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lunes, 18 de mayo de 2015

Santa Misa de Confirmaciones (guion y normas litúrgicas)



La "celebración de la Confirmación dentro de la Misa" es una de las alternativas -la preferible- propuesta por el Ritual Romano de los sacramentos. La otra es la celebracion fuera de la Misa.
A continuación, se ofrece un modelo de guion para la primera alternativa, es decir para la Santa Misa en la cual tiene lugar el Rito de la Confirmación. (Puede adaptarse fácilmente para la segunda). 

Las citas están tomadas del Ritual Romano de los Sacramentos de la Conferencia Episcopal Argentina, en su segunda edición de 1987 (en adelante, R), de la segunda edición del Pontifical Romano (en adelante, P) de la misma Conferencia (2005), de la Ordenación de las Lecturas de la Misa (en adelante, OLM) y del Ceremonial de los Obispos, edición 1985, (en adelante, CO).
Los citados textos, como así también la correspondiente rúbrica del Misal Romano, especifican que la Misa ritual, es decir aquella en la que los textos bíblicos y eucológicos, todos, o en su mayoría, le son propios, está permitida siempre que no se trate de un domingo de los tiempos extraordinarios de Adviento, Cuaresma y Pascua, de solemnidades, de la Conmemoración de los Fieles Difuntos, del Miércoles de Ceniza, de las ferias de Semana Santa y de los días de la Octava de Pascua; en estos casos, todos los textos han de ser los propios de la liturgia del día.*
Cuando se celebra la Misa ritual, el Obispo (o su delegado) debe usar ornamentos rojos o blancos. En los demás casos, los prescriptos por la liturgia para el día elegido.
La celebración eucarística puede comenzar con la procesión de entrada típica de los ritos iniciales de la Misa solemne, con las siguientes particularidades: (Cf. R, 20).
-Los confirmandos,  de a pares, pueden preceder a los ministros.
-Detrás del Evangeliario y antes de los ministros y del Obispo, un acólito porta el Santo Crisma en una bandeja, y lo coloca en una mesa debidamente preparada para ello, cerca del Altar
Si no se usan las moniciones propias del Ritual, pueden leerse las siguientes palabras introductorias u otras semejantes:


Ritos iniciales

Introducción

Veni, Sancte Spiritus! ¡Ven, Espíritu Santo!

A lo largo de los siglos, en la comunión de la Madre Iglesia y también fuera de ella, los cristianos de las diferentes generaciones han repetido incansablemente, como una interminable letanía, esta súplica antigua y a la vez siempre nueva.
Es que los creyentes saben que es el Espíritu Santo Paráclito que el mismo Señor prometió a los apóstoles el que santifica la nueva creación inaugurada con la Resurrección de Cristo; el que vivifica, guía y sostiene la labor de la Iglesia; y el que congrega en la unidad del amor y de la fe a los pueblos más diversos.
Este misterio, al que llamamos "Pentecostés" (y que celebramos en este mismo día como broche de oro del Tiempo pascual), es el que vamos a vivir de un modo concreto en el aquí y el ahora de esta celebración. En efecto, algunos hermanos nuestros recibirán hoy el santo sacramento de la Confirmación, por el cual el Espíritu de la Verdad los sellará con el signo indeleble de la pertenencia al Señor, reafirmará su fe y los fortalecerá para ser fieles testigos de Jesús en el mundo de hoy.
Don por excelencia de Jesús Resucitado, (en este Tiempo de Pascua), el Espíritu "que procede del Padre y del Hijo" (Patre Filioque procedit) -como nos enseña la Iglesia- gracias al efecto maravilloso de la liturgia, hoy descenderá también sobre cada uno de nosotros, reunidos en asamblea fraterna.
Con actitud orante y agradecida, participemos de esta celebración, presidida por el (o "nuestro", si es el caso) Obispo N, sucesor de los apóstoles (o bien, "por el delegado del Obispo").

De ahora en más, cada vez que se hable del "Obispo", ha de entenderse que se trata de él mismo o de su delegado.
Luego de la Señal de la Cruz, el Obispo pronuncia el saludo litúrgico inicial y dirige el Acto penitencial.
Si las normas litúrgicas así lo establecen, el coro canta (o en su defecto, se recita) el himno Gloria in excelsis.
Luego el Obispo reza la oración Colecta de la Misa ritual o la propia del día, si se trata de las celebraciones mencionadas  más arriba.*



Si se trata de las mentadas celebraciones*, las lecturas son propias de esos días y no deben cambiarse. Si se celebra la Misa ritual, las lecturas pueden tomarse del leccionario, total o parcialmente (Cf. P, 20; CO, 459), o pueden tomarse de las del día en curso (Cf. R, 21). Si se trata de una feria que posea una sola lectura antes del Evangelio, puede añadirse la segunda, tomándola de la Misa ritual (Cf. CO, 459). En algunos casos específicos en que está prohibida la Misa ritual, y hay dos lecturas antes del Evangelio, la segunda puede reemplazarse por la del leccionario del Ritual (Cf. OLM, 88). Adviértase que, según la antigua tradición de la Iglesia, si la celebración tiene lugar en el Tiempo pascual, las lecturas que preceden al Evangelio, son del Nuevo Testamento. El Salmo puede ser libremente elegido por el Obispo o, con la aprobación de este, por quien prepare la liturgia de la celebración (Cf. OLM, 89).

La siguiente es una monición general que puede utilizarse para cualquiera de los formularios de lecturas sugeridos por el leccionario para la Misa ritual:

El Espíritu Santo, Divino Inspirador de las Sagradas Escrituras, siempre, pero más aun en el contexto de una celebración litúrgica, predispone nuestro corazón para acoger la Palabra de Dios con una actitud dócil y reverente, y alienta en nosotros el deseo de vivirla intensamente en nuestra cotidianidad.

Si las Confirmaciones tienen lugar en la Vigilia o en la solemnidad de Pentecostés, recuérdese que el canto o la recitación de la Secuencia Veni, Sancte Spiritus es de carácter obligatorio, y que precede a la proclamación del Evangelio. Mientras se canta o se recita dicha Secuencia, en la liturgia actual, el clero y los fieles permanecen sentados.

El canto del Aleluya sigue a la segunda lectura (o a la Secuencia, si la hubo), siempre que no se trate del Tiempo penitencial de la Cuaresma.

Luego de la proclamación del Evangelio, tiene lugar el Rito de la Presentación de los confirmandos al Obispo por parte del párroco, del diácono o de un catequista. Si no son muchos, pueden ser llamados por su nombre. (Cf. R, 22; P, 21).

El rito puede introducirse con las palabras del ritual, con las siguientes o con otras semejantes:

Ahora, los confirmandos son presentados  al Obispo, quien en nombre de Dios y de la Iglesia, los admitirá como candidatos idóneos para la recepción del sacramento de la Confirmación.

Acto seguido, el Obispo pronuncia la homilía.


Liturgia del Sacramento 

Si el guía no usa las palabras propuestas por el ritual, puede recurrir a las siguientes, o a otras semejantes:

Renovación de las Promesas bautismales: se opta por cualquiera de las tres fórmulas propuestas por el Ritual (Cf. 24; P, 23), siendo la tercera la más propia de esta liturgia sacramental.

En este momento, los confirmandos, de pie, renovarán las promesas del santo bautismo, renunciando a todo lo que se opone a su condición de cristianos y haciendo pública confesión de la fe apostólica.


Imposición de las manos: El Obispo impone las manos uno por uno a los confirmandos, a no ser que sean numerosos, en cuyo caso realiza una imposición general (Cf. R, 25; P, 25).

Ahora el Obispo impondrá las manos a los confirmandos, repitiendo el antiquísimo gesto, de origen bíblico, con el que los mismos  apóstoles transmitían el Don del Espíritu Santo.


Crismación (R, 27; P, 27): Si los confirmandos son numerosos, el Obispo puede solicitar a los presbíteros que lo ayuden en la crismación (Cf. R, 29). Durante este rito, el coro puede entonar un cántico adecuado aunque el Ritual dice que es preferible el silencio (Cf. 30).

Ha llegado el momento culminante de la liturgia del sacramento. Los confirmandos serán ungidos con el más noble de los óleos, el Santo Crisma (bendecido por el Obispo en la Misa Crismal). Se trata de aceite mezclado con perfume, signo elocuente de la efusión del Espíritu Santo. Él sellará de manera indeleble a estos cristianos, confiriéndoles sus siete Dones sagrados, para que sean de ahora en más, verdaderos testigos de Cristo, y estén dispuestos a vivir y hasta a sufrir y morir por Él.

Concluida la Liturgia del sacramento, la Misa sigue como de costumbre, con la Oración de los fieles, introducida por el Obispo. Puede usarse cualquiera de los formularios del Ritual (Cf. 31), u otro adecuado, como el que sigue. Hágase siempre mención explícita o implícita del día o tiempo litúrgico. El Símbolo de la fe se omite pues se ha realizado la Renovación de los promesas bautismales.


Oración de los fieles

R. Danos tu Espíritu, Señor.

-Para que como Espíritu de la unidad, aleje de la Iglesia la discordia, la maledicencia y la hipocresía, y nos reúna a todos en la Barca de Pedro, que es la del mismo Jesucristo, de Quien el Papa  es Vicario. R.

-Para que como Espíritu de la comunión, robustezca los lazos de fraternidad entre los obispos, legítimos sucesores de los apóstoles, e inspire sentimientos filiales hacia ellos, de parte de aquellos que les han sido confiados. R.

-Para que como Espíritu de la auténtica belleza, inspire los corazones de los artistas, a fin de que sus obras reflejen destellos de la gloria de la Trinidad. R.

-Para que como Espíritu de la verdad, ilumine la mente y el corazón de los hombres de ciencia, a los efectos de que el respeto por la dignidad de todo hombre sea su principal aspiración. R.

-Para que como Espíritu de la paz, ablande los corazones de los responsables de cualquier tipo de enfrentamiento, haga cesar la violencia, y suscite sentimientos de concordia y hermandad entre todos los hombres. R.

-Para que como Espíritu del gozo y la salud, alegre a los afligidos, alivie a los enfermos, y sea fiel compañía de los que están solos. R.

-Para que como Espíritu del amor, conceda el don de la perseverancia a los confirmados, y el de la fidelidad a los compromisos asumidos, a sus padres y padrinos. R.

El Obispo concluye la Oración de los fieles.


Liturgia de la Eucaristía

Ofertorio

El mismo Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos es el que hace de nosotros, en este momento del ofertorio más que nunca, una comunidad oferente, y el que convertirá este pan y este vino que vamos a presentar, en el Cuerpo y la Sangre del mismo Salvador.

Los confirmados pueden acompañar a los que presentan las ofrendas (Cf. R, 32 b; P, 31 b), o presentarlas ellos mismos (Cf. CO, 470).

El Obispo pronuncia la Oración sobre las ofrendas de la Misa ritual o de la del día, si se trata de los casos en que no pueden cambiarse los textos (Cf. supra*). Puede, además, si la Misa no lo tiene propio, optar por cualquiera de los Prefacios de Confirmación, o de los del Espíritu Santo que figuran en el Misal.

Puede usarse cualquiera de las cuatro Plegarias Eucarísticas principales del Misal (la cuarta solamente en la Misa ritual, y, siempre con su propio Prefacio). Todas tienen una parte propia alusiva a la recepción del sacramento de la Confirmación.


Rito de Comunión

Luego del canto o la recitación del Padrenuestro, del rito de la paz, y del Agnus Dei que acompaña a la Fracción del Pan Consagrado, comienza la distribución de la Comunión, que a los confirmados adultos, a sus padrinos, padres, cónyuges y catequistas, conviene dar bajo las dos especies (Cf. R, 33; P, 32).


Comunión

Ungidos por el Espíritu Santo, recibiremos ahora la Carne y la Sangre de Jesús que el mismo Espíritu formó en el seno de María, y que hizo presente para nosotros, bajo las apariencias del Pan y del Vino consagrados.

Durante la Comunión el coro entona algún canto eucarístico.

Terminada la distribución de la Comunión, y hecha la acción de gracias en silencio, o acompañada de algún canto apropiado, el Obispo pronuncia la Oración después de la Comunión de la Misa ritual, o la establecida para el día, si se trata de los casos mencionados al principio (Cf. supra*).


Ritos finales

El Obispo puede optar por la Bendición solemne o por la Oración sobre el pueblo del Ritual (Cf. 34; P, 33; CO, 471), o bien por la Bendición solemne del tiempo o día, o la Bendición solemne del Espíritu Santo, o por la Bendición solemne episcopal (Sea bendito el Nombre del Señor...), o por la Bendición simple.

Si la celebración tiene lugar en el Tiempo pascual, es laudable saludar al final a la Santísima Virgen, Sponsa Sancti Spiritus, con la antífona mariana propia de la Cincuentena de Pascua: Regina Caeli.


Despedida

El Espíritu del Señor ha hecho de los confirmados nuevas criaturas.
Proclamemos ante el mundo las maravillas que Dios Espíritu Santo  ha obrado hoy en todos nosotros.

El coro entona el cántico final.


15 de mayo de 2015, memoria litúrgica de San Isidro Labrador.
Comienzo de la novena de Pentecostés.


Prédica de San Pedro el día de Pentecostés


miércoles, 13 de mayo de 2015

Misas de la Virgen XXX (Tiempo Ordinario XII): "La Virgen María, Madre y Medianera de la Gracia"




Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO


El año 1921, Benedicto XV (+1922), a petición del cardenal Desiderio José Mercier (+1926), concedió a toda la nación belga el Oficio y la Misa de Santa María Virgen, Medianera de todas las gracias, para que se celebrara el día 31 de mayo (fecha en que, en el Calendario actual, se celebra la fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen María). La Sede Apostólica concedió este mismo Oficio y Misa a muchas otras diócesis e Institutos religiosos que se lo habían pedido, con lo cual la memoria de Santa María Medianera se hizo casi general.
El Concilio Vaticano II, en el año 1964, expuso ampliamente la función de Santa María en el misterio de Cristo y de la Iglesia y explicó cuidadosamente el significado y el contenido de la «mediación» de la Santísima Virgen: «La función maternal de María para con los hombres de ningún modo oscurece ni disminuye la única mediación de Cristo, sino que muestra su eficacia. En efecto, cualquier influjo salvador de la Santísima Virgen en los hombres nace, no de alguna necesidad objetiva, sino del beneplácito divino y deriva de la superabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en la mediación de Él, depende totalmente de ella, y de ella obtiene toda su eficacia; en modo alguno impide la unión inmediata de los creyentes con Cristo, sino que la favorece» (LG 60).
Finalmente, en el año 1971, la Sagrada Congregación para el Culto Divino aprobó la Misa que lleva por título Beatae Matiae Virginis gratiae Matris ac Mediatricis que, en fiel armonía con la doctrina del Concilio Vaticano Il, conmemora a la vez la función maternal y el papel mediador de la Santísima Virgen (cf. Proprium missarum Ordinis Fratrum Servorum beatae Mariae Virginis, Curia General OSM, Roma 1972, pp. 36-37). Actualmente esta Misa se celebra en muchos lugares el día 8 de mayo, y es la que aquí se ofrece, con algunas variantes y añadiéndole el Prefacio. En Argentina, se celebra el 7 de noviembre.
El formulario, naturalmente, celebra en primer lugar a Cristo, «verdadero Dios y verdadero Hombre, / único Mediador, / viviente siempre para interceder por nosotros» (Prefacio; cf. I Tm 2,5; Hb 7,25; Oración sobre las ofrendas, Oración después de la comunión). Pero también recuerda a la Santísima Virgen, «Madre y Medianera de la gracia», porque Dios Padre, «por misterioso designio de (su) providencia» (Oración colecta; cf. Prefacio), la asoció a la obra de la redención humana (Cf. Oración colecta, prefacio).
Madre de la gracia es la Virgen María, porque llevó «en (su) seno virginal al Dios y Hombre verdadero» (Antífona de entrada) y nos dio al mismo «Autor de la gracia» (Oración colecta; cf. Aleluya).
Medianera de la gracia es la Virgen María, porque estuvo asociada a Cristo en la obra de procurarnos la gracia suprema, esto es, la redención y la salvación, la vida divina y la gloria sin fin (cf. LO 61).
En el formulario la «mediación» de la Santísima Virgen es rectamente interpretada como una «generosa entrega de amor de madre» (Prefacio): «de intercesión y de gracia, / de súplica y de perdón, / de reconciliación y de paz» (Prefacio).


Introducción

Dice San Bernardo que María es el "Acueducto", que ha recibido la plenitud de la gracia de la misma fuente de ella, que es el corazón del Padre" (Sermo de Aquaeducto).
Por eso, queridos hermanos, la Iglesia ha querido honrar a María con el sugestivo título de "Madre y Medianera de la Gracia". En efecto, es María, la "Llena de Gracia", la que nos entrega a Jesucristo, el Autor de la misma Gracia, y en Él, nos lo da todo.
En esta Misa, damos gracias por los dones recibidos por medio de María, el más grande de los cuales es nuestro Señor Jesucristo.

Antífona de entrada

Alégrate, santa María, fuente de amor, colmada con la abundancia de todas las gracias, que llevaste en tu seno virginal al Dios y hombre verdadero.

O bien:

Salve, santa Madre de Dios, por ti recuperamos la vida; tú recibiste al Hijo que bajó del cielo y engendraste al Salvador del mundo.


Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que, por misterioso designio de tu providencia, nos has dado al Autor de la gracia por medio de la Virgen María y la has asociado a la obra de la redención humana, concédenos que ella nos alcance la abundancia de la gracia y nos lleve al puerto de la salvación eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura

Ester es figura de María, por cuyo intermedio, llega la salvación a su pueblo.

¿Cómo podré ver la desgracia que se echa sobre mi pueblo?

Lectura del libro de Ester 8, 3-8. 16-17a

En aquellos días, Ester volvió a hablar al rey. Cayó a sus pies llorando y suplicándole que anulase los planes perversos que Amán había tramado contra los judíos.
Cuando el rey extendió hacia Ester el cetro de oro, ella se levantó y quedó en pie ante el rey. Luego dijo:
-«Si al rey le agrada y quiere hacerme un favor, si mi propuesta le parece bien y si está contento de mí, revoque por escrito la carta de Amán, hijo de Hamdatá, de Agag, que había mandado exterminar a los judíos en las provincias del imperio. Porque ¿cómo podré ver la desgracia que se echa sobre mi pueblo? ¿Cómo podré ver la destrucción de mi familia?»
El rey Asuero dijo entonces a la reina Ester y al judío Mardoqueo:
-«Ya veis que he dado a Ester la casa de Amán y a él lo han ahorcado por atentar contra los judíos. Vosotros escribid en nombre del rey lo que os parezca sobre los judíos y selladlo con el sello real, pues los documentos escritos en nombre del rey y sellados con su sello son irrevocables.»
Para los judíos fue un día luminoso y alegre, gozoso y triunfal. En cada provincia y ciudad adonde llegaba el decreto del rey, los judíos se llenaban de inmensa alegría, y celebraban banquetes y fiestas. Y muchos gentiles se convirtieron.

Palabra de Dios.


Salmo responsorial Sal 66, 2-3. 4-5.6-7 (R.: cf. 2b)

R. Ilumina, Señor, tu rostro sobre nosotros.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.


Oh, Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la Tierra. R.


Oh, Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios. R.


Aleluya

El siguiente texto del Aleluya reafirma la doctrina bíblica según la cual Jesucristo es el Único Mediador entre Dios y los hombres. La mediación de María no es sino una participación en la Mediación única y universal del Salvador, tema desarrollado en el Prefacio de esta Misa (Cf. Infra).

Dichosa eres, santa Virgen María, madre de la gracia y reina de misericordia; de ti nació Cristo, nuestro Mediador y Salvador.


Evangelio

La poderosa intervención de María alcanza de Jesús el milagro en Caná, aun no habiendo llegado la Hora del Señor. Es la misma Madre que hoy sigue alcanzándonos del Señor todas las gracias que necesitamos.

La madre de Jesús dijo: «No les queda vino»

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 2, 1-11

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo:
- «No les queda vino».
Jesús le contestó:
- «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dijo a los sirvientes:
- «Haced lo que él diga».
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dijo:
- «Llenad las tinajas de agua».
Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó:
- «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo».
Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo:
- «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

Palabra del Señor.


Oración de los fieles 

R. Te lo pedimos por María, Madre y Medianera.

-Que la Madre Iglesia, que es a la vez "hija de María", se regocije por la santidad del Papa, de los obispos, presbíteros y diáconos. R.

-Que la Madre Iglesia crezca, acogiendo en su seno a nuevos pueblos, y que por la intercesión de Santa María, nunca le falte el Pan y el Vino nuevo de la Eucaristía. R.

-Que la Madre Iglesia, a ejemplo de María, la Madre más tierna, por medio de sus hijos fieles haga sentir su calor maternal a los que más sufren. R.

-Que la Madre Iglesia, presente en cada diócesis del mundo, se enriquezca con todo lo que hay de bueno en las diversas culturas y creencias. R.

-Que la Madre Iglesia, con fervientes e incesantes plegarias, haga llegar su amor materno  a las almas de los difuntos que en el Purgatorio, anhelan participar en el Banquete de la eternidad. R.


Ofertorio

Del seno materno de la tierra hemos recibido los dones que ahora vamos a presentar. Del seno inmaculado de María hemos recibido al Autor de la Gracia que, bajo esas mismas especies, en el Sacramento del Amor se nos da como Alimento.


Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estas ofrendas de expiación y alabanza que te presentamos en esta memoria de la gloriosa Virgen María, y, por la acción del Espíritu Santo, conviértelas en el sacramento de nuestra redención, que Cristo, supremo Mediador, instituyó para reconciliarnos contigo, y haz que, por intercesión de la Virgen María, sean para nosotros fuente viva de gracia y manantial perenne de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Prefacio

El amor maternal de la Bienaventurada Virgen María

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

A quien, verdadero Dios y verdadero hombre,
constituiste único Mediador,
viviente siempre para interceder por nosotros.

En tu inefable bondad
has hecho también a la Virgen María
Madre y colaboradora del Redentor,
para ejercer una función maternal en la Iglesia:
de intercesión y de gracia,
de súplica y de perdón,
de reconciliación y de paz.
Su generosa entrega de amor de madre
depende de la única mediación de Cristo
y en ella reside toda su fuerza.

En la Virgen María se refugian los fieles
que están rodeados de angustias y peligros,
invocándola como madre de misericordia
y dispensadora de la gracia.

Por eso,
con los ángeles y los arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar
el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo.


Comunión

Que María, "Mujer Eucarística", de quien hemos recibido al Dios encarnado, nos enseñe a acogerlo como Pan en el sagrario de nuestro corazón.


Antífona de comunión Ap 22, 17

El Espíritu y la novia dicen: «¡Ven!» El que lo oiga, que repita: «¡Ven!» El que tenga sed, y quiera, que venga a beber de balde el agua viva.


Oración después de la comunión

Renovados, Señor, en las fuentes de la gracia, humildemente te pedimos que, por la fuerza de la eucaristía y la intercesión de la santísima Virgen, vivamos cada día más unidos a Cristo Mediador y cooperemos con mayor fidelidad a la obra de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Despedida

Volvamos con confianza a nuestras diarias ocupaciones. Contamos con la poderosa intercesión de María, Madre y Medianera de la Gracia.


13 de mayo de 2015, memoria litúrgica de Nuestra Señora de Fátima. Entrada dedicada a ella.







viernes, 8 de mayo de 2015

Comentario al "Regina Caeli"




La célebre antífona mariana Regina Caeli, de autor desconocido, se remonta al siglo XII, y era cantada por los frailes franciscanos en la oración nocturna de Completas. Actualmente se conserva en esta Hora litúrgica. Solemne saludo a la Madre del Resucitado, se universalizó en 1742, a instancias del Papa Benedicto XIV, quien estableció que la antífona supliera al Ángelus durante todo el Tiempo pascual, y que fuera igualmente cantada o recitada tres veces al día (mañana, mediodía y tarde). En el presente, aparte de en las Completas que mencionamos, el Regina Caeli encuentra un lugar privilegiado al final de casi todas las celebraciones litúrgicas presididas por el Papa, dentro y fuera de la Ciudad Eterna, como así también en las de no pocos obispos y sacerdotes, pero siempre en el Tiempo de Pascua..

Estamos en presencia de una antífona breve, aunque de una profunda riqueza teológica. Es toda ella como una pequeña "profesión de fe", sobre la que quiero reflexionar a continuación mediante una sencilla glosa:


Regina Caeli, laetare. Alleluia. ("Alégrate, Reina del Cielo. Aleluya").

La invitación a la alegría, hecha por la misma Iglesia (es decir, por nosotros) a María, aparece como la santa osadía que, en un clima de confianza, nos autoriza "como hijos en el Hijo", a dirigirnos a nuestra Madre. En efecto, ella y nosotros debemos alegrarnos, pues todos hemos sido redimidos por el Señor. En ese sentido, ella es a la vez, por así decirlo, la que se alegra porque se lo pedimos, y la Causa nostrae laetitiae ("Causa de nuestra alegría"), como le llama la letanía lauretana, en el sentido de que con su "sí" hizo posible que el Verbo, eterna Felicidad de los que en Él creen, pusiera su morada entre nosotros.


Quia quem meruisti portare. Alleluia. ("Porque el que en tu seno mereciste llevar. Aleluya").

Gramaticalmente, esta es la primera parte (sujeto) de una subordinada adverbial causal. El porqué de la invitación que hacemos a María, comienza aquí a explicarse, evocando el misterio de la Encarnación y destacando la grandeza de la Madre. Ella "mereció" llevar en su seno al Hijo del Eterno Padre. Y no es poca cosa. Porque solamente Ella lo mereció. Este "merecer" no menoscaba en nada la realidad de que todo lo bueno que somos y tenemos nos viene de Dios. De hecho, fue Él mismo Quien tuvo en sus planes a María desde antes de la creación del mundo, la hizo "Llena de Gracia" desde el primer instante de su Inmaculada Concepción, y la adornó con cuantas virtudes se pueda imaginar (y más), haciéndola de esta manera "merecedora" de "hospedar" en su seno impecable al Verbo Creador.


Resurrexit sicut dixit. Alleluia. ("Resucitó como dijo. Aleluya").

He aquí el predicado de la mentada subordinada. El que moró nueve meses en el seno purísimo de María, y había muerto "por nuestra causa" (entiéndase, "por nuestra culpa" y "para favorecernos"), ha resucitado. La expresión sicut dixit ("como dijo", o "de acuerdo con lo que dijo") no debe pasar desapercibida en esta reflexión, pues da cuenta de que Dios es fiel a sus promesas: Él había dicho que iba a resucitar, y resucitó justamente porque lo dijo. La Verdad en Persona prometió que resucitaría al tercer día de su Muerte y lo cumplió. El Veraz no puede engañar. La Palabra Viva no puede mentir.


Ora pro nobis Deum. Alleluia. ("Ruega a Dios por nosotros. Aleluya").

Esta súplica, es como un eco de la del Avemaría. Es que la Iglesia, siempre necesitada de la Misericordia de Dios y convencida de la "omnipotencia suplicante" de María, no puede dejar de implorar la intercesión de esta dulce Madre. Y así, ambas Madres oran por sus hijos: la Madre Iglesia y la Madre María. En este sentido, la Santísima Virgen, precisamente por ser la más eminente de los miembros de la Iglesia, y por expresa voluntad del Señor Crucificado, es llamada con propiedad Mater Ecclesiae ("Madre de la Iglesia"). Invocar la intercesión de María en el misterio de la Pascua, es rogarle que nos "haga partícipes de los gozos de la Resurrección", como pide sabiamente la más conocida oración conclusiva del Regina Caeli, a la que nos referiremos más abajo.*


Gaude et laetare, Virgo Maria. Alleluia. ("Gózate y alégrate, Virgen María. Aleluya").

Nuestra invitación a la alegría de María con que comenzó la antífona, se intensifica hacia el final. Al verbo laetare usado al principio, se le añade otro: gaude. La liturgia de la Iglesia desde antiguo ha empleado estos verbos para expresar la alegría, fruto del Espíritu Santo. Los dos domingos del Año litúrgico que están impregnados de la temática de la alegría, han recibido su nombre de la primera palabra de la antífona de entrada, que es, justamente, cada uno de estos dos verbos, tomados, respectivamente de la Epístola a los Filipenses (4, 4. 5b) y del Libro de Isaías (66, 10-11). Me refiero al Domingo III de Adviento (Gaudete) y al Domingo IV de Cuaresma (Laetare), a cuyas particularidades litúrgicas remito, en este mismo blog.


Quia surrexit Dominus vere. Alleluia. ("Porque verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya").

En esta segunda subordinada adverbial causal, el adverbio vere ("verdaderamente") certifica la realidad de la Resurrección del Señor, e inmortaliza el tradicional saludo que los primeros cristianos se dirigían durante el santo Tiempo pascual: "-Cristo ha resucitado. Aleluya. -Verdaderamente ha resucitado. Aleluya". Es más que una mera repetición: es una reafirmación de la profesión de fe por la que somos salvos.


Oración conclusiva*

Deus, qui per Resurrectionem Filii tui, Domini nostri Iesu Christi, mundum laetificare dignatus es, presta quaesumus, ut per eius Genitricem, Virginem Mariam, perpetuae capiamus gaudia vitae. Per eundem Christum, Dominum nostrum. Amen.

Dios, que por la gloriosa Resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, te dignaste comunicar la alegría al mundo, te pedimos que por su Madre, la Virgen María, nos hagas partícipes de los gozos de la Vida eterna. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

La oración conclusiva de la antífona Regina Caeli, es la principal Colecta (y la más conocida) de las Misas votivas de la Virgen para el Tiempo pascual. Retoma el tema de la alegría, pero esta vez por medio de una sugestiva antítesis, cuyos contrapuntos vuelven a referirnos a los verbos laetare y gaude mencionados más arriba. La oración, por un lado, se refiere a la "alegría" de la que el mundo es objeto gracias a la Resurrección del Señor, y por otro, a los gozos eternos de la Patria celestial. La primera "alegría" mencionada, es sincera, fundada en la certeza del triunfo del Señor, aunque requiere de nuestra adhesión constante, de nuestra "apertura de corazón" al misterio. Y se limita a esta vida, pero siendo un anticipo de la otra. Lo expresa el infinitivo laetificare ("alegrar"), con su acusativo mundum ("mundo"), que tiene como sujeto tácito a Deus ("Dios").
La otra alegría, expresada en el sustantivo neutro acusativo gaudia ("gozos") y en su determinativo perpetuae vitae ("de la vida perpetua"), se refiere a la suerte definitiva de los bienaventurados, en la gloria del Cielo. 
En la oración, la mención de la Virgen María, Madre de Dios, es el punto medio de los elementos de la antítesis: la alegría auténtica pero transitoria de los que hoy somos peregrinos, y la definitiva y eterna de los que, por la Misericordia de Dios y la intercesión de María, hemos de llegar a la Patria celestial. María, Causa nostrae laetitiae, juega un papel de suma importancia en ambos extremos: es la Madre peregrina que acompaña a sus hijos por los caminos de la vida terrena, la que intercede por ellos y los auxilia en sus necesidades; y también es la Madre gloriosa que, exaltada en cuerpo y alma en el Cielo, los aguarda con los brazos abiertos en el Paraíso celeste.


8 de mayo de 2015, (en Argentina), solemnidad de Nuestra Señora de Luján, patrona de la República. Entrada dedicada a ella.





Misas de la Virgen XXV (Tiempo Ordinario VII): "La Virgen María, imagen y Madre de la Iglesia I"




Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

El día 21 de noviembre de 1964, al terminar la III Sesión del Concilio Vaticano II, Pablo VI, durante la celebración de la Misa, declaró a María Santísima «Madre de la Iglesia, esto es, de todo el pueblo cristiano, tanto de fieles como de pastores, que la llaman Madre amorosísima» (AAS 56 [1965], p. 1015) Y determinó que «en adelante, todo el pueblo cristiano, con este nombre gratísimo, honre más todavía a la Madre de Dios» (ibid.).
A partir de entonces, muchas Iglesias particulares y familias religiosas empezaron a venerar a la Santísima Virgen con el título de «Madre de la Iglesia». El año 1974, para fomentar las celebraciones marianas del Año Santo de la Reconciliación (1975), se compuso esta Misa, que, poco después, en la segunda edición típica del Misal Romano, fue incorporada a las Misas votivas de Santa María Virgen (pp. 905-907).
El formulario contempla las múltiples relaciones que vinculan a la Iglesia con la Santísima Virgen, pero sobre todo celebra la función maternal que Santa María, según el beneplácito divino, ejerce en la Iglesia y en favor de la Iglesia.
Los textos eucológicos consideran especialmente cuatro momentos de la historia de la salvación:
- la Encarnación del Verbo, en la cual, la Santísima Virgen, al aceptar la Palabra del Padre «con limpio corazón, / mereció concebirla en su seno virginal, / y, al dar a luz a su Hijo, / preparó el nacimiento de la Iglesia» (Prefacio);
- la Pasión de Cristo: el Hijo único de Dios, en efecto, «clavado en la Cruz, / proclamó como Madre nuestra / a santa María Virgen, Madre suya» (Oración colecta, cf. Prefacio, Antífona de comunión);
- la efusión del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, cuando la Madre del Señor, «al unir sus oraciones a las de los discípulos, / se convirtió en el modelo de la Iglesia suplicante» (Prefacio);
- la Asunción de la Virgen: Santa María, «desde su Asunción a los cielos, / acompaña con amor materno a la Iglesia peregrina, / y protege sus pasos hacia la Patria celeste, / hasta la Venida gloriosa del Señor» (Prefacio).

Introducción

Congregados en el regazo materno de María, que nos conserva en la comunión de la Iglesia, de la que es Madre e imagen, vamos a celebrar esta santa Misa. Demos gracias al Señor por el don de Sí mismo, y por los dones de María y de la Iglesia, ambas vírgenes, ambas madres.

Antífona de entrada Cf. Hch 1, 14

Los discípulos se dedicaban a la oración en común, junto con María, la Madre de Jesús.


Oración colecta

Oh, Dios, Padre de misericordia, cuyo Hijo, clavado en la cruz, proclamó como Madre nuestra a santa María Virgen, Madre suya, concédenos, por su mediación amorosa, que tu Iglesia, cada día más fecunda, se llene de gozo por la santidad de sus hijos, y atraiga a su seno a todas las familias de los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de la Palabra

Primera lectura

Adán y Eva, nuestros primeros padres, aunque pecadores, son figura de Cristo y María. Cristo es el Nuevo Adán que cumple en todo la voluntad de su Padre Dios; María es la Nueva Eva que, desde el primer instante de su Concepción Inmaculada, aplasta la cabeza de la antigua Serpiente.

Establezco hostilidades entre tu estirpe y la estirpe de la suya mujer

Lectura del libro del Génesis 3, 9-15. 20

Después que Adán comió del árbol, el Señor Dios lo llamó:
— ¿Dónde estás?
Él contestó:
— Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.
El Señor le replicó:
— ¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?
Adán respondió;
— La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto
y comí.
El Señor Dios dijo a la mujer:
— ¿Qué es lo que has hecho?
Ella respondió:
— La serpiente me engañó y comí.
El Señor Dios dijo a la serpiente:
Por haber hecho eso, serás maldita
entre todo el ganado y todas las fieras del campo;
te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo
toda tu vida;
establezco hostilidades entre ti y la mujer,
entre tu estirpe y la suya;
ella te herirá en la cabeza,
cuando tú la hieras en el talón.
El hombre llamó a su mujer Eva,
por ser la madre de todos los que viven.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Jdt 13, 18bcde. 19 (R.: 15, 9d)

María, la obra más perfecta salida de las Manos del Eterno Padre, es, después de Cristo, Palabra creadora, el orgullo más grande del linaje humano.

R. Tú eres el orgullo de nuestra raza.

El Altísimo te ha bendecido, hija,
más que a todas las mujeres de la tierra.
Bendito el Señor, creador de cielo y tierra. R.

Que hoy ha glorificado tu nombre de tal modo:
que tu alabanza estará siempre
en la boca de todos los que se acuerden
de esta obra poderosa de Dios. R.


Aleluya

Dichosa eres, santa Virgen María, y digna de alabanza: de ti salió el sol de justicia, Cristo, nuestro Señor.

Evangelio

Las palabras de Cristo en la Cruz dirigidas a María y al discípulo amado, son la solemne declaración en la que constituye para siempre a su Madre como Madre de la Iglesia y de todos los hombres. 

Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27.

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería,
dijo a su madre:
— Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo:
— Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

El siguiente formulario de preces atiende a las necesidades explícitas e implícitas, mediatas e inmediatas de nuestra santa Madre, la Iglesia Católica Romana:

R. Pedimos con María, Madre de la Iglesia

-Por la integridad de la Iglesia en la fe, la esperanza y el amor. R.

-Por el amor filial de los fieles y el respeto de todos a la Autoridad de Su Santidad, el Papa N. R.

-Por el reconocimiento a la labor y la valoración del grandioso legado del Papa Emérito Benedicto XVI. R.

-Por el cumplimiento por parte de todos, pastores y fieles, de las normas litúrgicas de la Iglesia, que nos enseña cuál es el auténtico culto al Dios Vivo y verdadero. R.

-Por la efectiva comunión de todas las diócesis del mundo entre sí, y con la Iglesia de Roma. R.

-Por la unidad de los cristianos en el amor y la verdad. R.

-Por la pacífica convivencia de los que profesan diferentes credos entre sí, y con los no creyentes. R.


Ofertorio

Con los dones que portamos hacia el Altar nos preparamos para elevar a Dios la gran Ofrenda de su HHijo inmolado, por Quien la Iglesia, bajo el amparo de María, su Madre, vive y se renueva a lo largo del Planeta y en el arco de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, nuestros dones y conviértelos en sacramento de salvación que nos inflame en el amor de la Virgen María, Madre de la Iglesia, y nos asocie más estrechamente, con ella, en la obra de la salvación de los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Prefacio

María, modelo de la Iglesia universal

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
y alabarte debidamente
en esta celebración en honor de la Virgen María.

Ella, al aceptar tu Palabra con limpio corazón,
mereció concebirla en su seno virginal,
y, al dar a luz a su Hijo,
preparó el nacimiento de la Iglesia.

Ella, al recibir junto a la cruz
el testamento de tu amor divino,
tomó como hijos a todos los hombres,
nacidos a la vida sobrenatural
por la muerte de Cristo.

Ella, en la espera pentecostal del Espíritu,
al unir sus oraciones a las de los discípulos,
se convirtió en el modelo de la Iglesia suplicante.

Desde su Asunción a los cielos,
acompaña con amor materno a la Iglesia peregrina,
y protege sus pasos hacia la patria celeste,
hasta la venida gloriosa del Señor.

Por eso,
con todos los ángeles y santos,
te alabamos sin cesar, diciendo:

Santo, Santo, Santo.


Comunión

La Comunión sacramental del Cuerpo y la Sangre del Señor, robustece la comunión espiritual entre los miembros de la Iglesia en la Tierra, en el Purgatorio y en el Cielo. Pidamos a María que suscite siempre en nosotros hambre y sed de su Divino Hijo.

Antífona de comunión Cf. Jn 19, 26-27

Jesús, desde la cruz, dijo al discípulo que tanto quería: Ahí tienes a tu madre.

O bien:

Dichosa eres, María, llena de gracia, madre y virgen; tú resplandeces en la Iglesia como modelo de fe, esperanza y caridad.

Oración después de la comunión

Después de recibir la prenda de la redención y de la vida, te pedimos, Señor, que tu Iglesia, por la ayuda maternal de la Virgen, anuncie a todas las gentes el Evangelio y llene el mundo entero de la efusión de tu Espíritu. Por Jesucristo nuestro Señor.

Despedida

Nos alejamos del lugar santo pero, como miembros del Cuerpo Místico que es la Iglesia,  permanecemos unidos a María nuestra Madre, que nos mantiene siempre cerca su amado Hijo.

1° de enero, solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Octava de Navidad.
Jornada Mundial de la Paz.
Inicio del año civil 2015.

martes, 5 de mayo de 2015

Guion: Domingo VI de Pascua





Ciclo B

Introducción

"Que se alegre el Cielo, que la tierra y el mar aplaudan de júbilo: tras la Cruz, Cristo ha resucitado para devolver las Vida a los mortales". (Himno Laetare, caelum, del Oficio de las Lecturas en Tiempo pascual).

Con estas palabras la liturgia de la Iglesia canta la victoria pascual de Cristo, que se manifiesta también en su Pasión e inmolación en la Cruz. De hecho, Pasión, Muerte y Resurrección son el mismo y único Misterio en el que resplandece el triunfo imponente y definitivo del Resucitado. Es lo que celebramos en cada Eucaristía, pero de un modo más intenso durante este Tiempo de Pascua.
Que el Espíritu Santo de la Verdad, Promesa del Padre y del Hijo, ilumine nuestro entendimiento para que podamos acercarnos cada vez más a la comprensión de estos sagrados Misterios.


Conviene que  en lugar del Acto penitencial tenga lugar el Rito de la bendición y aspersión del agua (Cf. Institutio Generalis Missalis Romani, 51).
Se canta o recita el himno Gloria in excelsis.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Hech. 8, 5-8. 14-17

El Espíritu Santo ilumina y confirma la predicación de la fe apostólica desde los primeros tiempos del cristianismo.

Segunda lectura: I Ped. 3, 15-18

Pedro, el primer Pontífice de la Iglesia de Roma, confirma en la fe a su rebaño, y nos exhorta a todos a glorificar a Cristo Resucitado en el ser, el obrar y el padecer.

Evangelio: Jn. 14, 15-21

Jesús Resucitado promete el Espíritu Santo, Don supremo de la Pascua, Abogado de la Verdad, Dios bendito, Dulce Compañero de camino para el hombre peregrino.


Oración de los fieles

R. Padre, danos tu Espíritu.

-Porque Él resucitó a Jesús de entre los muertos y va a iluminar y a consolidar la labor de la Iglesia y el testimonio del Santo Padre y de los obispos. R.

-Porque Él congregará en la unidad a las naciones, y les restituirá la paz verdadera. R.

-Porque Él enjugará las lágrimas de los que sufren, saciará de bienes a los pobres y devolverá la salud a los enfermos. R.

-Porque Él avivará la llama de la fe en los que dudan, y la encenderá en los que no creen. R.

-Porque Él en Persona es la Promesa de Tu Hijo, y el Dios misericordioso que conferirá el perdón a los pecadores, en esta vida terrenal y en el Purgatorio. R.



Se propone como oración conclusiva de las preces, la siguiente "colecta alternativa para el Ciclo B", tomada del Misal de la Conferencia Episcopal Italiana y traducida al castellano. La recita el sacerdote. Se ha cambiado la conclusión larga (propia de la colecta de toda Misa) por la breve, típica de las demás oraciones:  

"Oh, Dios, que nos has amado primero y nos has dado a tu Hijo para que recibiéramos la vida por medio de Él, haz que en tu Espíritu, aprendamos a amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado, hasta dar la vida por los hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor."


Ofertorio

Del pan y el vino que vamos a presentar, el Espíritu todopoderoso de Dios hará la Carne y la Sangre de Jesús, Pan Vivo que debe ser adorado por ser Dios, recibido por ser Alimento, y agradecido por ser Don.

El sacerdote puede optar por cualquiera de los Prefacios de Pascua.


Comunión

En la Eucaristía, más que en cualquier otro sacramento, se cumple la promesa de Jesucristo, de hacer morada en nosotros. Donde está el Hijo, allí están el Padre y el Espíritu. En el momento de la Comunión eucarística, más que nunca, somos "templo de la Santísima Trinidad".

Conviene que el sacerdote imparta la Bendición solemne de Pascua.
Es oportuno saludar a María con el canto o la recitación de la antífona Regina caeli.


Despedida

 Seamos faros en medio de las tinieblas del mundo. El Dios de la luz ha hecho morada en nosotros.


4 de mayo de 2015, lunes de la semana IV de Pascua.
Conmemoración del beato Ceferino Giménez  Malla, mártir y patrono de los gitanos.



lunes, 27 de abril de 2015

Guion: Domingo V de Pascua



Cristo, Vid verdadera



Ciclo B


Introducción

"Cristo, con su Resurrección de entre los muertos, ha hecho de la vida de los hombres una fiesta. Los ha colmado de gozo al hacerles vivir no ya una vida terrestre sino una vida celestial".

Estas palabras, tomadas de una homilía pascual de Basilio de Seleucia, arzobispo del siglo V, en Asia Menor, compara la vida de los hombres con una fiesta, gracias al misterio de la Resurrección del Señor. Es lo que la Iglesia quiere hacernos experimentar con mayor profundidad en estos cincuenta días del Tiempo pascual, que son como un único y gran domingo festivo. De hecho, por medio de los sacramentos de la Iglesia, en especial, la Eucaristía, se nos hace partícipes del triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte. Así pregustamos las delicias de la Pascua eterna del Cielo.
Es lo que queremos celebrar en esta liturgia del Domingo V de Pascua.

Conviene que  en lugar del Acto penitencial tenga lugar el Rito de la bendición y aspersión del agua (Cf. Institutio Generalis Missalis Romani, 51).
Se canta o recita el himno Gloria in excelsis.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Hech. 9, 26-31

El apóstol San Pablo, de perseguidor de los cristianos, pasó a ser predicador del Evangelio de Jesucristo. Este camino de conversión debe ser el de cada uno de nosotros, los creyentes. Debemos despojarnos del hombre viejo para llegar a ser, como el Apóstol, audaces testigos del Resucitado.

Segunda lectura: I Jn. 3, 18-24

La auténtica profesión de fe radica, no en las meras palabras, sino en el fiel cumplimiento de los Mandamientos.

Evangelio: Jn. 15, 1-8

Solamente unidos a Jesucristo como los sarmientos a la vid, produciremos frutos de buenas obras que nos asegurarán la paz en este mundo, y la felicidad eterna en el otro.


Oración de los fieles

R. Que permanezcamos unidos a Cristo.

-Porque la Iglesia necesita de nuevos testigos, audaces y coherentes. R.

-Porque los cristianos queremos vivir en la unidad y en el amor fraterno. R.

-Porque hay hermanos que han perdido las esperanzas y no encuentran sentido a su vida. R.

-Porque las ideologías del mundo suelen tergiversar las verdades del Evangelio. R.

-Porque queremos ser la voz de numerosos cristianos que son encarnizadamente perseguidos y brutalmente masacrados, ante el sacrílego silencio de una inmensa mayoría. R.

-Porque nuestra fe es vacilante y nuestras fuerzas flaquean. R.


Se propone como oración conclusiva de las preces, la siguiente "colecta alternativa para el Ciclo B", tomada del Misal de la Conferencia Episcopal Italiana y traducida al castellano. La recita el sacerdote. Se ha cambiado la conclusión larga (propia de la colecta de toda Misa) por la breve, típica de las demás oraciones:

"Oh, Dios, que nos has injertado en Cristo como brotes en la Vid verdadera, danos tu Espíritu, para que amándonos los unos a los otros con sincero amor, lleguemos a ser las primicias de una nueva humanidad, y produzcamos frutos de santidad y de paz. Por Jesucristo, nuestro Señor."


Liturgia de la Eucaristía

Ofertorio

Porque queremos permanecer unidos a Cristo, edificamos la comunión de la Iglesia, Viña del Señor y su Cuerpo Místico. Para ello, presentamos los dones de nuestra tierra, con los que se renueva el Sacrificio pascual del Señor, que garantiza y asegura la unidad de ese Cuerpo Místico.

El sacerdote puede optar por cualquiera de los Prefacios de Pascua.


Comunión

Dice San Agustín: "El que cree que puede dar fruto por sí mismo, no está en la vid; el que no está en la vid, no está en Cristo; y el que no está en Cristo, no es cristiano".
Ahora bien, ¿qué mejor modo existe de unirnos a Cristo que recibiéndolo a Él mismo, hecho Pan, como Alimento de nuestro propio ser?
Es el inefable Misterio del que estamos por participar en la Comunión eucarística.

Conviene que el sacerdote imparta la Bendición solemne de Pascua.
Es oportuno saludar a María con el canto o la recitación de la antífona Regina caeli.


Despedida


Hermanos, permaneciendo en la comunión de la Iglesia, tenemos la certeza de no separarnos de Cristo, Vid verdadera. Por eso, al concluir la celebración, compartimos estas palabras de San Juan Crisóstomo, obispo y doctor:

"No te separes de la Iglesia. Nada es más fuerte que la Iglesia. Tu esperanza es la Iglesia; tu salud es la Iglesia; tu refugio es la Iglesia. Es más alta que el Cielo y más ancha que la Tierra; no envejece jamás, su vigor es eterno" (Homilía de capto Eutropio 6).


27 de abril de 2015: (en América Latina), fiesta de Santo Toribio de Mogrovejo, obispo, patrono del Episcopado Latinoamericano. Día del obispo.
Primer aniversario de la Canonización de los Papas Juan Pablo II y Juan XXIII.
Entrada dedicada a los tres santos.



 

martes, 21 de abril de 2015

Guion: Domingo IV de Pascua





Ciclo B

Introducción

Hermanos, desde la reforma litúgica felizmente propiciada por el Concilio Vaticano II, este Domingo se llama "Cuarto de Pascua", y está dedicado a la elocuente figura de nuestro Señor Jesucristo como "Buen Pastor" que apacienta a su rebaño y lo conduce a las "verdes praderas de la eternidad".
Es el marco adecuado para celebrar la LII Jornada Mundial de Oración por las vocaciones, cuyo lema en 2015 es "El éxodo, experiencia fundameental de la vocación".
En este clima de alegría pascualcelebremos la Eucaristía en la que nuestro amado Redentor y Buen Pastor se hace Cordero y se inmola, ahora de modo incruento, para redimir a las ovejas que el Padre Le ha confiado. Pidamos insistentemente el reflorecimiento de las vocaciones para el bien de la viña del Señor.

El Misal ofrece al sacerdote un saludo inicial propio que menciona a "nuestro Buen Pastor Resucitado".
Conviene que  en lugar del Acto penitencial tenga lugar el Rito de la bendición y aspersión del agua (Cf. Institutio Generalis Missalis Romani, 51).
Se canta o recita el himno Gloria in excelsis.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Hech. 4, 8-12

Jesucristo resucitado es el Médico celestial que cura en nosotros toda dolencia.

Segunda lectura: I Jn. 3, 1-2

La Resurrección de Jesucristo ha puesto de manifiesto el amor eterno e incondicional de Dios Padre hacia Él y hacia nosotros.

Evangelio: Jn. 10, 11-18

Jesús es el Buen Pastor que ha dado voluntariamente la vida por sus ovejas y las ha librado de las fauses del Enemigo infernal.

Se dice el Credo.


Oración de los fieles

Las siguientes preces puntualmente, y todo este guion en general, tienen como hilo conductor el Misterio Pascual del Señor. El objetivo es que no pase desapercibida la unidad del santo tiempo que constituye la "Cincuentena pascual".

R. Óyenos, Padre. Somos el rebaño de tu Hijo.

-Para que la Pascua de Cristo, Buen Pastor, infunda en la Iglesia nuevo ardor misionero, haciendo de ella, una "Iglesia en salida", según el anhelo del Papa Francisco. R.

-Para que la Pascua de Cristo, Pastor Supremo, robustezca la fe del Sucesor de Pedro, por la que el Resucitado oró a su Padre en los tiempos de la Iglesia naciente. R.

-Para que la Pascua de Cristo, Divino Sembrador del Reino, haga brotar en el vasto campo de la Iglesia numerosas semillas de vocaciones sacerdotales, religiosas, contemplativas y de especial consagración. R.

-Para que la Pascua de Cristo,  Rey de la unidad, reúna a las ovejas dispersas y haga volver al redil a las que se habían perdido. R.

-Para que la Pascua de Cristo, el Viviente, y la intercesión de su Madre, Virgen del Amor y del Buen Consejo, obtenga a los difuntos la remisión total de sus penas. R.

Se propone como oración conclusiva de las preces, la siguiente "colecta alternativa para el Ciclo B", tomada del Misal de la Conferencia Episcopal Italiana y traducida al castellano. La recita el sacerdote. Se ha cambiado la conclusión larga (propia de la colecta de toda Misa) por la breve, típica de las demás oraciones:

"Oh, Dios, Creador y Padre, que haces resplandecer la gloria del Señor Resucitado, cuando en su nombre es sanada la enfermedad de la condición humana, reúne a los hombres dispersos en la unidad de la única familia, para que, adhiriéndose a Cristo, Buen Pastor, gusten de la alegría de ser tus hijos. Por Jesucristo, nuestro Señor."


Liturgia de la Eucaristía


Ofertorio

Somos el rebaño de Dios que reconoce el cayado de Cristo, Buen Pastor Resucitado, y se esfuerza por no alejarse del redil de la comunión con Él. Por eso, presentamos los dones de nuestra tierra con los que la Iglesia actualiza el Sacrificio del Señor, garantía de unidad.


El sacerdote puede optar por cualquiera de los Prefacios de Pascua, con la expresión "pero más que nunca en este tiempo".

Comunión

Jesús, Único Pastor de la humanidad que adquirió al precio de su Sangre, vela en su providencia por cada una de sus ovejas. Para que permanezcan en el redil y se ean libres de los depredadores, les da ahora el Pan de Vida y unidad, Alimento de su propio Ser.

Conviene que el sacerdote imparta la Bendición solemne de Pascua.
Es oportuno saludar a María con el canto o la recitación de la antífona Regina caeli.


Despedida

Ovejas congregadas en un único rebaño, fortalecidas con los pastos vivificantes de la Palabra y el Pan del Cielo, vamos ahora en busca de las que están heridas, dispersas o perdidas, para restituirlas al redil de la Iglesia Madre.

20 de abril de 2015, en la conmemoración de Santa Inés de Montepulciano, virgen.