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viernes, 19 de septiembre de 2014

Misas de la Virgen XIII (Cuaresma): "La Virgen María, confiada como Madre a los discípulos"



Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.


MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

Las palabras de Jesús al morir en la Cruz «Ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,26-27), la Iglesia las recibe como un testamento particular, en el cual Cristo, el Señor, «confió a todos los discípulos como hijos» a la Virgen Madre (León XIII, Carta encíclica Octobri mense: ASS 24 [1891-1892], p. 195) Y encomendó a los discípulos que la veneraran como Madre. De ahí que «se establece entre la Virgen y los fieles discípulos un fuerte vínculo de amor» (Prefacio), que esta Misa pone de relieve y celebra.
Encomienda de los discípulos. En primer lugar se glorifica a Dios, que «da a María un puesto en la Iglesia, como madre feliz de hijos» (Antífona de entrada, cf. Sal 112 [113], 9); santa María es llamada «Madre de los creyentes» (Prefacio), en la cual los fieles encuentran refugio seguro (cf. Prefacio), y una y otra vez se conmemora a Jesucristo, que «nos entregó como hijos» a la Virgen Madre (Oración después de la comunión, cf. ea, Oración sobre las ofrendas, Prefacio). La «encomienda» forma parte del misterio de la Pasión de Cristo y del sufrimiento compartido de la Virgen; por esto la liturgia recuerda a la Santísima Virgen «junto a la cruz ... mirando compadecida las heridas del Hijo, / sabiendo que por Él vendría la redención para todos» / (Versículo antes del evangelio), y el Apóstol pone en su boca aquellas palabras: «Lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna» (Antífona de comunión, 2 Tm 2, 10); teniendo presente a María, la liturgia propone a los fieles el ejemplo de aquella madre admirable de los Macabeos que, «viendo morir a sus siete hijos, ...lo soportó con entereza, esperando en el Señor» (1ª Lectura, 2 M 7, 1. 20-29).
Encomienda de la Virgen. Pero también la Virgen fue encomendada por Cristo al amor y a los cuidados del discípulo amado: «Éste es Juan, a quien Cristo en la cruz encomendó a su Madre, la Virgen» (LH 27 diciembre Laudes antífona 2); en la persona de Juan, Cristo hizo a todos los discípulos «herederos de su amor hacia la Madre» (Oración sobre las ofrendas, cf. SV 1276), y éstos «la reciben como herencia preciosa del Maestro» (Prefacio) y, escuchando los consejos de la Virgen (cf. Prefacio, Jn 2, 5), solícitos «cumplen las palabras del Maestro» (Prefacio).


Introducción

Los hijos de la Iglesia nos reunimos en santa asamblea para rendir a Dios el mayor Acto de culto que Le debemos: el Sacrificio Pascual de su Hijo. Y lo hacemos queriendo imitar los sentimientos y actitudes de la Santísima Virgen María, perfecta Discípula del Señor: humildad, docilidad, disponibilidad, servicio, y sobre todo, un incomparable amor a Dios y a las almas.

Antífona de entrada Cf. Sal 112 (113), 4. 9

El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. Él da a María un puesto en la Iglesia, como madre feliz de hijos.

Oración colecta

Señor, Padre santo, que has establecido la salvación de los hombres en el misterio pascual, concédenos ser contados entre los hijos de adopción que Jesucristo, tu Hijo, al morir en la cruz, encomendó a su Madre, la Virgen María. Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de la Palabra

Primera lectura

La mujer fuerte y madre ejemplar de la lectura que vamos a escuchar, es figura de María, la Madre del Redentor, que alienta a sus hijos a perseverar hasta el fin en la fidelidad a Cristo.
 
Madre admirable… viendo morir a sus hijos, lo soportó con entereza, esperando en el Señor

Lectura del segundo libro de los Macabeos 7, 1. 20-29

En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la ley.
Pero ninguno más admirable y digno de recuerdo que la madre. Viendo morir a sus siete hijos en el espacio de un día, lo soportó con entereza, esperando en el Señor. Con noble actitud, uniendo un temple viril a la ternura femenina, fue animando a cada uno, y les decía en su lengua:
-Yo no sé cómo aparecisteis en mi seno: yo no os di el aliento ni la vida, ni formé con los elementos vuestro organismo. Fue el Creador del universo, el que modela la raza humana y determina el origen de todo. Él, con su misericordia, os devolverá el aliento y la vida, si ahora os sacrificáis por su ley.
Antíoco creyó que la mujer lo despreciaba, y sospechó que lo estaba insultando. Todavía quedaba el más pequeño, y el rey intentaba persuadirlo, no sólo con palabras, sino que le juraba que si renegaba de sus tradiciones lo haría rico y feliz, lo tendría por amigo y le daría algún cargo. Pero como el muchacho no hacía ningún caso, el rey llamó a la madre y le rogaba que aconsejase al chiquillo para su bien. Tanto insistió, que la madre accedió a persuadir al hijo; se inclinó hacia él y, riéndose del cruel tirano, habló así en su idioma:
-Hijo mío, ten piedad de mí, que te llevé nueve meses en el seno, te amamanté y crié tres años y te he alimentado hasta que te has hecho un joven. Hijo mío, te lo suplico, mira el cielo y la tierra, fíjate en todo lo que contienen y ten presente que Dios lo creó todo de la nada, y lo mismo da el ser al hombre. No temas a ese verdugo; ponte a la altura de tus hermanos y acepta la muerte. Así, por la misericordia de Dios, te recobraré junto con ellos.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 17, 2-3. 5-6. 7. 19-20 (R.: 7a)

R. En el peligro invoqué al Señor.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte. R.

Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte. R.

En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos. R.

Me acosaban el día funesto,
pero el Señor fue mi apoyo:
me sacó a un lugar espacioso,
me libró porque me amaba. R.

Versículo antes del evangelio

He aquí una hermosa glosa del versículo con que comienza el Evangelio de hoy:

Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, mirando compadecida las heridas del Hijo, sabiendo que por él vendría la redención para todos.

Evangelio

Como Madre de Dolores, la Santísima Virgen une sus lágrimas a la Sangre del Cordero y se asocia así, de modo inigualable, al Sacrificio redentor. Como Madre de Esperanza, nos invita a no tener miedo de tomar nuestra cruz y seguir las huellas de Jesús.

Mujer, ahí tienes a tu hijo

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27.

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería,
dijo a su madre:
— Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo:
— Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. 

Palabra del Señor.


Oración de los fieles

Las siguientes preces se desarrollan a la luz de algunas invocaciones de las tradicionales letanías lauretanas, elegidas en relación con la primera lectura de hoy:

En comunión con el discípulo amado y con las tres Marías santas (La Madre de Jesús, María de Cleofás y María de Magdala), elevemos al Padre nuestra súplica confiada, diciendo... 

R. Junto a María, Virgo veneranda (Virgen digna de respeto), acudimos a Ti, Señor

-María es Virgo potens ("Virgen poderosa").
+Que en ella la Iglesia encuentre refugio frente a los embates del Enemigo infernal. R.

-María es Virgo fidelis ("Virgen fiel").
+Que con su auxilio, los obispos, presbíteros, diáconos, religiosos, consagrados y laicos, en permanezcan en la comunión con el Santo Padre N, en el seno de Iglesia. R.

-María es  Mater Creatoris ("Madre del Creador").
+Que siguiendo su ejemplo, aprendamos a cuidar de la Tierra y vivamos en plena concordia con todas las criaturas. R.

-María es Consolatrix aflictorum ("Consuelo de los afligidos").
+Que todos los que sufren, experimenten la incomparable ternura de su Maternidad espiritual. R.

-María es Regina Martyrum ("Reina de los mártires").
+Para que por su intercesión y la de los santos Macabeos y su madre (1), cese en el mundo la terrible espiral de persecución, violencia y muerte contra los cristianos, ante la cual, no pocos organismos inernacionales hacen oídos sordos. R.

-María es Mater mirabilis ("Madre admirable"), más aun, Ter mirabilis ("Tres veces admirable"), como le llama el Movimiento de Schoenstätt.
+Que por ella, en quien Dios obró verdaderos portentos, nuestros difuntos lleguen a gozar de la eterna bienaventuranza. R.

Ofertorio

Mientras permanecemos orantes junto a la Virgen ante las cruces del mundo que gime, hacemos la ofrenda del pan y el vino. Por este Sacrificio que vamos a ofrecer, Dios sigue sanando y salvando aquí y ahora.

Oración sobre las ofrendas 

Recibe, Señor, los dones que te presentamos con alegría, para que sean pra nosotros, Cuerpo y Sangre de Jesucristo, tu Hijo, que, clavado en la cruz, en Juan encomendó a la Virgen como hijos a todos los discípulos, y los hizo herederos de su amor hacia la Madre. Por Jesucristo, nuestro Señor. 


Prefacio

La entrega mutua de la Bienaventurada Virgen y del discípulo

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Porque junto a la cruz de Jesús,
por voluntad suya
se establece, entre la Virgen y los fieles discípulos,
un fuerte vínculo de amor:
María es confiada como madre a los discípulos,
y éstos la reciben como herencia preciosa del Maestro.

Así, será para siempre la madre de los creyentes,
que encontrarán en ella refugio seguro.

Ella ama al Hijo en los hijos,
y éstos, escuchando los consejos de la Madre,
cumplen las palabras del Maestro.

Por él,
los ángeles y los arcángeles
te adoran eternamente,
gozosos en tu presencia.
Permítenos unimos a sus voces
cantando tu alabanza:

Santo, Santo, Santo.


Comunión

Comulgar el cuerpo y la Sangre del Señor es unirnos plenamente a su Sacrificio Redentor. Iluminados por el ejemplo de María, la Mater boni consilii ("Madre del Buen Consejo"), dispongámonos a acoger con humildad este Sacramento de amor.

Antífona de comunión 2 Tm 2, 10

Lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna.

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso, que el banquete eucarístico del Cuerpo y de la Sangre de Cristo aumente en nosotros el amor filial hacia la Virgen Madre, a quien tu Hijo nos entregó como hijos, cuando murió en la cruz y encomendó en tus manos su espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Despedida

Discípulos de Cristo, vamos tras sus huellas. La Madre del Señor es nuestra guía.

Nota

1. Los santos Macabeos y su madre, junto con el escriba Eleazar, están inscriptos oficialmente el 1° de agosto en el Martyrologium Romanum vigente. Por tanto, según las disposiciones de la Iglesia, es legítimo su culto.


19 de septiembre, conmemoración de Nuestra Señora de La Salette.

martes, 16 de septiembre de 2014

Misas de la Virgen XII (Cuaresma): "La Virgen María junto a la Cruz del Señor II"



Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

Esta Misa, al celebrar la Pasión salvadora de Cristo, recuerda también la parte que tuvo la Santísima Virgen en la consecución de la salvación de los hombres. María, en efecto, por el hecho de ser Madre de Cristo «por obra del Espíritu Santo» (Prefacio), compartió la Pasión (cf. Prefacio) de su Hijo y fue asociada a ella (cf. Oración colecta 1, Oración colecta 2).
Al principio de la Misa resuena la voz de Simeón, que, resumiendo en unas mismas palabras la suerte del Hijo y de la Madre, anuncia que Cristo será como una bandera discutida y que una espada de dolor traspasará el alma de la Virgen (Antífona de entrada, Lc 2, 34-35).
En los textos eucológicos se recuerda el designio de salvación, por el que Dios ha «asociado los dolores de la Madre a la Pasión de (su) Hijo» (Oración colecta 1, cf. Oración colecta 2) y ha querido que «la nueva Eva estuviera junto a la Cruz del nuevo Adán» (Prefacio).
Con razón se celebra a la Santísima Virgen por sus sufrimientos compartidos, ya que ella estuvo junto a la Cruz del Señor (Evangelio, Jn 19, 25-27), «firme en la fe, confortada por la esperanza, abrasada por el fuego de la caridad» (Versículo antes del Evangelio); allí no dudó en exponer su vida, ante la humillación de su pueblo (1ª Lectura, Jdt 13, 17-20), Y los dolores que no sufrió al dar a luz al Hijo, los padeció, inmensos, al hacemos renacer para Dios (cf. Prefacio); por esto los fieles la glorifican, diciendo: «Dichosa tú, Virgen María, que, sin morir, mereciste la corona del martirio junto a la cruz del Señor» (Antífona de comunión 1).
(Aunque no sea un dogma de fe, los fieles siempre han creído que aquella que fue preservada de todo pecado desde el instante de su Concepción, no padeció dolores de parto cuando dio a luz al Hijo del Eterno Padre. Es que los dolores de parto son consecuencia del pecado que vino a remediar el Redentor, el Cual quiso que su Madre nunca fuera presa del Maligno y de sus instigaciones).
Lo que en la Pasión de Cristo tuvo lugar de una manera real ahora se celebra en el misterio, y por esto pedimos que «por el Sacrificio del altar, / al que se asocia la Santísima Virgen, / se borre el pecado del mundo / y se nos abran las puertas del cielo» (Oración sobre las ofrendas). Los fieles han de estar alegres cuando comparten «los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria», rebosen de gozo (Antífona de comunión 2, 1P 4, 13), y, «llevando la cruz de cada día», puedan «participar de la Resurrección de Cristo» (Oración después de la comunión).
El formulario proviene del Proprium missarum Ordinis Fratrum Servorum beatae Mariae Virginis, Curia General OSI\I, Roma 1972, pp. 57-60.

Introducción

La Santísima Virgen María, íntimamente asociada a la Pasión de su Hijo, se hace presente cada vez que se renueva el Sacrificio de su Hijo en el Altar. Por más que ya ni Él ni ella sufran, María sabe bien que, aunque incruento, éste es el mismo Sacrificio del que participó en aquella oscura tarde del primer Viernes Santo. Por eso, cada vez que celebramos la Misa, aprendemos de nuestra querida Madre del Cielo: Ella es la Virgen de la escucha orante y perseverante; es el modelo de la perfecta adoración al Cordero inmolado; es la Madre de todos los hombres, que quiere reunir a sus hijos en un solo rebaño que marche seguro hacia la vida que no tiene fin.


Antífona de entrada Lc 2, 34-35

Simeón dijo a María: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma».

Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que para redimir al género humano, caído por el engaño del demonio, has asociado los dolores de la Madre a la Pasión de tu Hijo, concede a tu pueblo que, despojándose de la triste herencia del pecado, se revista de la luminosa novedad de Cristo. Que vive y reina contigo.

O bien:

Dios nuestro, que quisiste que al pie de la Cruz de tu Hijo estuviera también su Madre, compartiendo la Pasión, guarda en tu familia los frutos de la redención y haz que crezcan cada día más. Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de la Palabra

Primera lectura

La heroína bíblica Judit, considerada santa por la Iglesia (1), es figura de María, Virgen poderosa, intrépida y fiel. 

Vengaste nuestra ruina, en presencia de nuestro Dios


Lectura del libro de Judit 13, 17-20

En aquellos días, todos se quedaron asombrados y, postrándose en adoración a Dios, dijeron a una voz:
-«Bendito eres, Dios nuestro, que has aniquilado hoy a los enemigos de tu pueblo.»
Y Ozías dijo a Judit:
-«Que el Altísimo te bendiga, hija, más que a todas las mujeres de la tierra. Bendito el Señor, creador del cielo y tierra, que enderezó tu golpe contra la cabeza del general enemigo. Los que recuerden esta hazaña de Dios jamás perderán la confianza que tú inspiras. Que el Señor te engrandezca siempre y te dé prosperidad, porque no dudaste en exponer tu vida, ante la humillación de nuestra raza, sino que vengaste nuestra ruina, procediendo con rectitud en presencia de nuestro Dios.»
Todos aclamaron:
-« ¡Así sea, así sea!»

Palabra de Dios.


Salmo responsorial Sal 144, 1-2. 4-6. 8-9 (R.: 9b)


R. El Señor es cariñoso con todas sus criaturas.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R.

Una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones. R.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R.


En lugar de esta lectura con su salmo, puede utilizarse la que figura en el Apéndice (del Misal de la Virgen), núm. 1 o núm. 16

Sería oportuno cantar o recitar aquí la célebre secuencia Stabat Mater, optativa para la memoria litúrgica de Nuestra Señora de los Dolores, el 15 de septiembre.

Versículo antes del evangelio

Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, firme en la fe, confortada por la esperanza, abrasada por el fuego de la caridad.


Evangelio

Muchos teólogos no han dudado en llamar a María "Corredentora de la humanidad", no porque ella la haya redimido puesto que el único Salvador es Jesucristo, sino porque la Madre Dolorosa es la que más plenamente unida estuvo al Sacrificio del Hijo y la principal colaboradora en la obra de la redención de los hombres.

Junto a la cruz de Jesús estaba su madre

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27.

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería,
dijo a su madre:
— Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo:
— Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Aplicando a María los elogios que sobre santa Judit hemos escuchado en la primera lectura, elevemos nuestra oración al Creador del mundo.

A cada petición, respondan: R. Míranos con bondad, Señor

-María fue bendecida y exaltada por el Altísimo más que todas las mujeres de la Tierra.
+Por ella, pidamos a Dios la abundancia de bendiciones para la Iglesia Católica y en particular para el Santo Padre N. Oremos.

-María, la Llena de gracia, ha asestado al eterno Enemigo, el golpe mortal.
+Por ella, pidamos a Dios que proteja a sus hijos de las asechanzas del Maligno. Oremos.

-María es la Virgen de la Confianza, la Mujer de quien el mismo Dios se fió, y a la que acuden todos los hombres llamándola "Madre".
+Por ella, pidamos a Dios el auxilio para los que se encuentran solos o desamparados. Oremos.

-María, Reina de los mártires, con su fidelidad y entrega, no dudó en ofrecer la vida, junto a la de su Hijo, por la redención de la humanidad.
+Por ella, pidamos a Dios el consuelo y la fortaleza para los que aun hoy, incluso más que en otros tiempos, son perseguidos a causa de su fe. Oremos.

-María, a quien la liturgia aplica con razón el título de "Espejo de Justicia", procedió con rectitud ante Dios.
+Por ella, pidamos a Dios el espíritu de justicia para quienes, respecto de sus hermanos, ejercen alguna responsabilidad en la vida pública. Oremos.

Ofertorio

María aceptó estar plenamente asociada a la Vida, Muerte y Resurrección de su Hijo; nosotros suplicamos a esta Madre del dolor y de la gloria, que nuestra vida entera sea ofrenda agradable a Dios, como el Cordero que se hará presente bajo las apariencias de los dones que a continuación presentamos.

Oración sobre las ofrendas

Transforma, Señor, estos dones con la acción del Espíritu Santo, para que, por el sacrificio del altar, al que se asocia la Santísima Virgen, se borre el pecado del mundo y se nos abran las puertas del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

La Santísima Virgen, por la bondad divina, fue asociada a la Pasión

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
Porque, para reformar al género humano
has querido, con sabiduría infinita,
que la nueva Eva estuviera junto a la cruz del nuevo Adán,
a fin de que ella,
que por obra del Espíritu Santo fue su Madre,
por un nuevo don de tu bondad,
comparta su pasión;
y los dolores que no sufrió al haber dado a luz,
los padeciera, inmensos, al hacemos renacer para ti.

Por eso,
con los ángeles y arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar
el himno de tu gloria:

                                                      Santo, Santo, Santo.

Comunión

No existe mayor participación en el Sacrificio de Cristo que la comunión con su Cuerpo y su Sangre, Sacramento Vital. Con la actitud orante y oferente, amante y perseverante de María, acerquémonos a la Mesa de los elegidos.

Antífona de comunión

Dichosa tú, Virgen María, que, sin morir, mereciste la corona del martirio junto a la Cruz del Señor.

O bien:

Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis, de gozo.

Oración después de la comunión

Míranos, Señor, a tus siervos que hemos recordado los dolores de la Virgen, y a quienes has alimentado con el sacramento pascual, concédeles, llevando la cruz de cada día, participar de la resurrección de Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. 

Despedida

Imitando la actitud de entrega de María, que sin derramar su sangre mereció la más gloriosa palma del martirio, seamos en medio de las persecuciones del mundo, los testigos fieles que con espíritu de fortaleza, anuncian que Cristo es el único Salvador del mundo.

Notas

1. El Martyrologium Romanum vigente, incluye entre sus santos a Judit, y la inscribe el 30 de diciembre. 

15 de septiembre, memoria litúrgica de Nuestra Señora de los Dolores.


domingo, 14 de septiembre de 2014

"¿Culto o caridad?"




Hace tiempo que escucho en la Iglesia y fuera de ella un modo de decir y hacer que bautizaría como "dialéctica de la disyunción". Se trata de una posición bastante difundida que consiste en la exaltación de alguna virtud o acto virtuoso en detrimento de alguna legítima práctica cultual. Paso a explicarme:

Según este modo de pensar se afirma, por ejemplo, que la frecuente y extendida adoración al Santísimo, o el rezo diario del santo Rosario, por ejemplo, serían como "perder un tiempo" para ellos "precioso", que debería emplearse en la práctica de más obras de caridad. Así, no son pocos los que profieren expresiones como la siguiente: "Yo no voy a Misa los domingos pero visito los enfermos". Incluso se llega a criticar la actitud de quienes acuden asiduamente a Misa y no son ejemplares. En este sentido, se efectúan comentarios como el siguiente: "No soy como esa gente que va a Misa, "se golpea el pecho" (sic), y luego en su vida de todos los días, es una mala persona". Como si el ir a Misa "causara" que alguien fuera mala persona, o como si la condición para ser buena persona fuera que alguien no vaya a Misa.

Es cierto que se supone que quienes van deberían ser mejores cada día. Pero también es verdad que los que no van, no están exentos de procurar ser también ellos cada día mejores. La triste realidad es que muchas veces ni unos ni otros lo son, pero son precisamente los que no van los que, en igualdad de condiciones con los otros, reclaman a éstos los que ninguno cumple.

Pero la mentada disyunción no se limita solamente a ese terreno. Es frecuente aplicarla también, y con el mismo prejuicio, al ámbito normativo de la Iglesia. Por ejemplo hay quienes sostienen: "No hay que sujetarse tanto a las normas litúrgicas; lo importante es celebrar de corazón la Eucaristía y los demás sacramentos". mayormente son los mismos sacerdotes quienes pronuncian aseveraciones como esa.

Planteamientos de esta naturaleza no están exentos de falacia. En efecto, si bien nadie puede negar que la práctica de la caridad es la plenitud del cumplimiento de la Ley de Dios, esto no permite deducir que las diversas prácticas cultuales carezcan de valor. Se constriñe a optar por uno solo de los elementos de este binomio, dando por descontada su mutua exclusión.

Es justo admitir, por otras parte, que hay quienes, so pretexto de realizar sus prácticas religiosas públicas o privadas, litúrgicas o piadosas, rehúyen al cumplimiento de los mandamientos y descuidan sus deberes de estado. Por estar "rezando", no tienden la mano al hermano necesitado; por asistir a demasiados actos litúrgicos o responsabilizarse de un sinnúmero de actividades en su comunidad parroquial, desatienden sus obligaciones familiares. Pero el error aquí no está en los actos de culto que realizan, que son de por sí laudables, sino en la caridad fraterna que omiten practicar, en las obligaciones que incumplen.

Una fe celebrada de acuerdo con la normativa de la Iglesia, pero no puesta en acto en la caridad hacia los hermanos, es vana apariencia, mero ornato exterior. Y una "fe" vivida pero no celebrada en el culto necesario y legítimo querido por Dios y aprobado oficialmente por la Iglesia, puede devenir en asistencialismo transitorio, y puede ser sospechado de interesada actitud con fines propagandísticos.

En definitiva, la práctica de una "fe" creada por el mismo hombre y hecha a su medida, idolatra el individualismo y atenta contra la concepción de "Pueblo de Dios", categoría esencial en el plan de salvación de la humanidad. De hecho, es verdadero que el Padre envió a su Hijo para que me salve a mí, pero no solo sino en comunidad. La salvación que el Señor Jesús nos obtuvo de una vez para siempre, si bien depende de cada uno, está dirigida a todos. De ahí la noción de Iglesia, "Cuerpo Místico de Cristo".

Podemos concluir diciendo que no se trata de plantear el binomio "culto/caridad" en términos excluyentes, sino como las dos dimensiones de una única realidad, la de la fe celebrada y vivida para gloria de Dios, salvación del género humano y recapitulación en Cristo de todo lo que existe.

14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.




viernes, 12 de septiembre de 2014

Misas de la Virgen XI (Cuaresma): "La Virgen María junto a la Cruz del Señor" (I)




Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.
 
MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

 A medida que avanza el tiempo de Cuaresma, que está organizado a semejanza del camino de Jesús hacia la ciudad santa de Jerusalén, lugar de su oblación, se hace más frecuente la contemplación del misterio de la Pasión de Cristo; de ahí que se haga más frecuente también, en el corazón de los fieles, el recuerdo del sufrimiento compartido de Santa María Virgen.
En los Propios tanto de las Iglesias particulares como de los Institutos religiosos encontramos varios formularios que celebran a la Madre participando en la Pasión del Hijo. El formulario que aquí se propone proviene, a excepción del Prefacio, del Proprium missarum Ordinis Fratrum Servorum beatae Mariae Virginis, Curia general OSM, Roma 1972, pp. 24-27.
Los textos de la Misa ilustran el misterio de la Pasión de Cristo, que, de un modo misterioso, continúa completándose en «las infinitas penas de la vida de sus miembros» (Oración colecta); por esto son adecuadas a esta celebración aquellas palabras del Apóstol: «Completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia» (Antífona de comunión, Col 1, 24).
Santa María, «Reina del cielo y Señora del mundo» (Versículo antes del evangelio), estuvo junto a la cruz del Hijo (cf. Antífona de entrada, Evangelio, Jn 19,25-27), «dolorosa» (Oración colecta), «sufriendo» (Versículo antes del evangelio), «intrépida» y «fiel» (Prefacio), cumpliendo diversas funciones de salvación y «para dar cumplimiento a las figuras antiguas» (Prefacio). En efecto, la Santísima Virgen estuvo junto al Hijo moribundo en la cruz:
- como cooperadora de la redención (cf. Oración sobre las ofrendas), asociada por sus dolores de madre al Sacrificio del Hijo, Sumo Sacerdote (cf. Oración después de la comunión);
- como nueva Eva, en la que se cumplió la profecía sobre la función salvadora de la «Mujer» (cf. Gn 3, 15; Jn 19, 26; Ap 12, 1): así como la primera mujer había contribuido «a la muerte», así la segunda -María contribuyó «a la vida» (cf. Prefacio, LG 56);
- como la Sión Madre, a la que saludan todos los pueblos diciendo: «Todas mis fuentes están en ti» (Sal 86 [87], 7), ya que recibe con amor materno «a los hombres dispersos, reunidos por la muerte de Cristo» (Prefacio, cf. Jn 11, 52);
- como modelo de la Iglesia, que, contemplándola como «Virgen intrépida», «guarda íntegra la fidelidad prometida al Esposo» (Prefacio, cf. LG 64). 

El misterio de María junto a la Cruz, la Iglesia lo celebra de modo particular en la memoria litúrgica obligatoria del 15 de septiembre: "Nuestra Señora de los Dolores". En algunos lugares se celebra también el viernes inmediatamente anterior al Domingo de Ramos. Por su parte, la solemne Acción litúrgica del Viernes Santo, luego del rito de la Adoración de la Cruz, suele reservar un intervalo para la "Memoria de los Dolores de la Virgen", una sencilla conmemoración, incluida en la Celebración de la Pasión del Señor. Consta de una monición, del canto o recitación de la secuencia Stabat Mater, y de una oración conclusiva, todo lo cual precede inmediatamente a la tercera parte de la Acción litúrgica del Viernes Santo: la Sagrada Comunión.

Introducción

El misterio de "María, junto a la Cruz del Señor", sobre el que vamos a meditar en esta Misa, es una dulce invitación a unirnos cada vez más intensamente a la Pasión salvadora del Señor Jesucristo. 
En este tiempo cuaresmal, queremos acompañar a la Madre Dolorosa, que no solamente contempla la Muerte del Hijo, sino que se asocia íntimamente a su Sacrificio pascual, convirtiéndose en la primera colaboradora en la redención de la humanidad.

Antífona de entrada

Junto a la Cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.

Oración colecta

Señor, Dios nuestro, por un designio misterioso de tu providencia completas lo que falta a la pasión de Cristo con las infinitas penas de la vida de sus miembros; concédenos que, a imitación de la Virgen Madre dolorosa que estuvo junto a la Cruz de su Hijo moribundo, así nosotros permanezcamos junto a los hermanos que sufren para darles consuelo y amor. Por nuestro Señor Jesucristo.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura

Cristo con los brazos extendidos en la Cruz, en el Sacrificio que se renueva en cada Misa, es la máxima manifestación de amor que el mundo haya conocido y pueda llegar a conocer.

Ninguna criatura podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 8, 31b-39

Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?
¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?; ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?, como dice la Escritura: «Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza».
Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna, podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 17, 2-3. 5-6. 7. 19-20 (R.: 7a)

R. En el peligro invoqué al Señor.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte. R.

Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte. R.

En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos. R.

Me acosaban el día funesto,
pero el Señor fue mi apoyo:
me sacó a un lugar espacioso,
me libró porque me amaba. R.

En lugar de esta lectura con su salmo puede utilizarse la que figura en el Apéndice (del Misal de la Virgen), núm. 15.


Sería oportuno cantar o recitar aquí la célebre secuencia Stabat Mater, optativa para la memoria litúrgica de Nuestra Señora de los Dolores, el 15 de septiembre.

Versículo antes del Evangelio

Estaba santa María, Reina del cielo y Señora del mundo, sufriendo junto a la cruz del Señor.

Evangelio

Precioso Testamento el de Jesús: 
La noche de la Última Cena nos había dejado sacramentalmente el mismo Cuerpo y la misma Sangre que ahora ofrecía en holacausto en la Cruz. Y por si fuera poco, también nos entrega a su Madre como prenda de protección, consuelo y esperanza.

Junto a la cruz de Jesús estaba su madre

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería,
dijo a su madre:
— Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo:
— Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

 R. Junto a la Madre Dolorosa, te lo pedimos, Señor.

-Por la unidad y el crecimiento espiritual de la Iglesia Católica, roguemos con María, Madre del Crucificado...R.

-Por la salud y las intenciones del Sumo Pontífice N, roguemos con San Juan Evangelista, amado del Señor...R.

-Por los enfermos, los huérfanos, los excluidos, los encarcelados y los explotados, que son los crucificados de hoy, roguemos con Santa María Magdalena, modelo de lo que Dios puede hacer con los que vuelven a Él su rostro...R.

-Por los que de una u otra manera han decidido seguir más de cerca a Jesús, dedicando su vida a los hermanos, roguemos con Santa María de Cleofás, ejemplo de entrega y servicio al Señor...R.

-Por los que hoy niegan a Jesús como Mesías, para que el Espíritu Santo les enseñe toda la verdad, roguemos con María, la Virgen Madre de toda la humanidad...R.

Ofertorio

La Madre que participó en persona del Sacrificio de su Hijo, Cordero de Dios, se encuentra presente cada vez que se actualiza el Sacrificio en la Misa. Con esta Virgen oferente, presentemos el pan y el vino elegidos por el Señor para quedarse entre nosotros.

Oración sobre las ofrendas 

Recibe, Señor, las ofrendas de tu pueblo, y conviértelas en el sacramento de nuestra redención, en la que cooperó generosamente la Virgen, permaneciendo intrépida junto al altar de la cruz. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

Junto a la cruz del Hijo la Madre permaneció fiel

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

Porque en tu providencia estableciste
que la Madre permaneciera fiel
junto a la cruz de tu Hijo,
para dar cumplimiento a las antiguas figuras,
y ofrecer un ejemplo nuevo de fortaleza.

Ella es la Virgen santa
que resplandece como nueva Eva,
para que así como una mujer contribuyó a la muerte
así también la mujer contribuyera a la vida.
Ella es la misteriosa Madre de Sión
que recibe con amor materno
a los hombres dispersos,
reunidos por la muerte de Cristo.

Ella es el modelo de la Iglesia Esposa,
que, como Virgen intrépida,
sin temer las amenazas
ni quebrarse en las persecuciones,
guarda íntegra la fidelidad prometida al Esposo.

Por eso,
unidos a los coros angélicos,
te aclamamos llenos de alegría:

Santo, Santo, Santo.


Comunión

El Cuerpo sin vida que colgó en la Cruz y la Sangre que entonces se derramó,  ahora glorificados, son Alimento de unidad y esperanza en nuestro itinerario hacia la Pascua eterna.

Antífona de comunión

Completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia.

Oración después de la comunión 

Después de recibir la prenda de nuestra salvación, te pedimos, Señor, que, por los méritos del sacrificio de Cristo, sumo sacerdote, y de los dolores de la Virgen, el Espíritu Santo, presente con plenitud en la Iglesia, inunde con su amor el mundo entero. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Despedida

Los que hemos contemplado con la Virgen de Dolores a Cristo Crucificado, creemos que ahora vive para siempre. Es éste el anuncio que tenemos para compartir con nuestros hermanos.


12 de septiembre, memoria litúrgica del Dulce Nombre de María.


jueves, 11 de septiembre de 2014

Misas de María X (Cuaresma): "Santa María, discípula del Señor"

Virgo fidelis


Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

El tiempo de Cuaresma es un «camino» que los fieles recorren «entregados más intensamente a escuchar la palabra de Dios y a la oración» (SC 109) y llevando la cruz con ánimo más generoso (cf. Lc 14, 27), para que, purificados interiormente, lleguen a una digna celebración de las fiestas pascuales. De este modo se convierten en auténticos discípulos de Cristo, que escuchan sus palabras y se esfuerzan por retenerlas (cf. Lc 8, 15), siguen sus huellas negándose a sí mismos (cf. Mt 16,24) y procuran estar fielmente junto a la Cruz de Jesús (cf. Jn 19, 26).
Por todo ello, si, por justa causa, se celebra la Misa de Santa María Virgen, se emplea oportunamente este formulario, en el que la Madre del Señor es venerada como «el modelo del discípulo fiel que cumple la palabra» de vida (Oración colecta). La Santísima Virgen, en efecto, que, por un don singular de Dios, fue Madre de Cristo, fue también, por una razón especialísima, su «primera y más perfecta (...) discípula» (MC 35).
Esta Misa pone de manifiesto la importancia de la «palabra de Dios» o «mensaje de salvación» en la vida de los discípulos (cf. Oración colecta, Oración después de la comunión), implora para ellos la divina sabiduría (cf. Oración sobre las ofrendas), ensalza la perfección de la ley del Señor y la justicia de sus mandamientos (Salmo responsorial, cf. Sal 18 [19], 8-11), pone ante la mirada de los fieles el Corazón de la Virgen, que guardaba las palabras del Señor (Antífona de entrada, Evangelio, Lc 2,41-52), para que sigan su ejemplo (cf. Oración después de la comunión).
Entre los textos eucológicos destaca el Prefacio Cuya Madre, la gloriosa Virgen María, en el que resuena en cierto modo la voz de Cristo, que, a la alabanza de aquella mujer anónima («Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron») respondió: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen» (Lc 11, 27-28); es también como un eco de la frase de san Agustín al comentar aquel lugar del evangelio «¿Quién es mi madre?» (Mc 3, 33): «Ciertamente, cumplió Santa María, con toda perfección, la voluntad del Padre, y, por esto, es más importante su condición de discípula de Cristo que la de Madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser Madre de Cristo» (Sermo 25, 7: PL 46, 937). 

Introducción

En este bendito Tiempo de Cuaresma contemplamos a Santa María, Madre y Modelo de todo discípulo. Precisamente porque fue discípula ejemplar es Maestra incomparable. En su escuela queremos aprender a seguir a Jesús. A ella, Refugio de los pecadores, nos acercamos quienes deseamos recorrer un auténtico camino de conversión.
Con profunda devoción celebremos la Misa y pidamos al Señor por los frutos de esta Cuaresma.

Antífona de entrada 

Dichosa eres, María, que al recibir el anuncio del Ángel te has hecho Madre del Verbo de Dios. Dichosa tú, que, meditando en silencio las palabras del cielo, te has convertido en discípula del Señor.

Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que en la bienaventurada Virgen María nos das el modelo del discípulo fiel que cumple tu palabra, abre nuestros corazones para escuchar el mensaje de salvación que, en virtud del Espíritu Santo, ha de resonar diariamente en nosotros y producir fruto abundante. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Liturgia de la Palabra

Primera lectura

La sabiduría es don del Espíritu Santo que nos acerca a las verdades de Dios. Pidámosla mediante una escucha orante de la siguiente lectura.

Daré gracias al que me enseñó

Lectura del libro del Eclesiástico 51, 13-18. 20–22

Siendo aún joven, antes de torcerme,
deseé la sabiduría con toda el alma,
la busqué desde mi juventud
y hasta la muerte la perseguiré;
crecía como racimo que madura,
y mi corazón gozaba con ella,
mis pasos caminaban fielmente
siguiendo sus huellas desde joven,
presté oído un poco para recibirla,
y alcancé doctrina copiosa;
su yugo me resultó glorioso,
daré gracias al que me enseñó;
decidí seguirla fielmente,
cuando la alcance no me avergonzaré.
Mi alma la siguió desde el principio
y la poseyó con pureza;
con sus consejos conseguí prudencia,
por eso no la abandonaré;
mis entrañas se conmovían al mirarla,
por eso la adquirí como posesión preciosa;
el Señor me concedió lo que pedían mis labios,
con mi lengua le daré gracias.

Palabra de Dios

Salmo responsorial Sal 18, 8. 9. 10-11. 15 (R.: cf. Jn 6, 63c)

R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante.
Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.
Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R.

Que te agraden las palabras de mi boca,
Y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío. R.

Aleluya y versículo antes del evangelio Cf.  Lc 2, 19

Dichosa es la Virgen María que conservaba la Palabra de Dios, meditándola en su corazón. 

Evangelio

Puede parecer extraño que para esta Misa mariana cuaresmal se haya escogido el Evangelio que sigue, perteneciente a la Infancia del Señor, sugerido también para la Misa de "Santa María de Nazaret", del tiempo navideño. Se debe al hecho de que la actitud de todo auténtico discípulo del Señor es "conservar en su corazón" la Palabra de Dios. Es justamente lo que hacía María, como nos dice esta página evangélica:

El verdadero discípulo del Señor, como María y José, Lo busca afanosamente porque sabe que solamente en Cristo está la verdadera felicidad.

La Madre de Jesús conservaba todo esto en su corazón

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 41-52. 

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre, y cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.
Estos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a bus caria entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.
A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas: todos los que le oían, quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
— Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.
Él les contestó:
— ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?
Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.
Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.
Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres. 

Palabra del Señor.

O bien:

El poner en práctica la Palabra de Dios es la segunda actitud del auténtico discípulo, luego de "acogerla en el corazón" a lo que aludimos en el comentario anterior. Por hacer referencia a esto, se ha elegido el siguiente texto evangélico:

O bien:

Doblemente dichosa es la Virgen Madre pues alimentó en su regazo al Hijo del Eterno Padre, pero antes había acogido sin reservas la Palabra de Dios, a la puso en práctica como nadie durante toda su vida.
 
Señalando con la mano a los discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos.»

+ Lectura del santo Evangelio según san Mateo 12, 46-50

En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó:
- «Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo.»
Y, señalando con la mano a los discípulos, dijo:
- «Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.»

Palabra del Señor.

En lugar de este evangelio puede utilizarse el que figura en el Apéndice (del Misal de la Virgen), núm. 19.

Oración de los fieles

R. Señor, escucha y ten piedad

-Para que durante su itinerario cuaresmal, la Iglesia llegue con su mensaje de conversión hasta los corazones más endurecidos. Oremos.

-Para que el mensaje de Cuaresma del Santo Padre N sea acogido por todas las comunidades cristianas como signo de hermandad y compromiso de conversión. Oremos.

-Para que los que sufren corporal o espiritualmente unan sus padecimientos a la Pasión salvadora del Señor y así experimenten el consuelo celestial. Oremos.

-Para que los que se han alejado de la Iglesia vuelvan a ella, y experimenten en el sacramento de la Reconciliación, el abrazo paternal de Dios misericordioso. Oremos.

-Para que María, Refugio de los pecadores, interceda por las Almas del Purgatorio, y les obtenga el perdón pleno de la pena. Oremos. 

Ofertorio

Junto al pan y al vino, signo de nuestra entrega, con María, perfecta Discípula del Divino Maestro, llevamos al altar las intenciones de la gran familia de la Iglesia y de todos los hombres de buena volntad.

Oración sobre las ofrendas

Mira con bondad, Señor, los dones que te presentamos con alegría en la memoria de la Virgen, madre y discípula de tu Hijo, y concédenos, por ella, la gracia de la sabiduría, que no pretendemos alcanzar por nuestras fuerzas. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Prefacio

La Bienaventurada Virgen, discípula del Verbo encarnado, es proclamada dichosa

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

Cuya Madre, la gloriosa Virgen María,
con razón es proclamada bienaventurada,
porque mereció engendrar a tu Hijo
en sus entrañas purísimas.
Pero con mayor razón
es proclamada aun más dichosa,
porque, como discípula de la Palabra encarnada,
buscó solícita tu voluntad
y supo cumplida fielmente.

Por eso,
con todos los ángeles y santos,
te alabamos, proclamando sin cesar:

Santo, Santo, Santo.


 Comunión

 La Eucaristía es el Pan de los que peregrinamos por el desierto cuaresmal de la vida terrena hacia la Pascua eterna de la eterna unión con Cristo.

Antífona de comunión 

Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. 

Oración después de la comunión

Alimentados con esta eucaristía, te pedimos, Señor, llenos de gozo, que, siguiendo el ejemplo de la Virgen, seamos verdaderos discípulos de Cristo, que escuchan diligentemente sus palabras y las cumplen con fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Despedida

 Como discípulos y misioneros de Jesucristo, con María, la primera discípula, sigamos transitando con esperanza este camino cuaresmal.

11 de septiembre, conmemoración de nuestra Señora del Coromoto, patrona de Venezuela.


lunes, 8 de septiembre de 2014

Misas de la Virgen IX (Navidad): "La Virgen María en Caná"




Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

El «signo de Caná», según la narración evangélica (Jn 2, 1-12), pertenece al misterio de la manifestación del Señor. Por esto la liturgia romana lo conmemora cada año en la solemnidad de la Epifanía del Señor: «Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy, la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy, el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy, Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvamos. Aleluya» (LH 6 enero II Vísperas antífona del Magnificat); pero también en el Tiempo Ordinario, en el domingo II del año C, celebra atentamente este «comienzo de los signos». En esta manifestación del Señor la Santísima Virgen estuvo presente y activa, y por esto la liturgia la recuerda junto al Hijo, al cantar: «por ti realizó tu Hijo el primero de sus signos; por ti el Esposo preparó el vino nuevo para su Esposa; por ti los discípulos creyeron en el Maestro» (Antífona de comunión). 
Aunque la liturgia -como acabamos de leer- haya reservado el relato evangélico de las Bodas de Caná para el segundo domingo del Tiempo Ordinario del ciclo C, se entiende que esta Misa de la Virgen, en que también se proclama, se haya incluido entre las del Tiempo de Navidad, pues, como se ha dicho, este primer milagro de Jesús se considera una de las tres manifestaciones -arriba mencionadas- a que se refiere el misterio navideño de la Epifanía.
En esta Misa, por tanto, se celebra conjuntamente a Jesús, el Señor, a la Iglesia, que se reúne a partir del signo de Caná, y a Santa María Virgen:
- en primer lugar, a Cristo, el Señor, que en Caná, con el signo admirable, manifestó su gloria y se mostró a sí mismo: como el Mesías prometido por Dios (cf. Prefacio); como el Maestro, al que los discípulos se adhieren por la fe (cf. Antífona de entrada, Evangelio, Antífona de comunión); como el Señor, cuyos mandatos cumplen los sirvientes (cf. Prefacio); como el nuevo Moisés (cf. 1ª Lectura., Ex 19, 3-8a), Autor de la alianza nueva y eterna; como el Esposo, que por su esposa la Iglesia, en la hora designada, «entregó su vida en la cruz» (Prefacio), donde de su lado abierto manó sangre y agua, símbolos de la redención;
- luego a la Iglesia o comunidad de los discípulos, que se unen a Cristo por la fe (cf. Oración después de la comunión), obedecen sus preceptos (cf. Oración colecta, Prefacio), comparten las necesidades de la Iglesia y preparan la llegada del Reino «por la concordia de los espíritus» (cf. Oración después de la comunión); la Esposa amada, para quien el Esposo ofrece a diario el Banquete nupcial (cf. Prefacio);
- finalmente a la Madre de Jesús, que «por disposición admirable» estuvo presente «en los misterios de nuestra salvación» (Oración colecta). La Santísima Virgen María, la misma función salvadora que desempeñó en Caná, en los días de su vida mortal, a favor de los esposos y de los discípulos, la ejerce ahora desde el cielo, donde reina gloriosa, en favor de toda la Iglesia: preocupándose por el bien de los hombres, intercede ante el Hijo para que atienda a sus necesidades (cf. Prefacio); manda a los hombres que hagan «aquello que el Hijo nos ha mandado hacer en el Evangelio» (Oración colecta). Más aun, según el sentido de la liturgia, hemos de estar convencidos de lo siguiente: la Madre de Jesús, que estuvo presente en el banquete de bodas de Caná, está presente en el Banquete nupcial eucarístico de la Iglesia. Por esto la comunidad de los fieles celebra todos los días la Eucaristía, reunidos en comunión ante todo con la gloriosa Virgen María. 

Introducción

El 16 de octubre de 2002, Juan Pablo II, al iniciar los festejos por el 25° aniversario de su elección como Vicario de Cristo, que habría de celebrar solemnemente el mismo día del siguiente año, quiso convocar al "Año del Santo Rosario" y legarnos la encíclica Rosarium Virginis Mariae. En este texto precioso, el santo Papa polaco añadía cinco más a los hasta entonces quince misterios del Rosario: los mysteria lucis (misterios de la luz). Justamente el segundo de ellos es "La autorrevelación de Jesús en su primer milagro de las Bodas de Caná". Sobre este signo nos dice San Juan Pablo II en la encíclica: "Misterio de luz es el comienzo de los signos en Caná (cf. Jn 2, 1-12), cuando Cristo, transformando el agua en vino, abre el corazón de los discípulos a la fe gracias a la intervención de María, la primera creyente". (n. 21).
Hermanos, hoy, en la Misa que estamos por celebrar, queremos dirigir nuestra mirada a esta "primera creyente", la Santísima Virgen, presente en las Bodas de Caná, para que nos enseñe a hacer lo que el Señor nos pide, como a los sirvientes en aquella fiesta.

Antífona de entrada Jn 2, 1. 11

Había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Cristo manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él. 

Oración colecta

Adviértase cómo la presencia de María, que en esta Misa contemplamos en el signo de Caná, en la siguiente colecta, es aludida de modo genérico, más abarcativo:

Señor, Padre santo, que quisiste, por disposición admirable, que la bienaventurada Virgen María estuviese presente en los misterios de nuestra salvación, concédenos, atendiendo a las palabras de la Madre de Cristo, hacer aquello que tu Hijo nos ha mandado en el Evangelio. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Liturgia de la Palabra

Primera lectura

En la fidelidad de Moisés al mandato del Señor y su voluntad de "hacer lo que Él le diga", reconocemos la humildad de una muchedumbre de elegidos, entre los que se destaca la Virgen Madre de Dios.

Lectura del libro del Éxodo 19, 2-8a

En aquellos días, Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde el monte, diciendo:
–«Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los israelitas: "Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa." Estas son las palabras que has de decir a los israelitas.»
Moisés convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todo lo que el Señor le había mandado.
Todo el pueblo, a una, respondió:
–«Haremos todo cuanto ha dicho el Señor.»

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 118, 12. 45. 78 (R.: cf. 4)

R. Tú promulgas tus decretos para que se observen exactamente.

Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón. R.

Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos.
En mi corazón escondo tus consignas,
así no pecaré contra ti. R.

Bendito eres, Señor,
enséñame tus leyes.
Mis labios van enumerando
los mandamientos de tu boca;
mi alegría es el camino de tus preceptos,
más que todas las riquezas. R.

Medito tus decretos,
y me fijo en tus sendas;
tu voluntad es mi delicia. R.

Versículo antes del Evangelio Cf. Lc 11, 27

Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen; dichosa santa María, que cumplió totalmente la voluntad de Dios.

Evangelio

"Haced lo que Él diga".
Estas palabras de la Madre del Señor, siguen resonando hoy -y lo harán hasta el final de los tiempos- en los corazones de los hombres de buena voluntad. ¿Cómo la mejor de las madres iba a desentenderse de sus hijos?

Haced lo que él diga

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan 2, 1-11. 

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo:
— No les queda vino.
Jesús le contestó:
— Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora. Su madre dijo a los sirvientes:
— Haced lo que él diga.
Había allí colocadas, seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dijo:
— Llenad las tinajas de agua.
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les mandó:
— Sacad ahora, y llevádselo al mayordomo.
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), entonces llamó al novio y le dijo:
— Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora.
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él. 

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

 R. Que hagamos lo que Tú nos dices

-Porque la Santa Iglesia, con el Papa a la cabeza, quiere crecer en el amor y la humildad, con Santa María de Caná, te pedimos...R.

-Porque a los esposos cristianos se les hace difícil vivir los compromisos asumidos en un mundo descreído, con todos los santos esposos te pedimos...R.

-Porque hay hogares en los que falta lo indispensable para vivir, con los santos Apóstoles, los primeros dispensadores de tus dones, te pedimos ...R.

-Porque queremos que los hermanos del pueblo de la primera alianza alcancen la plenitud de las promesas, con el santo profeta Moisés te pedimos...R. 

(El actual Martyrologium Romanum incluye a Moisés en el catálogo de los santos, oficializando así su culto litúrgico. Por esta razón, quise incluirlo en la súplica anterior).

Ofertorio

¡Salve, Virgen y Esposa! Así canta a María el himno oriental Akathistós, la más célebre de las composiciones en su honor.
También nosotros la aclamamos, y con ella, la Esposa del Banquete de la Nueva Alianza, presentamos los dones eucarísticos a la vez que hacemos ofrenda de nuestra propia vida.

Oración sobre las ofrendas 

Señor, los dones que te presentamos con alegría transfórmalos en el Cuerpo y Sangre de Jesucristo, tu Hijo, que, a ruegos de su Madre, cambió el agua en vino realizando un signo que anunció de antemano la hora de su pasión gloriosa. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

El siguiente Prefacio puede utilizarse en el domingo II del Tiempo Ordinario del ciclo C:

Prefacio

La Bienaventurada Virgen manda a los sirvientes que cumplan las órdenes de Cristo

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo darte gracias,
y deber nuestro glorificarte, Padre santo,
en esta celebración de la gloriosa Virgen María.

Ella, atenta con los nuevos esposos, rogó a su Hijo
y mandó a los sirvientes cumplir sus mandatos:
las tinajas de agua enrojecieron,
los comensales se alegraron,
y aquel banquete nupcial simbolizó
el que Cristo ofrece a diario a su Iglesia.

Este signo maravilloso
anunció la llegada del tiempo mesiánico,
predijo la efusión del Espíritu de santidad,
y señaló de antemano la hora misteriosa
en la que Cristo se adornó a sí mismo
con la púrpura de la pasión
y entregó su vida en la cruz por su esposa, la Iglesia.

Por él, los ángeles y los arcángeles
te adoran eternamente,
gozosos en tu presencia.
Permítenos unimos a sus voces
cantando tu alabanza:

Santo, Santo, Santo.

Comunión

El agua transformada en vino, que se consumió definitivamente en Caná, era profecía de otro Milagro muy superior: El del vino que se transforma en la Sangre de Jesús, junto con el pan que llega a ser su Cuerpo. He aquí el Alimento que nos ofrece la Iglesia Esposa: jamás se acaba y anticipa las Bodas definitivas del Cordero.

Antífona de comunión

Dichosa eres, Virgen María: por ti realizó tu Hijo el primero de sus signos; por ti el Esposo preparó el vino para su Esposa; por ti los discípulos creyeron en el Maestro. 

Oración después de la comunión 

Alimentados por el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, te pedimos, Señor, que, siguiendo el ejemplo de la Virgen María, nos unamos a Cristo por la fe y, compartiendo las necesidades de la Iglesia, preparemos la llegada de tu Reino por la concordia de los espíritus. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Despedida

Hemos saciado nuestra hambre con el Pan y el Vino que no perecen.
Invitemos, pues, a los hermanos, a este Banquete de los redimidos.

8 de septiembre, fiesta de la Natividad de María.