Buscar este blog

Cargando...

martes, 3 de mayo de 2016

Guion: Domingo VII de Pascua



Los cristianos, orando en las Catacumbas, presididos por el Papa


Ciclo C

El siguiente guion se emplea allí donde la solemnidad de la Ascensión no se traslada a este domingo.


Introducción

Hermanos, este tiempo festivo de la Pascua sigue siendo motivo de gozo para nosotros. Pero también de compromiso. Hoy escucharemos en el Evangelio la exhortación de Jesús a la unidad de los creyentes; más aun, de toda la familia humana.
"¿Cómo anunciar el Evangelio de la reconciliación sin comprometerse al mismo tiempo en la obra de la reconciliación de los cristianos? Si es cierto que la Iglesia, movida por el Espíritu Santo y con la promesa de la indefectibilidad, ha predicado y predica el Evangelio a todas las naciones, es también cierto que ella debe afrontar las dificultades que se derivan de las divisiones". (Cf. Carta encíclica Ut unum sint, sobre el empeño ecuménico, 98).

Son palabras de San Juan Pablo II que nos hacen tomar conciencia de nuestra responsabilidad en el imperativo de la unidad querida por el Señor.

En esta Eucaristía pascual roguemos, pues, al Señor, que todos -en particular, los cristianos- seamos uno, como Él y su Padre lo son en unidad del Espíritu Santo.

En lugar del Acto penitencial puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del bautismo. (Cf. Institutio Generalis Missali Romani, 51).


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Hech. 7, 55-60

La sangre de Esteban, el primer mártir cristiano, asociada al  Sacrificio del Redentor, fecunda prodigiosamente los cimientos espirituales de la Iglesia naciente.

Segunda lectura: Apoc. 22, 22-14. 16-17. 20

"Yo Soy el Alfa y la Omega", dice el Señor Resucitado al discípulo amado. De hecho, Jesús es el Principio y el fin de todo lo que existe. Asi lo ha proclamado la Iglesia desde la Vigilia pascual con la sugestiva elocuencia de este Cirio que preside la asamblea hasta Pentecostés.

Evangelio: Jn. 17, 1b-20-26

"Que sean uno". Es el ardiente anhelo de Jesús, hecho oración a su Padre amado, anhelo que interpela a todos los que creemos de verdad que Él ha resucitado y que "nos ha abierto las puertas de la eternidad" (Cf. Colecta de la Misa del Día santo de Pascua).


Oración de los fieles

Las siguientes preces, con algunas adaptaciones, corresponden a la Misa que el Sumo Pontífice Benedicto XVI presidió el 5 de junio de 2011, Domingo VII de Pascua, en su Viaje Apostólico a Croacia:

Reunidos en Cristo y animados por el Espíritu Santo, elevemos al Padre nuestra confiada oración:

R. Escucha, Padre, nuestra oración y danos tu Espíritu Santo.

-La Iglesia, familia de los hijos de Dios engendrada en el Misterio Pascual, anuncie al mundo el Nombre de Jesús, el único por el cual podemos obtener la salvación. R.

-Nuestro Santo Padre N, protegido y fortalecido por la Presencia del Resucitado, pueda siempre confirmar a todos en la verdad y en la caridad. R.

-Los esposos cristianos vivan su vocación a colaborar en la obra de la creación y de la redención, acogiendo con alegría la vida y educando a sus hijos en las verdades del Evangelio. R.

-Los jóvenes prometidos, que se disponen al sacramento del matrimonio, crezcan en la luz de tu amor, y las familias probadas por la fatiga y el sufrimiento se abran a la esperanza pascual. R.

-Los legisladores, científicos y hombres de cultura se dejen interpelar por la verdad del Evangelio, y pongan sus talentos al servicio de la dignidad de toda persona humana, desde la concepción hasta la muerte natural. R.

-Todos nuestros hermanos difuntos puedan contemplar para siempre la Belleza del Rostro de Cristo Resucitado, al que han buscado durante su peregrinación terrena. R.

Oración conclusiva

"Dios, Padre de la vida y del amor, confiamos a tu infinita bondad nuestras súplicas. Acompaña con tu bendición a nuestras familias, para que puedan glorificarte siempre en tu Iglesia, testimoniando alegremente la caridad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén".
 
A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Padre Justo y Santo, del que procede el Verbo de la Vida en la comunión de tu Espíritu, haz que el pueblo redimido por Ti, forme una perfecta unidad en el vínculo de tu amor, para que el mundo crea en Aquel que Tú has enviaado, Jesucristo, Principio y Término de toda la creación. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".



Ofertorio (Cf. Colecta de esta Misa)


El Salvador del mundo, que resucitado, goza de la gloria de su Padre Celestial, por ser Dios como Él, permanece a la vez con nosotros hasta el fin del mundo. gracias al Sacramento de la Eucaristía que instituyó, eligiendo como materia el pan y el vino que estamos por presentar.


Comunión

"Ahí lo tienes: es Rey de Reyes y Señor de Señores. Está escondido en el Pan. Se humilló hasta esos extremos por amor a ti".


Estas palabras de San Josemaría Escrivá de Balaguer, son una invitación a reconocer a Cristo presente en la Eucaristía, y a alimentarnos de Él para participar de su gloria.

Conviene que el sacerdote emplee la Bendición Solemne de Pascua.


Despedida

Como discípulos del Resucitado, siempre sedientos de su Espíritu, nos lanzamos al mundo para anunciar que Él vive entre nosotros y que por ello, todo tiene sentido.

Es oportuno cantar la antífona mariana Regina Caeli.


3 de mayo de 2016, fiesta de los santos apóstoles Felipe y Santiago el Menor. Entrada dedicada a ellos.


domingo, 1 de mayo de 2016

Bendición de los instrumentos de trabajo


Cristo Obrero


Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).

(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.

El capítulo XXI del Bendicional, en la parte dedicada a las "bendiciones de construcciones y actividades", ofrece la siguiente bendición de los instrumentos de trabajo, que trascribo a continuación glosada con breves comentarios:

BENDICIÓN DE LOS INSTRUMENTOS DE TRABAJO

769. Es posible y conveniente bendecir los instrumentos de cualquier clase, incluso los de gran tamaño, que utilizan los hombres para su trabajo, como son, por ejemplo, los motores, las barcas de pesca y otras cosas semejantes. Esta bendición ayudará a que ellos se mentalicen de que con su trabajo personal se unen a sus hermanos, les sirven, demuestran una auténtica caridad y pueden colaborar con el perfeccionamiento de la creación divina. Esta bendición puede hacerse en determinadas circunstancias, por ejemplo, en la celebración de san José, obrero, o de algún santo patrón, o también a raíz de algún encuentro de obreros en que éstos se reúnan llevando sus instrumentos de trabajo.

La memoria litúrgica de San José Obrero en que he querido publicar esta entrada, es ideal para llevar a cabo este rito, aun en los casos en que una celebración de mayor rango, como un Domingo de Pascua, impide la Misa propia de la memoria. En efecto, esta eventualidad no desplaza la realidad de que se trata del Día Internacional del Trabajo ni tiene por qué evitar la el recuerdo y la invocación del santo Carpintero en la Misa dominical.

770. Puesto que esta celebración concierne, no a los instrumentos en sí mismos, sino a las personas que los utilizan, se requiere la presencia de los obreros o, por lo menos, de algunos representantes suyos. Dicho de otra manera, este rito no puede ser presidido por el ministro sagrado sin la presencia de las personas que eventualmente usarán los instrumentos, o de algunos representantes de ellos.

771. Este rito pueden utilizarlo el sacerdote, el diácono, y también el laico, con los ritos y fórmulas previstos para él.

772. Con el fin de acomodar la celebración a las circunstancias del lugar y de las personas, pueden adaptarse algunos de los elementos de este rito, respetando siempre la estructura de la celebración y sus elementos principales.

773. Cuando se trata de bendecir algún instrumento, en particular, puede emplearse el Rito breve que se indica más adelante, núms. 790-792.

I. RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

774. Reunida la comunidad, puede entonarse un canto adecuado, terminado el cual, el ministro dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

775. Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, saluda a los presentes, diciendo:

Cristo, el Hijo de Dios, que quiso ser tenido como el hijo del carpintero, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

776. Si el ministro es laico, saluda a los presentes, diciendo:

Alabemos devotamente a Cristo, el Hijo de Dios, que quiso ser tenido como el hijo del carpintero.

Todos responden:

Amén.

777. El ministro dispone a los presentes con estas palabras u otras semejantes:

Dios encargó al hombre que poseyera y sometiera la tierra, hasta que llegara el momento de la instauración de un nuevo cielo y una tierra nueva, de acuerdo con aquellas palabras del Apóstol: «Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (I Co 3, 23). Con este fin, el hombre utiliza los instrumentos adecuados, con los cuales de algún modo coopera y participa de los beneficios de la redención. Bendigamos, pues, a Dios, de todo corazón, por esta admirable disposición, y pidámosle que con su ayuda nos proteja y nos preste apoyo en nuestro trabajo.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

778. Luego, el lector, uno de los presentes o el mismo ministro, lee un texto de la Sagrada Escritura.

I Te 4, 9. 10b-12: Trabajad con vuestras propias manos

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses:

Acerca del amor fraterno no hace falta que os escriba, porque Dios mismo os ha enseñado a amaros los unos a los otros. Os exhortamos a seguir progresando: esforzaos por mantener la calma, ocupándoos de vuestros propios asuntos y trabajando con vuestras propias manos, como os lo tenemos mandado. Así vuestro proceder será correcto ante los de afuera y no tendréis necesidad de nadie.

Palabra de Dios

779. Pueden también leerse: Ex 35, 30—36, 1; Jb 28, 1-28; Pr 31, 10-31; Si 38, 24-34; Is 28, 23-29; Hch 18, 1-5; Mt 13, 1-9; Lc 5, 3-11.

780. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 89 (90), 2. 3-4. 12-13. 14 y 16 (R.: cf. 17)

R. Haz prósperas, Señor, las obras de nuestras manos.

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios. R.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vela nocturna. R.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria. R.

781. O bien:

Sal 64 (65), 10. 11-12. 13-14

R. (6) Nos respondes, Dios, salvador nuestro.

Sal 106 (107), 35-36. 37-38. 41-42

R. (Ib) Dad gracias al Señor porque es bueno.

Sal 126 (127), 1. 2.

R. (cf. 1) El Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

782. El ministro, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

783. Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el ministro puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento.

Dios, que colocó al hombre en el mundo para que lo guardara y lo cultivara, continúa estimulando la mente humana, para que con su ingenio y su trabajo coopere en el perfeccionamiento de la creación. Alabémoslo, diciendo:

R. Bendito seas, Señor, creador del universo.

Tú que invitas al hombre al trabajo y le encomiendas perfeccionar el mundo creado por ti. R.

Tú que, al otorgar al hombre la dignidad del trabajo, lo haces colaborador de tu obra en el mundo. R.

Tú que con sabiduría iluminas al hombre para que emprenda constantemente nuevas realizaciones, tu Nombre sea glorificado y tu alabanza resuene en toda la tierra. R.

Tú que enviaste a tu Hijo al mundo para que, santificando y dignificando el trabajo con el sudor de su frente, fuera para nosotros ejemplo de laboriosidad incansable. R.

Tú que con tu gracia inspiras, sostienes y acompañas al hombre en toda obra buena. R.

(Nótese que la estructura gramatical de cada una de las preces anteriores, es incompleta. De hecho, halla su plena realización solamente mediante la añadidura de la respuesta requerida).

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

784. Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición el ministro dice:

Oremos.

Y, según las circunstancias, todos oran durante algún tiempo en silencio.

Luego dice la oración de bendición.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

785. El ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Oh, Dios, de quien desciende la plenitud de la bendición, y hacia quien sube la oración del que te bendice, protege con amor a tus servidores, que confiadamente presentan ante ti sus instrumentos de trabajo, y concédeles que con actividad infatigable colaboren en el perfeccionamiento de la creación, ganen su sustento y el de los suyos, ayuden al progreso de la sociedad humana y alaben sin cesar la gloria de tu Nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

La precedente oración de bendición, aparte de solicitar lo que se espera obtener de Dios con este rito, deja en claro lo arriba dicho: que tal bendición atañe a las personas más que a los instrumentos de trabajo. Por otra parte, en esta oración y en la alternaativa que le sigue, campea la idea de la "colaboración" del hombre con Dios.

786. O bien:

Oh, Dios, que has querido someter al trabajo del hombre las fuerzas de la naturaleza, concédenos, te pedimos, que, dedicados plenamente a nuestras actividades, cooperemos con amor al perfeccionamiento de tu creación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

787. Según las circunstancias, el ministro rocía con agua bendita a los presentes y los instrumentos de trabajo.

CONCLUSIÓN DEL RITO

788. El ministro concluye el rito, diciendo:

Cristo, el Señor, que, para realizar su obra salvadora, asumió la ley del trabajo, nos alivie con su consuelo y nos conceda su paz.

R. Amén.

789. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.

II. RITO BREVE

790. El ministro, al comenzar la celebración, dice:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Todos responden:

Que hizo el cielo y la tierra.

791. Uno de los presentes, o el mismo ministro, lee un breve texto de la Sagrada Escritura, por ejemplo:

Si 38, 31. 34: Todos los artesanos se fían de su destreza y son expertos en su oficio. Mantienen la vieja creación, ocupados en su trabajo artesano.

2 Ts 3, 7-8: Imitad nuestro ejemplo: nadie nos dio de balde el pan que comimos, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche, a fin de no ser carga para nadie.

792. Luego el ministro dice, con las manos juntas, la oración de bendición, terminada la cual, según las circunstancias, rocía con agua bendita a los presentes y los instrumentos de trabajo. (Adviértase que se trata de la segunda de las oraciones propuestas más arriba).

Oh, Dios, que has querido someter al trabajo del hombre las fuerzas de la naturaleza, concédenos, te pedimos, que, dedicados plenamente a nuestras actividades, cooperemos con amor al perfeccionamiento de tu creación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


1° de mayo de 2016, Domingo VI de Pascua.
Evocación de San José Obrero. Entrada dedicada a él.
Día del Trabajador.


 

sábado, 30 de abril de 2016

Bendición de un hábito



San Luis María G. de Montfort
 

Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).

 

(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul. 

El capítulo XLVI del Bendicional, en la parte referida a la "bendición de objetos de devoción", ofrece el breve rito de "bendición de un hábito", que me permito compartir con ustedes, añadiendo algunos comentarios:


BENDICIÓN DE UN HÁBITO

El siguiente parágrafo da cuenta de la razón de ser del hábito religioso y del rito de su bendición:

1411. El pueblo cristiano, en muchos lugares, expresa su particular devoción al Señor, a la Virgen y a los Santos mediante el signo externo de un hábito. El hábito significa el propósito renovado de cumplir más fielmente los compromisos bautismales como consecuencia de un voto o de una promesa. Con el rito de bendición, la Iglesia ayuda con su plegaria a los fieles en su propósito, para que esta práctica piadosa sirva de alabanza a Dios.

1412. Este rito se usa para bendecir el vestido o hábito que se lleva en honor de Jesucristo (v. gr.: el Señor de los Milagros), de la Santísima Virgen (v. gr.: Nuestra Señora del Carmen) o de un santo (v. gr.: san Francisco, san Antonio, etc.). Se entiende, hábito de religiosos de Congregaciones que cuenten con aprobación canónica.

RITO DE LA BENDICIÓN

1413. El celebrante, al comenzar la celebración, dice:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Todos responden:

Que hizo el cielo y la tierra.

1414. Uno de los presentes, o el mismo celebrante, lee un breve texto de la Sagrada Escritura, por ejemplo:

Ef 4, 23-24: Renovaos en la mente y en el espíritu y vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas.

La lectura anterior como las oraciones de bendición de más abajo, hablan explícita o  implícitamente del "revestimiento interior" del cual es signo la prenda exterior del hábito.

1415. Luego el celebrante, con las manos extendidas, dice la oración de bendición:

Oremos.

Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo nos has despojado del pecado y nos has revestido de la dignidad de hijos tuyos; te pedimos que bendigas este hábito de penitencia y a quien lo va a llevar por amor a tu Hijo (v. gr.: el Señor de los Milagros),


O bien:

por amor a la Santísima Virgen (v. gr.: del Carmen),

O bien:

por amor a san N. (v. gr.: Francisco, Antonio),

y concédele que, recordando su compromiso de cristiano, rechace todo pecado y cumpla tus mandamientos, y alcance la plenitud de los méritos de la muerte y resurrección de tu Hijo Jesucristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.


1416. Según las circunstancias, (es decir que no es obligatorio), el celebrante rocía con agua bendita el hábito a los presentes.

28 de abril de 2016, memoria litúrgica de San Luis María Grignon de Montfort, presbítero. (Entrada dedicada a él en este día del III Centenario de su muerte terrena). (Última actualización de la entrada: 30/04/16).


 

Cambio de denominación: Domingo II de Pascua




Comparto con los lectores el breve Decreto con el que la Santa Sede, por decisión del Papa San Juan Pablo II, modifica la denominación del Domingo II de Pascua. Data del Año Santo 2000, y no creo osado afirmar que es otro de los frutos preciosos del Magno Jubileo de la Encarnación:

Decreto Misericors et miserator, de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

Sobre el cambio de denominación del II Domingo de Pascua

El Señor piadoso y clemente (Sal 111, 4), por el gran amor con que nos amó (Ef 2, 4), nos dio con inefable bondad a su Hijo unigénito como Redentor, para que mediante su Muerte y Resurrección quedara abierto a la Humanidad el camino a la vida eterna y, acogiendo su misericordia en medio de su templo, sus hijos de adopción elevaran su alabanza hasta los confines de la tierra.

En nuestros tiempos, muchos son los fieles cristianos de todo el mundo que desean exaltar esa Misericordia Divina en el culto sagrado, y de manera especial en la celebración del Misterio pascual, en el que resplandece de manera sublime la bondad de Dios para con todos los hombres.

Acogiendo, pues, tales deseos, el Sumo Pontífice Juan Pablo II se ha dignado disponer que en el Misal Romano, tras el título del Segundo Domingo de Pascua, se añada la denominación "o de la Divina Misericordia", prescribiendo igualmente que por lo que respecta a la celebración litúrgica de dicho Domingo se empleen siempre los textos que para dicho día disponen el Misal Romano y la Liturgia de las Horas del Rito Romano.

Es decir, no deja de denominarse oficialmente Domingo II de Pascua. La disyunción que sigue a esa denominación explicita que también puede ser llamado "Domingo de la Divina Misericordia". Sigue siendo, por otra parte, el día de la Octava de Pascua. 
Pero no son las únicas denominaciones con que se conoce. (Hacer clic aquí).

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos hace pública esta decisión del Sumo Pontifice para que surta efecto.

Queda abrogada cualquier disposición contraria a la presente.

En la Sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el 5 de mayo de 2000.

Cardenal Jorge A. Medina Estévez.
Prefecto.

Francesco Pio Tamburrino.
Arzobispo Secretario.


3 de abril de 2016, Domingo de la Divina Misericordia en el Año Jubilar de la Misericordia. Entrada dedicada a Jesús Misericordioso. (Última actualización de la entrada: 30/04/16).


martes, 26 de abril de 2016

Guion: Domingo VI de Pascua


Primer Concilio de Jerusalén


Ciclo C

Introducción

Hermanos, durante este Tiempo de Pascua, a cuyo sexto domingo hemos arribado, la Iglesia nos exhorta a cantar con el corazón el gran Aleluya de la victoria de Jesucristo. Es "una Iglesia totalmente animada y movilizada por la caridad de Cristo, Cordero inmolado por amor; una Iglesia que es la imagen histórica de la Jerusalén celeste, anticipación de la Ciudad santa, resplandeciente por la gloria de Dios. De ella brota una fuerza misionera irresistible, que es la fuerza de la santidad".(Cf. S.S. Benedicto XVI, Homilía del Domingo VI de Pascua en la ciudad de Aparecida, Brasil, con motivo de la inauguración de la V Conferencia General del Episcopado de Latinoamérica y del Caribe, el 13 de mayo de 2007).

Que la fructuosa participación en los sacramentos, especialmente en el de la Eucaristía que vamos a celebrar, encienda en nuestros corazones tal ardor misionero, que nos sintamos impulsados a anunciar a todos la Buena Nueva de que Jesús ha resucitado, y que desde entonces, la creación entera, y en especial, la vida humana, tienen un sentido. 

En lugar del Acto penitencial puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del bautismo. (Cf. Institutio Generalis Missali Romani, 51).


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Hech. 15, 1-2. 22-29

Desde los orígenes del cristianismo y hasta el final de los tiempos, el Espíritu Santo guía sabiamente a su Iglesia por medio de la Autoridad Apostólica.

Segunda lectura: Apoc. 21, 10-14. 22-23

Los Apóstoles del Cordero, por designio del mismo Dios, son las columnas de la Iglesia peregrina y los Jueces de las naciones en la Eterna Jerusalén, que es galardón de los bienaventurados.

Evangelio: Jn. 14, 23-29

La promesa del Espíritu Santo, realizada por Jesús, se renueva constantemente en la vida del creyente.


Oración de los fieles

Las siguientes preces corresponden al formulario de la Misa del Domingo VI de Pascua, presidida por el Santo Padre Francisco el 5 de mayo de 2013, en la Plaza de San Pedro:


Queridos hermanos, imbuidos del Espíritu de la Verdad, unamos nuestra voz a la del Señor Jesús, para implorar de Dios Padre todo don perfecto:

R. Te rogamos, óyenos.

-Oremos por la Santa Iglesia de Dios.

+Que guiada por el Espíritu Santo, anuncie con franqueza la verdad a todos los hombres, sin temer a las persecuciones e incomprensiones. R.

-Oremos por el Sumo Pontífice N y por todos los obispos de la Iglesia.

+Que configurados a Cristo, el Señor, ofrezcan cada día su vida por la salvación de los hermanos, en unión con el Sacrificio que celebran en el Altar. R.

-Oremos por los legisladores y gobernantes.

+Que iluminados por la sabiduría que viene de lo alto, se dediquen a la búsqueda del verdadero bien y a la promoción de la dignidad de toda persona humana. R.

-Oremos por los que sufren, por los pobres y atribulados.

+Que consolados por la visita interior del Espíritu Santo, encuentren esperanza y fortaleza, y testimonien a todos el poder de la Resurrección del Señor. R.

-Oremos por la familia de Dios hoy aquí congregada.

+Que animada por la verdadera devoción y por la adoración del Misterio de Cristo, los que se nutren del Evangelio y de la Eucaristía, lleguen a ser operadores de caridad, justicia y paz. R.

Oración conclusiva

"Oh, Padre, que has prometido habitar en tus hijos obedientes, acoge nuestra súplica y consérvanos en la plena comunión Contigo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Padre, que has prometido hacer morada en cuantos escuchan tu Palabra y la ponen en práctica, envía tu Espíritu para que recuerde a nuestro corazón todo aquello que Cristo ha hecho y enseñado, y nos haga capaces de ser testigos con las palabras y con las obras. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén".
Ofertorio

El Espíritu que fecundará estos dones de pan y vino haciendo de ellos Ofrenda de Vida, es el que desciende a nuestros corazones para enseñarnos la verdad de estos Misterios sagrados que celebramos.


Comunión (Cf. Santa María Bertilla Boscardín)


Que la fuerza de la Eucaristía que vamos a recibir, nos alcance siempre y en todas para comportarnos con la responsabilidad de aquellos que hemos tenido un encuentro personal con el Resucitado, y que necesitamos anunciar a todo el mundo que Él es el Señor.


Conviene que el sacerdote emplee la Bendición Solemne de Pascua.

Despedida

Queridos hermanos, asegura el santo doctor de la Iglesia Alfonso María de Ligorio: "el mismo Dios no puede hacer una Acción más sagrada y más grande que la celebración de la Misa".
Y a nosotros hoy se nos ha concedido la gracia de participar nuevamente en esta Obra, la más santa, de Dios. Démosle gracias por tan grandioso Don.

Es oportuno cantar la antífona mariana Regina Caeli.


26 de abril de 2016, conmemoración de Nuestra Señora del Buen Consejo. Entrada dedicada a ella.



viernes, 22 de abril de 2016

Guion: Domingo V de Pascua






Ciclo C

Introducción

I
Queridos hermanos, la alegría de este Tiempo pascual nos invita hoy a la contemplación de la Jerusalén celestial, hacia la que la humanidad se encamina entre las dificultades de la hora presente.

"La antigua Jerusalén se ha renovado. (...) Se ha convertido en el comienzo del nuevo cielo y de la nueva tierra. En ella (...) se ha revelado el comienzo de los últimos tiempos" (Cf. San Juan Pablo II, Homilía del Domingo V de Pascua).

Esta antigua Jerusalén renovada es la Iglesia, imagen y anticipo de la Jerusalén del Cielo, inaugurada por Jesucristo, el Cordero degollado, que vive para siempre.

Es lo que celebramos cada vez que como ahora, nos congregamos en torno al Altar de la Nueva y definitiva Alianza.
  
O bien:

II
«La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros» (Jn 13, 35).

"Queridos hermanos: ¡Qué gran responsabilidad nos confía hoy el Señor! Nos dice que la gente conocerá a los discípulos de Jesús por cómo se aman entre ellos. En otras palabras, el amor es el documento de identidad del cristiano, es el único “documento” válido para ser reconocidos como discípulos de Jesús. El único documento válido. Si este documento caduca y no se renueva continuamente, dejamos de ser testigos del Maestro". (S.S. Francisco, Homilía del Domingo V de Pascua, 24 de abril de 2016. Jubileo de los adolescentes en el Año Santo de la Misericordia).

Es por eso que asiduamente debemos acudir a esta asamblea pascual en la que la Palabra de Vida y el Pan de esperanza nos infunden la fuerza que necesitamos para ser siempre y cada vez más auténticos y valientes testigos del Señor Resucitado.

En lugar del Acto penitencial puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del bautismo. (Cf. Institutio Generalis Missali Romani, 51).


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Hech. 14, 21b-27

Aunque las dificultades y tribulaciones forman parte del camino para llegar a la Gloria de Dios, los creyentes contamos con la fuerza del Espíritu Santo para avanzar seguros hacia esa misma Gloria que, con su triunfo, nos mereció el Señor Jesús. (Cf. S.S. Francisco, Homilía del Domingo V de Pascua, 28/04/13).

Segunda lectura: Apoc. 21, 1-5a

En la nave segura de la Iglesia, gracias al Sacrificio del Cordero, avanzamos hacia la realidad espiritual de la Eterna Jerusalén.

Evangelio: Jn. 13, 31-33a. 34-35

Incansablemente predicado pero no muy frecuentemente practicado por los que nos llamamos cristianos: es el mandamiento del amor, síntesis de toda la Ley.


Oración de los fieles

Las siguientes preces, traducidas del italiano y con algunas adaptaciones, corresponden a la Misa que el Sumo Pontífice Francisco presidió el  28 de abril de 2013, Domingo V de Pascua, en la Plaza de San Pedro:

Animados por el Espíritu Santo que ha sido infundido en nuestros corazones, elevemos nuestras súplicas a Dios Padre:

R. Escúchanos, Señor.

-Dios Padre, manantial de toda gracia, sostén a la Santa Iglesia en el testimonio de la verdad y del amor. R.

-Dios Padre, fuente de toda santidad, guía a los que has sellado con tu Espíritu, en la alegre y radical obediencia del Evangelio. R.

-Dios Padre, origen de toda paternidad, ilumina a los educadores en su delicada labor formativa. R.

-Dios Padre, dador de todo bien, consuela a los que sufren, a los pobres y a los que tienen afligido el corazón por las fatigas y preocupaciones cotidianas. R.

-Dios Padre, amigo de todo hombre, guía a los gobernaantes y a quienes les han sido confiados, en la edificación de la ciudad del amor. R.

O bien, pueden emplearse las siguientes preces, traducidas de diferentes lenguas al español, y con algunas adaptaciones. Pertenecen a la Misa presidida por el Sumo Pontífice Francisco el  24 de abril de 2016, Domingo V de Pascua, en la Plaza de San Pedro con motivo del "Jubileo de los adolescentes", en el marco del Año Santo de la Misericordia:

"Queridísimos hermanos, con la belleza de la Pascua en la mirada y la alegría de la amistad de Jesús en el corazón, dirijamos nuestra oración a Dios Padre:

R. Te rogamos, óyenos.

-Custodia la fe del Papa, de los obispos y de los sacerdotes; que sean siempre valientes en el anuncio de la verdad y alegres en el ejercicio de su ministerio. R.

-Alcanza con la luz del Espíritu a los gobernantes y a los poderosos; que estén libres de intereses egoístas y promuevan siempre la dignidad de cada persona. R.

-Abre la mente de todos los niños del mundo a la escucha de tu Palabra; que estén dispuestos a cumplir tu voluntad y a hacer de su vida un don de amor a sus hermanos. R.

-Sostén con tu gracia a los cristianos perseguidos; que sean fuertes en la tribulación y que su sacrificio reavive en nosotros la alegría de pertenecer a Jesús. R.

-Inspira obras de justicia y de caridad en todos los bautizados; que sean testigos de tu amor y que su vida te glorifique ante el mundo. R.

Oración conclusiva 

"Recibe, oh, Padre, nuestra oración, transforma nuestra vida con tu misericordia y haznos en todo semejantes a Jesús, tu Hijo. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén". 

O bien:

"Acoge, Padre bueno y providente, la oración que te presentamos, con la firme esperanza de recibir de Ti los cielos nuevos y la tierra nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Dios, que en Cristo, tu Hijo, renuevas a los hombres y las cosas, haz que acojamos como norma de vida el mandamiento de la caridad, para amarte a Ti y a los hermanos como Tú nos amas, a fin de manifestar al mundo la fuerza renovadora de tu Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

Que el Padre de todos los bienes reciba las ofrendas pascuales que Le presentamos, junto con los logros y los fracasos con que va entretejiéndose nuestra vida.


Comunión

El Sacramento de la Eucaristía, como los otros seis, pero más que ellos, nos concede la fortaleza necesaria para una práctica cada vez más asidua del mandamiento supremo del amor.

Conviene que el sacerdote emplee la Bendición Solemne de Pascua.


Despedida

La paz del Señor Resucitado, anhelado don pascual, mora ahora en nuestro corazón. Sea ella nuestro gozo y nuestra fortaleza.


Es oportuno cantar la antífona mariana Regina Caeli.


19 de abril de 2016, martes de la semana IV de Pascua.
Conmemoración de San Expedito, mártir. Entrada dedicada a él.
(Última actualización de la entrada: 24/04/16).


lunes, 11 de abril de 2016

Guion: Domingo IV de Pascua




Ciclo C

Introducción (Del extracto de una homilía de San Juan Pablo II. Parroquia "Santa María in Trastevere". 27/04/80).

"La liturgia de este domingo está llena de alegría pascual, cuya fuente es la Resurrección de Cristo. Todos nosotros nos alegramos de ser “su pueblo y ovejas de su rebaño”. Nos alegramos y proclamamos “las grandezas de Dios”. Hch 2, 11.

“Sabed que el Señor es Dios, que Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño”. Sal 99 (100), 3.

Toda la Iglesia se alegra hoy porque Cristo resucitado es su Pastor: el Buen Pastor. De esta alegría participa cada una de las partes de este gran rebaño del Resucitado, cada una de las falanges del pueblo de Dios, en toda la Tierra.

“Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos..., porque el Señor es bueno..., su fidelidad por todas las edades” Sal 99 (100), 4 ss.

Nosotros somos suyos.

La Iglesia, varias veces, propone a los ojos de nuestra alma la verdad sobre el Buen Pastor. También hoy escuchamos las palabras que Cristo dijo de Sí mismo: “Yo soy el Buen Pastor..., conozco mis ovejas y ellas me conocen”. (Canto antes del Evangelio).

Y precisamente porque nos conoce, y queremos conocerlo más, estamos aquí para celebrar los Santos Misterios, y hablarle  con confianza a su Corazón eternamente palpitante, especialmente en esta Jornada Mundial de Oración por las vocaciones, en que pediremos al Señor que envíe más operarios a su mies.


En lugar del Acto penitencial puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del bautismo. (Cf. Institutio Generalis Missali Romani, 51).


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Hch. 13, 14. 43-52

Solamente los humildes de corazón acogen el anuncio pascual de gozo y liberación.

Segunda lectura: Ap. 7, 9. 14b-17

La Sangre fecunda del Cordero inmolado es el Precio del rescate del Pueblo de la Nueva Alianza, que da gracias y glorifica eternamente a su Dios y Señor.

Evangelio: Jn. 10, 27-30

"A pesar de toda la inestabilidad del destino humano y de la debilidad de la voluntad y del corazón, la Iglesia nos manda hoy mirar la potencia, la fuerza irreversible de la redención, que vive en el corazón, en las manos y en los pies del Buen Pastor" (Ídem supra).

El Credo puede introducirse con las siguientes palabras:

Confesemos la Resurrección de Cristo, renovamos la certeza pascual de la redención, renovamos la alegría pascual, que brota del hecho de que nosotros somos “su Pueblo y ovejas de su rebaño”. Sal 99 (100), 3. (Ídem, supra).

Oración de los fieles

El siguiente formulario de preces -salvo la tercera, propia de hoy-, con breves adaptaciones, es el empleado en la Misa de la Vigilia Pascual presidida por el Papa Francisco el 26 de abril de 2016:

Hermanos queridos, rebosantes de la alegría pascual, elevemos unánimes nuestras plegarias al Padre del Buen Pastor:

R. Señor, ten piedad

-Irradia en la Iglesia, oh, Señor, la luz de la Pascua. R.

-Ilumina a los obispos y haz de todos verdaderos testigos de la Resurrección. R.

-Acrecienta el número de vocaciones sacerdotales, religiosas, contemplativas, misioneras y de especial consagración. R.

-Colma de tu Espíritu a cuantos se nutren de los sacramentos pascuales. R.

-Custodia en la santidad a los neófitos renacidos en el bautismo. R.

-Guía a los gobernantes en el cumplimiento de su servicio. R.

-Reaviva en todos los cristianos el deseo de la Vida eterna. R.

-Sostén a tus hijos que viven en la lucha y en la prueba. R.

-Convierte con tu gracia a los pecadores y a los que obran el mal. R.

-Abre las puertas de la misericordia a nuestros hermanos difuntos. R.

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Dios, fuente de la alegría y de la paz, que has confiado al poder real de tu Hijo la suerte de los hombres y de los pueblos, sostennos con la fuerza del Espíritu Santo, y haz que, en medio de las vicisitudes de los tiempos, jamás nos separemos de nuestro Pastor, que nos guía a la fuente de la Vida, y que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".


Ofertorio

Llevemos al Altar, fuente de Vida, el pan y el vino, que serán el alimento eterno con que el Buen Pastor sacia a su rebaño.


Comunión

Somos la grey del Señor Jesús, y únicamente en su Cuerpo y su Sangre, Precio de la redención, saciamos la sed de eternidad que alberga nuestro corazón.


Conviene que el sacerdote emplee la Bendición Solemne de Pascua.

Despedida

Hermanos, ¡nuestro Buen Pastor ha resucitado! Desde entonces, toda "oscura quebrada" es camino de luz si avanzamos con Él.

Es oportuno cantar la antífona mariana Regina Caeli.

11 de abril de 2016, memoria litúrgica de San Estanislao, obispo y mártir. Entrada dedicada a él y al Buen Pastor resucitado.