avanza, en sus amores inflamado;
con cíngulo de cielo a la cintura,
un pecho en el dolor transfigurado.

Juan de la Cruz, tu nombre es la bandera
que convoca a los unos y a los otros.
Desde tu inagotable primavera,
pide a Dios por la Iglesia y por nosotros. Amén.


13 de diciembre de 2017, memoria litúrgica de santa Lucía, virgen y mártir.
Para los carmelitas, I vísperas de la solemnidad de san Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia.
Entrada dedicada a Lucía y a Juan.


Prefacio propio de San Juan de la Cruz



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La Orden de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, celebra la "solemnidad" de "su padre" san Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia, cada 14 de diciembre, fecha en que el Calendario General lo honra con el título de "memoria obligatoria". Este es el Prefacio propio del Misal carmelita:


PREFACIO

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Y proclamar tus alabanzas
en la solemnidad de san Juan de la Cruz, nuestro Padre,
por Jesucristo, tu Hijo amado.

Por Él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas,
dejándolas vestidas de su bondad y hermosura.
Él nos ha dado, Padre,
la plenitud de la revelación y de la gracia,
porque en tu única Palabra
nos lo dijiste todo y nos lo diste todo
en los cielos y la tierra.

Por el misterio pascual de su pasión gloriosa
reconcilió a la humanidad contigo,
le dio con su Espíritu la plenitud de vida,
y levantó hasta el cielo la creación entera.

Y ahora, vive glorioso en el cielo
como Esposo y Cabeza de la Iglesia,
rodeado de todos los santos
que constituyen su eterna corona.

Por eso, unidos a los coros angélicos
te aclamamos llenos de alegría:

Santo, Santo, Santo...

13 de diciembre de 2017, memoria litúrgica de santa Lucía, virgen y mártir.
Para los carmelitas, I vísperas de la solemnidad de san Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia.
Entrada dedicada a Lucía y a Juan.

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martes, 12 de diciembre de 2017

Prefacio propio de la Virgen de Guadalupe


 


En México, cada 12 de diciembre se celebra la "solemnidad" de la Virgen de Guadalupe, patrona de la República. El Continente americano, por una concesión de san Juan Pablo II que se remonta al año 1999, en el mismo día también la honra como patrona, con el grado de "fiesta". Es "memoria facultativa en el Calendaro General (se ha inscripto en él en la enmienda de la editio typica tertia del Misal Romano (2008). Este es el Prefacio propio para todo México:



PREFACIO

La Virgen María, signo del amor materno de Dios.

V. El Señor esté con ustedes. 
R. Y con tu espíritu. 

V. Levantemos el corazón. 
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. 

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. 
R. Es justo y necesario. 

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro. 

Porque en tu inmensa bondad has querido que tu Madre,
bajo el título de Guadalupe,
fuera especial Madre nuestra,
refugio y Señora, presencia viva
en la historia de este pueblo tuyo. 

Ella, mensajera de tu verdad y signo materno de tu amor,
nos brindó compasión, auxilio y defensa,
y hoy nos invita a reconciliarnos
contigo y entre nosotros,
y a proclamar el Evangelio de tu Hijo,
para hacer que florezcan en nuestras tierras
la fraternidad y la paz. 

Por eso, con todos los ángeles y los santos,
te alabamos, proclamando sin cesar: 

Santo, Santo, Santo



12 de diciembre de 2017, memoria litúrgica (en América, fiesta, y en México, solemnidad) de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona y emperatriz de la nación mexicana y del continente americano. Entrada dedicada a ella.


San Juan Diego y la Guadalupana

lunes, 11 de diciembre de 2017

Ritual de la Coronación de una imagen de Santa María Virgen

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S. Juan Pablo II corona la Virgen del Carmen en Cusco (Perú, 1985)


Introducción del «Ritual de coronación de una imagen de santa María Virgen» 1

I.

NATURALEZA Y SIGNIFICADO DEL RITO

1. La santa Madre Iglesia no ha dudado en afirmar repetidamente la legitimidad del culto tributado a las imágenes de Cristo, de su Madre y de los santos, y con frecuencia ha adoctrinado a los fieles sobre el significado de este culto. 2

2. La veneración a las imágenes de santa María Virgen frecuentemente se  manifiesta adornando su cabeza con una corona real. Y, cuando en la imagen la santa Madre de Dios lleva en los brazos a su divino Hijo, se coronan ambas imágenes. Al efectuar el rito, se ciñe primero la corona a la imagen del Hijo y luego a la de la Madre. (Con esto, la liturgia pretende dejar en claro el hecho de que la realeza de la Madre es una participación de la de su Hijo, en la cual halla su fundamento y su razón de ser. En líneas generales, la gloria de los santos, con María a la cabeza, es, en definitiva la del mismo Jesucristo a Quien aquellos reflejan y de Quien son fieles imitadores).

3. La costumbre de representar a santa María Virgen ceñida con corona regia, data ya de los tiempos del Concilio de Éfeso (del año 431), lo mismo en Oriente que en Occidente. Los artistas cristianos pintaron frecuentemente a la gloriosa Madre del Señor sentada en solio real, adornada con regias insignias y rodeada de una corte de ángeles y de santos del cielo. En esas imágenes no pocas veces se representa al Divino Redentor ciñendo a su Madre con una refulgente corona. 3

Origen del rito

4. La costumbre de coronar las imágenes de santa María Virgen fue propagada en Occidente por los fieles, religiosos o laicos, sobre todo desde finales del siglo XVI. Los Romanos Pontífices no sólo secundaron esta forma de piedad popular, sino que, además, «muchas veces, personalmente con sus propias manos, o por medio de Obispos por ellos delegados, coronaron imágenes de la Virgen Madre de Dios ya insignes por la veneración pública.»4 Y, al generalizarse esta costumbre, se fue organizando el rito para la coronación de las imágenes de santa María Virgen, rito que fue incorporado a la liturgia romana en el siglo XIX. 5
Adviértase que el origen del rito tuvo lugar por iniciativa más de los fieles que de sus pastores. Es lo que quiere significar el verbo "secundaron".

5. Con este rito reafirma la Iglesia que santa María Virgen con razón es tenida e invocada como Reina, ya que es:

-Madre del Hijo de Dios y Rey mesiánico: María, en efecto, es Madre de Cristo, el Verbo encarnado, por medio del cual «fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades»; 6

-Madre del Hijo de David, acerca del cual dijo el ángel con palabras proféticas: «Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin»; 7 de ahí que Isabel, llena del Espíritu Santo, saludó a la Santísima Virgen, que llevaba a Cristo en su seno, como «Madre del Señor»; 8

-es colaboradora augusta del Redentor: pues la Santísima Virgen, como nueva Eva, por eterno designio de Dios, tuvo una relevante participación en la obra salvadora con la que Cristo Jesús, nuevo Adán, nos redimió y nos adquirió para Sí, no con oro y plata efímeros, sino a precio de su Sangre, 9 e hizo de nosotros un reino para nuestro Dios; 10

-es perfecta discípula de Cristo: la Virgen de Nazaret, dando su asentimiento al plan divino, avanzando en su peregrinación de fe, escuchando y guardando la Palabra de Dios, manteniéndose fielmente unida a su Hijo hasta la Cruz, perseverando en la oración con la Iglesia, intensificando su amor a Dios, se hizo digna, de modo eminente, de «la corona merecida» 11, «la corona de la vida»,12 «la corona de gloria» 13 prometida a los fieles discípulos de Cristo; y, por ello, «terminado el curso de la vida terrena, fue asunta en alma y cuerpo a la gloria celestial y enaltecida por el Señor como Reina del Universo, para que se asemejara más plenamente a su Hijo, Señor de los que dominan y vencedor del pecado y de la muerte»; 14

-es miembro supereminente de la Iglesia: esclava del Señor, que fue  coronamiento del antiguo Israel y aurora santa del nuevo pueblo de Dios 15 María es «la parte mayor: la parte mejor, la parte principal y más selecta» de la Iglesia; 16 bendita entre las mujeres. por el singular ministerio a ella encomendado para con Cristo y todos los miembros de su Cuerpo místico, como también por la riqueza de virtudes y la plenitud de gracia, María sobresale entre la raza elegida, el sacerdocio real, la nación consagrada, 17 que es la Iglesia; y, por ello, con toda justicia es invocada como Señora de los hombres y de los ángeles y como Reina de todos los santos. Y la gloria de la Santísima Virgen, hija de Adán y hermana de los hombres, no sólo honra al pueblo de Dios, sino que  ennoblece a todo el género humano. 18
6. Al Obispo de la diócesis, juntamente con la comunidad local, corresponde juzgar sobre la oportunidad de coronar una imagen de la Santísima Virgen María. Pero téngase en cuenta que solamente es oportuno coronar aquellas imágenes que, por la gran devoción de los fieles, gocen de cierta popularidad, de tal modo que el lugar donde se veneran haya llegado a ser la sede y como el centro de un genuino culto litúrgico y de activo apostolado cristiano. Con el tiempo conveniente, antes de la celebración del rito, se ha de instruir a los fieles sobre su significado y sobre su carácter exclusivamente religioso, para que puedan participar con fruto en la celebración y sepan entenderla debidamente.

De modo que un sacerdote, sin la autorización del Obispo, no está facultado para decidir la coronación de imágenes ni para llevarla a cabo (Cf. infra, 8). La "popularidad" de la que deben gozar las imágenes por coronar, ha de trascender los meros límites jurisdiccionales de la comunidad que cuenta con la venerada imagen.

7. La diadema o corona que se ponga a una imagen ha de estar confeccionada de materia apta para manifestar la singular dignidad de la Santísima Virgen; sin embargo, evítese la exagerada magnificencia y fastuosidad, así como el deslumbramiento y derroche de piedras preciosas que desdigan de la sobriedad del culto cristiano o puedan ser algo ofensivo a los fieles, por su bajo nivel de vida.

Muy importante es el parágrafo precedente, pues exhorta a una sabia conciliación entre la belleza y la dignidad de la corona, por un lado, y necesaria sobriedad, por el otro. La Virgen merece lo mejor de lo que sus hijos quieran y puedan darle. Sería ofensivo a ella y a los fieles querer honrarla con tal ostentación que los hijos vieran en la Madre el fruto de algo que necesariamente haya significado una privación involuntaria para ellos.

II.
MINISTRO DEL RITO

8. Es conveniente que el rito sea oficiado por el Obispo diocesano; si él no pudiera personalmente, lo encomendará a otro Obispo, o a un presbítero, con preferencia a alguno que haya sido activo colaborador suyo en la cura pastoral de los fieles en cuya iglesia se venera la imagen que va a ser coronada. (Por ejemplo, uno de sus vicarios generales). Si se va a coronar la imagen en nombre del Romano Pontífice, obsérvense las normas que se indiquen en el Breve apostólico. 

III.

ELECCIÓN DEL DÍA Y DE LA ACCIÓN LITÚRGICA

9. El rito de la coronación ha de realizarse en alguna solemnidad (Inmaculada Concepción, Maternidad Divina, Asunción o celebración patronal del Calendario particular) o fiesta de santa María Virgen (Visitación, Natividad o celebración patronal del Calendario particular), o en algún otro día festivo (como en el marco de un Congreso Eucarístico o Mariano, con motivo de una Visita papal o de un Sínodo, etc). Pero no conviene hacerla ni en las grandes solemnidades del Señor (Navidad, Epifanía, Pascua, Pentecostés, Santísima Trinidad, Corpus Christi, Corazón de Jesús, Cristo Rey) ni tampoco en días de carácter penitencial (Como los cuaresmales. En la liturgia actual -a diferencia de antes- no han de entenderse como días estrictamente penitenciales los que corresponden al Tiempo de Adviento, de modo que no sería inoportuno llevar a cabo el rito en este tiempo de gozo y esperanza, el cual, por cierto, está enriquecido con un profundo espíritu mariano. Aparte de la Inmaculada Concepción en su solemnidad, hay otras imágenes que sería oportuno coronar en el Adviento debido a la estrecha relación que guardan con el misterio de la Encarnación del Señor: Nuestra Señora de Guadalupe, Nuestra Señora de la Dulce Espera, la Virgen del Nuevo Adviento, la Virgen Macarena, la de la Anunciación, la de la Visitación, etc).

10. Según las circunstancias, la coronación de la imagen de la Santísima Virgen María puede hacerse dentro de la Misa, en las Vísperas de la Liturgia de las Horas, o en una adecuada celebración de la Palabra de Dios. (De lo que deducimos la necesidad de inscribir el rito en el marco de una celebración litúrgica. Cf. infra, 11).


S. Juan Pablo II corona la Virgen de la Caridad del Cobre (Cuba, 1998)

IV.

COSAS QUE HAY QUE PREPARAR

11. Para el rito de la coronación, además de lo necesario para el acto litúrgico al que se une, se ha de preparar:

-el Ritual de la coronación; (que se halla en el Pontifical Romano).
-el Leccionario Romano; (para la proclamación de las lecturas seleccionadas).
-la corona o coronas (si se coronará también la imagen del Niño en brazos de su Madre), dispuestas en un lugar conveniente;
-el recipiente del agua bendita con su aspersorio;
-el incensario con la naveta del incienso y la cucharilla.

12. Las vestiduras sagradas han de ser de color blanco o festivo (con el adjetivo "festivo" ha de entenderse un ornament que, aunque pueda no estar confeccionado con los colores litúrgicos habituales, se destaque entre los demás por la sobria belleza de su entramado), a no ser que se celebre una Misa que requiera ropa de otro color. Por ejemplo, en el Tiempo de Adviento, el morado, o, si es el tercer domingo, el rosado (cf. núm.9).

Si se celebra Misa, prepárese;

-para el Obispo: alba, estola, casulla, mitra y báculo pastoral;
-para los diáconos: albas, estolas y, si parece oportuno, dalmáticas;
-para el lector y los demás ministros: albas u otras vestiduras legítimamente admitidas.


Notas

1. Introducción del Ordo coronandi imaginem Beata Mariae Virginis, promulgado el 25 de marzo de 1981. Edición latina: Typis Polyglottis Vaticanis 1981; Not 17 (1981), pp. 246-267.
2. Cf. Concilio Niceno II, año 787: Mansi 13,378-379; Concilio Tridentino, Sesión XXV: Mansi 33, 171-172; Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 111; Constitución dogmática Lumen gentium, sobre la Iglesia, núm. 67; PABLO VI, Exhortación apostólica Marialis cultus, de 2 de febrero de 1974; AAS 66 (1974), pp. 113-168.
3. Cf. Pío XII, Encíclica Ad Caeli Reginam, de 11 de octubre de 1954: AAS 46 (1954), pp. 632-633.
4. Ibid: AAS 46 (1954), p. 633.
5. Con el título Ritus servandus in coronatione imaginis Beata Mariae Virginis, se incluyó en el Pontifical Romano el Ordo compuesto en el siglo XVII, que se utilizaba para coronar las imágenes en nombre del Cabildo Vaticano.
6. Col 1, 16.
7. Lc 1, 32-33.
8. Cf. Lc 1, 41-43.
9. Cf. 1Pe 1, 18-19.
10. Cf. Ap 5, 10
11. Cf. 2 Tm 4, 8
12. Cf. St 1, 12; Ap 2, 10.
13. Cf. 1 Pe 5, 4.
14. CONCILIO V ATICANO II, Constitución dogmática Lumen gentium, sobre la Iglesia, núm. 59.
15 Cf. VEN. GERHOH DER REICHERSBERG, De gloria et honore Filii hominis, X, 1: PL, 194, 1105.  
16. PABLO VI, Alocución a los Padres conciliares al final de la tercera sesión del Vaticano II, de 21 de noviembre de 1964: AAS 56 (1964), p. 1014; cf. RUPERTO, In Apocalypsim commentarium, lib. VII, cap. 12: PL 169, 1043.
17. Cf 1Pe 2, 9
18. Cf. PABLO VI, Exhortación apostólica Marialis cultus, de 2 de febrero de 1974: AAS 66 (1974), pp. 162-163.



8 de diciembre de 2016, solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. Entrada dedicada a ella.
(Última actualización de la entrada: 11/12/17).


 


Guion: Domingo III de Adviento ("Gaudete")


S.S. Francisco (con ornamentos del color litúrgico de hoy)


Para profundizar sobre las características del Tiempo de Adviento hacer clic aquí

Este Domingo posee características peculiares que conviene consultar haciendo clic aquí.


Ciclo B

Introducción

"El Adviento es un período litúrgico que pone de relieve la espera, la esperanza y la preparación para la visita del Señor. Con un trasfondo de serena alegría, la liturgia de hoy, que nos propone la figura y la predicación de Juan Bautista, nos invita a este compromiso". (San Juan Pablo II, homilía, 12/12/99).

En efecto, "la Madre Iglesia, mientras nos acompaña hacia la santa Navidad, nos ayuda a redescubrir el sentido y el gusto de la alegría cristiana, tan distinta de la del mundo". (S.S. Benedicto XVI, 13/12/09).

Acojamos decididamente tal invitación, mientras nos acercamos con santa ansiedad a una nueva Navidad en nuestras vidas.

Luego del saludo inicial, y, si se cree conveniente, en lugar del Acto penitencial, puede realizarse el rito de la Corona de Adviento. En otra entrada de este blog, se ofrece un modelo de oración para el encendido de cada cirio. Hacer clic aquí.  

Se omite el himno Gloria in excelsis.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Is. 61, 1-2a. 6-11

El profeta Isaías, una de las figuras centrales del santo Adviento, nos anuncia la Venida y la misión del Mesías prometido, Hijo de Dios y de la Familia humana.

En lugar del salmo habitual, la liturgia, de acuerdo con la temática propia de este Domingo III de Adviento, nos propone una parte del venerable Cántico mariano del Magníficat, alegre himno a la grandeza y al amor de Dios.

Segunda lectura: I Tes. 5, 16-24

La Navidad está próxima. Es razón suficiente, aunque no la única, para que resuene muy actual en nuestra asamblea la invitación que hace el Apóstol a la alegría .

Evangelio: Jn. 1, 6-8. 19-28

"Preparad el camino del Señor" (Jn 1, 23). ¡Acojamos esta invitación del evangelista! La proximidad de la Navidad nos estimula a una espera más vigilante del Señor que viene, al tiempo que la liturgia de hoy nos presenta a Juan el Bautista como ejemplo a imitar. (San Juan Pablo II, homilía, 15/12/02).


Oración de los fieles

R. Ven, Señor, y cólmanos de santa alegría

-Para que las iglesias particulares, que en cada rincón del mundo hacen presente a la única Iglesia de Dios, Santa y Católica, revitalicen su misión evangelizadora. R.

-Para que en estos días tan especiales, las esperanzadoras palabras del Santo Padre lleguen al corazón de todos los hombres de buena voluntad. R.

-Para que la gracia del bendito Adviento cure nuestras heridas del cuerpo y del alma. R.

-Para que no queden al margen del genuino espíritu navideño las personas que pasan estos días en orfanatos, cárceles, hospitales o geriátricos. R.

-Para que la cercanía de la Navidad nos interpele como comunidad a buscar y a suscitar en nuestros ambientes la auténtica alegría, que es fruto del Espíritu Santo. R.

-Para que por el Misterio del Nacimiento terrenal de Cristo, las Almas del Purgatorio se vean liberadas de las ataduras que aún les impiden el encuentro definitivo con el Señor. R.

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Dios, Padre de los humildes y de los pobres, que llamas a todos los hombres a compartir la paz y la gloria de tu Reino, muéstranos tu benevolencia y danos un corazón puro y generoso, para preparar el camino al Salvador que viene. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".



Ofertorio

Imbuidos de la alegría cristiana que brota espontánea de la esperanza de este tiempo, participemos de los ritos del ofertorio, que comienzan con la presentación del pan y el vino.

Se emplea el Prefacio de Adviento I o II (o V, que algunas Conferencias Episcopales han incorporado a sus Misales, con autorización de la Santa Sede). Cuando este domingo coincida con el 17 de diciembre, se emplea el Prefacio III o el IV).


Comunión

Eucaristía, Pan de unidad, Vino de esperanza. Fuente y prenda de la verdadera felicidad. Recibamos, pues, el máximo Don que Dios nos ofrece por el ministerio de la Iglesia: el Don de Sí mismo.


Conviene que el sacerdote emplee la Bendición solemne de Adviento.


Despedida

Al concluir la Santa Misa, "dirijamos la mirada a María, ´Causa´ de nuestra verdadera y profunda alegría, para que nos obtenga a cada uno el gozo que viene de Dios y que nadie podrá quitarnos jamás". (San Juan Pablo II, homilía, 15/12/02).

O bien:

Recordémoslo, hermanos:
"En este camino hacia la Noche santa, nos acompaña María, que conserva el secreto de la alegría. Su Corazón Inmaculado rebosa de gozosa espera por la Venida de Dios y por el cumplimiento de sus promesas". (San Juan Pablo II, Ángelus, 12/12/99).


11 de diciembre de 2017, memoria litúrgica de san Dámaso, Papa. Entrada dedicada a él.


viernes, 8 de diciembre de 2017

El concepto litúrgico de "celebración externa de las fiestas"


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S.S. Benedicto XVI, Papa Emérito

Las "Normas universales del Año litúrgico y del Calendario" (N.U.A.L.C), son aquellas que rigen los principios por los cuales se distribuyen, de acuerdo con una jerarquía establecida, las diferentes celebraciones establecidas por la Madre Iglesia en el curso del período que comienza el Domingo I de Adviento y que concluye el sábado que antecede a ese mismo domingo en el siguiente año civil. Ese período se llama justamente "Año litúrgico".

Íntimamente relacionado con el rango de importancia de esas celebraciones en el Calendario, y ligado, por lo tanto, a la "Tabla de precedencias" que da cuenta de ellas (N.U.A.L.C, 59), se encuentra el concepto litúrgico de "celebración externa de las fiestas" (N.U.A.L.C, 58). Según él, las festividades que caen "entre semana" (es decir, entre los días lunes y sábado, pueden trasladarse al domingo precedente o siguiente, si ellas no son de precepto y si tienen prioridad ante tal domingo en la mentada "Tabla de precedencias". Concretamente, esto es posible cuando se trata de domingos del Tiempo Ordinario ante los cuales tienen prioridad todas las solemnidades (es decir, las del Señor, de la Santísima Virgen y de los santos), y las fiestas del Señor únicamente. En los domingos del Tiempo de Navidad, por su parte, se han fijado las fiestas de la Sagrada Familia (el que sigue a la misma Navidad, salvo que aquella fiesta sea de precepto o que la Navidad ocurra en domingo, en cuyo caso a la Sagrada Familia se le asigna como día fijo el 30 de diciembre -Cf. Infra, 1, para profundizar- ); y la fiesta del Bautismo del Señor, el domingo que sigue al 6 de enero, (salvo que la Epifanía del Señor se haya trasladado a este domingo, en cuyo caso el Bautismo del Señor se celebra el día siguiente), que concluye dicho Tiempo navideño.

Las N.U.A.L.C. se refieren específicamente a la razón que debe impulsar el uso de esta concesión que, por ser tal, no obliga sino que solamente faculta a los interesados: que las celebraciones se trasladen si "tienen mucha aceptación en la piedad de los fieles". Adviértase el carácter de generalidad del plural gramatical "los fieles": no es suficiente con que sean unos pocos, como tampoco lo es que solo el sacerdote sienta una particular devoción por la festividad en cuestión.

Cómo proceder cuando se realiza el traslado

La Misa matutina celebrada el sábado será la que corresponda según el Calendario litúrgico del año en curso. La Misa vespertina será, en los pocos casos en los que la haya, la de la de la Vigilia de la festividad trasladada. Si no, la Misa propia de la festividad.
Las Misas dominicales serán todas las de la festividad trasladada.

Pongamos dos ejemplos:

1- Allí donde la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo (29/6) no fuere de precepto, si cayese en miércoles, podría trasladarse al domingo precedente o al siguiente. Estos son los cambios que produciría tal modificación del Calendario:

En el domingo precedente:

Sábado 25/06: Misa matutina de la feria correspondiente del Tiempo Ordinario. Misa vespertina de la Vigilia de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo.
Domingo 26/06: Misas de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo.

En el domingo siguiente:

Sábado 02/07: Misa matutina de la feria correspondiente del Tiempo Ordinario. Misa vespertina de la Vigilia de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo.
Domingo 03/07: Misas de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo.


2- Allí donde la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz (14/09) no fuere de precepto, si cayera en viernes, podría trasladarse al domingo precedente o al siguiente. Estos son los cambios que produciría tal modificación del Calendario:

En el domingo precedente:

Sábado 08/09: Misa matutina de la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen. Misa vespertina de la Exaltación de la Santa Cruz (pues carece de Vigilia).
Domingo 09/09: Misas de la Exaltación de la Santa Cruz.

En el domingo siguiente:

Sábado 15/09: Misa matutina de la memoria de Nuestra Señora de los Dolores. Misa vespertina de la Exaltación de la Santa Cruz.
Domingo 16/09: Misas de la Exaltación de la Santa Cruz.

Aclaración (*)
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Cuando las trasladadas al domingo son las fiestas del Señor (Presentación en el TemploTransfiguración, Exaltación de la Cruz, Dedicación de la Basílica de Letrán), hay que tener en cuenta que, (al igual que lo que ocurre cuando ellas caen en domingo) deben proclamarse las dos lecturas propuestas como alternativas para antes del Evangelio; debe decirse la homilía y cantarse o recitarse el Credo. También debe realizarse la Oración de los fieles. Por otro lado, en la Liturgia de las Horas, se recitan las primeras vísperas en la tarde del sábado. Todo esto no rige para cuando dichas fiestas se celebran en los días "entre semana".

Una curiosidad interesante... (1)

Hay una sola fiesta del Señor que se celebra en domingo y alguna vez excepcionalmente se traslada al viernes inmediatamente precedente. Se trata de la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José en el caso particular de cuando la solemnidad de la Natividad del Señor cae en domingo. En efecto, según las N.U.A.L.C, dicha fiesta se celebra comúnmente el domingo que sigue a la Navidad. Ahora bien, cuando esta última ocurre en domingo, el domingo siguiente es la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, por lo que a la fiesta de la Sagrada Familia se le asigna como día fijo el 30 de diciembre. Lo mismo sucede allí donde esta sea de precepto. Los cambios litúrgicos que este traslado produce son los inversos a los mencionados más arriba (*): se proclama una sola lectura antes del Evangelio; puede no haber homilía ni Oración de los fieles; y se omite el Credo, todo lo cual se prescribe como obligatorio solamente para todos los domingos del año y para las solemnidades.



8 de diciembre de 2017, solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. Entrada dedicada a ella.


 

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Bendición del óleo de san Nicolás




En la ciudad de Bari, Italia, se veneran los restos mortales del obispo san Nicolás, fallecido en 345 o 352. En la urna que contenía estos restos, rescatada del lugar original en que se conservaba (Myra, su ciudad natal), debido al asedio de los turcos (aproximadamente en 1087), y llevada a la ciudad de Bari, junto a los huesos del santo, se encontró una sustancia oleosa de carácter milagroso. Es por eso que, hasta el día de hoy se sigue recogiendo y distribuyendo ese óleo (llamado "maná de san Nicolás"), a fin de que sea llevado a los enfermos a modo de sacramental que les confiera fortaleza espiritual e incluso, curación física, si es la Voluntad divina. Este aceite se empieza a recolectar a partir del 9 de mayo.

Comparto con ustedes la oración empleada para la administración de dicho óleo a las personas enfermas:


Oración

"Dios todopoderoso y eterno, en tu infinita misericordia has ofrecido, por medio de Jesucristo, signos maravillosos de tu bondad para sostener nuestra fe y aliviar nuestra enfermedad.
Tú has realizado y continúas realizando cada día numerosos milagros, junto a la tumba de tu siervo Nicolás, de la que brota el óleo, como signo de tu bondad y de tu paterna asistencia.
Nosotros damos gracias por estos extraordinarios favores, y ahora te pedimos que aumentes nuestra fe y recibas nuestra súplica, por estos hijos tuyos 
que te imploran la gracia de ser liberados de su enfermedad.
Concédenos, por los grandes méritos y la poderosa intercesión de san Nicolás, cuanto nosotros, pobres y pecadores, no nos atrevemos a esperar. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


6 de diciembre de 2017, memoria litúrgica de san Nicolás, obispo. Entrada dedicada a él.