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La verdadera Iglesia de Dios...

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miércoles, 21 de junio de 2017

Prefacio propio de San Luis Gonzaga, religioso


 


La Compañía de Jesús celebra al joven religioso san Luis Gonzaga cada 21 de junio, y ha incluido en el Misal propio de la Orden el siguiente Prefacio:


PREFACIO

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario. 

Que en San Luis Gonzaga, 
pobre de espíritu, 
y mensajero de los pensamientos de tu corazón, 
nos diste un ejemplo admirable de tu caridad; 
a quien en su juventud, 
despreciados los bienes y honores del mundo, 
dotaste de una perfecta inocencia, 
y por el camino de la penitencia, 
hiciste pobre en tu seguimiento
hasta consagrarte todo,
llevado  de insigne caridad. 

Por lo que nosotros, Señor, 
unidos a todos los angeles y santos, 
te alabamos con alegría diciendo...

Santo, Santo, Santo...


21 de junio de 2017, memoria litúrgica de san Luis Gonzaga, religioso.


lunes, 19 de junio de 2017

Guion: Domingo XII del Tiempo Ordinario


Dios Padre


Ciclo A

Introducción


El Padre del Cielo, que nunca abandona a sus hijos, nos ha convocado nuevamente en el día más sagrado de la semana. Pidámosle que, unidos en el Espíritu Santo, celebrando los Sagrados Misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, y tributando a esta Soberana Trinidad el culto que Le es debido, experimentemos los indecibles beneficios de su amor.

 

Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Jer. 20, 10-13

"El Señor está conmigo como un guerrero temible".
Hagamos nuestras estas palabras del santo profeta Jeremías y confiemos en que el Señor está con nosotros en el combate contra las fuerzas del mal.

Segunda lectura: Rom. 5, 12-15

Jesucristo es el Nuevo Adán que vino a este mundo para restituir nuestra relación con Dios, afectada por el pecado de los primeros padres.

Evangelio: Mt. 10, 26-33

El Divino Maestro nos invita a que no temamos y a que permanezcamos unidos a Él, confesándolo ante los hombres, para que seamos por Él mismo reconocidos ante el Padre del Cielo.

Las siguientes preces, con las necesarias adaptaciones, están tomadas de la santa Misa de Envío de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud, presidida por el Papa Francisco el 28 de julio de 2013, en Río de Janeiro, Brasil:

LLenos de esperanza, elevemos nuestra plegaria a Aquel que viene a traernos la justicia y la paz.

R. Señor, escucha nuestra oración.

-Por la santa Iglesia de Dios, presente en toda la Tierra, para que se renueve en su seno la esperanza y el vigor misionero. R.

-Por el Papa N, por nuestro obispo N, (por su/s obispo/s auxiliar/es N y N), por los sacerdotes, diáconos y por todos los que de algún modo son llamados a anunciar el Evangelio, para que por su vida y ministerio nos ayuden a discernir los signos de los tiempos, y a vivir con esperanza. R.

-Por todos los países del mundo, para que cada vez más unidos a Cristo Señor, se contagien de fraternidad y de amor mutuo a personas y pueblos. R.

-Por los jóvenes, víctimas de las diversas formas de guerra y violencia, para que, rescatados por el Señor, sean artífices de la paz en el mundo de hoy. R.

-Por los enfermos, encarcelados y exiliados, para que el Señor les dé valor  y protección en los difíciles momentos de su jornada. R.

Oración conclusiva

"Acoge, Señor, nuestras peticiones, para que seamos perseverantes frente a los desafíos de la vida presente. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:
 
"Oh, Dios, que confías a nuestra debilidad el anuncio profético de tu Palabra, sostennos con la fuerza del Espíritu Santo, para que jamás nos avergoncemos de nuestra fe, sino que confesemos con toda franqueza tu Nombre ante todos los hombres, para ser reconocidos por Ti el Día de tu Venida. Que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén". 



Ofertorio

"Mi oración sube hasta Ti, Señor, en el momento favorable".

Estas palabras del salmista hallan su pleno cumplimiento cada vez que, como ahora, nos disponemos a presentar los dones para ofrecer la Víctima de nuestra salvación, que es Jesucristo. En efecto, la Carne y la Sangre del Hijo de Dios son Oración viviente e incesante que sube al Padre "en el momento favorable" de cada Eucaristía.


Comunión

Que nuestra comunión con el Cuerpo y la Sangre del Señor infunda en nosotros el valor necesario para no tener miedo de anunciar su Evangelio ante el mundo de hoy.


Despedida

Que la bendición que acabamos de recibir y la confianza en la intercesión de María, la Madre celestial, sean nuestra fortaleza durante la semana que comienza.


19 de junio de 2017, memoria litúrgica de san Romualdo, abad. Entrada dedicada a él, a los 990 años de su muerte terrena.


Prefacio propio de san Romualdo, abad


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La Orden de la Camáldula celebra a su santo fundador, el abad Romualdo con el grado de "solemnidad" cada 19 de junio, el mismo día en que, como "memoria facultativa", está inscripto en el Calendario universal. He aquí el Prefacio propio de la Orden:


PREFACIO 

Reformador y amante de la vida en soledad 

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.  

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
glorificarte siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro. 

En tu benevolencia
has colmado del gozo de sublime contemplación
a san Romualdo,
padre y maestro de monjes y eremitas;
lo has enriquecido de luz profética
y lo has inflamado de celo apostólico;
de tal modo que, por el silencio de la palabra
y la santidad de vida,
a muchos ha guiado
por el camino de la salvación. 

Celebrando, pues, con gozo,
estas maravillas de tu generosidad,
te entonamos un himno de gloria,
proclamando con los coros angélicos:

Santo, Santo, Santo...


19 de junio de 2017, memoria facultativa (para los camaldulenses, "solemnidad") de san Romualdo, abad. Entrada dedicada a él a los 990 años de su muerte terrena.



Santa Juliana Falconieri, virgen: himnos litúrgicos



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La Orden de los Servitas, cada 19 de junio, celebra la "fiesta" ("solemnidad" para la rama femenina) de santa Juliana de Falconieri, virgen, fundadora de las Siervas de la Virgen. Estos son los himnos propios:


I Vísperas (rama femenina de la Orden)


Acoge, virgen prudente,
los cantos y clamores,
y por esta alabanza
protégenos piadosa.

Esquivas el mundo 
con alegría, deseando 
los dones del cielo,
y pides, Juliana, el velo
de 1as Siervas de María.

Con ayunos y vigilias
el cuerpo mortificas;
frutos de penitencia
atesoras y multiplicas. 

Cruz, sangre, llagas
en el espíritu meditas:
y en tu corazón
grabas la imagen del Esposo.

Jesús, de la Virgen nacido,
a Ti sea la gloria,
con el Padre y el Espíritu
por los siglos de los siglos. Amén.


Oficio de lectura

Como un cándido lirio 
en primavera brotó
Juliana en la ciudad de Florencia:
del jardín servita fue el primer lirio,
madre y hermana.

Con corazón
integro amó a su Esposo
y con fe intrépida siguió al Cordero:
por fe y amor a Cristo fue fecunda,
virgen y madre.

Ella fue signo fiel de aquella vida,
que en la gloria a todos nos aguarda:
amor total a Dios, en cuerpo y alma,
signo y profecía.

Pues, por fe,
Cristo es el fruto de todos,
Juliana fue por su fe enriquecida
del generoso fruto de María,
Cristo, el Esposo.

Gloria a Dios Padre, Creador del mundo,
y a Jesucristo, su Unigénito Hijo,
y al Santo Espíritu, Abogado nuestro, 
hoy y por los siglos. Amén


Laudes (Del Común de vírgenes. Adaptación)


Dichosa tú, que entre todas,
fuiste por Dios sorprendida
con tu lámpara encendida
para el Banquete de bodas.

Con el abrazo inocente
de un hondo pacto amoroso,
vienes a unirte al Esposo,
por virgen y por prudente.

Fiel Sierva de María,
las vírgenes sin cuento acuden
a tu encuentro con honda alegría.

Enséñanos a vivir,
ayúdenos tu oración,
danos en la tentación
la gracia de resistir.

Honor a la Trinidad
por esta limpia victoria,
y gloria por esta gloria 
que alegra a la humanidad. Amén.


II Vísperas (Como en el Oficio de lecturas)




19 de junio de 2017, (para los Servitas, "fiesta"; "solemnidad" en la rama femenina de la Orden) de santa Juliana de Falconieri, virgen. Entrada dedicada a ella.


Prefacio propio de santa Juliana Falconieri, virgen




La Orden de los Servitas celebra cada 19 de junio la "fiesta" de santa Juliana de Falconieri, virgen, fundadora de las Hermanas de la Orden de los Siervos de Santa María Virgen (rama femenina de los mismos Servitas), y ha compuesto para ella el siguiente Prefacio:


PREFACIO 

Maestra de las hermanas al servicio de la Virgen

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario. 

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo nuestro Señor. 

En tu providencia has querido que,
unida por vínculos de caridad 
y comunión de espíritu
a los primeros Siervos de santa María,
santa Juliana te
buscara solo a ti
y te glorificara con la pureza de costumbres.

Ella, guiada por tu Espíritu,
eligió como su Señora
a la Virgen gloriosa
para consagrarse
más perfectamente a Cristo, su Esposo.

Obediente y pobre, humilde y penitente,
se olvida de sí,
pero ardiente de amor por el prójimo,
atrajo a sí otras vírgenes,
la cual fue considerada
madre y maestra.

Por eso,
con los ángeles y los arcángeles,
con los tronos y las dominaciones
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria: 

Santo, Santo, Santo...


19 de junio de 2017, en la Orden de los Servitas, "fiesta" de santa Juliana Falconieri, virgen. Entrada dedicada a ella.


domingo, 18 de junio de 2017

Ritual de la Sagrada Comunión y del Culto Eucarístico fuera de la Misa II




He aquí la segunda de las cuatro publicaciones de este "Ritual", que, comentado, quiero compartir con ustedes en el marco de la celebración del LI Congreso Eucarístico Internacional, de Cebú, Filipinas:

Texto del Documento: en negro. Comentario del blog: en azul. Resaltado del blog: en negrita.

CAPÍTULO I

LA SAGRADA COMUNIÓN FUERA DE LA MISA

OBSERVACIONES PREVIAS

I. RELACIONES ENTRE LA COMUNIÓN FUERA DE LA MISA Y EL SACRIFICIO

13. La más perfecta participación de la celebración eucarística es la comunión sacramental recibida dentro de la Misa. Esto resplandece con mayor claridad, por razón del signo, cuando los fieles, después de la comunión del sacerdote, reciben del mismo Sacrificio el Cuerpo del Señor [1]. Por tanto, de ordinario, en cualquier celebración eucarística conságrese para la comunión de los fieles pan recientemente elaborado.

14. Hay que inducir a los fieles a que comulguen en la misma celebración eucarística. Pero los sacerdotes no rehúsen administrar, incluso fuera de la Misa, la sagrada comunión a los fieles, cuando lo piden con causa justa [2]. Incluso conviene que quienes estén impedidos de asistir a la celebración eucarística de la comunidad, se alimenten asiduamente con la Eucaristía, para que así se sientan unidos no solamente al Sacrificio del Señor, sino también unidos a la comunidad y sostenidos por el amor de los hermanos.
Los pastores de almas cuiden de que los enfermos y ancianos tengan facilidades para recibir la Eucaristía frecuentemente e incluso, a ser posible, todos los días, sobre todo en el tiempo pascual, aunque no padezcan una enfermedad grave ni estén amenazados por el peligro de muerte inminente. A los que no puedan recibir la Eucaristía bajo la especie de pan, es lícito administrársela bajo la especie de vino solo [3].

Queda claro en el punto precedente que ningún fiel que esté en condiciones de comulgar, puede dejar de recibir por causa alguna el Sacramento de la Eucaristía. Se trata de un derecho de los fieles y de una obligación indeclinable de sus pastores.

15. Enséñese con diligencia a los fieles que también cuando reciben la comunión fuera de la celebración de la Misa se unen íntimamente al Sacrificio con el que se perpetúa el Sacrificio de la cruz y participan de aquel sagrado convite en el que, «por la comunión del Cuerpo y la Sangre del Señor, el pueblo de Dios participa en los bienes del sacrificio pascual, renueva la nueva Alianza entre Dios y los hombres, hecha de una vez para siempre con la Sangre de Cristo, y prefigura y anticipa en la fe y la esperanza el banquete escatológico en el reino del Padre, anunciando la muerte del Señor hasta que venga» [4].

La comunión del Cuerpo eucarístico del Señor -y por concomitancia, la de su Sangre- aun fuera de la Misa, siempre dice relación con el Sacrificio del Altar.

II. EN QUÉ TIEMPO SE HA DE ADMINISTRAR LA COMUNIÓN FUERA DE LA MISA

16. La sagrada comunión fuera de la Misa se puede dar en cualquier día y a cualquier hora. Conviene, sin embargo, determinar, atendiendo a la utilidad de los fieles, las horas para distribuir la sagrada comunión, para que se realice una sagrada celebración más plena, con mayor fruto espiritual de los fieles.

Sin embargo:

a) El Jueves Santo sólo puede distribuirse la sagrada comunión dentro de la Misa; pero a los enfermos se les puede llevar la comunión a cualquier hora del día.

b) El Viernes Santo únicamente se distribuye la sagrada comunión dentro de la Celebración de la Pasión del Señor; a los enfermos que no pueden participar en esta celebración, se les puede llevar la sagrada comunión a cualquier hora del día. Es que en este día santo aunque la Iglesia no se atreve a ofrecer el Sacrificio del Altar, ella no quiere privar del Cuerpo Eucarístico del Señor a los miembros sufrientes del Cuerpo Místico.

c) El Sábado Santo la sagrada comunión sólo puede darse como viático [5]. Se entiende, por supuesto, hasta el inicio de la Vigilia Pascual, la cual se considera la primera Misa del Domingo de Resurrección, aunque se celebre en las horas nocturnas del sábado.

III. EL MINISTRO DE LA SAGRADA COMUNIÓN

17. Pertenece ante todo al sacerdote y al diácono administrar la sagrada comunión a los fieles que la pidan [6]. Es absolutamente conveniente, pues, que a este ministerio de su orden dediquen todo el tiempo preciso según la necesidad de los fieles.

También pertenece al acólito ritualmente instituido, en cuanto ministro extraordinario, distribuir la sagrada comunión cuando faltan un presbítero o diácono, o estén impedidos, sea por enfermedad, edad avanzada, o por algún ministerio pastoral, o cuando el número de los fieles que se acercan a la sagrada mesa es tan numeroso que se alargaría excesivamente la Misa u otra celebración [7]. Es muy claro el documento en este punto, cuando menciona las causales por las que un acólito instituido puede colaborar con la distribución de la comunión. Fuera de estos casos, han de abstenerse de hacerlo.

El Ordinario del lugar puede conceder la facultad de distribuir la sagrada comunión a otros ministros extraordinarios cuando vea que es necesario para la utilidad pastoral de los fieles y no se disponga ni de sacerdote ni de diácono o acólito [8].

IV. El LUGAR PARA DISTRIBUIR LA COMUNIÓN FUERA DE LA MISA

18. El lugar en que de ordinario se distribuye la sagrada comunión fuera de la Misa es la iglesia u oratorio en que habitualmente se celebra o reserva la Eucaristía, o la iglesia, oratorio u otro lugar en que la comunidad local se reúne habitualmente para celebrar la asamblea litúrgica los domingos u otros días. Sin embargo, en otros lugares, sin excluir las casas particulares, se puede dar la comunión, cuando se trata de enfermos, presos y otros que sin peligro o grave dificultad no puedan salir. Esto es a los fines de que ningún fiel se vea privado de recibir el Manjar celestial.

V. ALGUNAS COSAS QUE SE HAN DE OBSERVAR AL DISTRIBUIR LA SAGRADA COMUNIÓN

19. Cuando se administra la sagrada comunión en una iglesia u oratorio, póngase el corporal sobre el altar cubierto con un mantel; enciéndase dos cirios como señal de veneración y de banquete festivo [9]; utilícese la patena. Los tres verbos en Modo gramatical Imperativo que acabo de remarcar, dejan bien claro que las acciones a las que exhortan no son optativas sino obligatorias. Esto se debe a la suprema dignidad del Santísimo Sacramento.

Pero cuando la sagrada comunión se administra en otros lugares, prepárese una mesa decente cubierta con un mantel; ténganse también preparados los cirios. El mantel, si es obligatorio sobre el altar, no lo es menos en esa "mesa decente" hogareña.

20. El ministro de la sagrada comunión, si es presbítero o diácono, vaya revestido de alba, o sobrepelliz sobre el traje talar, y lleve estola.
Los otros ministros lleven o el vestido litúrgico tradicional en la región, o un vestido que no desdiga de este ministerio y que el Ordinario apruebe.
Para administrar la comunión fuera de la iglesia, llévese la Eucaristía en una cajita u otro vaso cerrado, con la vestidura y el modo apropiado a las circunstancias de cada lugar.

21. Al distribuir la sagrada comunión, consérvese la costumbre de depositar la partícula de pan consagrado en la lengua de los que reciben la comunión, ya que se basa en el modo tradicional de muchos siglos.
Sin embargo, las Conferencias Episcopales pueden decretar, con la confirmación de Ia Sede Apostólica, que en su jurisdicción se pueda distribuir también la sagrada comunión depositando el pan consagrado en las manos de los fieles, con tal de que se evite el peligro de faltar a la reverencia o de que surjan entre los fieles ideas falsas sobre la Santísima Eucaristía [10]. Queda en pie pues, la opción del fiel de recibir la comunión en la boca o en la mano, si esto último lo permite su Conferencia Episcopal. Pero no hay que olvidar que el modo ordinario de recibirla fue, es y será siempre en la boca.
Por lo demás, conviene enseñar a los fieles que Jesucristo es el Señor y Salvador y que se le debe a él, presente bajo las especies sacramentales, el culto de latría o adoración propio de Dios [11].
En ambos casos, la sagrada comunión debe ser distribuida por el ministro competente, que muestre y entregue al comulgante la partícula del Pan consagrado, diciendo la fórmula: El Cuerpo de Cristo, a lo que cada fiel responde: Amén.
En lo que toca a la distribución de la sagrada comunión bajo la especie de vino, síganse fielmente las normas litúrgicas [12].

22. Si quedaran algunos fragmentos después de la comunión, recójanse con reverencia y pónganse en el copón, o échense en un vasito con agua (el echarlos en el "vasito con agua" no es para conservarlos, como en el copón, sino para que al desintegrarse la materia del pan, ya no haya Eucaristía, y se evite todo riesgo de irreverencia).
Igualmente, si la comunión se administra bajo la especie de vino, purifíquese con agua el cáliz o cualquier otro vaso empleado para ese menester.
El agua utilizada en estas purificaciones, o bien se sume o se derrama en algún lugar conveniente.

VI. LAS DISPOSICIONES PARA RECIBIR LA SAGRADA COMUNIÓN

23. La Eucaristía, que continuamente hace presente entre los hombres el misterio pascual de Cristo, es la fuente de toda gracia y del perdón de los pecados. Sin embargo, los que desean recibir el Cuerpo del Señor, para que perciban los frutos del sacramento pascual, tienen que acercarse a él con la conciencia limpia y con recta disposición de espíritu.
Por eso, la Iglesia manda que nadie que esté consciente de pecado mortal, por contrito que sea, se acerque a la sagrada Eucaristía sin previa confesión sacramental [13]. No obstante, si concurre un motivo grave y no hay oportunidad de confesarse, haga primero un acto de contrición perfecta con el propósito de confesar cuanto antes uno por uno los pecados mortales que al presente no puede confesar. El "motivo grave" más conviene que lo determine como tal el sacerdote que el fiel.
Los que diariamente o con frecuencia suelen comulgar conviene que con la oportuna periodicidad, según la condición de cada cual, se acerquen al sacramento de la Penitencia.
Por lo demás, los fieles miren también a la Eucaristía como remedio que nos libra de las culpas de cada día y nos preserva de los pecados mortales; sepan también el modo conveniente de aprovecharse de los ritos penitenciales de la liturgia, en especial de la Misa [14].

24. Los que van a recibir el sacramento no lo harán sin estar al menos desde una hora antes en ayunas de alimentos y bebidas, con la sola excepción del agua y de las medicinas. "Al menos". Conviene detenerse en esta expresión: no dice "casi" una hora, o "aproximadamente". "Al menos" significa "como mínimo", en el sentido de "jamás menos", y de "si es más, mejor". Hace tiempo, cuando la Santa Misa se celebraba en horas de la mañana, se exigía el ayuno eucarístico desde la noche anterior.
Las personas de edad avanzada o que sufren una enfermedad cualquiera, como también quienes las cuidan, pueden recibir la sagrada Eucaristía aunque hayan tomado algo dentro de la hora precedente [15].

25. La unión con Cristo, a la que se ordena el mismo sacramento, ha de extenderse a toda la vida cristiana, de modo que los fieles de Cristo, contemplando asiduamente en la fe el don recibido, y guiados por el Espíritu Santo, vivan su vida diaria en acción de gracias y produzcan frutos más abundantes de caridad.
Para que puedan continuar más fácilmente en esta acción de gracias, que de un modo eminente se ofrece a Dios en la Misa, se recomienda a los que han sido alimentados con la sagrada comunión que permanezcan algún tiempo en oración [16].

RITO PARA DISTRIBUIR LA SAGRADA COMUNIÓN FUERA DE LA MISA

1. RITO CON UNA CELEBRACIÓN EXTENSA DE LA PALABRA DE DIOS

26. Esta forma se ha de emplear principalmente cuando no se celebra la Misa o cuando la sagrada comunión se distribuye a horas fijas, de modo que los fieles también se alimenten en la mesa de la Palabra de Dios. Porque, oyendo la Palabra de Dios, conocen que las maravillas divinas que se proclaman culminan en el misterio pascual, cuyo memorial se celebra sacramentalmente en la Misa, y en el cual participan por la comunión. Además, recibiendo la palabra de Dios y alimentados con ella, son llevados a la participación fructuosa de los misterios de la salvación en la acción de gracias.

Si la Palabra de Dios es obligatoria en toda Misa, es muy aconsejable en este tipo de celebraciones por las razones aquí expuestas.

Ritos iniciales

27. Una vez preparado todo (según los nn. 19-20), y congregados los fieles, el ministro saluda a los presentes.

Si es sacerdote o diácono, dice:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.
O bien:

La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.

O bien:

El Señor esté con vosotros.

Todos responden:


Y con tu espíritu.

________________________________________


Si el ministro no es sacerdote o diácono, saluda a los presentes con estas o parecidas palabras:


Hermanos, bendecid al Señor, que nos (o bien: os) invita benignamente a la mesa del Cuerpo de Cristo.

Todos responden:

Bendito seas por siempre, Señor.

________________________________________


También pueden emplearse otras palabras de la Sagrada Escritura, con las que se acostumbra a saludar a los fieles.

28. Se hace después el acto penitencial.

Primera fórmula

El ministro invita a los comulgantes al arrepentimiento, diciendo:

Hermanos: Para participar con fruto en esta celebración, comencemos por reconocer nuestros pecados.

Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos juntos, hacen la confesión:

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Dándose golpes de pecho añaden:

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Y a continuación:

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

El ministro concluye:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Todos responden:

Amén.

Segunda fórmula

El ministro invita a los fieles al arrepentimiento:

Hermanos: Para participar con fruto en esta celebración, comencemos por reconocer nuestros pecados.


Se hace una breve pausa en silencio.

Después el ministro dice:

V/. Señor ten misericordia de nosotros.
R/. Porque hemos pecado contra ti.

V/. Muéstranos, Señor tu misericordia.
R/. Y danos tu salvación.

El mismo concluye:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Todos responden:

Amén.

Tercera fórmula

El ministro invita a los fieles al arrepentimiento:

Hermanos: Para participar con fruto en esta celebración, comencemos por reconocer nuestros pecados.

Se hace una breve pausa en silencio.

Después el ministro, o uno de los asistentes, hace las siguientes u otras invocaciones con el Señor, ten piedad:

V/. Tú que por el misterio pascual nos has obtenido la salvación:

Señor ten piedad.

R/. Señor, ten piedad.

V/. Tú que no cesas de actualizar entre nosotros las maravillas de tu pasión:

Cristo, ten piedad.

R/. Cristo, ten piedad.

V/. Tú que por la comunión de tu Cuerpo nos haces participar del sacrificio pascual:

Señor ten piedad.

R/. Señor, ten piedad.

El ministro concluye:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Todos responden:

Amén.

Adviértase que los tres formularios anteriores son los del Acto penitencial de la Misa.

Celebración de la Palabra de Dios

29. Después se tiene la celebración de la Palabra, del mismo modo que en la Misa. Los textos se toman, según convenga, de la liturgia del día, o de las lecturas de las Misas votivas de la Santísima Eucaristía (Leccionario VI, pp. 359-384), o de la Preciosísima Sangre de Jesús (ibid., pp. 394-403), o las que se proponen en los nn. 113-151 de este Ritual.
También pueden elegirse otros textos de los leccionarios, si se juzga oportuno, más adaptados a las peculiares circunstancias, principalmente las lecturas de la Misa votiva del Sagrado Corazón de Jesús (Leccionario VI, pp. 404-425).
Se pueden emplear una o varias lecturas, según parezca oportuno. Después de la primera lectura póngase un salmo u otro canto, o también puede observarse en su lugar una pausa de sagrado silencio. La celebración de la Palabra se concluye con la oración universal o de los fieles. La opción del "silencio" en lugar del salmo es una facultad que el Misal Romano concede, por ejemplo en la Vigilia pascual. La opción "u otro canto" es inadmisible en la celebración de la Misa.

Sagrada comunión

30. Acabada la oración de los fieles, el ministro se acerca al lugar en que se guarda la Eucaristía, toma el vaso o copón con el Cuerpo del Señor, lo pone sobre el altar y hace genuflexión. Después introduce la oración dominical con estas o parecidas palabras:

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Y todos juntos prosiguen:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

31. Después, si lo juzga oportuno, invita a los fieles con estas o parecidas palabras:

Daos fraternalmente la paz.

Y todos, según la costumbre del lugar, se dan la paz, manifestando la caridad común.

32. A continuación, el ministro hace genuflexión, toma la hostia y, elevándola un poco sobre el vaso o copón, vuelto hacia los comulgantes, dice:

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y los que van a comulgar añaden una sola vez:

Señor no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

33. Si también el ministro comulga, dice en secreto:

El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna.

Y con reverencia sume el Cuerpo de Cristo.

34. Después toma el vaso o copón, se acerca a los comulgantes y, elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:

El Cuerpo de Cristo.

Y el que va a comulgar responde:

Amén.

Y comulga.

35. Mientras se distribuye la comunión, puede cantarse algún canto oportuno.

36. Acabada la distribución de la comunión, si queda algún fragmento sobre la patena, el ministro lo echa en el copón y se purifica las manos, si lo juzga necesario. Si quedan algunas formas, guarda el Sacramento en el sagrario y hace genuflexión.

37. Entonces, si se juzga conveniente, se puede observar algún momento de sagrado silencio, o se puede entonar algún salmo o cántico de alabanza.

38. A continuación, el ministro concluye con esta oración: (oración célebre, siempre la primera entre otras en los rituales eucarísticos, cuyo autor es el mismo Santo Tomás de Aquino, al que debemos los textos eucológicos y la música del formulario de la Misa -en la que aquella oración es colecta- y de la Liturgia de las Horas -en la que es la oración principal- de la solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor).

Oremos.

Oh, Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Todos responden:

Amén.

Otras oraciones ad libitum, nn. 179-188.

Durante el tiempo pascual son preferibles las oraciones indicadas en los nn. 189-191.

Rito de conclusión

39. Después el ministro, si es sacerdote o diácono, vuelto al pueblo, extiende las manos y dice:

El Señor esté con vosotros.

Todos:

Y con tu espíritu.

Y bendice al pueblo, diciendo:

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

Todos responden:

Amén.

En lugar de esta fórmula se puede emplear también la bendición solemne o la oración sobre el pueblo, según vienen en el Misal romano para la bendición al fin de la Misa.


________________________________________


40. Si el ministro no es sacerdote ni diácono, invocando la bendición de Dios y santiguándose, dice:

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

O bien:

El Señor omnipotente y misericordioso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, nos bendiga y nos guarde.

Todos responden:

Amén.

________________________________________


41. Finalmente el ministro dice:

Podéis ir en paz.

Todos responden:

Demos gracias a Dios.

Entonces, hecha la debida reverencia, el ministro se retira.

2. RITO CON UNA BREVE CELEBRACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS

42. Esta forma se emplea cuando las circunstancias no aconsejan la celebración extensa de la Palabra de Dios, especialmente cuando sólo van a comulgar uno o dos, y por tanto no se puede organizar una verdadera celebración comunitaria.

Ritos iniciales

43. Una vez preparado todo (según los nn. 19-20, el ministro saluda a los que van a comulgar (n. 27) y los invita a hacer el acto penitencial (n. 28).

Lectura breve de la Palabra de Dios

44. Luego, omitida la celebración de la Palabra de Dios, uno de los presentes, o el mismo ministro, según la oportunidad, lee un breve texto de la Sagrada Escritura, que trate del pan de vida.

Jn 6, 54-55:

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

Jn 6, 54-58:

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.

Jn 14, 6:

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.

Jn 14, 23:

El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

Jn 15, 4:

Permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

1 Co 11, 26:

Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor hasta que vuelva.

Puede elegirse también otro texto adecuado entre los que se proponen en los nn. 113 y siguientes.

Sagrada comunión

45. El ministro toma el vaso o copón con el Cuerpo del Señor, lo pone sobre el altar y hace genuflexión. Después introduce la oración dominical con estas o parecidas palabras:

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Y todos juntos prosiguen:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

46. A continuación, el ministro hace genuflexión, toma la hostia y, elevándola un poco sobre el vaso o copón, vuelto hacia los comulgantes, dice:

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y los que van a comulgar añaden una sola vez:

Señor no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

47. Si también el ministro comulga, dice en secreto:

El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna.

Y con reverencia sume el Cuerpo de Cristo.

48. Después toma el vaso o copón, se acerca a los comulgantes y, elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:

El Cuerpo de Cristo.

Y el que va a comulgar responde:

Amén.

Y comulga.

49. Acabada la distribución de la comunión, si queda algún fragmento sobre la patena, el ministro lo echa en el copón y se purifica las manos, si lo juzga necesario. Si quedan algunas formas, guarda el Sacramento en el sagrario y hace genuflexión.
Entonces, si se juzga conveniente, se puede observar algún momento de sagrado silencio, o se puede entonar algún salmo o cántico de alabanza.

50. A continuación, el ministro concluye con esta oración:

Oremos.

Oh, Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Todos responden:

Amén.

Otras oraciones ad libitum, nn. 179-188.

Durante el tiempo pascual son preferibles las oraciones indicadas en los nn. 189-191.

Rito de conclusión

51. Después el ministro, si es sacerdote o diácono, vuelto al pueblo, extiende las manos y dice:

El Señor esté con vosotros.

Todos:

Y con tu espíritu.

Y bendice al pueblo, diciendo:

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

Todos responden:

Amén.

____________________


52. Si el ministro no es sacerdote ni diácono, invocando la bendición de Dios y santiguándose, dice:


El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

O bien:

El Señor omnipotente y misericordioso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, nos bendiga y nos guarde.

Todos responden:

Amén.

________________________________________


53. Finalmente el ministro dice:

Podéis ir en paz.

Todos responden:

Demos gracias a Dios.

Entonces, hecha la debida reverencia, el ministro se retira.

_____________________________

1. Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, n. 55.
2. Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, n.33, a: AAS 59 (1967), pp. 559-560.
3. Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, nn. 40-41: AAS 59 (1967), pp. 562-563.
4. Ibid., n. 3, a: l.c., pp. 54l-542.
5. Cf. Missale Romanum, edic. típica 1979: Misa vespertina de la Cena del Señor, p. 243; Celebración de la Pasión del Señor, p. 250, n. 3; Sábado Santo, p. 265.
6. Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, n.31: AAS 59 (1967), pp. 557-558.
7. Cf. PABLO VI, Carta apostólica Ministeria quaedam, de 15 de agosto de 1972, n. VI: AAS 64 (1972), p. 532.
8. Cf. Sagrada Congregación de la Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Immensae caritatis, de 29 de enero de 1973, 1, I y II: AAS 65 (1973), pp. 265-266.
9. Cf. Ordenación general del Misal Romano, n. 269.
10. Cf. Sagrada Congregación para el Culto Divino, Instrucción Memoriale Domini, de 29 de mayo de 1969: AAS 6l (1969), pp. 541-545.
11. Cf. Sagrada Congregación de la Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Immense caritatis, de 29 de enero de 1973, n. 4: AAS 65 (1973), p. 270.
12. Cf. Ordenación general del Misal Romono, n. 242; Sagrada Congregación para el Culto Divino, Instrucción Sacramentali Communione, n. 6, de 29 de junio de 1970: AAS 62 (1970), pp. 665-666.
13. Cf. Concilio Tridentino, Sesión XIII, Decretum de Eucharistia, 7: DS 1646-1647; ibid., Sesión XIV, Canones de sacramento Penitentie, 9: DS 1709; Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Normae pastorales circa absolutionem sacramentalem generali modo impertiendam, de 16 de junio de 1972, proemio y n. VI: AAS 64 (1972), pp. 510 y 512.
14. Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, n. 35: AAS 59 (1967), p. 561.
15. Cf, Código de Derecho Canónico, can. 9l9, 1 y 3.
16. Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, 38: AAS 59 (1967), p. 562.


25 de enero de 2016, fiesta de la Conversión del apóstol San Pablo. Entrada dedicada a él, que "nos transmitió lo que recibió": el Relato de la Institución de la Santísima Eucaristía.
Conclusión de la XLIX "Semana de Oración por la unidad de los cristianos".
En el marco del LI Congreso Eucarístico Internacional en Cebú, Filipinas (24-31/01/2016).
(Última actualización de la entrada: 18/06/17).


 


martes, 13 de junio de 2017

San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia: himnos litúrgicos


 


La Orden franciscana se alegra con la "fiesta" del gran san Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia, cada 13 de junio, día en que el Calendario universal lo celebra como "memoria obligatoria". Estos son los himnos de la Liturgia de las Horas propia de la Orden:


Oficio de lecturas

Hermanos, venid gozosos
a celebrar la memoria
de quien hizo de su historia
un holocausto de amor.

Y del seráfico Padre
siguió el ejemplo sincero
de consagrar por entero
su corazón al Señor.

Hoy celebramos su fiesta
sus hermanos, los menores;
y cantando sus loores
pedimos su intercesión.

Que Francisco nos enseñe
la oración de la alabanza
al Señor, que es esperanza,
y en sus santos, protección.

Gloria a Dios que es Uno y Trino,
cantad su bondad constante,
que no cesa ni un instante
de ser nuestro bienhechor. Amén.


Laudes

¡Salve, Antonio, venerado
con el bello lirio blanco,
el libro del Evangelio
y el Niño Dios en los brazos!

El candor en ti rebosa
del corazón a los labios;
con alma pura penetras
la luz del Verbo encarnado.

Sagrario de la Escritura,
eres por el Verbo santo
martillo de la mentira
y bálsamo de apenados.

A ti los pobres se acercan
buscando pan y milagros,
porque eres pobre y sencillo,
hermano entre los hermanos.

Cristo solo es tu prodigio,
tu ciencia y poder sagrado,
Cristo en tu fe y tu deleite,
Cristo en tus brazos mostrado.

¡Honor a Cristo bendito,
presente en su pecho amado;
honor a Cristo en Antonio,
que en Cristo fue consumado! Amén.


Vísperas

Cuando la tarde declina
hacia el ocaso que llega,
mi alma, Señor, te entrega
su tributo de oración.

Y al celebrar a los santos
que te ofrecieron su vida,
con ellos canta rendida
las finezas de tu amor.

Francisco quiso que fueran
sus hijos agradecidos,
y en alabarte reunidos
en un solo corazón.

Hoy la plegaria que entona
nuestro pecho jubiloso
es el tributo gozoso
de gratitud a tu amor.

Gloria los santos celebren
al Trino y único Dios.
Gloria nosotros cantemos
uniendo a ellos la voz. Amén.


13 de junio de 2017, memoria litúrgica de san Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia. Entrada dedicada a él.