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viernes, 26 de agosto de 2016

Cómo hacer memoria de un santo en un "día impedido"





Algunos sacerdotes me han preguntado de qué manera sería más propio celebrar la festividad de un santo en un día litúrgicamente impedido, figure o no su nombre en el Calendario Romano general o en los particulares.

Aclaremos algunos conceptos antes de pasar a una respuesta concreta:

Si se compara con el innumerable elenco de santos a los que la Iglesia le rinde culto oficial, son muy pocos los que se han incluido en el Calendario general; concretamente, los de culto y fama verdaderamente universal. Los Calendarios particulares, tanto de las Congregaciones y Familias religiosas, como de diversas regiones geográficas, con la autorización de la Santa Sede, recogen algunos otros nombres de santos y beatos, cuya influencia es más restringida, y los fijan en fechas específicas, que no coincidan con "días litúrgicamente impedidos". Llamamos "impedidos" a los días del Calendario general o de los particulares en que tienen lugar celebraciones de diverso grado, las cuales, por regla general, no pueden ser ignoradas o dejadas de lado  (a saber, memorias obligatorias, fiestas, solemnidades o la misma liturgia dominical). Ahora bien, hay algunas excepciones a esta norma: por ejemplo, si el culto de estos santos, celebrados en una fecha determinada, es inmemorial, o si por razones pastorales conviene no modificar tal fecha, se conserva el día original para dicha celebración y se traslada la "obligatoria" para otro día, frecuentemente cercano. (Esto siempre con autorización de la Sede Apostólica).

Por razones de fuerza mayor, la Santa Sede, o los obispos con el aval explícito o implícito de ella, pueden, ocasionalmente, conceder una celebración en algún día impedido. A modo de ilustración, basten los siguientes tres ejemplos:

*Durante el Año Paulino (2008-2009), a nivel universal y  por única vez, la Santa Sede, por medio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, concedió en 2009, la posibilidad de que la fiesta de la Conversión del Apóstol Pablo -que ese año ocurrió un domingo- fuera celebrada en alguna de las Misas dominicales a elección, no obstante tener prioridad sobre ella el correspondiente domingo del Tiempo Ordinario.

*Allí donde la devoción a la Purísima está muy arraigada, cuando la solemnidad de la Inmaculada Concepción (08/12) ocurre en el Domingo II de Adviento -que tiene prioridad sobre ella-, a través del mismo dicasterio, la Santa Sede suele conceder que, en lugar de trasladarse dicha solemnidad al lunes 9, como establecen las rúbricas, se celebre el mismo 8, desplazando excepcionalmente a la liturgia dominical. Para tal concesión aduce puntualmente la razón de que el misterio de María concebida sin pecado original, en nada desentona sino que, muy por el contrario, compatibiliza plenamente con el bendito Tiempo de Adviento.

*El martes 26 de julio de 2016, memoria obligatoria de los santos Joaquín y Ana, padres de la Santísima Virgen (es decir, "día litúrgicamente impedido"), el cardenal Estanislao Dziwisz, arzobispo de Cracovia y sucesor de San Juan Pablo II en esa sede,  autorizó y presidió, ante miles de jóvenes y en la misma Cracovia, la Misa votiva del santo Papa polaco, en ocasión de la Apertura de la XXXI Jornada Mundial de la Juventud, evento eclesial del que Juan Pablo II es patrono a perpetuidad, por decisión de Su Santidad Francisco.

En realidad, la dificultad que plantea la pregunta que dio origen a esta entrada, se refiere a los casos en los que, en determinada comunidad, por alguna razón pastoral, y en un día litúrgicamente impedido, se desea hacer memoria en la Misa, y eventualmente en la Liturgia de las Horas, de tal o cual santo que cuente o no con un día propio en el Calendario general o en el particular.

Estamos ante una pregunta compleja: 1 cómo honrar a cualquier santo en un día litúrgicamente impedido (figure o no su nombre en el Calendario general o en el particular), y 2 cómo celebrar a un santo cuyo nombre no se recoge en esos calendarios.

La liturgia permite celebrar en un día no impedido o de "feria" a cualquier santo, sea del Antiguo o del Nuevo Testamento, inscripto en el Martirologio Romano vigente o en su Apéndice, debidamente aprobado por la Santa Sede. Esta inscripción es obligatoria en orden a cualquier forma de culto, salvo concesión explícita del Papa. La fecha original asignada a un santo en el Martirologio (como así también el lugar geográfico en este libro mencionado), son los de su muerte. Por eso, hay varios nombres en cada uno de los 365 días del año. Siempre se colocan en primer lugar -cuando las hay- las celebraciones del Calendario general, sean del rango que fueren (aquí sí que puede no haber coincidencia entre la fecha asignada y la de la muerte). Hay santos y beatos que están inscriptos dos veces en el Martirologio: la de su muerte y la de su celebración en el Calendario general o particular, pues son fechas que, según lo dicho, pueden no coincidir.

De esto se deduce que, en toda feria del Tiempo Ordinario (no así en las de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, que cuentan con formularios eucológicos propios), se puede celebrar la Misa (tomada del Común correspondiente) de cualquier santo inscripto ese mismo día en el Martirologio. Igualmente se puede realizar una "celebración votiva" en la Liturgia de las Horas, tomando igualmente algunos o todos los elementos del Común).

Ahora bien, a veces, el día en que está inscripto en el Martirologio el santo del que deseamos hacer memoria, coincide con alguna celebración obligatoria (entre las que debemos incluir el domingo, día del Señor). Es decir, es un día "litúrgicamente impedido", como expliqué más arriba. Y aquí arribamos a la segunda parte del interrogante, que comenzaré ilustrando con un nuevo ejemplo:

*La fecha original del aniversario del martirio del niño acólito San Tarcisio es el 15 de agosto. Como en el mismo día se celebra la solemnidad universal de la Asunción de la Virgen, durante mucho tiempo, la festividad del niño santo se adelantó al 14. Pero cuando hace unas décadas se fijó para ese mismo 14 la memoria obligatoria de San Maximiliano Kolbe, las regiones que honraban este día a Tarcisio se encontraron con una dificultad.
En los lugares donde San Tarcisio es patrono (iglesias, pueblos), por ser solemnidad, se sigue celebrando el 14 -nunca el 15- con autorización de la Santa Sede. En estos casos, la solicitud del permiso, ha sido obligatoria. En esas regiones, se traslada la memoria de San Maximiliano a otro día.

Ahora bien, fuera de casos como el anterior, donde no haya concesiones específicas de la Santa Sede, cuando una parroquia o capilla quiera honrar a determinado santo y este se encuentre inscripto en el Martirologio en algún día impedido, se puede recurrir a las siguientes alternativas litúrgicamente correctas:

1- Se lo honra en la Misa dominical más cercana del Tiempo Ordinario (o incluso de los Tiempos extraordinarios), sin modificar lo propio de la liturgia del domingo, pero insertando en ella menciones del santo en la introducción, en la homilía, en la Oración de los fieles, en la Plegaria Eucarística y luego de la Oración después de la Comunión, momento este último en el que puede rezarse una oración y hasta entonar algún cántico del santo, por ejemplo). En cualquier caso, hay que evitar que las alusiones al santo "desplacen" la liturgia del día del Señor; antes bien es dicha liturgia la que ha de iluminar y enriquecer el recuerdo reverente de dicho santo.

Según lo dicho en el parágrafo anterior, debe advertirse que es errónea la idea de que el único modo de hacer memoria de un santo en la Misa tiene que ser empleando el formulario propio o del común de tal santo.

(A diferencia de lo que ocurre en la Misa, en la estructura de la Liturgia de las Horas de una celebración de carácter obligatorio, por su esquema fijo, no es posible "insertar" el "recuerdo" de otro santo).

2- Se lo celebra en una fecha cercana a aquella en la que está inscripto en el Martirologio, y en la que no haya una celebración obligatoria. En este caso se puede emplear el formulario de la Misa del Común correspondiente. Se trataría de una "Misa votiva". Lo mismo vale para la Liturgia de las Horas.

Es recomendable, luego de fijar la fecha, preparar la celebración con una novena sobre la vida del santo, novena que ha de concluir el día inmediatamente anterior al de la celebración central.


26 de agosto de 2016, conmemoración de San Melquisedec, uno de los patronos de este blog. Entrada dedicada a él.


 Abel y Melquisedec presentan ofrendas al Dios Vivo

lunes, 22 de agosto de 2016

Guion: Domingo XXII del Tiempo Ordinario




Ciclo C

Introducción

Hermanos, grande es la bondad del Señor para con nosotros, pues nos ha preparado la mesa de la Palabra de Verdad y la del Pan de Vida. Ambas constituyen la única Misa del Pueblo de Dios, celebrada por Jesús en la Última Cena y, en su Persona, por todos los sacerdotes a lo largo de los tiempos.

En el marco de la Misa, en que "la Palabra de Dios se hace sacramentalmente carne en el acontecimiento eucarístico" (S.S. Benedicto XVI, Exhortación Apostólica Verbum Domini, 55), nos hacemos partícipes "contemporáneos", por así decirlo, en el Sacrificio pascual de Cristo y acogemos plenamente y como en ninguna otra circunstancia la salvación que Él nos ofrece.

Que esta verdad haga más ferviente y agradecida nuestra participaación en el Banquete de la Nueva Alianza.

Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Eclo. 3, 17-18. 20. 28-29

"Desde el primer momento de su existencia (...) el hombre ha sido invitado a un “banquete”, o sea, a la intimidad y comunión con el mismo Dios, más allá del ámbito de esta existencia terrena. (San Juan Pablo II, Ángelus, 31/08/80).

Segunda lectura: Heb. 12, 18-19. 22-24

La Iglesia peregrina, entre sus luces y sombras, es anticipo e imagen de la Jerusalén celestial, la Morada definitiva de los redimidos.

Evangelio: Lc. 14, 1. 7-14

El Evangelio de hoy nos enseña que "para descubrir que ser hombre significa ser invitado, es necesario dejarse guiar por la humildad" (Ídem). Pidamos insistentemente esta virtud al Señor.


Oración de los fieles

R. Socórrelos, Padre Bueno.

-Al Santo Padre, a los obispos y sacerdotes, y a todos los que vivimos en la comunión de la Iglesia, Te rogamos...R.
 
-A los hermanos de otros credos y a los que se confiesan ateos o agnósticos, Te rogamos...R.

-A los gobernantes y a los legisladores; a los magistrados y a los demás responsables del bien común, Te rogamos...R.

-A los huérfanos y a las viudas; a los ancianos y a los discapacitados, Te rogamos...R.

-A los pobres y a los marginados; a los solitarios y a los cautivos, Te rogamos...R.
-A los enfermos y a los abandonados; a los agonizantes y a los difuntos, Te rogamos...R.

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Dios, que llamas  los pobres y a los pecadores a la asamblea festiva de la Nueva Alianza, haz que tu Iglesia honre la presencia del Señor Jesús en los sufrientes y en los humildes, y que todos nos reconozcamos hermanos en torno a tu Mesa. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

Junto al pan y el vino, presentamos la ofrenda de nuestra vida, con sus aciertos y yerros, más el propósito de dejarnos transformar por el Sacrificio pascual del Cordero.

Comunión

¡Bendito sea el Banquete eucarísico al que, como hijos de Dios, somos invitados de honor!
Que jamás dejemos de esforzarnos por ser menos indignos de este honor que se nos concede.


Despedida

Cocluida la celebración, nos retiramos del lugar sagrado con el propósito de hacer "que cada jornada nuestra esté marcada por el encuenro renovado por Cristo, Palabra de Dios hecha carne" (S.S. Benedicto XVI, Exhortación Apostólica Verbum Domini, 124).


22 de agosto de 2016, memoria litúrgica de la Santísima Virgen María, Reina del universo. Entrada dedicada a ella.


 

domingo, 21 de agosto de 2016

Bendición de las personas destinadas a impartir la catequesis


Santos Apóstoles, lumbreras de los catequistas


Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).

 
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.

En la parte relativa a "las bendiciones que atañen a las personas", el capítulo IV del Bendicional ofrece algunas "bendiciones relativas a la catequesis y a la oración común", la primera de las cuales presenta el siguiente esquema de "bendición de las personas destinadas a impartir la catequesis" (catequistas):

365. El rito de bendición de las personas que en una Iglesia local son destinadas a impartir la catequesis puede realizarse o en una adecuada celebración de la Palabra o en la celebración de la Eucaristía, como se indica más adelante.

366. El rito que aquí se propone pueden usarlo el sacerdote o el diácono, los cuales, respetando la estructura del rito y sus elementos principales, adaptarán la celebración a las circunstancias del lugar.

A. RITO DE LA BENDICIÓN EN LA CELEBRACIÓN DE LA PALABRA

RITOS INICIALES

367. Reunida la comunidad, conviene entonar un canto adecuado, terminado el cual, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

368. Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo:

Dios, Padre misericordioso, que quiere que todos los hombres se salven, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

369. Luego el celebrante habla brevemente a los presentes para disponer su espíritu a la celebración y explicar el rito; puede hacerlo con estas palabras u otras semejantes:

La actividad pastoral de la Iglesia necesita de la colaboración del mayor número de cristianos, para que las comunidades y cada uno de los creyentes alcancen la maduración de su fe y la proclamen siempre mediante la celebración, el compromiso y el testimonio de su vida. Son los catequistas quienes prestan esta colaboración, cuando llevan a cabo la iniciación cristiana de otros y cuando los van instruyendo y formando integralmente como discípulos de Cristo. Los catequistas, iluminados por la Palabra de Dios y la doctrina de la Iglesia, comunican a los catecúmenos lo que ellos antes aprendieron a vivir y a celebrar. Ahora, bendecimos al Señor por estos cooperadores nuestros e imploramos sobre ellos la gracia del Espíritu Santo, ya que la necesitan para este servicio eclesial.

La expresión "cooperadores nuestros" clarifica el hecho de que los catequistas son los principales colaboradores de los ministros ordenados en la obra de la evangelización. (Cf. Bendición solemne, infra, 375; oración de bendición, 380).

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

370. Luego, el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la Sagrada Escritura, seleccionado principalmente de entre los que se hallan en el Leccionario Por la evangelización de los pueblos (17), o Por los ministros de la Iglesia (18), o bien:

Rm 10, 9-15: ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian el Evangelio!

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Romanos.

Si tus labios profesan que Jesús es el Señor y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación. Dice la Escritura: 
«Nadie que cree en él quedará defraudado.» Porque no hay distinción entre judío y griego, ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan. Pues «todo el que invoca el Nombre del Señor se salvará». Ahora bien, ¿cómo van a invocarlo, si no creen en él?, ¿cómo van a creer, si no oyen hablar de él?; y ¿cómo van a oír sin alguien que proclame?; y ¿cómo van a proclamar, si no los envían? Lo dice la Escritura: «¡Qué hermosos los pies de los que anuncian el Evangelio!»

Palabra de Dios.

371. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 95 (96), l-2a. 2b-3. 7-8a. 10 (R.: 3)

R. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R.

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor. R.

Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente.» R.

372. El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

373. Sigue la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento o de los presentes.

Dios quiere que todos los hombres se salven. Invoquémoslo, pues, diciendo:

R. Atrae hacia ti a todos los hombres, Señor.

Haz que todo el mundo conozca que tú, Padre, eres el único Dios verdadero
-y que Jesucristo, tu Hijo, es tu enviado. R.

Manda obreros a tu mies,
-para que tu Nombre sea glorificado en todas las naciones. R.

Tú que enviaste a los discípulos a proclamar el Evangelio,
—ayúdanos a propagar la victoria de la Cruz de Cristo. R.

Haz que seamos dóciles a la predicación de los apóstoles
—y sumisos a la verdad de nuestra fe. R.

Tú que nos llamas hoy a tu servicio en favor de nuestros hermanos,
—haz que seamos ministros de tu verdad. R.

Guarda a los ministros de tu santa Iglesia,
—para que, al enseñar a los demás, seamos hallados fieles en tu servicio. R.

Que la gracia del Espíritu Santo dirija nuestros corazones y nuestros labios,
-para que permanezcamos siempre en tu amor y en tu alabanza. R.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

374. El celebrante, con las manos extendidas, dice la oración de bendición: (adviértase que la Palabra de Dios y la doctrina que "ha sido engendrada" -por así decirlo- de esa misma Palabra, constituyen el precioso tesoro que la Iglesia desea transmitir a todos los pueblos, con el auxilio de los catequistas)

Señor, con tu bendición + paternal, robustece la decisión de estos servidores tuyos, que desean dedicarse a la catequesis; haz que lo que aprendan meditando tu Palabra y profundizando en la doctrina de la Iglesia se esfuercen por comunicarlo a sus hermanos y así, junto con ellos, te sirvan con alegría. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


CONCLUSIÓN DEL RITO

375. El celebrante, vuelto hacia los catequistas, concluye el rito, diciendo:

Dios, que en Cristo ha manifestado su verdad y su amor, os haga testigos del Evangelio y de su amor en el mundo.

R. Amén.

Jesús, el Señor, que prometió a su Iglesia que estaría con ella hasta el fin del mundo, confirme vuestras obras y vuestras palabras.

R. Amén.

El Espíritu del Señor esté sobre vosotros, para que podáis ayudar a los ministros de su Palabra.

R. Amén.

Finalmente bendice a todos los presentes, diciendo:

Y a todos vosotros, que estáis aquí presentes, os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo.

R. Amén.

376. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.

B. RITO DE LA BENDICIÓN UNIDA A LA CELEBRACIÓN DE LA MISA

377. De conformidad con las rúbricas, si se estima oportuno, puede emplearse la Misa Por los laicos, con las lecturas propuestas en el Leccionario (19).

"De conformidad con las rúbricas" quiere decir que no está permitido celebrar esta Misa en los días litúrgicamente impedidos.

378. Después de la lectura del Evangelio, el celebrante, basándose en el texto sagrado, debe exponer en la homilía el significado de la celebración, teniendo en cuenta las diversas circunstancias del lugar y de las personas.

379. Sigue la plegaria común, en la forma acostumbrada en la celebración de la Misa, o en la forma aquí propuesta; esta oración, el celebrante la concluye con la fórmula de bendición, a no ser que se crea más oportuno emplear esta fórmula al final de la Misa, como una oración sobre el pueblo. Entre las intercesiones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento o del lugar.
Dios quiere que todos los hombres se salven. Invoquémoslo, pues, diciendo:

R. Atrae hacia ti a todos los hombres, Señor.

Haz que todo el mundo conozca que tú, Padre, eres el único Dios verdadero
—y que Jesucristo, tu Hijo, es tu enviado. R.

Manda obreros a tu mies,
—para que tu Nombre sea glorificado en todas las naciones. R.

Tú que enviaste a los discípulos a proclamar el Evangelio,
—ayúdanos a propagar la victoria de la Cruz de Cristo. R.

Haz que seamos dóciles a la predicación de los apóstoles
—y sumisos a la verdad de nuestra fe. R.

Tú que nos llamas hoy a tu servicio en favor de nuestros hermanos,
—haz que seamos ministros de tu verdad. R.

Guarda a los ministros de tu santa Iglesia,
—para que, al enseñar a los demás, seamos hallados fieles en tu servicio. R.

Que la gracia del Espíritu Santo dirija nuestros corazones y nuestros labios,
—para que permanezcamos siempre en tu amor y en tu alabanza. R.

380. EI celebrante, con las manos extendidas, dice la oración:

Señor, con tu bendición + paternal, robustece la decisión de estos servidores tuyos, que desean dedicarse a la catequesis; haz que lo que aprendan meditando tu palabra y profundizando en la doctrina de la Iglesia, se esfuercen por comunicarlo a sus hermanos y así, junto con ellos, te sirvan con alegría. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


381. Si se estima más oportuno, la oración de bendición puede emplearse al final de la celebración de la Misa, después de la invitación:

Inclinaos para recibir la bendición.

U otra parecida.

Después de la oración de bendición, el celebrante añadirá siempre:

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

Todos responden:

Amén.

II. BENDICIÓN DE UN GRUPO REUNIDO PARA LA CATEQUESIS O LA ORACIÓN

382. Cuando los cristianos o los catecúmenos se reúnen en el Nombre de Cristo, en ese grupo, según la promesa del Señor, está presente el mismo Jesús Resucitado. Del mismo Jesús brota que los participantes en el grupo se sientan movidos a bendecir a Cristo y a invocarlo para obtener el auxilio de Dios Padre y alcanzar así la finalidad para la que se reunió el grupo. Esto acontece sobre todo entre los grupos que se reúnen para hacer la catequesis y la oración; pero también en otro tipo de asambleas es conveniente que se dé comienzo con la oración litúrgica y se reserve por lo menos algún espacio de tiempo para la plegaria. Por tal motivo, la Ordenación general de la Liturgia de las Horas (cf. núm. 27) encarece a los laicos, dondequiera que se reúnan en asambleas de cualquier signo (de oración, de apostolado, o por cualquier otro fin), que reciten el Oficio divino, celebrando alguna parte de la Liturgia de las Horas: «Es conveniente que aprendan, en primer lugar, que en la acción litúrgica adoran al Padre en espíritu y verdad (cf. Jn 4, 23)», no olvidando que el «culto público y la oración que celebran atañe a todos los hombres y puede contribuir en considerable medida a la salvación del mundo entero». Es decir, después de la Misa, ninguna oración es más valiosa para la Iglesia que la Liturgia de las Horas. Si esto no fuese posible, es aconsejable, atendidas las circunstancias, iniciar la reunión invocando al Espíritu Santo e implorando la bendición del Señor con el himno Ven, Espíritu divino, o la antífona Ven, Espíritu divino, u otro canto apropiado. A continuación, tras una breve lectura bíblica debidamente seleccionada, se concluirá la plegaria con una de las oraciones colectas del Misal romano, tomadas principalmente de las Misas del Espíritu Santo, o de una de las Misas de la semana VII del tiempo pascual, o de la Misa En una reunión espiritual o pastoral.

383. Al final de la reunión, puede tenerse una «celebración de bendición» con la fórmula de bendición que pronuncia el que preside el grupo, (que en este caso, sí puede ser un laico, como puede leerse en el n. 385) como a continuación se indica.

384. La oración de bendición se omite cuando estas reuniones van seguidas de la celebración eucarística.

385. El rito que aquí se propone pueden emplearlo el presbítero, el diácono, o también, con los ritos para él previstos, el laico; todos ellos, respetando la estructura del rito, adaptarán la celebración a las circunstancias del lugar.

RITO DE LA BENDICIÓN

386. El que preside dispone a los presentes para recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

En la reunión que ahora terminamos, nos ha hablado Jesús, el Señor. Nos sentimos en el deber de darle gracias porque ha querido revelarnos el misterio escondido desde el principio de los siglos en Dios. Lo que ahora importa es que vivamos de acuerdo con la Palabra que hemos escuchado. Antes, pues, de separarnos, elevemos nuestro corazón a Dios para que, por su Espíritu Santo, nos guíe hasta la verdad plena y nos dé fuerza para hacer siempre lo que le agrada.

PRECES

387. Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las intercesiones que aquí se proponen, el que preside puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento. Las palabras que nos ha dicho el Señor son espíritu y vida; pidamos que estas palabras de vida eterna encuentren en nosotros unos oyentes que no se limitan a escucharlas, sino que las ponen en práctica. Digámosle:

R. Habla, Señor; tú tienes palabras de vida eterna.

Cristo, Hijo de Dios, que viniste al mundo para proclamar el amor del Padre a los hombres,
—auméntanos la fe, para que recibamos tus palabras como un signo de su bondad paternal. R.

Cristo, en quien el Padre halló sus complacencias, y nos mandó escucharte con fe,
—enséñanos a profundizar en tu Palabra y a saborear íntimamente su dulzura. R.

Cristo, que proclamaste dichoso al que escucha la Palabra de Dios y la cumple,
—haz que nosotros, como María, guardemos tus palabras y las meditemos asiduamente en nuestro corazón. R.

Cristo, que con tu Palabra iluminas nuestra mente y das inteligencia a los ignorantes,
—haz que, escuchándote con un corazón sencillo, lleguemos a conocer los misterios del Reino de los cielos. R.

Cristo, que continuamente dejas oír tu Palabra en la Iglesia, para que a todos los hombres, al oírla, los ilumine una sola fe y los una la misma caridad,
—-haz que amemos y cumplamos cada vez más tu Palabra, para que todos los cristianos, gracias a ella, tengamos un mismo pensar y un mismo sentir. R.

Cristo, que con tu Palabra eres lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero,
—haz que, oyéndote, corramos con el corazón ensanchado por el camino de tus mandatos. R.

Cristo, que pronunciaste tu Palabra para que siga su avance glorioso para salvación de los hombres,
—llénanos de esta Palabra hasta tal punto que nos presentemos ante el mundo como mensajeros y testigos del Evangelio. R.

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

388. Cuando no se dicen las Preces, antes de la oración de bendición, el ministro, con estas palabras u otras semejantes, invita a todos a orar, implorando el auxilio divino:

Oremos, queridos hermanos, a Dios, Padre todopoderoso, para que guíe nuestros pasos por la senda de sus mandatos. Y, según la oportunidad, todos oran un rato en silencio. Sigue la oración de bendición.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

389. El ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Te damos gracias, Señor, y te bendecimos, porque en distintas ocasiones y de muchas maneras hablaste antiguamente a nuestros padres por los profetas, pero ahora, en esta etapa final, nos has hablado por tu Hijo, para mostrar a todos en él la inmensa riqueza de tu gracia; imploramos tu benignidad, para que quienes nos hemos reunido para estudiar las Escrituras, consigamos un conocimiento perfecto de tu voluntad y, agradándote en todo, fructifiquemos en toda clase de obras buenas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


CONCLUSIÓN DEL RITO

390. El ministro concluye el rito, diciendo: 
Dios, Padre misericordioso, que envió su Palabra al mundo y, por medio del Espíritu Santo, nos guía hasta la verdad plena, nos haga heraldos del Evangelio y testigos de su amor en el mundo.

R. Amén.

391. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.


Notas:

17 Cf. Missale romanum, Ordo Lectionum Missae, núms. 872-876.
18 Cf. Missale romanum, Ordo Lectionum Missae, núms. 848-851.
19 Cf. Missale romanum, Ordo Lectionum Missae, núms. 826-866.


21 de agosto de 2016, domingo XXI del Tiempo Ordinario. 
Día del catequista, en honor de San Pío X, Patrono de la catequesis, a quien está dedicada esta entrada.

jueves, 18 de agosto de 2016

Guion: Domingo XXI del Tiempo Ordinario


 


Ciclo C

Introducción


Hermanos, la liturgia de la Misa de este domingo XXI del Tiempo Ordinario, pone ante los ojos de la mente y el corazón el plan de salvación que Dios tiene para cada uno de nosotros. Los textos nos iluminan acerca de cómo responder a la amorosa condescendencia del Señor, cuyo amor por nosotros es inquebrantable y cuya fidelidad permanece para siempre, como afirmará el salmo de hoy.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Is. 66, 18-21

"La lectura profética expone con vivas imágenes el designio que Dios tiene de recoger en la unidad a todos los hombres para hacerles partícipes de su gloria" (San Juan Pablo II, Homilía, 24/08/80).

Segunda lectura: Heb. 12, 5-7. 11-13

La Carta a los Hebreos "nos exhorta a soportar las pruebas como purificación procedente de las manos de Dios" (Ídem).

Evangelio: Lc. 13, 22-30

La puerta estrecha de la que nos hablará el Evangelio "es, ante todo, la aceptación humilde, en la fe pura y en la confianza serena, de la Palabra de Dios" (Ídem).


Oración de los fieles


Las siguientes preces -traducidas del polaco y con algunas adaptaciones- están tomadas del formulario del Misal del Viaje Apostólico de Su Santidad Francisco a Cracovia (Polonia), entre el 27 y el 31 de julio de 2016, con motivo de la XXXI Jornada Mundial de la Juventud. Corresponden a la Misa presidida por el Papa el 28 de julio, en el Santuario de Jasna Gora (Czestochowa), en ocasión del 1050 aniversario del Bautismo de Polonia:

Queridos hermanos, siempre agradecidos a Dios por el gran don del bautismo y unidos a María, nuestra Madre, dirijamos con humildad al Señor nuestra plegaria:

R. Escúchanos, Señor.

-Oremos por la Santa Iglesia, para que guiada por el Santo Padre Francisco, pueda gozar de la abundancia de los dones del Espíritu Santo y de la constante protección de María. R.

-Oremos por nuestra nación, para que agraciada con el don de la fe cristiana, sea perseverante en su fidelidad a Cristo y que sus habitantes conserven siempre  la dignidad de hijos de Dios. R. 

-Oremos por los enfermos, los pobres, los abandonados, los perseguidos y por todos los que sufren, para que auxiliados por Nuestra Señora de N (mencionar la advocación mariana propia del lugar), reciban alivio y esperanza. R.

-Oremos por los jóvenes, para que enriquecidos por la experiencia de la Divina Misericordia, sepan pregonarla en todos los puntos de la Tierra. R.

O bien, en 2016:

-Oremos por los catequistas, en este día dedicado a ellos, para que iluminados por el Santo Pontífice Pío X, patrono de la catequesis, a quien hoy recordamos, vivan el gozo espiritual de la absoluta fidelidad al Magisterio de la Iglesia. R.

-Oremos por nosotros mismos, para que impulsados por la Misericordia de Dios, estemos siempre dispuestos a ayudar con diligencia a aquellos que nos necesiten. R.

-Oremos por los difuntos benefactores de nuestra patria, para que justificados por la Divina Misericordia, puedan alcanzar el premio de la Patria celeste. R.

Oración conclusiva

"Dios misericordioso, escucha nuestra súplica y envía tu Espíritu Santo a renovar el rostro de esta tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Padre, que invitas a todos los hombres a atravesar la puerta estrecha de la Cruz, concédenos la fuerza de tu Espíritu, para que uniéndonos al Sacrificio de Cristo, gustemos el fruto de la verdadera libertad y saboreemos la alegría de tu Reino. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén." 


Ofertorio

Nos exhortaba el salmo:

"¡Alaben al Señor todas las naciones, glorifíquenlo todos los pueblos!".

Es lo que nos disponemos a hacer ahora, mediante la presentación de los dones para el Sacrificio de alabanza que más gloria tributa a Dios.


Comunión

Jesús, Tú eres el Pan que sana nuestras heridas, preserva nuestra alma de la muerte y sacia nuestra sed de eternidad.

 
Despedida

Fortalecidos por la gracia de Dios, dispongámonos a avanzar por el sendero que nos conduce a la "puerta estrecha", umbral de la salvación que Dios nos ofrece.


16 de agosto de 2016, memoria litúrgica de San Esteban de Hungría y de San Roque. Entrada dedicada a ellos.


lunes, 15 de agosto de 2016

Bendiciones solemnes de la Santísima Virgen




La Collectio Missarum de Beata Maria Virgine (en español, "Misas de la Virgen"), comprende 46 formularios litúrgicos de Misas marianas, a cada uno de los cuales le he dedicado una entrada. También he escrito una entrada como "Introducción" a ese importante y no tan conocido libro litúrgico, y he asentado en ella el elenco de los distintos formularios.

Hoy quiero transcribir las Bendiciones solemnes de la Santísima Virgen que coronan la obra, y que están distribuidas según los diferentes tiempos litúrgicos: cabe aclarar que solamente una de ellas, como se aclara más abajo, figura en el Misal Romano.

He realizado la transcripción respetando la distribución de las oraciones gramaticales que ha aplicado la edición española, lo cual contribuye a una más correcta recitación.

  
a) Tiempo de Adviento

Venga a nosotros la gracia del Padre, cuya Palabra eterna descendió al seno de la Virgen María 
para hacerse Salvador del género humano.

R. Amén.

Permanezca en vosotros la paz de Cristo, 
cuya venida esperó con gozo la Santísima Virgen, Hija de Sion.

R. Amén.

La luz del Espíritu Santo os ilumine,
para que, vigilantes en la oración y alegres en la alabanza,
esperéis la segunda Venida de Cristo.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo + y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.

R. Amén.


b) Tiempo de Navidad

El Dios que puso fin a la oscuridad de los tiempos pasados
con el parto de la Virgen,
ilumine vuestras mentes con la Luz del Sol de justicia.

R.

Y Él, que envió a su Hijo al mundo como Redentor,
os conceda transformaros interiormente
conforme a su imagen.

R. Amén.

Para que, al recibir agradecidos tan gran beneficio,
por mediación de María,
Madre de la Sabiduría,
imitéis a Cristo y a la Virgen
haciendo santas vuestras costumbres.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo + y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.

R. Amén.


c) Tiempo de Cuaresma

El Dios que quiso redimir al hombre
mediante la inmolación de su Hijo,
con el consentimiento de la Madre Dolorosa,
os haga partícipes de tan gran misterio de salvación.

R. Amén.

Él, que quiso que la Santísima Virgen María,
ascendiese a través de la fe y del dolor
hasta alcanzar junto a la Cruz la cima de la caridad,
os conduzca también,
progresando en la fe,
a la cumbre del amor.

R. Amén.

Para que llevando en vuestros cuerpos
la imagen de Cristo paciente,
terminando el tiempo de la vida presente,
participéis de su misma gloria.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo + y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.

R. Amén.


d) Tiempo pascual

El Padre, que con la Resurrección de su Hijo,
llenó de alegría a la Virgen María y a la Iglesia naciente,
os colme de gozo espiritual.

R. Amén.

Jesucristo, el nacido de la Virgen Inmaculada,
que salió del sepulcro dejándolo intacto,
conserve en vosotros íntegra la fe del bautismo.

R. Amén.

El Espíritu Santo,
cuyo descenso esperó confiadamente
la Virgen María en oración con los apóstoles,
os purifique y establezca su morada en vosotros.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo + y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.

R. Amén.


e) Tiempo Ordinario

I

El Padre Misericordioso,
por el gran amor que tuvo para con la Madre de su Unigénito,
os conceda la salud del alma y del cuerpo.

R. Amén.

Jesucristo, el fruto bendito de la Virgen María,
os conceda adornaros con las virtudes
que os hacen más gratos a Él.

R. Amén.

El Epíritu Santo, que descendió sobre la Santísima Virgen,
os conceda la alegría de la paz
y os mantenga unidos en el seno de la Madre Iglesia. 

R. Amén.

II

Esta Bendición es la que figura en el Misal Romano:

El Dios, que en su providencia amorosa
quiso salvar al género humano
por el fruto bendito del seno de la Virgen María,
os colme de bendiciones.

R. Amén.

Que os acompañe siempre la protección de la Virgen,
por quien habéis recibido al Autor de la vida.

R. Amén.

Y a todos vosotros, reunidos hoy para celebrar
con devoción esta (memoria/fiesta/solemnidad) de María,
el Señor os conceda la alegría del Espíritu
y los bienes de su reino.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo + y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.

R. Amén.

III

Que os bendiga el Padre de la misericordia
por la intercesión de la siempre Virgen María,
por la cual quiso reparar el pecado de la primera mujer.

R. Amén.

Jesús, el Señor, que se hizo hermano y salvador nuestro
en el seno de la Santísima Virgen,
purifique vuestras conciencias de todo pecado.

R. Amén.

El Espíritu Santo aumente en vosotros
el don de la fe verdadera y de la esperanza eterna,
para que, siguiendo el camino del Evangelio,
merezcáis llegar a la Patria del Cielo.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo + y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.

R. Amén.


15 de agosto de 2016, solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María. Entrada dedicada a ella.



lunes, 8 de agosto de 2016

Guion: Domingo XX del Tiempo Ordinario





Ciclo C

Introducción

Hermanos:

"De domingo en domingo, la Iglesia se encamina hacia el último día del Señor, el domingo que no tiene fin". (San Juan Pablo II, Carta Apostólica Dies Domini, 37).

Tras las huellas de quienes nos precedieron, como pregoneros de esperanza ante quienes comparten nuestro presente, y con la mirada fija en la meta definitiva del Cielo, celebremos el Sacrificio siempre actual del Cordero, Sacrificio que hace de los cristianos de todos los tiempos y lugares, una gran familia.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Jer. 38, 3-6. 8-10

El Señor Dios, Padre bueno y fiel, libra de todo peligro a los que confían en Él.

Segunda lectura: Heb. 12, 1-4

San Pablo nos dice que fijando la mirada en Cristo, crucificado y resucitado a la derecha de Dios. obtendremos la fuerza necesaria para salir airosos de la lucha contra el pecado.

Evangelio: Lc. 12, 49-53

"La paz que Jesús vino a traer es fruto de una lucha constante contra el mal" (Cf. S.S. Benedicto XVI, Ángelus, 19/08/07). Es una exhortación a que seamos valientes y optemos por el bien, aceptando los riesgos.


Oración de los fieles

Dirijamos ahora al Padre la plegaria de los bautizados, orando así:

R. Vuélvete a nosotros, Señor.

O bien:

R. Señor, sácianos con tu amor.

-Por una Iglesia que, bajo el cayado del Vicario de Cristo, aspire a los bienes del Cielo, Te pedimos...R.

-Por la unidad de los diferentes credos, cimentada en la verdad, la justicia y la paz, Te pedimos...R.

-Por la fraternidad universal de los pueblos de la Tierra, en la que los más desarrollados socorran a los que menos tienen, Te pedimos...R.

-Por la esmerada educación de los niños y jóvenes, en la pureza, la honradez y el altruismo...R.

-Por la eterna salvación de los que atravesaron el umbral de la muerte que a todos nos espera, Te pedimos...R.

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Dios, que en la Cruz de tu Hijo, signo de contradicción, revelas los secretos de los corazones, haz que la humanidad no reitere el trágico rechazo de la verdad y de la gracia, sino que sepa discernir los signos de los tiempos para que en tu nombre obtenga la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

Que el Espíritu del Señor nos ilumine para que podamos hacer de todo lo que somos y poseemos una ofrenda agradable a Dios, como los dones de pan y vino que vamos a depositar en el Altar.


Comunión

El salmista de hoy agradecía a Dios Padre que hubiera puesto en "canto nuevo" en su boca. Nosotros Le agradecemos hoy algo mucho más grande: que ponga en nuestra boca la Carne y la Sangre de su Hijo, y así cumpla amorosamente nuestro incesante pedido del "pan de cada día".


Despedida

Con la esperanza de que el Padre del Cielo cuida amorosamente de quienes peregrinamos por la Tierra, volvemos a nuestra diaria tarea de construir el Reino.


8 de agosto de 2016, memoria litúrgica de Santo Domingo, presbítero, en el Año Jubilar del octavo centenario de la fundación de la Orden de Predicadores por él mismo, a quien está dedicada esta entrada.



sábado, 6 de agosto de 2016

Guion: Domingo XIX del Tiempo Ordinario


 



Ciclo C

Introducción

Hermanos, "con la Venida de Jesucristo Salvador, Dios ha establecido la Iglesia para la salvación de todos los hombres" (Hech, 17, 30-31; Declaración Dominus Iesus. Congregación para la Doctrina de la Fe, 22).

Y esta salvación dicha Iglesia la distribuye entre sus hijos ante todo, por medio de los siete sacramentos, principalmente, el de la Eucaristía, que actualiza la Pasión y Resurrección de Cristo y que se realiza únicamente en el marco de la Santa Misa, que esa misma Iglesia no ha dejado de celebrar a lo largo de los siglos.

Infinidad de Misas en el pasado, en el presente y en el futuro, aquí y en cada parte del Planeta. Pero solamente una fe, un Sacrificio y un Salvador.

Grande es, pues, el Misterio que celebramos.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Sab. 18, 5-9

La venerable memoria que hace el pueblo elegido de la liberación temporal de Dios, es profecía de la eterna salvación de todas las almas, realizada por el único Sacrificio de Cristo.

Segunda lectura: Heb. 11, 1-2; 8-19

Abraham es de veras nuestro padre en la fe, pues "se adentra con corazón confiado en la esperanza que Dios le abre" (Cf. S.S. Benedicto XVI, Ángelus, 08/08/10).

Evangelio: Lc. 12, 32-48

"No temas, pequeño rebaño".

Consoladoras palabras de nuestro Salvador, que resuenan siempre actuales y que se renuevan en cada generación gracias al "hoy" perenne de la liturgia de la Iglesia. Escuchemos los consejos del Divino Maestro.


Oración de los fieles

Las siguientes preces -traducidas al español de los diferentes idiomas en que fueron pronunciadas, y con algunas adaptaciones- están tomadas del formulario del Misal del Viaje Apostólico de Su Santidad Francisco a Cracovia (Polonia), entre el 27 y el 31 de julio de 2016, con motivo de la XXXI Jornada Mundial de la Juventud. Corresponden a la Misa votiva "de la Misericordia de Dios", presidida por el Papa con las sacerdotes, religiosos, consagrados y seminaristas polacos en el "Santuario San Juan Pablo II" de Cracovia, el 30 de julio de 2016:

Hermanos, abramos sin temor el corazón a Cristo, el único Salvador del hombre, y con confianza, dirijámosle nuestra humilde plegaria:

R. Escúchanos, Jesús.

-Oremos por la Santa Iglesia.

+Da, Señor, a todos los bautizados, el coraje de confesar la fe y haz que sean un signo evidente de la verdadera esperanza para el mundo de hoy. R.

-Oremos por los pastores de la Iglesia.

Por nuestro Santo Padre Francisco, por los obispos y presbíteros; sostennlos con la intercesión de María, Madre del Redentor, en la guía de tu pueblo por los caminos de la redención. R.

-Oremos por los que han ofrecido la propia vida a Dios por el camino de los consejos evangélicos.

Refuerza sus propósitos y santifícalos para el bien de la Iglesia y de toda la familia humana. R.

-Oremos por las familias.

+Hazlas fieles y fecundas en su amor, oh, Señor, y dales la alegría de acoger y custodiar las vocaciones de especial consagración para el servicio en la Iglesia. R.

-Oremos por los jóvenes.

+Concédeles vivir con entusiasmo en tu amistad y arriesgarse a elecciones valientes en la luz de tu Palabra de verdad y vida. R.

-Oremos por nuestra asamblea eucarística.

+Mantén encendido en nosotros, oh, Señor, el fuego de tu amor, para que sepamos contemplar tu Rostro, y fortalecidos por la comunión de tu Cuerpo y tu Sangre, sepamos servir a Dios y a los hombres. R.

Oración conclusiva

 "Señor Jesús, único Pastor de la Iglesia, en Ti hemos sido elegidos antes de la creación del mundo para servir en la caridad; por intercesión de María, tu Madre Inmaculada, danos la gracia de vivir siempre en alabanza y glorificación del Padre, según el ejemplo de San Juan Pablo II. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Arda en nuestros corazones, oh, Padre, la misma fe que inspiró a Abraham a vivir en la tierra como peregrino, y que no se apague nuestra lámpara, para que vigilantes en la espera de tu Hora, finalmente seamos por Ti introducidos en la Patria eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".
 

Ofertorio

Porque sabemos, como el salmista, que el amor del Señor va a descender sobre nosotros conforme a la esperanza que tengamos en Él, elevaremos a Dios en ofrenda el pan y el vino, para que vuelvan a nosotros como el Sacramento del Amor encarnado, hecho Nutriente del alma.


Comunión

En tiempos de indigencia, el Señor nos sustenta con su Carne y su Sangre. Recibamos este Santísimo Sacramento con espíritu de adoración y gratitud.


Despedida


Que vivamos de acuerdo con lo que hemos celebrado y compartamos con nuestros hermanos el don de la bendición que acabamos de recibir.


1° de agosto de 2016, memoria litúrgica de San Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia. Entrada dedicada a él.